Versículo destacado

Hechos 11:19 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Los que habían sido dispersados por la persecución que surgió a causa de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, y no anunciaban la palabra a nadie excepto únicamente a los judíos. "

Hechos 11:19

menu_book El versículo en contexto

17 Por tanto, puesto que Dios les dio el mismo don que nos dio a nosotros, que creímos en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poder resistir a Dios?

18 Cuando oyeron estas cosas, guardaron silencio y glorificaron a Dios, diciendo: «Así que Dios también ha concedido a los gentiles el arrepentimiento para vida».

19 Los que habían sido dispersados por la persecución que surgió a causa de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, y no anunciaban la palabra a nadie excepto únicamente a los judíos.

20 Y algunos de ellos eran hombres de Chipre y de Cirene que, cuando llegaron a Antioquía, hablaron a los griegos y anunciaron al Señor Jesús.

21 La mano del Señor estaba con ellos, y un gran número creyó y se volvió al Señor.

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí encontramos la siembra y el riego de una iglesia en Antioquía, la ciudad principal de Siria. Más adelante, llegó a ser una de las tres ciudades más importantes del imperio, después de Roma y Alejandría. Antioquía se encontraba donde habían estado Hamat o Ribla en los tiempos del Antiguo Testamento. Es posible que Lucas, el escritor de esta historia, y Teófilo, a quien se la dedicó, fueran ambos de Antioquía. Esa podría ser una de las razones por las que Lucas presta especial atención al éxito del evangelio allí, además de que fue en Antioquía donde Pablo comenzó a ser ampliamente conocido.

Los primeros predicadores del evangelio en Antioquía fueron creyentes que habían sido dispersados de Jerusalén a causa de la persecución. Esa persecución había comenzado unos cinco o seis años antes, en el tiempo de la muerte de Esteban (Hechos 11:19). Viajaron hasta Fenicia y otros lugares, anunciando la palabra. Dios permitió que fueran perseguidos para que se extendieran por el mundo como semillas sembradas para él y produjeran mucho fruto.

Lo que los enemigos habían pensado para hacer daño, Dios lo convirtió en bien. Las palabras de Jacob acerca de la tribu de Leví —que sería dividida en Jacob y dispersada en Israel— llegaron a ser una bendición en vez de una maldición. Los enemigos querían dispersar y destruir a estos creyentes, pero Cristo quiso dispersarlos y usarlos. Así, la ira humana terminó alabando a Dios.

Los que huyeron de la persecución no huyeron de su llamado. Por un tiempo evitaron el sufrimiento, pero no evitaron el servicio. De hecho, entraron en un campo de oportunidades mucho más amplio que el que habían tenido antes. Sus perseguidores esperaban impedir que el evangelio llegara al mundo gentil, pero, en realidad, ayudaron a impulsarlo. No tenían esa intención ni entendían que eso era lo que estaban haciendo.

Cuando los creyentes eran expulsados de una ciudad, iban a otra, pero llevaban su fe consigo. No la llevaban solamente para recibir consuelo personal, sino también para compartirla con los demás. Eso demostraba que no estaban escapando porque fueran demasiado temerosos para sufrir. Escapaban para permanecer disponibles y preparados para seguir sirviendo.

Continuaron avanzando porque veían que el Señor estaba bendiciendo su trabajo. Después de anunciar el evangelio con éxito en Judea, Samaria y Galilea, fueron más allá de las fronteras de Canaán, hasta Fenicia, Chipre y Siria. Mientras más lejos viajaban, mayores eran los peligros que enfrentaban; aun así, siguieron adelante. En efecto, su lema era: «Más lejos todavía». No escatimaron esfuerzos ni temieron el peligro, porque estaban sirviendo a un Amo tan bueno.

Al principio, predicaban solamente a los judíos que habían sido dispersados por aquellas regiones y que tenían sus propias sinagogas. Todavía no habían comprendido que los gentiles compartirían la misma herencia y pertenecerían al mismo cuerpo. Por eso dejaron a los gentiles al margen, a menos que estos se hicieran judíos y entraran a la iglesia de esa manera.

Se concentraron especialmente en los judíos helenistas, llamados aquí griegos, que se encontraban en Antioquía. Muchos de los predicadores eran de Judea y Jerusalén, pero algunos habían nacido en Chipre y Cirene, como Bernabé y Simón. Habían sido educados en Jerusalén y, como judíos de habla griega, mostraban un interés especial por las personas de su mismo grupo en Antioquía. A ellos les anunciaban al Señor Jesús. Él era el tema constante de su mensaje, y sigue siendo el centro correcto de la predicación cristiana: Cristo, y él crucificado; Cristo, y él glorificado.

Su predicación tuvo un éxito extraordinario (Hechos 11:21). En primer lugar, estuvo acompañada por el poder divino: «La mano del Señor estaba con ellos». Algunos entienden que esto significa que Dios les permitió hacer milagros para confirmar su enseñanza. El Señor trabajaba con ellos y confirmaba la palabra mediante las señales que la acompañaban (Marcos 16:20). Por medio de esas señales, Dios daba testimonio a favor de ellos (Hebreos 2:4).

Pero también puede referirse al poder de la gracia de Dios obrando en el corazón de quienes escuchaban. Muchos pudieron haber visto milagros sin llegar a convertirse. Sin embargo, cuando el Espíritu abría la mente y rendía la voluntad al evangelio, ese era un día de poder. Entonces las personas se sometían voluntariamente al estandarte del Señor Jesús (Salmo 110:3). La mano del Señor estaba con los predicadores para llevar al corazón y a la conciencia de las personas lo que ellos solamente podían decir al oído externo. La palabra alcanza su verdadero propósito cuando la mano del Señor la acompaña y la escribe en el corazón.

Las personas creen verdaderamente el mensaje del evangelio cuando el brazo del Señor se manifiesta junto con él (Isaías 53:1), y cuando Dios enseña con mano fuerte (Isaías 8:11). Estos predicadores no eran apóstoles, sino ministros comunes; aun así, la mano del Señor estaba con ellos y realizaron grandes cosas.

En segundo lugar, se produjo mucho bien. Un gran número creyó y se volvió al Señor, muchos más de los que cualquiera habría esperado dadas sus desventajas externas. Personas de toda clase fueron conmovidas y llevadas a la obediencia a Cristo. Creyeron; es decir, quedaron convencidas de que el evangelio era verdadero y aceptaron el testimonio de Dios acerca de su Hijo.

La prueba de esa fe fue que se volvieron al Señor. Como eran judíos, no se estaban volviendo de los ídolos, sino de confiar en su propia obediencia a la ley para descansar únicamente en la justicia de Cristo, la justicia que se recibe por la fe. También se volvieron de una vida despreocupada, descuidada y mundana para vivir una vida santa, celestial y espiritual. Dejaron de adorar a Dios mediante una apariencia externa y ceremonias, para adorarlo en espíritu y en verdad.

Se volvieron al Señor Jesús, y él llegó a serlo todo para ellos. Esta es la obra de la conversión, y debe realizarse en cada uno de nosotros. También es el fruto de la fe verdadera. Todo el que cree sinceramente se volverá al Señor, porque, aunque digamos lo contrario, en realidad no creemos el evangelio si no recibimos con alegría a Cristo tal como se nos ofrece en él.

La buena obra que comenzó en Antioquía continuó hasta alcanzar una madurez mayor, y la iglesia se fortaleció y prosperó mediante el ministerio de Bernabé y Saulo. Ellos edificaron sobre el fundamento que los primeros predicadores ya habían colocado y entraron en el trabajo que otros habían comenzado (Juan 4:37-38).

La iglesia de Jerusalén envió a Bernabé a Antioquía para cuidar de esta nueva iglesia, apoyar a los obreros que estaban allí y ayudar a que la causa de Cristo tuviera buena reputación. Habían oído que el evangelio estaba siendo recibido en Antioquía (Hechos 11:22). Los apóstoles seguían interesados en la obra que se realizaba en otros lugares, y pronto las noticias de muchas conversiones llegaron a Jerusalén. Quienes ocupan los puestos más importantes en la iglesia deben preocuparse por quienes sirven en lugares menos visibles.

Lo enviaron pronto, pidiéndole que fuera a ayudar en estos comienzos prometedores. Bernabé fue como representante de ellos, para alegrarse con los creyentes por la expansión del evangelio entre los predicadores y entre quienes lo escuchaban. El viaje era largo, pero estuvo dispuesto a hacerlo por el bien del servicio público. Es probable que Bernabé tuviera un don especial para esa clase de trabajo. Era activo, amigable y estaba contento de ir de un lugar a otro haciendo el bien; Dios concede diferentes dones para diferentes clases de servicio.

Bernabé se alegró profundamente al ver que el evangelio estaba creciendo y que algunos de sus propios compatriotas de Chipre, de donde él era (Hechos 4:36), habían ayudado a que esto sucediera. Cuando llegó y vio la gracia de Dios, se alegró (Hechos 11:23). Se tomó el tiempo para observar no solo la adoración pública, sino también la vida cotidiana en los hogares y las conversaciones de cada día. Cuando la gracia de Dios está presente, se manifiesta, así como un árbol se conoce por su fruto. Al ver la gracia de Dios en otros, debemos reconocerla, darle a Dios el mérito y alegrarnos por ella. Debemos alegrarnos especialmente al ver la gracia de Dios en lugares donde no la esperábamos.

Bernabé también trabajó para fortalecerlos en la fe. Los exhortaba, y su propio nombre estaba relacionado con la exhortación o el ánimo, porque ese era su don (Hechos 4:36; Romanos 12:8). Como alguien que consolaba y animaba, les rogó de todo corazón que permanecieran fieles al Señor. Cuanto más se alegraba por el buen comienzo de ellos, más sinceramente insistía en que continuaran en la misma dirección.

Permanecer unidos al Señor significa mantenerse cerca de él, depender de él y vivir consagrados a él. No basta con comenzar bien; los creyentes deben continuar firmemente por ese camino. Permanecer unidos a él con un propósito firme significa hacerlo con una decisión estable, consciente y determinada, fundada en buenas razones y mantenida con constancia. Es como atar nuestra alma al Señor y decir, como Rut, que no lo dejaremos ni volveremos atrás.

Bernabé también mostró su buen carácter en esta labor. Era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe (Hechos 11:24). Era amable, agradable y fácil de tratar; sabía cómo animar a los demás. No solo era justo, sino también bondadoso y generoso, como ya lo había demostrado cuando vendió un terreno y entregó el dinero a los pobres (Hechos 4:37). Su bondad natural no habría sido suficiente para realizar esta tarea si no hubiera estado también lleno del Espíritu Santo y fortalecido por el poder de Dios.

También estaba lleno de fe, tanto en su propio corazón como en el fruto de esa fe expresado en acciones amorosas. Como creía firmemente, deseaba que otros también creyeran firmemente. Bernabé servía no solo para fortalecer a quienes ya eran creyentes, sino también para llevar a otros al Señor. Muchas personas fueron añadidas al Señor y, por lo tanto, a la iglesia. Muchos ya se habían vuelto al Señor, pero todavía quedaban más por alcanzar, y había lugar para todos.

Entonces Bernabé fue a Tarso para buscar a Saulo y llevarlo a Antioquía, a fin de que trabajaran juntos allí en el evangelio (Hechos 11:25-26). Saulo había sido enviado antes a Tarso, la ciudad donde había nacido, y probablemente había permanecido allí haciendo el bien de manera silenciosa. Bernabé se tomó el trabajo de buscarlo y decirle que en Antioquía se había abierto una amplia oportunidad de servicio. Quería que Saulo fuera y compartiera con él la obra.

Esto muestra el buen espíritu de Bernabé de dos maneras. Primero, estuvo dispuesto a esforzarse para sacar de la oscuridad a un hombre útil. En otra ocasión había presentado a Saulo ante los discípulos en Jerusalén, cuando ellos desconfiaban de él, y ahora lo llevó a un lugar más visible. Elevar a una persona talentosa y ponerla en un lugar donde pueda ser útil es una buena obra. Segundo, Bernabé estuvo dispuesto a llevar a Saulo a Antioquía, aunque allí Saulo pudiera opacarlo. Saulo era un gran orador (Hechos 14:12) y probablemente un predicador más popular. Aun así, Bernabé estuvo conforme con tener menos visibilidad si eso servía mejor a la obra. Cuando Dios nos da la gracia de hacer todo el bien que podemos, debemos alegrarnos si otros, con mayores dones y oportunidades, logran hacer más. Bernabé llevó a Saulo a Antioquía, aunque eso significara hacerse menos importante, y con ello nos enseña a buscar los intereses de Cristo por encima de los nuestros.

También se nos dice qué servicio se realizó entonces en favor de la iglesia de Antioquía. Pablo y Bernabé permanecieron allí un año entero, guiando las reuniones y predicando el evangelio (Hechos 11:26). Con frecuencia se celebraban reuniones cristianas, y Cristo las estableció para su honra y para el consuelo y crecimiento de sus seguidores. En tiempos antiguos, el pueblo de Dios solía reunirse a la entrada del tabernáculo. Aunque ahora existen muchos lugares de reunión, los creyentes todavía necesitan congregarse, incluso cuando hacerlo sea difícil o implique riesgos.

Se designaban ministros para dirigir esas reuniones en el nombre de Cristo, y todos los que están bajo el señorío de Cristo deben mostrarles respeto y brindarles apoyo. Predicar es una parte del trabajo de un ministro cuando dirige a la iglesia. No solo debe hablar con Dios en favor del pueblo por medio de la oración y la alabanza, sino también hablarles a las personas la palabra de Dios, exponiendo las Escrituras y enseñándoles el conocimiento del Señor.

Es un gran motivo de ánimo que los ministros tengan la oportunidad de enseñar a muchas personas. Es como echar una red donde hay muchos peces, con la esperanza de recoger más. La predicación no es solo para quienes están fuera de la iglesia, con el fin de llevarlos al convencimiento y a la conversión, sino también para quienes están dentro, para enseñarles y edificarlos. Una iglesia bien ordenada debe contar con maestros.

La iglesia de Antioquía también recibió una señal de honor: allí los discípulos fueron llamados cristianos por primera vez. Probablemente ellos mismos adoptaron ese nombre, ya fuera mediante alguna decisión formal de la iglesia o por el uso común en la oración y la predicación. Como Pablo y Bernabé permanecieron allí tanto tiempo, tenían muchos seguidores y no encontraron oposición, las reuniones cristianas de Antioquía quizá llegaron a ser más reconocidas que las de otros lugares. Si hubiera una iglesia madre sobre todas las demás, Antioquía tendría más razones para recibir ese honor que Roma.

Hasta entonces, a quienes pertenecían a Cristo se les llamaba discípulos, es decir, aprendices y estudiantes bajo su autoridad, preparados para servirle. A partir de ese momento fueron llamados cristianos. Esto pudo ayudar a reemplazar los nombres insultantes que sus enemigos les habían dado, como nazarenos (Hechos 24:5), o seguidores de «el Camino», una expresión que pretendía presentar su fe como una senda extraña y dudosa. También les dio a judíos y gentiles, después de su conversión, un nombre común. Eso los ayudaría a olvidar sus antiguas divisiones y a no llevar sus viejas rivalidades a la iglesia.

El nombre también honraba a su Maestro y demostraba que no se avergonzaban de pertenecerle. Se gloriaban en ser conocidos como su pueblo, así como los seguidores de Platón eran llamados platónicos. No tomaron su nombre simplemente de Jesús como persona, sino de Cristo, que significa «el Ungido», confesando así su fe en que Jesús es el Cristo. Sus enemigos podían usar ese nombre para burlarse de ellos, pero ellos lo llevarían con alegría. Si por eso debían ser despreciados, estaban dispuestos a serlo aún más.

El nombre también declaraba su dependencia de Cristo y lo que habían recibido de él. No solo creían en el Ungido, sino que también sabían que por medio de él habían recibido una unción; es decir, el Espíritu Santo de Dios y los dones necesarios para vivir con fidelidad (1 Juan 2:20, 1 Juan 2:27). También se dice que Dios nos ungió en Cristo, es decir, que nos dio gracia y favor por medio de él (2 Corintios 1:21). Por eso, el nombre cristiano señala tanto lo que los creyentes son como lo que han recibido en Cristo.

Este nombre también impone un deber permanente sobre todo el que lo lleva. Los cristianos deben someterse a las leyes de Cristo, seguir su ejemplo y dedicarse por completo a honrarlo, para que sean para él un nombre y una alabanza. Si nos llamamos cristianos, debemos pensar, hablar y actuar de maneras que correspondan a ese nombre, sin hacer nada que lo avergüence. También debemos tratar como cristianos a los demás creyentes, aunque no estén de acuerdo con nosotros en todos los asuntos. Un cristiano debe ser amado y respetado porque pertenece a Cristo.

En esto se cumplió la Escritura, pues se había escrito acerca de la iglesia del evangelio: «Serás llamada por un nombre nuevo, que la boca del Señor te dará» (Isaías 62:2). Y acerca de la iglesia judía corrupta y rebelde se dice: «El Señor Dios dará muerte a ustedes y llamará a sus siervos por otro nombre» (Isaías 65:15).

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Hechos 11:19 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

Cómo puede ayudarte tu IA cristiana

Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana

menu_book

Estudio bíblico

psychology

Orientación para la vida

favorite

Apoyo en la oración

lightbulb

Sabiduría diaria

forum Pregúntale a tu IA cristiana — Gratis

Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes

De este capítulo

auto_awesome

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.