Versículo destacado
2 Samuel 9:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" David dijo: ¿Queda todavía alguien de la casa de Saúl a quien yo pueda mostrar bondad por amor de Jonatán? "
2 Samuel 9:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 David dijo: ¿Queda todavía alguien de la casa de Saúl a quien yo pueda mostrar bondad por amor de Jonatán?
2 Había un siervo de la casa de Saúl que se llamaba Siba. Cuando lo llamaron para que se presentara ante David, el rey le preguntó: ¿Eres tú Siba? Él respondió: Tu siervo es él.
3 El rey preguntó: ¿No queda todavía alguien de la casa de Saúl a quien yo pueda mostrar la bondad de Dios? Siba respondió al rey: Todavía queda un hijo de Jonatán que tiene los pies lisiados.
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Aquí vemos la pregunta de David después de averiguar qué quedaba de la familia arruinada de Saúl (2 Samuel 9:1). Esto ocurrió mucho tiempo después de que David llegara a ser rey, pues Mefiboset, que solo tenía cinco años cuando murió Saúl, ya había crecido y tenía un hijo propio (2 Samuel 9:12). David había olvidado durante demasiado tiempo su deber para con Jonatán, pero ahora aquella promesa volvió a su memoria. Es sabio detenernos de vez en cuando para preguntarnos si hemos dejado de cumplir alguna promesa o deber, porque es mejor corregirlo tarde que no hacerlo nunca.
Pablo resume la vida de David diciendo que sirvió a su propia generación conforme a la voluntad de Dios (Hechos 13:36). En otras palabras, se dedicó a hacer el bien. Eso es lo que vemos aquí. David no esperó pasivamente a que alguien de la familia de Saúl le pidiera ayuda. Buscó una oportunidad para hacer el bien y, cuando encontró a alguien que podía informarle, preguntó con cuidado si todavía quedaba alguien de la casa de Saúl a quien pudiera mostrarle bondad (2 Samuel 9:3). No solo preguntaba dónde podía hacer justicia (Números 5:8), sino también dónde podía mostrar bondad.
Las personas buenas deben buscar oportunidades para hacer el bien. Las personas generosas planean actos de generosidad (Isaías 32:8). Quienes necesitan ayuda muchas veces son los menos dispuestos a llamar la atención sobre sí mismos; por eso no siempre se les encuentra sin hacer preguntas. David preguntó por los miembros que quedaban de la casa de Saúl, a quienes quería bendecir por amor a Jonatán. Saúl había tenido una familia numerosa (1 Crónicas 8:33), pero ahora casi había desaparecido por completo. Esto nos recuerda cómo Dios puede vaciar una casa llena, y cómo el pecado humano puede hacer lo mismo.
La familia de Saúl había sido una casa violenta, así que no sorprende que haya quedado en la ruina (2 Samuel 21:1). Sin embargo, aunque a veces Dios castiga a los hijos por la culpa de su padre, David no quiso hacer eso. Saúl había sido enemigo de David, pero aun así David deseaba mostrarle bondad de todo corazón a su familia. No estaba buscando a los descendientes de Saúl para eliminar una amenaza, como hicieron Abimelec y Atalía durante sus gobiernos ilegítimos (Jueces 9:5; 2 Crónicas 22:10-11). El trono de David no necesitaba un respaldo tan cruel. Él quería mostrar bondad porque confiaba en Dios, no les tenía miedo a los descendientes de Saúl y tenía un espíritu perdonador.
Así demostramos que realmente hemos perdonado a quienes nos han tratado injustamente. Debemos estar dispuestos, cuando se presente la oportunidad, a mostrarles bondad tanto a ellos como a sus familias. No solo debemos evitar la venganza; también debemos amarlos y hacerles el bien (Mateo 5:44). No debemos tardar en mostrar actos de amor y buena voluntad a quienes nos han hecho daño muchas veces (1 Pedro 3:9). De esa manera se vence el mal, y también se abre el camino para que nosotros y nuestros hijos recibamos misericordia cuando la necesitemos.
Jonatán era amigo de David por un pacto solemne, así que David también quería mostrar bondad a la familia de Jonatán. Esto nos enseña a recordar nuestras promesas y a cumplirlas aun cuando nadie nos presione para hacerlo. Dios es fiel con nosotros, por lo que no debemos ser infieles unos con otros. También nos enseña a recordar las amistades antiguas. Mostrar bondad a nuestros amigos y a sus familias forma parte de nuestra fe santa. «El amigo ama en todo momento» (Proverbios 17:17). Si Dios nos ha elevado mientras nuestros amigos y sus familias han pasado por tiempos difíciles, eso no debería hacernos olvidarlos. Más bien, debería hacernos estar más dispuestos a ayudarlos, porque entonces nos necesitan más y nosotros estamos en mejores condiciones de ayudarlos.
Aunque la amistad no nos obligue mediante un contrato formal, todavía existe un deber sagrado de amistad. Un verdadero amigo debe compadecerse de su amigo en la desgracia (Job 6:14). El hermano nace para la adversidad. La amistad también nos llama a preocuparnos por las familias y los parientes que quedan de aquellos a quienes hemos amado, porque cuando ellos mueren dejan atrás cuerpos, nombres e hijos, y debemos tratarlos con bondad.
La bondad que David planeaba mostrar es llamada «la bondad de Dios». Esto significa más que una bondad común. Era una bondad ofrecida de acuerdo con el pacto entre David y Jonatán, hecho delante de Dios como testigo (1 Samuel 20:42). También era una bondad que seguía el ejemplo de Dios, porque debemos ser misericordiosos como él es misericordioso. Jonatán le había pedido a David que le mostrara «la bondad del Señor», para que ni él ni sus descendientes murieran (1 Samuel 20:14-15). La bondad de Dios es mayor que la bondad que las personas normalmente esperan unas de otras. También es una bondad que se practica teniendo a Dios en cuenta, para honrarlo y contar con su favor.
Mefiboset se presentó ante David con todo el respeto que exigía su posición. Aunque tenía una discapacidad en las piernas, cayó rostro en tierra y se inclinó ante él (2 Samuel 9:6). David había mostrado antes ese mismo honor al padre de Mefiboset, Jonatán, cuando Jonatán era el siguiente en la línea al trono (1 Samuel 20:41). Ahora la situación se había invertido por completo, y Mefiboset mostró ese mismo respeto a David.
Quienes muestran honor cuando ocupan una posición inferior muchas veces recibirán honor cuando llegue su momento. David recibió a Mefiboset con gran bondad. Le habló como alguien sorprendido, pero contento de verlo. Recordó su nombre, probablemente porque Mefiboset había nacido cerca de la época en que David y Jonatán cultivaron su estrecha amistad.
David también le dijo que no tuviera miedo: «No tengas miedo» (2 Samuel 9:7). Ver al rey pudo haber puesto nervioso a Mefiboset, y David quiso quitarle ese temor. Le dejó claro que no lo había mandado llamar por celos ni para hacerle daño, sino para mostrarle bondad. Las personas importantes no deberían disfrutar haciendo temblar a quienes están por debajo de ellas, porque Dios tampoco actúa así. Más bien, deberían animarlos.
Después David le entregó, como una concesión real, todas las tierras que habían pertenecido a Saúl, el abuelo de Mefiboset. Era la propiedad de la familia, que se había perdido a causa de la rebelión de Is-boset y había pasado a estar bajo el control de David. Fue un regalo verdadero, mucho más que unas palabras amables. La amistad verdadera es generosa.
Aun después de darle una fuente segura de ingresos, David hizo algo más por amor a Jonatán. Haría que Mefiboset comiera regularmente en su propia mesa como invitado. Allí no solo recibiría buena comida, sino también el honor y el cuidado correspondientes a su nacimiento y a su linaje familiar. Aunque Mefiboset tenía una discapacidad, no era atractivo y probablemente no estaba capacitado para desempeñar funciones públicas, David lo recibió en su casa por amor a su buen padre, Jonatán.
Mefiboset recibió esta bondad con profunda humildad y humillándose a sí mismo. No era la clase de persona que considera cada favor como una deuda y piensa que nada es suficiente. Al contrario, quedó asombrado por lo que David había hecho (2 Samuel 9:8): se preguntó qué era su siervo para que el rey se fijara en alguien tan insignificante como un perro muerto. Habló de sí mismo de manera muy baja. Aunque era hijo de un príncipe y nieto de un rey, veía a su familia bajo culpa y juicio, y se veía a sí mismo como pobre y discapacitado. Por eso se llamó a sí mismo un perro muerto delante de David.
Es bueno conservar un corazón humilde cuando la vida ya nos ha hecho descender. Si Dios rebaja nuestra condición y su gracia también humilla nuestro espíritu, tendremos paz. Quienes se humillan de esta manera serán enaltecidos. Mefiboset también reconoció la grandeza de la bondad de David. Si hubiera querido, podría haber intentado restarle importancia. David le había dado la propiedad de su padre, pero Mefiboset no la consideró poca cosa. La invitación a la mesa podría haberse interpretado como una maniobra política, pero Mefiboset la recibió como una bondad verdadera y se consideró indigno aun de recibir el menor de todos los favores de David (1 Samuel 18:18).
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De este capítulo
2 Samuel 9:2
"Había un siervo de la casa de Saúl que se llamaba Siba. Cuando lo llamaron para que se presentara ante David, el rey le preguntó: ¿Eres tú Siba? Él respondió: Tu siervo es él."
2 Samuel 9:3
"El rey preguntó: ¿No queda todavía alguien de la casa de Saúl a quien yo pueda mostrar la bondad de Dios? Siba respondió al rey: Todavía queda un hijo de Jonatán que tiene los pies lisiados."
2 Samuel 9:4
"El rey le preguntó: ¿Dónde está? Siba respondió al rey: Está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar."
2 Samuel 9:5
"Entonces el rey David mandó buscarlo y lo hizo traer de la casa de Maquir hijo de Amiel, desde Lodebar."
2 Samuel 9:6
"Cuando Mefiboset hijo de Jonatán, hijo de Saúl, llegó ante David, cayó rostro en tierra y se inclinó. David dijo: Mefiboset. Él respondió: ¡Aquí está tu siervo!"
2 Samuel 9:7
"David le dijo: No tengas miedo, porque ciertamente te mostraré bondad por amor de Jonatán, tu padre. Te devolveré toda la tierra de Saúl, tu padre, y comerás siempre a mi mesa."
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