Versículo destacado
2 Samuel 21:15 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Los filisteos volvieron a hacer guerra contra Israel. David descendió con sus siervos y combatió contra los filisteos; y David se debilitó. "
2 Samuel 21:15
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
13 Trajo de allí los huesos de Saúl y los huesos de su hijo Jonatán; y recogieron los huesos de los que habían sido colgados.
14 Sepultaron los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán en el territorio de Benjamín, en Sela, en el sepulcro de Cis, su padre; e hicieron todo lo que el rey había ordenado. Después de esto, Dios atendió las súplicas por la tierra.
15 Los filisteos volvieron a hacer guerra contra Israel. David descendió con sus siervos y combatió contra los filisteos; y David se debilitó.
16 Isbi-benob, que era de los hijos del gigante y cuya lanza de bronce pesaba trescientos siclos, estaba ceñido con una espada nueva y pensó matar a David.
17 Pero Abisai, hijo de Sarvia, lo socorrió, hirió al filisteo y lo mató. Entonces los hombres de David le juraron: «No volverás a salir con nosotros a la batalla, para que no apagues la luz de Israel».
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Aquí encontramos el relato de algunos conflictos con los filisteos, que parecen haber ocurrido hacia el final del reinado de David. Aunque David los había derrotado hasta el punto de que ya no podían llevar grandes ejércitos al campo de batalla, ellos no dejaban de causar problemas. Mientras tuvieran gigantes que sirvieran como sus campeones, seguirían buscando oportunidades para hostigar a Israel, desafiarlo o hacer incursiones en su territorio.
David mismo participó en una batalla contra uno de esos gigantes. Los filisteos volvieron a luchar (2 Samuel 21:15). Los enemigos del pueblo de Dios nunca dejan de atacarlo. Aunque David ya era anciano, no quiso excusarse de cumplir con su deber público. Se presentó personalmente para luchar contra los filisteos, demostrando que estaba envejeciendo, pero no que se hubiera vuelto perezoso. Esto también mostraba que no luchaba por su propia gloria, pues para entonces ya había recibido suficientes honores y no necesitaba más.
En esta batalla, David se vio expuesto al peligro y a la angustia. Pensó que podía realizar el mismo trabajo de guerra que había hecho antes. Su voluntad seguía siendo firme y esperaba hacer lo que había hecho en otras ocasiones, pero descubrió que la edad lo había debilitado. Después de un pequeño esfuerzo, se desmayó. Su cuerpo ya no podía seguir el ritmo de su mente. El campeón filisteo notó rápidamente la debilidad de David. Era fuerte y estaba bien armado, y se proponía matarlo. Sin embargo, Dios no estaba en sus pensamientos, y por eso cayó ese mismo día. Los enemigos del pueblo de Dios suelen ser muy fuertes, astutos y confiados, como Isbi-benob; pero no hay fuerza, sabiduría ni confianza que pueda prevalecer contra el Señor.
David fue rescatado de manera admirable por Abisai, quien llegó justo a tiempo para ayudarlo (2 Samuel 21:17). Debemos honrar el valor y la lealtad de Abisai hacia su rey, pues arriesgó valientemente su propia vida para salvar a David. Pero debemos honrar aún más el buen cuidado de Dios, quien llevó a Abisai en el preciso momento en que David más necesitaba ayuda. Una causa como esta, y un campeón como David, aun cuando se encuentren bajo una fuerte presión, no serán abandonados. Cuando Abisai acudió en ayuda de David —quizás le dio algo para fortalecerlo o se colocó a su lado como su segundo—, entiendo que David hirió al filisteo y lo mató. Más adelante se dice que David mismo participó en la muerte de los gigantes (2 Samuel 21:22).
David se desmayó, pero no huyó. Aunque sus fuerzas le fallaron, se mantuvo valientemente en su posición. Entonces Dios le envió ayuda en su necesidad, y aunque esa ayuda vino por medio de alguien más joven y de menor rango, David la aceptó con gratitud. Después de recuperarse un poco, obtuvo la victoria y se retiró como conquistador.
Incluso Cristo, en su agonía, fue fortalecido por un ángel. En las batallas espirituales, aun los creyentes fuertes pueden desfallecer. Entonces Satanás los ataca con ferocidad. Pero quienes se mantienen firmes y lo resisten recibirán ayuda y serán más que vencedores. Por eso los siervos de David decidieron que nunca más debía exponerse a un peligro semejante. En una ocasión ellos habían logrado convencerlo fácilmente de no luchar contra Absalón (2 Samuel 18:3), pero David estaba decidido a enfrentarse a los filisteos. Después de este escape por poco, se acordó en consejo, y se confirmó bajo juramento, que la luz de Israel, su guía y su gloria, nunca volviera a ponerse en peligro de apagarse. Las vidas de quienes son tan valiosos para su país como David deben protegerse con mucho cuidado, tanto por ellos mismos como por los demás.
Los demás gigantes cayeron a manos de los siervos de David. Sef fue asesinado por Sibecai, uno de los valientes de David (2 Samuel 21:18; 1 Crónicas 11:29). Otro, que era hermano de Goliat, fue asesinado por Elhanán, mencionado en 2 Samuel 23:24. Había también otro gigante, de tamaño excepcional, que tenía más dedos en las manos y en los pies que las demás personas (2 Samuel 21:20). Aun después de ver caer a otros gigantes, era tan orgulloso que siguió desafiando a Israel. Jonatán, hijo de Simea, lo mató. Simea tenía un hijo llamado Jonadab (2 Samuel 13:3), y habría pensado que se trataba del mismo hombre, excepto porque al primero se le conocía por su astucia y a este Jonatán por su valentía.
Es probable que estos gigantes fueran los últimos sobrevivientes de los hijos de Anac, quienes durante mucho tiempo habían sido temidos, pero finalmente fueron derribados. Aquí se pueden observar tres cosas. Es insensato que un hombre fuerte se jacte de su fuerza. Los siervos de David no eran más grandes ni más fuertes que los demás hombres, pero con la ayuda de Dios vencieron a un gigante tras otro. Dios suele usar lo débil para avergonzar a lo fuerte. También es común que quienes aterrorizaron a los vivos terminen muertos y sean llevados a la tumba (Ezequiel 32:27). Además, los enemigos más fuertes suelen quedar reservados para la lucha final. David comenzó su gloria al vencer a un gigante, y aquí la termina venciendo a cuatro.
La muerte es el último enemigo del cristiano, y es como un hijo de Anac: un gigante. Pero por medio de Cristo, quien obtuvo la victoria por nosotros, esperamos ser más que vencedores al final, incluso sobre ese enemigo.
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De este capítulo
2 Samuel 21:1
"Entonces hubo hambre durante tres años consecutivos en los días de David; y David consultó al SEÑOR. El SEÑOR respondió: «Es por Saúl y por su casa sanguinaria, porque él mató a los gabaonitas»."
2 Samuel 21:2
"El rey llamó a los gabaonitas y les habló; (los gabaonitas no eran de los hijos de Israel, sino del remanente de los amorreos; y los hijos de Israel les habían hecho un juramento, pero Saúl había procurado matarlos por su celo por los hijos de Israel y de Judá)."
2 Samuel 21:3
"Por eso David dijo a los gabaonitas: «¿Qué haré por ustedes? ¿Con qué haré expiación, para que bendigan la heredad del SEÑOR?»."
2 Samuel 21:4
"Los gabaonitas le respondieron: «No recibiremos plata ni oro de Saúl ni de su casa; tampoco matarás por nosotros a ningún hombre en Israel». Y él dijo: «Haré por ustedes lo que digan»."
2 Samuel 21:5
"Ellos respondieron al rey: El hombre que nos consumió y que tramó contra nosotros para que fuéramos destruidos y no permaneciéramos en ninguno de los territorios de Israel,"
2 Samuel 21:6
"que se nos entreguen siete hombres de sus hijos, y los colgaremos para el SEÑOR en Guibeá de Saúl, a quien el SEÑOR escogió. Y el rey dijo: «Los entregaré»."
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