Versículo destacado
2 Samuel 19:24 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Mefiboset hijo de Saúl bajó al encuentro del rey. No se había cuidado los pies, ni recortado la barba ni lavado la ropa desde el día en que el rey partió hasta el día en que regresó en paz. "
2 Samuel 19:24
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
22 David dijo: ¿Qué tengo yo que ver con ustedes, hijos de Sarvia, para que hoy sean mis adversarios? ¿Ha de morir hoy algún hombre en Israel? ¿Acaso no sé que hoy soy rey sobre Israel?
23 Entonces el rey dijo a Simei: No morirás. Y el rey se lo juró.
24 Mefiboset hijo de Saúl bajó al encuentro del rey. No se había cuidado los pies, ni recortado la barba ni lavado la ropa desde el día en que el rey partió hasta el día en que regresó en paz.
25 Y sucedió que, cuando llegó a Jerusalén al encuentro del rey, el rey le preguntó: ¿Por qué no fuiste conmigo, Mefiboset?
26 Él respondió: ¡Mi señor, oh rey!, mi siervo me engañó, pues tu siervo dijo: Me ensillaré un asno para montarlo e ir al rey, porque tu siervo es cojo.
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El día del regreso de David también fue un día para mirar atrás y ajustar cuentas. Se revisó nuevamente lo ocurrido durante su huida y, entre otros asuntos, el caso de Simei llevó a investigar la situación de Mefiboset; el propio Mefiboset presentó su caso.
Bajó con la multitud para encontrarse con el rey (2 Samuel 19:24). Esto mostró cuán sinceramente se alegraba por el regreso del rey y también cuánto había sufrido durante el exilio de David. Durante aquel tiempo de dolor, cuando uno de los mayores honores de Israel había sido expulsado, Mefiboset vivió en tristeza y descuido. No se recortó la barba ni se lavó la ropa, sino que se dejó llevar por el dolor, abrumado por la aflicción del rey y la miseria de la nación. En tiempos de desastre público, debemos moderar nuestros placeres y vivir de acuerdo con la situación. Hay momentos en que Dios llama al llanto y al lamento, y debemos responder a ese llamado.
Cuando el rey llegó a Jerusalén, Mefiboset se presentó ante él, pues no había tenido otra oportunidad de encontrarse con David (2 Samuel 19:25). Cuando David le preguntó por qué se había quedado atrás en vez de acompañarlo al exilio, Mefiboset explicó por completo su situación. Primero se quejó de Siba, su siervo, quien debió haberle sido leal, pero actuó como un enemigo de dos maneras. En primer lugar, le impidió ir con el rey al llevarse el burro que se le había ordenado preparar para su amo (2 Samuel 19:26). Se aprovechó cruelmente de la discapacidad de Mefiboset y de su incapacidad para valerse por sí mismo. En segundo lugar, le mintió a David y acusó a Mefiboset de querer apoderarse del reino (2 Samuel 19:27). ¡Cuánto daño puede causar un siervo malvado incluso a su mejor amo!
Mefiboset también agradeció al rey por la gran bondad que le había mostrado cuando él y toda la casa de su padre estaban completamente bajo el poder de David (2 Samuel 19:28). Aunque podía haber sido tratado como un rebelde, David lo había recibido como a un amigo, incluso como a un hijo: «Pusiste a tu siervo entre los que comen en tu mesa». Esto hacía que la historia de Siba pareciera poco creíble, pues Mefiboset ya vivía con tanta comodidad y felicidad que no tenía sentido que quisiera más. Tampoco parecía posible que hubiera planeado hacerle daño a David, cuya bondad conocía tan bien.
Después puso todo su caso en manos del rey: «Haz conmigo y con mis bienes lo que te parezca bien». Confiaba en la sabiduría de David y en su capacidad para distinguir la verdad de la mentira. También renunció a cualquier reclamo de mérito especial. En efecto, dijo: «He recibido mucha más bondad de la que merecía. ¿Por qué seguir molestando al rey con mis quejas? ¿Por qué considerar demasiado difícil cualquier cosa, si ya he sido tratado con tanta gracia?». Todos estábamos como muertos delante de Dios, pero él no solo nos perdonó la vida, sino que también nos llevó a su mesa. Por eso tenemos tan pocas razones para quejarnos de cualquier dificultad que enfrentemos y tantas razones para aceptar todo lo que Dios hace.
Entonces David revocó la transferencia de las propiedades de Mefiboset. Como había sido engañado al concederlas, cambió la decisión y restableció el arreglo anterior: «He dicho: Tú y Siba repartirán la tierra» (2 Samuel 19:29); es decir, «Que las cosas queden como las ordené al principio» (2 Samuel 9:10). La propiedad seguiría perteneciendo a Mefiboset, pero Siba conservaría el uso de la tierra y la trabajaría, pagándole una renta. Así, Mefiboset terminó en la misma situación en la que estaba antes. No sufrió ningún daño real, aunque Siba no fue castigado por su informe falso y malicioso contra su amo. David quizá temía demasiado a Siba o amaba demasiado la paz como para castigarlo conforme a la ley (Deuteronomio 19:18-19). En ese momento, quería perdonar y dejar a todos tranquilos.
A Mefiboset le importaban tan poco sus bienes que dejó que toda la propiedad perdiera importancia frente a su alegría por el regreso del rey (2 Samuel 19:30). «Que se lo lleve todo», dijo; «la presencia y el favor del rey me bastan». Una persona buena puede soportar con calma las pérdidas y decepciones personales cuando ve a Israel en paz y el trono del Hijo de David exaltado y seguro. Que Siba se lo lleve todo, con tal de que David esté en paz.
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De este capítulo
2 Samuel 19:1
"Y le informaron a Joab: Mira, el rey llora y está de duelo por Absalón."
2 Samuel 19:2
"Aquel día la victoria se convirtió en duelo para todo el pueblo, porque ese día el pueblo oyó decir que el rey estaba afligido por su hijo."
2 Samuel 19:3
"Aquel día el pueblo entró furtivamente en la ciudad, como se escabulle avergonzado el pueblo cuando huye en la batalla."
2 Samuel 19:4
"Pero el rey se cubrió el rostro y clamó a gran voz: ¡Hijo mío, Absalón! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío!"
2 Samuel 19:5
"Entonces Joab entró en la casa, se presentó ante el rey y dijo: Hoy has avergonzado el rostro de todos tus siervos, quienes hoy salvaron tu vida, la vida de tus hijos y de tus hijas, la vida de tus esposas y la vida de tus concubinas."
2 Samuel 19:6
"Porque amas a quienes te odian y odias a quienes te aman. Hoy has declarado que no te importan ni los jefes ni los siervos, pues hoy comprendo que, si Absalón hubiera vivido y todos nosotros hubiéramos muerto hoy, entonces te habría parecido bien."
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