Versículo destacado

2 Samuel 18:9 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Absalón se encontró con los siervos de David. Absalón iba montado en una mula, y la mula pasó por debajo de las ramas espesas de una gran encina. Su cabeza quedó atrapada en la encina, y él quedó suspendido entre el cielo y la tierra, mientras la mula que estaba debajo de él siguió adelante. "

2 Samuel 18:9

menu_book El versículo en contexto

7 Allí el pueblo de Israel cayó ante los siervos de David, y aquel día hubo una gran matanza de veinte mil hombres.

8 La batalla se extendió allí por toda la faz de aquella región, y aquel día el bosque devoró a más gente que la espada.

9 Absalón se encontró con los siervos de David. Absalón iba montado en una mula, y la mula pasó por debajo de las ramas espesas de una gran encina. Su cabeza quedó atrapada en la encina, y él quedó suspendido entre el cielo y la tierra, mientras la mula que estaba debajo de él siguió adelante.

10 Cierto hombre lo vio y se lo informó a Joab: «Mira, vi a Absalón colgado de una encina».

11 Joab dijo al hombre que se lo había informado: «Mira, tú lo viste. ¿Por qué no lo derribaste allí mismo? Yo te habría dado diez siclos de plata y un cinturón».

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí Absalón queda completamente desconcertado: primero en sus planes y después en su vida. Comenzó la batalla esperando derrotar personalmente a David y, si lo hubiera capturado, no le habría mostrado misericordia. Pero ahora, al encontrarse con los siervos de David, se llena de miedo (2 Samuel 18:9). Aunque ellos habían recibido la orden de no tocarlo, Absalón no se atreve a enfrentarlos. Cuando ve que están cerca, apura su mula y se lanza a través de todo lo que encuentra en el camino, avanzando directamente hacia su propia ruina. Así, el que huye del peligro cae en el hoyo, y el que sale del hoyo queda atrapado en la trampa (Jeremías 48:44).

David quería perdonarlo, pero la justicia de Dios lo condena como traidor y ejecuta la sentencia. Absalón debía quedar colgado del cuello, ser tomado vivo, ser bajado de allí y recibir un trato vergonzoso. Primero, queda colgado por el cuello. Mientras cabalga descontroladamente, sin importarle nada más que escapar, pasa bajo las ramas espesas de una gran encina, y una de las ramas retorcidas le atrapa la cabeza, quizá por el cuello o, como algunos piensan, por su largo cabello. Ese cabello había sido su orgullo, y ahora se convierte en la cuerda de su vergüenza. Allí queda suspendido, aturdido al punto de no poder usar las manos, o tan enredado que sus manos no pueden liberarlo. Cuanto más lucha, más atrapado queda.

Esto lo convierte en un blanco fácil para los siervos de David, y tiene que soportar el terror de quedar expuesto mientras no puede ayudarse, luchar ni huir. Observemos tres cosas. Primero, la mula se aleja de debajo de él, como si se alegrara de librarse de semejante carga y de entregarlo al árbol humillante. De esta manera, toda la creación gime bajo la carga del pecado humano, pero pronto será liberada de esa carga (Romanos 8:21-22). Segundo, queda suspendido entre el cielo y la tierra, sin ser apto para ninguno de los dos y abandonado por ambos. La tierra no lo conservará, el cielo no lo recibirá, y por eso el infierno está listo para abrir su boca. Tercero, lo que le sucede es muy extraño e inesperado.

Era apropiado que ocurriera así, porque su pecado había sido monstruoso. Si, mientras huía, su mula simplemente lo hubiera arrojado al suelo y lo hubiera dejado medio muerto hasta que llegaran los siervos de David para acabar con él, el resultado habría sido el mismo. Pero ese habría sido un destino demasiado común para un criminal tan extraordinario. Dios, como en el caso de los rebeldes Datán y Abiram, hizo algo nuevo, para que quedara claro hasta qué punto aquel hombre había provocado la ira del Señor (Números 16:29-30). Así, Absalón queda como una advertencia, una escena destinada a infundir en los hijos temor de desobedecer a sus padres. Véase Proverbios 30:17.

Segundo, uno de los siervos de David encuentra a Absalón con vida y va de inmediato a decirle a Joab dónde halló a aquel gran rebelde (2 Samuel 18:10). Absalón queda expuesto como un espectáculo y también como un blanco, para que los justos lo vean y se burlen de él (Salmo 52:6). Además, sufre otra herida en el corazón, porque entre todos los amigos que había buscado y en quienes había confiado, no hay ninguno que esté allí para liberarlo, aunque permanece colgado el tiempo suficiente como para que alguien pudiera rescatarlo.

Joab culpa al hombre por no haberlo matado (2 Samuel 18:11). Le dice que, si hubiera asestado aquel golpe audaz, lo habría recompensado con diez piezas de plata y un cinturón, probablemente como señal de que lo habría nombrado capitán; ese nombramiento quizá se marcaba entregando un cinturón o una banda (véase Isaías 22:21). Pero el siervo, aunque está totalmente en contra de Absalón, se defiende por no haberlo hecho. «¿Matarlo? —dice—. No lo habría hecho por nada del mundo. Me habría costado la vida. Tú mismo escuchaste la orden del rey acerca de él (2 Samuel 18:12), y, a pesar de todo lo que dices, tú habrías sido el primero en acusarme si lo hubiera matado» (2 Samuel 18:13). Los que aman la traición aborrecen al traidor.

Joab no puede negar esto ni reprocharle al hombre su prudencia. Por eso no le responde y pone fin a la conversación con la excusa de que debe apresurarse (2 Samuel 18:14). «No puedo perder tiempo contigo». Los líderes deben pensar con cuidado antes de reprender a otros; de lo contrario, más tarde podrían avergonzarse de su reprensión y descubrir que no pueden sostenerla.

Tercero, Absalón es, por así decirlo, despedazado y destruido como un traidor; su cuerpo queda terriblemente desgarrado mientras permanece colgado. Recibe la muerte de una manera que le permite sentir su dolor y contemplar su terror. Joab le clava tres lanzas en el cuerpo, lo que probablemente le causa un gran sufrimiento mientras todavía está vivo en la encina (2 Samuel 18:14). No sé si Joab puede ser defendido por desobedecer directamente la orden de su rey. ¿Lo hizo para tratar con más suavidad al joven? ¿David lo habría permitido si hubiera estado allí? Sin embargo, a favor de Joab puede decirse que, aunque quebrantó la orden de un padre que había sido demasiado indulgente, prestó un verdadero servicio tanto al rey como al país. Si no lo hubiera hecho, habría puesto en peligro el bienestar de ambos. La seguridad del pueblo es la ley suprema.

Entonces los diez jóvenes que llevaban las armas de Joab hieren a Absalón antes de que la muerte termine de alcanzarlo (2 Samuel 18:15). Lo rodean, forman un círculo triunfal a su alrededor y luego lo golpean hasta matarlo. Así perezcan todos tus enemigos, Señor.

Después de esto, Joab ordena que se detenga la persecución (2 Samuel 18:16). El peligro ha terminado ahora que Absalón está muerto. Pronto el pueblo volverá a someterse al gobierno de David, así que ya no debe derramarse más sangre. No se toma prisioneros para juzgarlos como traidores ni para convertirlos en escarmiento. Cada hombre debe regresar a su tienda. Todos son súbditos del rey y ahora volverán a comportarse como súbditos leales.

Por último, su cuerpo recibe un trato vergonzoso (2 Samuel 18:17-18). Lo arrojan a un gran hoyo en el bosque. No lo llevan ante su padre, porque eso solo habría profundizado el dolor de David. Tampoco lo conservan para darle sepultura, como exigía la orden de David, sino que, llenos de enojo, lo arrojan al hoyo más cercano. ¿Dónde está ahora la belleza de la que se sentía tan orgulloso y que le había ganado tantos elogios? ¿Dónde están sus planes orgullosos y los palacios que construyó en su imaginación? Sus pensamientos se han desvanecido, y él también.

Para mostrar cuánto pesaba su pecado sobre él, como dice el profeta (Ezequiel 32:27), levantan sobre su cuerpo un gran montón de piedras: un monumento a su maldad y una señal de que debió haber sido apedreado como hijo rebelde (Deuteronomio 21:21). Algunos viajeros dicen que el lugar todavía se conoce y que quienes pasan por allí suelen arrojar una piedra sobre el montón, diciendo algo como: «Maldita sea la memoria del rebelde Absalón, y malditos para siempre todos los hijos malvados que se levantan contra sus padres». Para hacer aún mayor la vergüenza de la sepultura de Absalón, el historiador menciona una columna que él había levantado en el valle de Cedrón, cerca de Jerusalén, como monumento para sí mismo y para mantener vivo su nombre (2 Samuel 18:18). Probablemente tenía la intención de ser sepultado al pie de ella.

¡Qué necios y pequeños pueden ser los planes de las personas orgullosas! Muchos se preocupan mucho por lo que ocurrirá con su cuerpo después de la muerte, pero no se preocupan en absoluto por lo que sucederá con su alma preciosa. Absalón tenía tres hijos (2 Samuel 14:27), pero ahora parece que no tenía ninguno, porque Dios se los había quitado mediante la muerte. Era apropiado que un hijo rebelde quedara sin descendencia.

Para compensar esa pérdida, levantó esta columna como memorial. Sin embargo, aun allí la providencia se volvió contra él, y un áspero montón de piedras serviría como su monumento en lugar de una columna de mármol. Así, los que se exaltan a sí mismos serán humillados. Él quería que su nombre fuera recordado, y sí es recordado, pero para su vergüenza perdurable.

No pudo conformarse con el lugar tranquilo de los otros hijos de David, cuyos nombres están registrados, pero de quienes se cuenta poco más. Quería fama, y por eso ha quedado famoso para siempre en la deshonra. La columna llevaría su nombre, pero no le daría honor. Estaba destinada a la gloria de Absalón, pero se convirtió en una prueba de su necedad.

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