Versículo destacado
2 Samuel 16:15 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Absalón y todo el pueblo, los hombres de Israel, llegaron a Jerusalén, y Ahitofel estaba con él. "
2 Samuel 16:15
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
13 Mientras David y sus hombres iban por el camino, Simei avanzaba por la ladera del monte frente a él, y maldecía mientras caminaba; le arrojaba piedras y lanzaba polvo.
14 El rey y todo el pueblo que estaba con él llegaron cansados y allí se repusieron.
15 Absalón y todo el pueblo, los hombres de Israel, llegaron a Jerusalén, y Ahitofel estaba con él.
16 Cuando Husai el arquita, amigo de David, llegó ante Absalón, le dijo: «¡Viva el rey! ¡Viva el rey!».
17 Absalón dijo a Husai: «¿Es esta tu bondad hacia tu amigo? ¿Por qué no fuiste con tu amigo?».
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Absalón recibió rápidamente la noticia de sus amigos en Jerusalén de que David se había ido y que solo había llevado consigo a un pequeño grupo. Así que la ciudad quedó abierta, sin nadie que le impidiera entrar. Llegó de inmediato (2 Samuel 16:15), sin duda muy orgulloso de lo fácilmente que estaba funcionando su plan. Lo que parecía la parte más difícil de su toma del poder se había realizado sin mayores dificultades.
Ahora que pensaba que tenía Jerusalén bajo su control, probablemente suponía que el resto del país también lo seguiría. A menudo, Dios permite que las personas malvadas tengan éxito por un tiempo en sus planes perversos, incluso más allá de lo que esperaban. Entonces, cuando fracasan, su caída resulta más vergonzosa y dolorosa.
Absalón había llevado a Ahitofel consigo a Jerusalén (2 Samuel 16:15), y allí Husai se encontró con él (2 Samuel 16:16). Ellos eran los consejeros políticos más famosos de su tiempo. Absalón debió sentirse completamente seguro del éxito al tener a ambos de su lado, y confió en sus consejos en vez de buscar a Dios. Pero los dos eran malos consejeros, aunque de maneras muy distintas.
Husai nunca le daría un consejo verdaderamente bueno. En realidad, era amigo de David y tenía la intención de engañar a Absalón mientras fingía lealtad. Eso lo hacía peligroso, porque Absalón no podía descubrir sus verdaderas intenciones. Husai felicitó a Absalón por haber tomado el trono, como si estuviera completamente complacido con el nuevo rey (2 Samuel 16:16). Las personas que viven basándose en la astucia humana suelen usar esa clase de engaños, pero son bienaventurados quienes no han aprendido esas formas ocultas de maldad y viven con una honestidad sencilla delante de Dios.
A Absalón le sorprendió que un amigo cercano de David estuviera de su lado. Le preguntó: «¿Así demuestras tu lealtad a tu amigo?» (2 Samuel 16:17). Se consoló pensando que, si Husai estaba con él, pronto todo lo demás también le pertenecería. No dudó de la sinceridad de Husai, porque el orgullo lo había cegado. Creyó lo que quería creer: que los mejores amigos de David cambiarían rápidamente de bando y lo honrarían, tal como Abdías describe a la persona orgullosa que es engañada por su propio corazón (Abdías 1:3).
Husai hizo que Absalón pensara que realmente le era leal. Dijo que, aunque David era su amigo, él estaba del lado del rey que tenía el poder (2 Samuel 16:18). Afirmó que apoyaba al gobernante que el pueblo había escogido y que la providencia había permitido que ascendiera. También dijo que estaría del lado del rey del futuro, del que ahora estaba surgiendo, como el sol naciente (2 Samuel 16:19). En realidad, fingía explicar una decisión que detestaba.
Ahitofel, en cambio, no fingió ser leal. Aconsejó a Absalón que pecara, y ese consejo era en sí mismo una traición. Cualquiera que incita a otros a pecar en realidad los está guiando hacia el daño, y todo gobierno construido sobre el pecado está edificado sobre terreno inestable.
Ahitofel era conocido como un político muy profundo. Su consejo era valorado como si se hubiera consultado al mismo Dios (2 Samuel 16:23). Se le respetaba tanto por su aguda inteligencia y su habilidad práctica que tanto David como Absalón escuchaban atentamente sus palabras. Ese era un honor excesivo para cualquier simple ser humano. La sabiduría humana no puede compararse con la sabiduría de Dios, quien es el único verdaderamente sabio.
Esto también muestra dos cosas. Primero, muchas personas son muy hábiles en la sabiduría del mundo, pero carecen por completo de la gracia de Dios. Quienes actúan como si fueran oráculos a menudo ignoran la propia palabra de Dios. Dios ha escogido con frecuencia las cosas débiles y sencillas de este mundo, mientras que quienes parecen más talentosos en la política no suelen ser los más piadosos. Segundo, los políticos más astutos a menudo se destruyen a sí mismos de maneras insensatas. Ahitofel era elogiado como si fuera un oráculo, pero decidió ponerse del lado de Absalón, un joven imprudente y usurpador. Cualquiera con un poco de sabiduría podía ver que la causa de Absalón terminaría mal. Al final, la honestidad demuestra ser la mejor manera de actuar.
Aun así, la astucia de Ahitofel no logró su objetivo. Cuando vio que David había dejado a sus concubinas, las mujeres que cuidaban su casa y sus esposas secundarias, aconsejó a Absalón que se acostara con ellas (2 Samuel 16:21). Este fue un pecado terrible. La ley de Dios lo consideraba un crimen castigado con la muerte (Levítico 20:11), y el apóstol Pablo habla de algo así como una conducta vergonzosa que ni siquiera debería mencionarse entre los creyentes (1 Corintios 5:1). Rubén perdió su primogenitura por un pecado parecido.
El propósito de Ahitofel era público y político. Quería que todo Israel viera que Absalón tenía la intención de conservar el trono. Al comenzar con las concubinas de su padre, Absalón demostraría que planeaba apoderarse de todo lo que pertenecía a David. Ahitofel también sabía que esto haría imposible la reconciliación con David. Después de semejante insulto, David nunca lo aceptaría de nuevo. Eso fortalecería a los partidarios de Absalón, porque ya no tendrían forma de retroceder. Esta era una estrategia perversa, más parecida al consejo de un demonio que al de Dios.
Absalón aceptó de inmediato, porque el consejo correspondía a la maldad de su propio corazón. No perdió tiempo en ponerlo en práctica (2 Samuel 16:22). Puesto que su rebelión era antinatural, este acto de lujuria lo hacía aún más vergonzoso. Toda su conducta estaba unida por la maldad, y solo una conciencia insensible podía pensar en ello sin horror.
Absalón incluso fue más allá de lo que Ahitofel había sugerido. Ahitofel quería que todo Israel viera el acto, y por eso levantaron una tienda en la azotea. Absalón exhibió abiertamente su pecado, como Sodoma. Sin embargo, aun en esto se cumplió exactamente la palabra de Dios. Por medio de Natán, Dios le había advertido a David que, por haber pecado con Betsabé, sus propias esposas serían violadas públicamente (2 Samuel 12:11, 2 Samuel 12:12). Algunos piensan que Ahitofel también pudo haber querido vengarse por lo ocurrido con Betsabé, su nieta, ya que ella era hija de Eliam (2 Samuel 11:3), quien era hijo de Ahitofel (2 Samuel 23:34).
Job habla de este tipo de situación como un castigo justo por el adulterio, cuando dice: «Que mi esposa muela para otro» (Job 31:9, Job 31:10). El profeta Oseas habla de manera similar (Oseas 4:13, Oseas 4:14). No sé qué decir de estas concubinas, que se sometieron a semejante maldad. Aunque Absalón y ellas actuaron mal, todavía debemos decir: el Señor es justo. Ninguna de sus palabras dejará de cumplirse.
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De este capítulo
2 Samuel 16:1
"Cuando David había pasado un poco más allá de la cumbre del monte, Siba, siervo de Mefiboset, salió a su encuentro con dos asnos ensillados, y sobre ellos había doscientos panes, cien manojos de pasas, cien frutas de verano y una botella de vino."
2 Samuel 16:2
"El rey le dijo a Siba: «¿Qué pretendes con estas cosas?». Siba respondió: «Los asnos son para que monte la casa del rey; el pan y la fruta de verano son para que coman los jóvenes; y el vino, para que beban los que desfallezcan en el desierto»."
2 Samuel 16:3
"El rey preguntó: «¿Y dónde está el hijo de tu señor?». Siba respondió al rey: «Él se ha quedado en Jerusalén, porque dijo: “Hoy la casa de Israel me devolverá el reino de mi padre”»."
2 Samuel 16:4
"Entonces el rey le dijo a Siba: «Mira, tuyo es todo lo que pertenecía a Mefiboset». Y Siba dijo: «Te ruego humildemente que halle gracia ante tus ojos, mi señor, oh rey»."
2 Samuel 16:5
"Cuando el rey David llegó a Bahurim, salió de allí un hombre de la familia de la casa de Saúl, llamado Simei, hijo de Gera. Salía maldiciendo sin cesar mientras avanzaba."
2 Samuel 16:6
"Arrojaba piedras contra David y contra todos los siervos del rey David, mientras todo el pueblo y todos los hombres valientes estaban a su derecha y a su izquierda."
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