Versículo destacado
2 Samuel 14:21 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces el rey dijo a Joab: «Mira, ya he hecho esto. Ve, pues, y haz volver al joven Absalón». "
2 Samuel 14:21
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
19 El rey preguntó: «¿No está la mano de Joab contigo en todo esto?». La mujer respondió: ¡Vive tu alma, mi señor el rey, que nadie puede desviarse ni a la derecha ni a la izquierda de nada de lo que mi señor el rey ha dicho! Tu siervo Joab fue quien me dio la orden y puso todas estas palabras en boca de tu sierva.
20 Tu siervo Joab hizo esto para dar este giro a la conversación. Mi señor es sabio, conforme a la sabiduría de un ángel de Dios, para conocer todo lo que hay en la tierra.
21 Entonces el rey dijo a Joab: «Mira, ya he hecho esto. Ve, pues, y haz volver al joven Absalón».
22 Joab cayó rostro en tierra, se inclinó y dio gracias al rey. Luego dijo: «Hoy tu siervo sabe que ha hallado gracia ante tus ojos, mi señor, oh rey, porque el rey ha concedido la petición de su siervo».
23 Entonces Joab se levantó, fue a Gesur y llevó a Absalón a Jerusalén.
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Observemos, en primer lugar, la orden de traer de vuelta a Absalón. El mensaje de la mujer agradó tanto a David, y la manera en que ella había presentado el asunto fue tan hábil e inesperada, que el rey se sintió movido a mostrar un favor especial. Por eso le dijo a Joab: «Ve, pues, y haz volver al joven Absalón» (2 Samuel 14:21). David estaba dispuesto a favorecerlo, pero, por respeto a la justicia, no quiso hacerlo sin que alguien intercediera por Absalón. Esto nos ayuda a entender cómo obra la gracia de Dios. Es cierto que Dios se compadece de los pecadores necesitados y no quiere que ninguno perezca, pero los hace volver por medio de un Mediador, alguien que intercede por ellos. En ese sentido, Dios dio esta orden: «Ve y tráelos de vuelta». Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, y Cristo vino a este mundo de destierro para hacernos volver a Dios.
Cuando Joab recibió la orden, le agradeció al rey que lo honrara al confiarle una tarea tan bienvenida (2 Samuel 14:22). Joab consideró aquello como una muestra de bondad hacia él, y algunos piensan que incluso lo tomó como una señal de que David nunca le pediría cuentas por el asesinato que había cometido. Pero, si ese fue su pensamiento, estaba equivocado, como vemos más adelante (1 Reyes 2:5-6). Joab no tardó en cumplir la orden de David y llevó a Absalón a Jerusalén (2 Samuel 14:23).
Sin embargo, David no puede ser completamente excusado por suspender la antigua ley: «El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada» (Génesis 9:6). Un gobernante justo no debe hacer excepciones, ni siquiera a favor de su propia familia. Las leyes de Dios nunca tuvieron la intención de ser como telarañas que atrapan a las moscas pequeñas, pero permiten que las grandes las rompan. Al final, Dios hizo justamente que Absalón, a quien la débil compasión de David había librado, se convirtiera en una carga dolorosa para él. Aun así, David permitió que Absalón volviera a su casa, pero no quiso verlo en la corte ni recibirlo personalmente (2 Samuel 14:24). Primero, lo hizo para proteger su propio honor, a fin de no parecer que aprobaba un crimen tan grave o que lo perdonaba con demasiada rapidez. Segundo, lo hizo para humillar más profundamente a Absalón. Es posible que David hubiera oído algo sobre la conducta de Absalón cuando Joab fue por él, y que eso le diera razones para pensar que no estaba verdaderamente arrepentido. Así que David lo mantuvo bajo esta señal de desaprobación, con la esperanza de que eso lo despertara a reconocer su pecado, apartarse de él y hacer las paces con Dios. Una vez que Absalón se arrepintiera de verdad, sin duda David estaría dispuesto a recibirlo nuevamente.
Además, este pasaje nos presenta una descripción de Absalón. No se dice nada aquí acerca de su sabiduría o piedad. Aunque era hijo de un padre tan devoto, no leemos nada acerca de su devoción. Los padres no pueden transmitirles la gracia a sus hijos, aunque les den la mejor crianza. Lo único que se dice de Absalón es que era muy apuesto. No había en todo Israel un hombre tan hermoso como él (2 Samuel 14:25), pero ese es un elogio muy pobre para alguien que no posee ninguna otra virtud. Una apariencia agradable significa poco cuando la vida de una persona está corrompida. Muchas almas contaminadas y deformadas viven dentro de cuerpos hermosos. El alma de Absalón estaba manchada de sangre y retorcida por una deslealtad antinatural hacia su padre y su rey. Su cuerpo no tenía defecto, pero su mente estaba llena de heridas y golpes. Su belleza quizá fue una de las razones por las que su padre le tenía tanto cariño y lo protegía de la justicia. Los padres tienen razones para temer problemas para sus hijos cuando valoran más la belleza que la virtud.
También tenía un cabello muy hermoso. Ya fuera por su longitud, su color o su suavidad extraordinaria, había algo en él que lo convertía en un gran adorno (2 Samuel 14:26). Esta observación no se hace porque fuera nazareo, apartado para una devoción estricta, pues estaba muy lejos de serlo. Se menciona más bien como el cabello de un hombre preocupado por su apariencia. Lo dejaba crecer hasta que se convertía en una carga y no se lo cortaba mientras pudiera soportarlo. El orgullo no siente ni el frío ni el calor, ni se queja de aquello que lo alimenta, aunque esa misma cosa resulte incómoda. Cuando se lo cortaba de vez en cuando, lo hacía para presumir, y mandaba pesarlo para que la gente viera cuánto superaba el cabello de otros hombres. Pesaba doscientos siclos, lo que algunos calculan en aproximadamente tres libras y dos onzas según nuestra medida. Si se toma en cuenta el aceite y el polvo que se usaban en el cabello, y especialmente si, como dice Josefo, estaba espolvoreado con polvo de oro, el obispo Patrick considera que no es sorprendente que pesara tanto. Al final, ese hermoso cabello se convirtió en la soga que le causó la muerte (2 Samuel 18:9).
Su familia también comenzó a crecer. Es probable que pasara mucho tiempo sin tener hijos. Entonces, quizá pensando que nunca tendría ninguno, levantó la columna que se menciona más adelante para mantener vivo su nombre (2 Samuel 18:18). Después tuvo tres hijos y una hija (2 Samuel 14:27). O puede ser que esos hijos, mientras él preparaba su rebelión, le fueran quitados por la mano justa de Dios, y que después levantara aquel monumento.
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De este capítulo
2 Samuel 14:1
"Joab hijo de Sarvia comprendió que el corazón del rey estaba inclinado hacia Absalón."
2 Samuel 14:2
"Entonces Joab mandó traer de Tecoa a una mujer sabia y le dijo: Te ruego que te hagas pasar por una mujer de luto. Ponte ropa de duelo, no te unjas con aceite y compórtate como una mujer que desde hace mucho tiempo guarda luto por un muerto."
2 Samuel 14:3
"Ve ante el rey y háblale de esta manera. Así Joab puso las palabras en su boca."
2 Samuel 14:4
"Cuando la mujer de Tecoa habló con el rey, cayó rostro en tierra, se inclinó y dijo: «¡Ayúdame, oh rey!»."
2 Samuel 14:5
"El rey le preguntó: «¿Qué te pasa?». Ella respondió: En verdad soy viuda, y mi esposo ha muerto."
2 Samuel 14:6
"Tu sierva tenía dos hijos. Los dos riñeron en el campo y, como no había nadie que los separara, uno golpeó al otro y lo mató."
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