Versículo destacado

2 Samuel 13:21 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Cuando el rey David oyó todas estas cosas, se enfureció mucho. "

2 Samuel 13:21

menu_book El versículo en contexto

19 Tamar se puso ceniza sobre la cabeza, rasgó el vestido de diversos colores que llevaba puesto, puso la mano sobre su cabeza y se fue llorando a gritos.

20 Su hermano Absalón le dijo: «¿Ha estado contigo tu hermano Amnón? Pero ahora guarda silencio, hermana mía. Él es tu hermano; no tomes a pecho este asunto». Así Tamar quedó desolada en casa de su hermano Absalón.

21 Cuando el rey David oyó todas estas cosas, se enfureció mucho.

22 Absalón no le habló a su hermano Amnón ni bien ni mal, porque Absalón odiaba a Amnón por haber forzado a su hermana Tamar.

23 Después de dos años completos, Absalón tenía esquiladores de ovejas en Baal-hazor, que está junto a Efraín, y Absalón invitó a todos los hijos del rey.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Lo que dice Salomón acerca de cómo comienzan las disputas también es cierto del pecado en general. El pecado es como el agua que se escapa de una represa rota: una vez que desaparece la barrera, viene la inundación. Un mal conduce a otro, y nadie puede saber hasta dónde llegará.

Aquí se nos dice cómo reaccionó David cuando se enteró de lo que Amnón había hecho. Se enfureció mucho (2 Samuel 13:21), y tenía toda la razón para hacerlo. Su propio hijo había cometido una maldad y, al permitirlo, había hecho que David también tuviera parte de responsabilidad. Esto deshonraba a David porque no había educado mejor a su hijo, avergonzaba a su familia, había destruido la vida de su hija, daba un mal ejemplo al reino y perjudicaba el alma de su hijo.

Pero la ira no era suficiente. David debió castigar a Amnón y avergonzarlo públicamente. Como padre y como rey, tenía autoridad para hacerlo. La Septuaginta añade aquí estas palabras: «Pero no entristeció el espíritu de su hijo Amnón, porque lo amaba, pues era su primogénito». David cayó en el mismo error que Elí, cuyos hijos se hicieron viles y, aun así, él no los refrenó. Si Amnón era querido por David, castigarlo le habría costado algo, y eso habría hecho que la corrección fuera más verdadera. Pero muchas veces las personas no soportan corregir en otros aquello que saben que también existe en ellas. Así que la ira de David ocupó el lugar de la justicia, y eso solo hizo que el pecador se volviera más atrevido (Eclesiastés 8:11).

Absalón reaccionó a su manera. Comenzó a actuar como juez en Israel, ya que su padre no castigaba a Amnón. Pero no lo movían la justicia ni el deseo de defender la pureza. Lo movía la venganza, porque se sentía insultado por lo que le habían hecho a su hermana. Su madre era hija de un príncipe pagano (2 Samuel 3:3), y quizá por eso se habían burlado de ellos. Absalón trató el abuso contra su hermana como si ella hubiera sido tratada como una esclava. Si Amnón pensaba que ella era digna de ser su prostituta, Absalón pensaba que él era digno de ser su esclavo. Su ira ardió hasta que nada menos que la sangre de Amnón pareció capaz de satisfacerla.

Primero, el plan fue concebido. Absalón aborrecía a Amnón (2 Samuel 13:22). Todo el que aborrece a su hermano ya es un asesino en su corazón, como Caín, y pertenece al maligno (1 Juan 3:12, 1 Juan 3:15). Habría sido correcto que Absalón aborreciera el pecado de Amnón, y podría haberlo acusado mediante la justicia establecida. Eso habría advertido a otros y habría traído alguna compensación para su hermana herida. Pero aborrecer al hombre y planear su muerte mediante un asesinato era insultar a Dios. Era como si pensara que podía reparar la transgresión del séptimo mandamiento quebrantando el sexto. Sin embargo, el mismo Dios que dijo: «No cometerás adulterio», también dijo: «No matarás» (Santiago 2:11).

Además, el plan fue ocultado. Absalón no le dijo nada a Amnón, ni bueno ni malo. Actuó como si no hubiera pasado nada y mantuvo su cortesía habitual, mientras esperaba una oportunidad para hacerle daño. La malicia oculta es especialmente peligrosa. Si Absalón hubiera hablado claramente con Amnón, tal vez le habría mostrado su pecado y lo habría llevado al arrepentimiento. En cambio, el corazón de Amnón se endureció más, y la ira de Absalón se hizo más profunda. Por eso la Escritura contrapone el odio al prójimo en el corazón con reprenderlo abiertamente (Levítico 19:17). Cuando la ira sale a la luz, puede llegar a consumirse.

Este tipo de odio también es peligroso porque lleva puesta una máscara de amistad. Las palabras de Absalón eran amables, pero en su corazón había guerra, como dice Proverbios 26:26. También es peligroso porque se mantiene vivo durante mucho tiempo. Absalón alimentó esa amargura durante dos años completos (2 Samuel 13:24). Tal vez al principio no pensaba matar a su hermano, pues antes había tenido oportunidades de hacerlo si ese hubiera sido su deseo. Al principio quizá solo quería avergonzarlo o herirlo de alguna otra manera. Pero con el tiempo, el odio maduró hasta convertirse en asesinato. Si permitir que el sol se ponga una sola vez sobre la ira da lugar al diablo (Efesios 4:26, Efesios 4:27), ¿qué no hará una ira mantenida durante dos años completos?

Después, el plan fue organizado. Absalón celebró un banquete en su casa de campo, como Nabal en la época de la esquila de ovejas (2 Samuel 13:23). Aunque Absalón cuidaba mucho su apariencia y su posición (2 Samuel 14:26), también sabía administrar sus rebaños. Las personas que solo piensan en gastar en la ciudad las riquezas que producen en el campo van rápidamente rumbo a perderlas. Cuando Absalón tenía esquiladores de ovejas, se quedaba con ellos.

Invitó al rey David, su padre, y a todos los hijos del rey al banquete (2 Samuel 13:24). En parte, esto era una muestra de respeto hacia ellos, y en parte buscaba hacerse parecer más importante ante sus vecinos. Las personas relacionadas con los poderosos suelen sentirse tentadas a tener un concepto demasiado elevado de sí mismas por causa de esa relación. David se negó a ir porque no quería que Absalón gastara tanto en atenderlo (2 Samuel 13:25). Parece que Absalón tenía sus propias tierras y vivía como correspondía a su posición. David se las había dado, pero esperaba que las administrara bien. Esto ofrece un buen ejemplo para los padres. Cuando los hijos ya son adultos, denles lo suficiente para vivir conforme a su posición, y después asegúrense de que no vivan por encima de sus posibilidades. Los jóvenes que establecen su propio hogar también deben comenzar de una manera que puedan sostener, sin gastar la lana antes de esquilar las ovejas.

Entonces Absalón obtuvo permiso para que Amnón y los demás hijos del rey asistieran al banquete y honraran su mesa en el campo (2 Samuel 13:26, 2 Samuel 13:27). Había ocultado tan bien su odio que David no vio ningún peligro en la invitación. «Que vaya mi hermano Amnón». Pero eso hizo que el golpe fuera más doloroso para David, porque lo habían convencido de aprobar precisamente aquello que le dio al asesino la oportunidad, como ya había sucedido antes (2 Samuel 13:7). Incluso siendo adultos, los hijos mostraban tanto respeto por su padre que no hacían ni siquiera un viaje corto sin su permiso. Los hijos, aun cuando ya son adultos, deben honrar a sus padres, consultar con ellos y no hacer nada importante sin su consentimiento, mucho menos en contra de sus deseos.

El plan fue llevado a cabo (2 Samuel 13:28, 2 Samuel 13:29). Absalón les ofreció un banquete muy generoso, con la intención de que todos estuvieran alegres con el vino; por lo menos esperaba que Amnón lo estuviera, pues sabía que era propenso al exceso. Pero las órdenes que les dio a sus siervos acerca de Amnón fueron crueles y salvajes.

Si Absalón hubiera desafiado a Amnón y hubiera confiado en la justicia de su causa y en la justicia de Dios, eso también habría estado mal, aunque habría sido más honorable y más excusable. En tiempos antiguos, algunas leyes incluso permitían una pelea para resolver un caso. Pero Absalón hizo algo peor: asesinó a Amnón. En eso siguió el ejemplo de Caín, aunque la razón era diferente: Abel fue asesinado por ser justo, y Amnón por ser malvado.

Observa cuán grave fue este pecado. Absalón esperó hasta que el corazón de Amnón estuviera alegre por el vino, cuando estaría menos alerta, tendría menos capacidad para defenderse y estaría menos preparado para morir. Era como si su odio quisiera destruir tanto el alma como el cuerpo, sin darle tiempo para decir: «Señor, ten misericordia de mí». Muchas personas han enfrentado la muerte de manera repentina mientras tenían el corazón lleno de comida en exceso y embriaguez.

Absalón también utilizó a sus siervos, arrastrándolos a su culpa. Les dio la orden: «Golpeen a Amnón», y ellos, al obedecerlo y confiar en que su autoridad los protegería, lo mataron. ¡Qué desafío tan abierto a la ley de Dios! Dios había dicho claramente: «No matarás», pero Absalón les ordenó matar a Amnón y trató su propia orden como si fuera suficiente. Los siervos reciben una enseñanza perversa cuando obedecen a sus amos en contra de Dios, y son perversos los amos que los entrenan para hacerlo. Los siervos obedecen demasiado cuando ponen en riesgo su alma solo para agradar a los hombres, cuyas palabras fuertes no pueden protegerlos de la ira de Dios. Los amos siempre deben dar órdenes como personas que saben que también tienen un Amo en el cielo.

Lo hizo delante de todos los hijos del rey, que eran los principales funcionarios (2 Samuel 8:18). Por eso fue un insulto contra la justicia pública, que ellos debían ejercer, y contra su padre el rey, a quien representaban. También fue un ataque desafiante contra la espada que debía infundir temor al mal, aunque ahora sus propias malas acciones estaban llenando de temor a todos los demás.

Hay razones para pensar que Absalón hizo esto no solo para vengar a su hermana, sino también para despejarse el camino hacia el trono, que deseaba profundamente. Si Amnón, el hijo mayor, desaparecía, Absalón quedaría en una posición fuerte. Cuando Absalón dio la orden, sus siervos la cumplieron sin demora, pensando que su señor, quien probablemente sería el siguiente en la línea al trono, los protegería. Así, la espada que había sido anunciada entró en la casa de David y no se iría de allí. Primero cayó su hijo mayor por causa de su propia maldad, y la negligencia de David lo hizo parcialmente responsable. Después, todos sus hijos huyeron de ella y regresaron a casa llenos de miedo, sin saber hasta dónde podría llegar el plan asesino de Absalón. Mira lo que el pecado les hace a las familias.

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