Versículo destacado

2 Samuel 12:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" El SEÑOR envió a Natán ante David. Él fue ante él y le dijo: «Había dos hombres en una ciudad: uno era rico y el otro, pobre». "

2 Samuel 12:1

menu_book El versículo en contexto

1 El SEÑOR envió a Natán ante David. Él fue ante él y le dijo: «Había dos hombres en una ciudad: uno era rico y el otro, pobre».

2 El rico tenía muchísimos rebaños y manadas.

3 Pero el pobre no tenía nada, salvo una pequeña cordera que había comprado y criado. Esta creció junto con él y con sus hijos; comía de su propia comida, bebía de su propia copa, dormía en su regazo y era para él como una hija.

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Parece que pasó bastante tiempo entre el adulterio de David con Betsabé y el momento en que fue llevado al arrepentimiento. Cuando Natán se presentó ante él, el niño ya había nacido (2 Samuel 12:14), de modo que David había cargado con la culpa de ese pecado durante unos nueve meses. Hasta donde podemos saber, todavía no se había arrepentido públicamente, aunque podemos esperar que su conciencia lo hubiera perturbado en secreto delante de Dios.

Me gustaría pensar que Natán fue enviado poco después del nacimiento del niño, cuando el asunto ya se había conocido y se hablaba de él. Eso habría llevado a David a confesar abiertamente su pecado, dando gloria a Dios, advirtiendo a otros y permitiéndole recibir perdón, aunque con ciertas consecuencias. Durante esos meses, sin embargo, podemos suponer razonablemente que su alegría y la vida de su fe se habían apagado, y que su comunión con Dios se había quebrantado.

Parece que no escribió salmos durante ese tiempo; su arpa estaba desafinada y su alma era como un árbol en invierno, vivo solamente en la raíz. Por eso, después de que Natán se presentó ante él, David oró: «Devuélveme el gozo de tu salvación y concédeme un espíritu dispuesto» (Salmo 51:12, 15).

Observemos primero al mensajero que Dios envió a David. Al final del capítulo anterior se nos dijo que lo que David había hecho desagradó al SEÑOR. Podríamos pensar que el SEÑOR habría enviado enemigos para atacarlo, temores para apoderarse de él o la muerte para ponerle fin. En cambio, envió al profeta Natán, amigo fiel y consejero de David, para enseñarle y corregirlo (2 Samuel 12:1).

David no mandó llamar a Natán, aunque nunca había necesitado más de un consejero espiritual. Dios envió a Natán hacia David. Esto muestra que, aunque Dios puede permitir que su pueblo caiga en pecado, no permitirá que permanezca allí. David seguía obstinadamente el camino de su propio corazón y, si lo hubieran dejado solo, se habría alejado cada vez más de Dios. Pero el SEÑOR dice: «He visto sus caminos, pero lo sanaré» (Isaías 57:17-18).

Dios muchas veces viene a buscarnos antes de que nosotros lo busquemos. Si no lo hiciera, sin duda estaríamos perdidos. Natán había sido el profeta por medio de quien Dios le había dado antes a David un mensaje de bondad y promesa (2 Samuel 7:4), y ahora, por medio del mismo hombre, le enviaba un mensaje de reprensión. Debemos recibir la palabra de Dios por medio de sus ministros, ya sea que traiga consuelo o advertencia.

Natán obedeció el llamado celestial y fue enviado por Dios ante David. No dijo: «David ha pecado, así que no me acercaré a él». No; lo trató como a un hermano que debía ser corregido, no como a un enemigo al que había que odiar (2 Tesalonicenses 3:15). Tampoco dijo: «David es rey, así que no me atrevo a reprenderlo». No; cuando Dios lo envía, afirma su determinación con firmeza (Isaías 50:7).

Consideremos, en segundo lugar, el mensaje que Natán presentó para llevar a David a la convicción de pecado. Comenzó con una parábola, de modo que David oyera algo que parecía una denuncia contra uno de sus súbditos por haber perjudicado a un vecino pobre. Es probable que Natán hubiera acudido muchas veces ante David por asuntos semejantes, así que este método no despertaría sospechas. Es apropiado que quienes tienen acceso a los gobernantes hablen en favor de los agraviados, para que se haga justicia.

Natán contó una injusticia grave. Un hombre rico tenía muchos rebaños y manadas (2 Samuel 12:2), mientras que un hombre pobre solo tenía una pequeña oveja (2 Samuel 12:3). El mundo está distribuido de manera muy desigual, pero Dios lo ordena con sabiduría, justicia y bondad, para que los ricos aprendan a ser generosos y los pobres aprendan a estar contentos. La única oveja del hombre pobre era como una mascota, una que había criado junto con sus hijos. La amaba; comía de su mano y era como un miembro de la familia.

Cuando llegó un viajero a la casa del hombre rico, este tomó por la fuerza la oveja del hombre pobre y la preparó para el visitante (2 Samuel 12:4). Lo hizo quizá por avaricia, porque no quería usar uno de sus propios animales, o, más probablemente, por su afán de lujo, porque pensaba que la oveja criada con tanto cuidado tendría una carne más fina. Natán usó esta historia para mostrarle a David la maldad de lo que había hecho con Betsabé.

David tenía muchas esposas y concubinas, aunque las mantenía apartadas, como los hombres ricos mantienen sus rebaños en distintos campos. Si hubiera tenido una sola esposa, querida para él como la oveja lo era para su dueño, y amada como las Escrituras describen a una esposa amorosa, su amor le habría bastado y no habría buscado a otra (Proverbios 5:19). El matrimonio es una protección contra el pecado sexual, pero tener muchas esposas no lo es. Una vez que una persona quebranta la fidelidad de una sola carne establecida por Dios, el deseo desordenado rara vez se detiene por sí solo.

Urías, como el hombre pobre de la historia, tenía una sola esposa, y ella era para él como su propia vida. No deseaba que ninguna otra se acostara en su pecho. Algunos escritores judíos, como señala el obispo Patrick, entendían que el viajero de la parábola representaba el deseo malvado que entró en el corazón de David. Decían que ese deseo podría haberse satisfecho con lo que David ya tenía, pero nada le bastaba excepto la amada esposa de Urías. También señalaban que este deseo malvado recibe el nombre de viajero porque al principio solo pasa por allí, después se queda y finalmente gobierna la casa. En la historia, al final el viajero es llamado hombre, mostrando cómo la lujuria crece hasta ejercer dominio.

Sin embargo, algunos observan que, en el caso de David, la lujuria fue como un viajero que se queda una sola noche. No siempre había vivido y gobernado en su corazón. Por medio de la parábola, Natán llevó a David a pronunciar sentencia contra sí mismo. Creyendo que se trataba de un caso real y confiando en el relato de Natán, David dictó de inmediato la sentencia y la confirmó con un juramento (2 Samuel 12:5-6). Dijo que el hombre debía devolver cuatro veces lo robado, conforme a la ley (Éxodo 22:1), y que merecía morir por su crueldad y tiranía.

Si un pobre roba a un rico porque tiene hambre, debe hacer restitución, aunque eso le cueste todo lo que posee (Proverbios 6:30-31). Más adelante, Salomón compara el adulterio con ese pecado (Proverbios 6:32). Pero si un rico roba por capricho, no por necesidad, solo para actuar con dureza y abusar de otro, merece la muerte, porque obligarlo a hacer restitución difícilmente sería un castigo para él. Si la sentencia de David parece severa, quizá se deba a que en ese momento su propio temperamento era fuerte, pues todavía estaba bajo la culpa del pecado y aún no había recibido misericordia.

Entonces Natán finalmente hizo que la parábola recayera directamente sobre David y le aplicó su enseñanza.

Natán comenzó con una parábola, y eso mostró su sabiduría. Se necesita mucho cuidado al reprender a alguien. La reprensión está bien dirigida cuando, como en este caso, se lleva al culpable a condenarse a sí mismo antes de darse cuenta. Pero cuando Natán aplicó la enseñanza, también fue fiel, y habló con el mismo grado de franqueza al rey David que le habría hablado a cualquier otra persona. En palabras claras, le dijo: «Tú eres el hombre que hizo esto, y cometiste contra tu prójimo una falta mucho mayor. Por tu propio juicio mereces morir, y serás juzgado por tus propias palabras».

Natán habló de inmediato de parte de Dios y en el nombre de Dios. Comenzó diciendo: «Así dice el SEÑOR, Dios de Israel», un nombre sagrado y lleno de autoridad para David, que debía haber captado toda su atención. Natán ya no hablaba como quien defendía la causa de un hombre pobre, sino como embajador del Dios grande, que no muestra favoritismo. Por medio de Natán, Dios le recordó primero a David las grandes cosas que había hecho por él y que había planeado hacer por él. Lo había ungido como rey, lo había mantenido en el reino y le había dado autoridad sobre la casa y las posesiones de su predecesor, así como sobre las de otros que antes habían gobernado sobre él, como Nabal. También le había dado la casa de Israel y Judá, de modo que las riquezas del reino estaban a su servicio y el pueblo estaba dispuesto a complacerlo.

Dios incluso había estado dispuesto a darle mucho más, si David hubiera necesitado algo más. Esto muestra cuán generoso es Dios con sus dones. Él nunca nos da menos de lo que corresponde. Cuando ya ha dado mucho, todavía puede dar más. Eso hace aún más grave nuestro descontento y nuestro deseo de cosas prohibidas. Es ingrato desear lo que Dios ha prohibido mientras tenemos la libertad de pedir lo que él ha prometido, y eso debería bastarnos.

Luego Natán acusó a David de un desprecio orgulloso y grave hacia la autoridad de Dios en los pecados que había cometido: «¿Por qué has despreciado el mandamiento del SEÑOR, actuando con arrogancia por causa de tu poder real?». Esta es la raíz y la fealdad del pecado: trata la ley de Dios y al Legislador como si importaran poco. Actúa como si la ley fuera débil, los mandamientos fueran insignificantes y las amenazas no fueran realmente una amenaza. David había hablado de la ley de Dios con más honor que casi cualquier otra persona; sin embargo, en este asunto se le acusa justamente de haberla despreciado.

El adulterio de David con Betsabé, la esposa de Urías, que dio inicio a toda aquella maldad, no se menciona aquí, quizá porque David ya había sido convencido de su pecado. Pero el asesinato de Urías se menciona dos veces. «Has matado a Urías con la espada», dice Natán, aunque no con la espada de David, sino, en efecto, por orden suya, cuando puso a Urías en la primera línea de batalla. Quienes planean la maldad y dan la orden de cometerla son tan culpables como quienes la llevan a cabo. Natán lo repite con mayor énfasis al decir que David mató a Urías por medio de la espada de los amonitas, aquellos enemigos incircuncisos de Dios y de Israel.

También se menciona dos veces el matrimonio con Betsabé, porque David quizá pensaba que no había nada malo en ello. «Has tomado a su esposa para que sea tu esposa», dice Natán, y lo repite de nuevo. Casarse con la mujer a quien primero había deshonrado, después de matar a su esposo, era un insulto al matrimonio mismo. Casi convirtió el matrimonio en una cubierta para la maldad. En todo esto, David despreció la palabra del Señor: no solo el mandato de Dios contra pecados como estos, sino también la promesa especial que Dios le había dado antes por medio de Natán, de que edificaría una casa para él. Si David realmente hubiera valorado aquella santa promesa, no habría contaminado su hogar con lujuria y sangre.

Entonces Natán advierte a David que, debido a este pecado, habría un juicio duradero sobre su familia: «La espada jamás se apartará de tu casa». Esto significa que los problemas y la violencia continuarían en su familia, durante su vida y después de él, y que gran parte de la vida de David y de sus descendientes estaría marcada por la guerra. Esto anticipa los asesinatos entre sus hijos: Amnón, Absalón y Adonías, quienes murieron por la espada. Dios había prometido que su misericordia no se apartaría de David ni de su casa (2 Samuel 7:15), pero ahora dice que la espada tampoco se apartaría. ¿Pueden coexistir la misericordia y la espada? Sí. Una persona puede sufrir dificultades graves y prolongadas, y aun así no quedar excluida de la gracia del pacto de Dios.

La razón se expresa claramente: «Porque me has despreciado». Quienes desprecian la palabra y la ley de Dios desprecian a Dios mismo, y serán tratados con desprecio. Natán también dice que la propia familia de David se convertiría en su dolor: «Haré que de tu propia familia se levante el mal contra ti». El pecado trae problemas a una familia, y con frecuencia Dios usa un pecado para castigar otro. También dice que las esposas de David serían motivo de vergüenza para él y que serían deshonradas públicamente delante de todo Israel (2 Samuel 12:11, 12). Natán no dice que esto lo haría el propio hijo de David, quizá para que la profecía no quedara impedida por ser demasiado explícita. Sin embargo, más tarde Absalón hizo esto siguiendo el consejo de Ahitofel (2 Samuel 16:21, 22).

El que había deshonrado a la esposa de su prójimo vería deshonradas a sus propias esposas, porque con frecuencia así se castigaba ese tipo de pecado. Job aludió a lo mismo en su solemne juramento (Job 31:10), y Oseas también habla de ello (Oseas 4:14). El pecado de David había sido ocultado y cuidadosamente encubierto, pero su castigo sería público y ampliamente conocido, y le traería vergüenza. Su antiguo pecado en el caso de Urías, aunque había ocurrido muchos años antes, volvería a la memoria pública y sería comentado por todas partes. Así como un rostro se refleja en otro en un espejo, muchas veces el castigo corresponde al pecado. Aquí sería sangre por sangre e impureza por impureza. De esta manera, Dios mostraría cuánto aborrece el pecado, incluso cuando lo encuentra en su propio pueblo, y que dondequiera que lo encuentre no lo dejará sin castigo.

Entonces David confesó su pecado con un corazón verdaderamente arrepentido. No intentó justificarse ni suavizar lo que había hecho. Sencillamente dijo: «He pecado contra el Señor» (2 Samuel 12:13). Probablemente dijo algo más, pero esto basta para mostrar que las palabras de Natán realmente lo habían humillado y que aceptaba la acusación. Reconoce su culpa: «He pecado», y hace más grave la ofensa al decir: «contra el Señor». David insiste en ese mismo pensamiento en el salmo que escribió acerca de este suceso: «Contra ti, contra ti solo he pecado» (Salmo 51:4).

Cuando David confesó, Natán declaró que había sido perdonado, aunque todavía añadió una advertencia. Al ver que David estaba verdaderamente arrepentido, Natán le aseguró en el nombre de Dios que su pecado había sido perdonado: «El Señor ha quitado tu pecado. No morirás». Esto significa que no moriría para siempre ni sería rechazado para siempre por Dios, que es lo que habría ocurrido si Dios no hubiera quitado su pecado. La culpa que merecía castigo había sido cancelada y apartada.

El perdón significa esto: tu pecado no será tu ruina definitiva. La espada todavía permanecería en la casa de David, pero no lo separaría de Dios en juicio. David merecía morir como adúltero y asesino, pero Dios no lo mataría, aunque justamente podría haberlo hecho. Aunque David sería disciplinado por el Señor durante toda su vida, no sería condenado junto con el mundo.

Esto muestra cuán dispuesto está Dios a perdonar el pecado. David quizá estaba pensando en esto cuando dijo: «Confesé mi pecado, y tú me perdonaste» (Salmo 32:5). Por eso, los grandes pecadores no deben desesperarse de la misericordia si se arrepienten de verdad. ¿Quién es un Dios como el Señor, que perdona el pecado?

Sin embargo, Dios también dictó sentencia de muerte contra el niño (2 Samuel 12:14). Aquí vemos el gobierno y la autoridad de Dios. El padre culpable vive y el niño inocente muere, pero todas las almas le pertenecen a Dios, y él puede glorificarse en sus criaturas como lo considere conveniente.

David había pecado contra el honor de Dios y había dado a los enemigos del Señor una razón para blasfemar. Las personas malvadas de aquel tiempo —los incrédulos, los idólatras y los impíos— se alegrarían de la caída de David. Hablarían mal de Dios y de su ley al ver que un hombre culpable de pecados tan graves todavía afirmaba honrar a ambos. Dirían: «Estos son tus creyentes. Este es el hombre que ora, canta salmos y actúa con tanta devoción. ¿De qué sirven esas prácticas si no impiden que los hombres cometan adulterio y asesinato?». También podrían preguntar: «¿Acaso Saúl no fue rechazado por una falta menor? Entonces, ¿por qué David todavía vive y reina?». No comprendían que Dios juzga el corazón, no como juzgan los seres humanos.

Aun ahora, algunas personas se endurecen en el pecado por causa del ejemplo de David. Nadie tiene una verdadera excusa para hablar contra Dios, su palabra o sus caminos por causa de David. La culpa de ellos es su propio pecado. Sin embargo, quien puso la piedra de tropiezo en su camino todavía tendrá que responder por haberles dado, si no la causa, al menos la excusa para sus reproches. Este es el gran mal de los pecados escandalosos entre quienes profesan tener fe y pertenecer a Dios: les dan a los enemigos de Dios motivos para burlarse y blasfemar (Romanos 2:24).

Por lo tanto, Dios defendería su honor mostrando su desagrado ante el pecado de David y haciendo que el mundo viera que, aunque ama a David, aborrece su pecado. Decide hacerlo por medio de la muerte del niño. Un dueño puede tomar cualquier parte de su propiedad según lo considere conveniente. Tal vez la muerte de los niños pequeños era menos común entonces que ahora, lo que haría de aquella pérdida inusual una señal especialmente clara del desagrado de Dios. También correspondía a lo que Dios había dicho muchas veces: que haría recaer en los hijos el pecado de los padres.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica 2 Samuel 12:1 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

Cómo puede ayudarte tu IA cristiana

Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana

menu_book

Estudio bíblico

psychology

Orientación para la vida

favorite

Apoyo en la oración

lightbulb

Sabiduría diaria

forum Pregúntale a tu IA cristiana — Gratis

Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes

De este capítulo

auto_awesome

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.