Versículo destacado
2 Crónicas 21:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Josafat durmió con sus padres y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David. Y su hijo Joram reinó en su lugar. "
2 Crónicas 21:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Josafat durmió con sus padres y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David. Y su hijo Joram reinó en su lugar.
2 Él tenía hermanos, hijos de Josafat: Azarías, Jehiel, Zacarías, Azarías, Micael y Sefatías. Todos estos eran hijos de Josafat, rey de Israel.
3 Su padre les dio grandes regalos de plata, oro y objetos preciosos, junto con ciudades fortificadas en Judá; pero entregó el reino a Joram porque era el primogénito.
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Aquí vemos, en primer lugar, que Josafat fue un padre muy cuidadoso, pero demasiado indulgente con Joram. Tuvo varios hijos, cuyos nombres aparecen en 2 Crónicas 21:2, y 2 Crónicas 21:13 dice que eran mejores que Joram. Tenían más sabiduría y virtud, y vivían conforme a la formación que habían recibido de su padre, a diferencia de Joram. Eran jóvenes con mucho potencial, y cualquiera de ellos parecía más apto para recibir la corona que Joram. Sin embargo, como Joram era el primogénito (2 Crónicas 21:3), su padre aseguró el reino para él y les dio regalos a sus hermanos para que quedaran satisfechos y no causaran problemas, como hizo Abraham cuando Isaac se convirtió en su heredero y envió a sus otros hijos con regalos.
En esto, Josafat fue muy bondadoso y justo con su hijo, y eso debió haber llevado a Joram a respetarlo y seguir su ejemplo. Pero no es algo nuevo que los hijos más consentidos por sus padres sean los menos dispuestos a honrarlos y obedecerlos. No puedo decir si Josafat actuó sabiamente por el bien de su pueblo. La primogenitura le daba a Joram una doble porción de los bienes de su padre (Deuteronomio 21:17), pero si era claramente incapaz de gobernar y probablemente arruinaría todo lo que su padre había hecho, quizá habría sido mejor apartarlo y escoger al siguiente hijo más apto, especialmente a uno que no se inclinara hacia la idolatría. El poder es un encargo sagrado, y puede usarse para hacer mucho bien o mucho daño. Por eso, debe estar en manos de la persona más capacitada, y la seguridad del pueblo debe ocupar el primer lugar.
En segundo lugar, Joram fue un hermano cruel con los hijos de su padre. Tan pronto como se afirmó en el trono, mató a todos sus hermanos con la espada, ya fuera mediante acusaciones falsas encubiertas por la ley o por medio de un asesinato directo. De una manera u otra, una mano malvada hizo que todos fueran ejecutados, probablemente porque Joram pensaba que no estaría seguro mientras ellos vivieran. Las personas que tienen malas intenciones suelen sospechar de los demás sin razón. El malvado teme aun cuando no hay nada que temer, o finge temer algún peligro para ocultar su maldad. Es probable que Joram odiara a sus hermanos por la misma razón por la que Caín odió a Abel y lo mató: la vida piadosa de ellos condenaba su propia vida impía y les ganaba el respeto del pueblo que él había perdido.
Junto con ellos, mató a varios de los príncipes de Israel, es decir, a los hombres principales que apoyaban a sus hermanos o que probablemente vengarían sus muertes. Los príncipes de Judá, quienes habían enseñado al pueblo a conocer al Señor (2 Crónicas 17:7), aquí son llamados príncipes de Israel, como en 2 Crónicas 19:8, porque eran verdaderos israelitas: hombres honestos y rectos. La espada que el buen padre había puesto en sus manos, este hijo malvado la volvió contra ellos mismos. ¡Ay del que construye un reino sobre la sangre! (Habacuc 2:12). Un fundamento así no podrá sostener por mucho tiempo la estructura.
En tercer lugar, Joram fue un rey sumamente malvado que corrompió su reino y arruinó la reforma por la que habían trabajado su buen padre y su abuelo. Siguió el camino de la casa de Acab (2 Crónicas 21:6), levantó lugares altos, que el pueblo ya estaba demasiado dispuesto a construir, e hizo todo lo posible por restaurar la idolatría (2 Crónicas 21:11). En cuanto al pueblo de Jerusalén, donde tenía su corte, lo condujo fácilmente a la infidelidad espiritual. Hizo que cometieran adulterio en sentido espiritual, llevándolos a comer alimentos ofrecidos a los ídolos (Apocalipsis 2:20). A los habitantes del campo les resultaba más difícil ganárselos, pero a quienes no podía corromper con palabras halagadoras los obligaba por la violencia a unirse a su detestable culto a los ídolos. Usó el poder que se le había confiado para destruir al pueblo de Dios, en vez de usarlo para su bien.
En cuarto lugar, cuando abandonó a Dios y su adoración, sus súbditos también se apartaron de su lealtad hacia él. Algunas de las provincias bajo su dominio hicieron esto. Los edomitas se rebelaron (2 Crónicas 21:8), y aunque Joram los atacó (2 Crónicas 21:9), no pudo volver a someterlos a su control (2 Crónicas 21:10). Incluso una de sus propias ciudades se rebeló. Libna se sublevó (2 Crónicas 21:10) y se independizó, tal como en otro tiempo había tenido su propio rey (Josué 12:15). Aquí se da la razón, no solo para mostrar por qué Dios lo permitió, sino también por qué ellos actuaron así. Rechazaron el gobierno de Joram porque él había abandonado al Señor, el Dios de sus antepasados, y se había convertido en un adorador de ídolos. No podían permanecer bajo su autoridad sin correr el peligro de apartarse también de Dios y de su deber. Mientras Joram permaneció fiel a Dios, ellos permanecieron leales a él. Cuando Joram dejó de lado a Dios, ellos también lo dejaron de lado. Ya sea que esto justifique por completo su rebelión o no, sí justifica la providencia de Dios al ordenar los acontecimientos de esta manera.
En quinto lugar, aun así, Dios fue fiel a su pacto con la casa de David y, por eso, no destruyó a la familia real, aunque se había corrompido profundamente y se había apartado de su linaje piadoso (2 Crónicas 21:7). Esto ya se había visto en 2 Reyes 8:19-22. El pacto decía que los descendientes de David serían castigados por sus pecados, pero que el pacto mismo nunca sería quebrantado (Salmo 89:30 y siguientes).
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De este capítulo
2 Crónicas 21:2
"Él tenía hermanos, hijos de Josafat: Azarías, Jehiel, Zacarías, Azarías, Micael y Sefatías. Todos estos eran hijos de Josafat, rey de Israel."
2 Crónicas 21:3
"Su padre les dio grandes regalos de plata, oro y objetos preciosos, junto con ciudades fortificadas en Judá; pero entregó el reino a Joram porque era el primogénito."
2 Crónicas 21:4
"Cuando Joram se estableció en el reino de su padre, se fortaleció y mató a espada a todos sus hermanos y también a varios de los príncipes de Israel."
2 Crónicas 21:5
"Joram tenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén."
2 Crónicas 21:6
"Anduvo en el camino de los reyes de Israel, como lo hizo la casa de Acab, pues tenía por esposa a la hija de Acab; e hizo lo malo ante los ojos del SEÑOR."
2 Crónicas 21:7
"Sin embargo, el SEÑOR no quiso destruir la casa de David, por causa del pacto que había hecho con David y conforme a su promesa de darle una luz a él y a sus hijos para siempre."
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