Versículo destacado
2 Crónicas 16:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" En aquel tiempo, el vidente Hananí fue a Asa, rey de Judá, y le dijo: Por haberte apoyado en el rey de Siria y no haberte apoyado en el SEÑOR tu Dios, el ejército del rey de Siria ha escapado de tu mano. "
2 Crónicas 16:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Cuando Baasa se enteró, dejó de fortificar Ramá e hizo cesar su obra.
6 Entonces el rey Asa reunió a todo Judá, y ellos se llevaron las piedras y la madera de Ramá con las que Baasa estaba construyendo; y con ellas edificó Geba y Mizpa.
7 En aquel tiempo, el vidente Hananí fue a Asa, rey de Judá, y le dijo: Por haberte apoyado en el rey de Siria y no haberte apoyado en el SEÑOR tu Dios, el ejército del rey de Siria ha escapado de tu mano.
8 ¿No eran los etíopes y los libios un ejército enorme, con muchísimos carros y jinetes? Sin embargo, porque te apoyaste en el SEÑOR, él los entregó en tu mano.
9 Porque los ojos del SEÑOR recorren toda la tierra para mostrar su poder a favor de aquellos cuyo corazón es íntegro para con él. En esto has actuado neciamente; por tanto, desde ahora tendrás guerras.
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Esta es una reprensión clara y fiel que un profeta del SEÑOR le dio a Asa por haber hecho esta alianza con Baasa. El profeta era Hananí, el vidente; es decir, un hombre que comunicaba la palabra de Dios. También era el padre de Jehú, otro profeta mencionado en (1 Reyes 16:1) y (2 Crónicas 19:2). Había varias cosas malas en el acuerdo de Asa con Ben-adad, pero el profeta señala aquí como pecado principal que Asa confiara en el rey de Siria en vez de confiar en el SEÑOR su Dios (2 Crónicas 16:7).
Asa parece haber pensado que, aunque Dios estuviera de su lado, eso no sería suficiente a menos que Ben-adad también estuviera de su lado. En otras palabras, actuó como si Dios no pudiera o no quisiera ayudarlo, y por eso necesitara usar una estrategia humana e ingeniosa para salvarse. Dios se disgusta profundamente cuando las personas desconfían de él y dependen más de la fuerza humana que de su poder y bondad. Confiar en Dios le da honra; por eso, con justa razón, considera una ofensa que esa honra se entregue a alguien más.
El profeta le dice claramente a Asa que había actuado neciamente (2 Crónicas 16:9). Es una necedad apoyarse en una caña quebrada cuando tenemos la Roca eterna, un lugar seguro y permanente en el cual depender. Para mostrarle a Asa su insensatez, el profeta primero le recuerda que lo ocurrido iba en contra de su propia experiencia (2 Crónicas 16:8). Asa tenía todas las razones para confiar en Dios, porque Dios ya lo había ayudado poderosamente y le había dado la victoria sobre un enemigo amenazante, tal como también había ayudado antes a su padre, pues ambos habían confiado en el SEÑOR su Dios (2 Crónicas 13:18; 2 Crónicas 14:11).
El punto del profeta es claro: los etíopes y los libios formaban un ejército enorme, lo bastante grande como para aplastar a un reino; sin embargo, Dios los entregó en manos de Asa porque él confió en Dios. Si Dios había sido suficiente entonces, no había razón para que Asa dudara de él ahora frente a Baasa. Las muchas veces que Dios nos ha mostrado su bondad hacen que nuestra desconfianza sea todavía más grave. Si nos ha ayudado en seis dificultades, no hay razón para sospechar de él en la séptima.
Nuestro corazón suele estar extrañamente dividido. Cuando no tenemos nada más en qué apoyarnos, confiamos en Dios. Pero cuando aparecen otros apoyos, tendemos a depender demasiado de ellos y de nuestro propio entendimiento. La fe verdadera sigue confiando solamente en Dios, aun cuando el mundo parezca amistoso y atractivo.
El profeta también dice que Asa actuó en contra de lo que sabía acerca de Dios y de su providencia, es decir, de su cuidado sabio sobre el mundo (2 Crónicas 16:9). Asa debía haber sabido que los ojos del SEÑOR recorren toda la tierra para fortalecer a quienes tienen un corazón plenamente suyo. Dios gobierna el mundo con sabiduría perfecta, y todas las criaturas y todas sus acciones están siempre delante de sus ojos. Su providencia es activa, siempre está obrando y vigilando; llega a todas partes, incluso a los lugares más oscuros y lejanos.
El ojo de Dios también dirige su mano, y su poder nunca es débil ni incierto. Satanás puede recorrer la tierra de un lado a otro, pero la providencia de Dios también está presente en todas partes; nunca se desvía ni queda desconcertada. Dios gobierna el mundo para el bien de su pueblo y lleva a cabo sus propósitos amorosos para la salvación de los suyos. Cristo gobierna sobre todas las cosas para el bien de su iglesia (Efesios 1:22). Quienes tienen un corazón recto delante de Dios pueden estar seguros de su protección y tienen toda razón para depender de ella.
El profeta también muestra que Asa actuó en contra de su propio bienestar. Perdió la oportunidad de detener el creciente poder del rey de Siria, porque el ejército de Ben-adad escapó de sus manos (2 Crónicas 16:7). Ese ejército pudo haberse unido a las fuerzas de Baasa y haber caído junto con ellas, pero Asa lo dejó escapar. Además, provocó el desagrado de Dios y, desde entonces, podía esperar conflictos en lugar de paz, con constantes amenazas de guerra (2 Crónicas 16:9). Quienes no quieren confiar en Dios pierden el refugio de su cuidado y se colocan fuera de él.
La respuesta de Asa a esta reprensión fue de enojo. Aunque la advertencia venía de Dios por medio de un hombre conocido como su mensajero, y aunque la reprensión era justa y buscaba el bien de Asa, él se enfureció contra el vidente por decirle la verdad (2 Crónicas 16:10). Es alarmante ver un cambio así en Asa, cuyo corazón había sido descrito anteriormente como fiel al SEÑOR. Un hombre sabio todavía puede caer en la ira, y un hombre bueno todavía puede rechazar la corrección. Cuando Dios deja que las personas sigan sus propios caminos, pueden llegar a cometer muchos pecados.
Quienes alaban su propia conducta no soportan que otros los contradigan. Un temperamento rápido y amargo puede llevar a una persona a ofender a Dios y también a comportarse vergonzosamente con los demás. La ira de Asa se manifestó de dos maneras. Primero, puso al profeta en la cárcel, tratándolo como a un criminal, e incluso sujetándolo en el cepo o en algún otro instrumento doloroso de restricción. Los profetas de Dios suelen encontrarse con personas que no soportan la corrección, pero aun así deben cumplir con su deber.
Segundo, Asa oprimió a algunos del pueblo, probablemente a quienes apoyaban al profeta o eran conocidos como sus amigos. El mismo hombre que abusó de su autoridad al atacar al profeta de Dios después usó esa autoridad para abusar de su propio pueblo. Eso solo debilitó su reino y perjudicó su propia influencia. Quienes persiguen a otros con frecuencia terminan convirtiéndose en tiranos.
Dos años antes de su muerte, Asa sufrió una enfermedad grave en los pies y padeció mucho de gota (2 Crónicas 16:12). Había puesto al profeta en el cepo y ahora Dios, por así decirlo, también lo puso a él en el cepo, de modo que su castigo correspondía a su pecado. La enfermedad era muy grave y, según algunos, se extendió hacia arriba y terminó siendo mortal. Su gran falta fue que, en vez de buscar al SEÑOR para recibir alivio, acudió únicamente a los médicos.
Usar médicos no era malo en sí mismo. El pecado consistió en confiar en ellos y esperar de ellos lo que solo Dios podía dar. Siempre debemos aceptar la ayuda humana con los ojos puestos en el Creador y depender de él, porque él les da a todas las criaturas su capacidad y utilidad. Sin él, ni siquiera los médicos más hábiles y fieles pueden hacer nada. Algunos piensan que aquellos médicos eran extranjeros o incluso hechiceros, y que Asa acudió a ellos como si no hubiera Dios en Israel.
La muerte y el entierro de Asa recibieron honores poco comunes (2 Crónicas 16:14). Le dieron un funeral muy espléndido. Me resisto a pensar, como algunos, que el propio Asa ordenó semejante despliegue funerario, como si se tratara de un acto de vanidad y de un deseo de ser enterrado como los paganos en vez de hacerlo según la costumbre judía.
Se dice que Asa preparó una tumba para sí mismo, como alguien consciente de la muerte. Pero estoy dispuesto a pensar que aquellos honores funerarios mostraban el profundo respeto que su pueblo todavía le tenía, aun después de las fallas y debilidades de sus últimos años. El pueblo estuvo de acuerdo en honrarlo al morir.
La lección es esta: la devoción sincera y el servicio útil de las personas buenas deben recordarse con gratitud, aunque hayan tenido defectos. Que sus pecados sean enterrados con ellas, mientras sus buenas obras sean recordadas sobre sus tumbas. El mismo que dijo: «No hay ningún justo que haga el bien y nunca peque», también dijo: «La memoria del justo es una bendición», y así debe ser.
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De este capítulo
2 Crónicas 16:1
"En el año treinta y seis del reinado de Asa, Baasa, rey de Israel, subió contra Judá y fortificó Ramá, con la intención de no permitir que nadie saliera ni entrara para acudir a Asa, rey de Judá."
2 Crónicas 16:2
"Entonces Asa sacó plata y oro de los tesoros de la casa del SEÑOR y de la casa del rey, y los envió a Ben-adad, rey de Siria, que vivía en Damasco, diciendo:"
2 Crónicas 16:3
"«Hay un pacto entre tú y yo, como lo hubo entre mi padre y tu padre. Mira, te he enviado plata y oro. Ve y rompe tu pacto con Baasa, rey de Israel, para que se retire de mí»."
2 Crónicas 16:4
"Ben-adad escuchó al rey Asa y envió a los capitanes de sus ejércitos contra las ciudades de Israel. Ellos atacaron Iyón, Dan, Abel-maim y todas las ciudades de almacenamiento de Neftalí."
2 Crónicas 16:5
"Cuando Baasa se enteró, dejó de fortificar Ramá e hizo cesar su obra."
2 Crónicas 16:6
"Entonces el rey Asa reunió a todo Judá, y ellos se llevaron las piedras y la madera de Ramá con las que Baasa estaba construyendo; y con ellas edificó Geba y Mizpa."
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