Versículo destacado
2 Crónicas 15:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Cuando Asa oyó estas palabras y la profecía del profeta Oded, cobró ánimo, quitó los ídolos abominables de toda la tierra de Judá y Benjamín y de las ciudades que había tomado del monte Efraín, y renovó el altar del SEÑOR que estaba delante del pórtico del SEÑOR. "
2 Crónicas 15:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 Una nación era destruida por otra nación, y una ciudad por otra ciudad, porque Dios los afligía con toda clase de adversidades.
7 Por tanto, sean fuertes y no permitan que sus manos se debiliten, porque su trabajo será recompensado.
8 Cuando Asa oyó estas palabras y la profecía del profeta Oded, cobró ánimo, quitó los ídolos abominables de toda la tierra de Judá y Benjamín y de las ciudades que había tomado del monte Efraín, y renovó el altar del SEÑOR que estaba delante del pórtico del SEÑOR.
9 Reunió a todo Judá y Benjamín, y a los extranjeros que estaban con ellos, procedentes de Efraín, Manasés y Simeón, porque muchos de Israel se pasaron a él cuando vieron que el SEÑOR su Dios estaba con él.
10 Así que se reunieron en Jerusalén en el tercer mes del año quince del reinado de Asa.
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Aquí se nos muestra el buen efecto que tuvo en Asa el sermón anterior. Primero, hizo que cobrara más valor para Dios que antes. Su victoria ya lo había impulsado a tener mayor valentía, pero el mensaje de Dios le dio todavía más fuerzas. Ahora cobró ánimo, vio cuánta reforma hacía falta todavía y supo que Dios estaría con él en esa tarea. Eso le dio valor para llevar adelante lo que antes lo había atemorizado.
Continuó destruyendo todos los ídolos abominables, porque toda idolatría es detestable para Dios (1 Pedro 4:3). También reparó el altar del SEÑOR, que al parecer se había deteriorado, aunque Salomón lo había construido apenas unos treinta y cinco años antes. ¡Qué rápido comenzaron a decaer esas expresiones externas de adoración, como cosas destinadas a desaparecer con el tiempo! (Hebreos 8:13).
Asa también amplió su influencia, como vemos en 2 Crónicas 15:9. Convocó una reunión solemne e hizo venir especialmente a los extranjeros que se habían unido a él procedentes de las diez tribus. Su llegada lo animó, porque ellos habían visto que el SEÑOR su Dios estaba con él. Es bueno estar entre personas que tienen a Dios consigo y entablar amistad con quienes viven en el temor y el favor de Dios: «Iremos con ustedes, porque hemos oído que Dios está con ustedes» (Zacarías 8:23).
Al mismo tiempo, el hecho de que Asa tomara en cuenta a estos extranjeros y los recibiera en la asamblea también los animó a ellos. Se debe ayudar a todos los extranjeros, pero quienes han dejado todo para conservar una buena conciencia y confiar en el cuidado de Dios merecen un honor especial. Asa ordenó que se reunieran, pero el texto dice que ellos mismos se reunieron, lo cual muestra cuán dispuestos estaban a obedecer su mandato. Probablemente esta reunión tuvo lugar en el tercer mes, durante la fiesta de Pentecostés.
Entonces Asa y su pueblo ofrecieron sacrificios a Dios, tomando para ello parte del botín que habían traído (2 Crónicas 15:11). Su ofrenda fue mucho menor que la de Salomón (2 Crónicas 7:5), lo cual quizá indique que tenían menos fervor, menos riquezas o ambas cosas. Esos sacrificios tenían el propósito de agradecer por la misericordia recibida y pedir más misericordia. Ahora nuestras oraciones y alabanzas son nuestros sacrificios espirituales. Y así como Asa se preocupó de que el altar recibiera su ofrenda, también se aseguró de que el templo recibiera el oro que le correspondía, pues llevó a la casa de Dios todos los objetos consagrados (2 Crónicas 15:18). Darle a Dios lo que le pertenece es una muestra de honestidad.
Lo que durante mucho tiempo se había destinado a Dios, y quizá llevaba mucho tiempo apartado para él, no debía seguir postergándose para siempre. ¿Acaso alguien le robará a Dios o retendrá el pago de quien siempre está dispuesto a hacernos bien? Asa y el pueblo también hicieron un pacto con Dios. Se lamentaban de haber quebrantado sus promesas anteriores y resolvieron hacerlo mejor. Es correcto que las personas arrepentidas, y quienes se vuelven a Dios, renueven su pacto con él. Parece que el pueblo mismo propuso hacerlo, no Asa. Toda persona que hace un pacto con Dios debe hacerlo de manera voluntaria: «Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente» (Salmo 110:3).
El pacto no añadió nada nuevo a lo que ya le debían a Dios. Ninguna promesa de ellos podía elevar su deber por encima del mandato de Dios. Sin embargo, les ayudaría a sentir ese deber más profundamente, los fortalecería frente a la tentación y mostraría que los mandatos de Dios son buenos y justos. Al unirse en este pacto, también se ayudaron unos a otros a permanecer firmes. Acordaron dos cosas.
Primero, buscarían diligentemente a Dios ellos mismos: buscarían sus mandatos y su favor. En realidad, la religión consiste en buscar a Dios, pedir su dirección y acudir a él en toda necesidad. No disfrutaremos plenamente de su presencia sino hasta llegar al cielo; por eso, mientras estemos aquí, debemos seguir buscándolo.
Buscarían a Dios como el Dios de sus antepasados, de la misma manera en que ellos lo habían buscado y confiando en la promesa hecha a sus antepasados. Lo harían con todo su corazón y con toda su alma, porque solo quienes buscan a Dios de manera interior, sincera y completa lo buscan verdaderamente. La religión no significa nada si no es un asunto del corazón. Dios quiere todo el corazón, o nada. Y cuando el tesoro es tan grande como el favor de Dios, vale la pena buscarlo con toda el alma.
Segundo, acordaron emplear todas sus fuerzas para guiar a otros a buscarlo (2 Crónicas 15:13). Declararon que cualquiera que no buscara al SEÑOR, el Dios de Israel —ya fuera por adorar a dioses falsos o por negarse a participar en la adoración del Dios verdadero— debía morir. Ellos no estaban creando una ley nueva. Estaban ordenando que se cumpliera la propia ley de Dios para esos casos (Deuteronomio 17:2). Si esa ley se hubiera aplicado correctamente, no habrían quedado tantos ídolos abominables en Judá y Benjamín (2 Crónicas 15:8). Es razonable cuestionar si hoy, bajo el evangelio, se puede obligar a las personas por medios semejantes a buscar al SEÑOR, pues nuestra lucha no se libra con armas humanas, aunque sigue teniendo poder.
Hicieron este pacto con gran entusiasmo y dando toda señal de alegría. Juraron públicamente al SEÑOR, no en secreto, como si les diera vergüenza o temor comprometerse firmemente con él. Lo hicieron en voz alta, para mostrar su fervor y animarse unos a otros, y todos se alegraron por el juramento (2 Crónicas 15:14, 15). No juraban como un deudor obligado a reconocer una sentencia, sino como un novio que se compromete alegremente en matrimonio. Cada israelita sincero se alegraba por su propio compromiso con Dios y también por el de los demás.
Consideraban que esto era una forma esperanzadora de evitar volver a apartarse de Dios y una señal de que Dios estaba con ellos. Los momentos en que renovamos nuestro pacto con Dios deben ser momentos de alegría, y una reforma nacional debe traer satisfacción a todos los que son íntegros. Estar ligados a Dios es un honor y una dicha. También lo hicieron con profunda sinceridad, fervor y determinación. Juraron a Dios con todo su corazón y lo buscaron con todo su deseo. En ese momento, los israelitas tenían una disposición muy buena en el corazón. ¡Ojalá siempre hubieran tenido esa actitud! Por eso se alegraron tanto: porque hablaban en serio. Solo quienes son sinceros e íntegros en su relación con Dios conocen realmente la alegría y el consuelo de la fe. Lo que se hace con hipocresía es una carga agotadora, pero si Dios tiene nuestro corazón, tenemos alegría.
Se nos dice lo que este solemne pacto con Dios produjo en ellos. Primero, Dios les hizo bien. Ellos encontraron a Dios, y él les dio paz por todos lados (2 Crónicas 15:15), de modo que después no hubo guerra durante mucho tiempo (2 Crónicas 15:19). No hubo una guerra abierta y a gran escala, aunque todavía existían constantes conflictos fronterizos entre Judá e Israel (1 Reyes 15:16). Cuando una nación se vuelve a Dios, Dios a menudo le concede bendiciones públicas.
Segundo, ellos, en general, actuaron bien delante de Dios. Llevaron la reforma lo bastante lejos como para destituir a Maacá, la reina madre, por causa de su idolatría, y destruyeron su ídolo (2 Crónicas 15:16). Aquí Asa actuó con valentía. No excusó la idolatría de alguien tan cercano a él. Como Leví, quien dijo acerca de su padre y de su madre: «No los he reconocido» (Deuteronomio 33:9), Asa sabía que debía honrar a Dios por encima de su abuela.
No se atrevió a dejar un ídolo en una habitación de su palacio mientras derribaba los ídolos de las ciudades de su reino. Podemos pensar que Maacá había reconocido su pecado y estaba dispuesta a unirse al pacto mencionado en 2 Crónicas 15:12, 13, prometiendo buscar al SEÑOR. Si fue así, esa podría ser la razón por la que no fue ejecutada como quienes se negaron a aceptarlo, fueran importantes o humildes, hombres o mujeres. Probablemente por causa de ella se menciona también a las mujeres en ese pacto.
Aun así, como ella había sido idólatra, Asa consideró correcto quitarle su rango y su autoridad. Probablemente la apartó de la corte y la mantuvo en una vida privada, para que no influyera ni corrompiera a los demás. Sin embargo, la reforma no fue completa. No se quitaron todos los lugares altos, aunque sí se eliminaron muchos de ellos (2 Crónicas 14:3, 5).
Se quitaron los lugares altos de las ciudades, pero quizá no todos los que había en Judá; o tal vez no se quitaron los que se usaban para adorar a dioses falsos, sino solamente algunos. Otros pudieron haber permanecido porque todavía se usaban para adorar al Dios de Israel. Asa permitió estas cosas y, aun así, su corazón permaneció completamente dedicado a Dios. Una persona puede fallar en algunos deberes y, sin embargo, tener un corazón íntegro delante de Dios. La sinceridad no equivale a una ausencia perfecta de pecado.
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De este capítulo
2 Crónicas 15:1
"Y el Espíritu de Dios vino sobre Azarías hijo de Oded."
2 Crónicas 15:2
"Él salió al encuentro de Asa y le dijo: Escúchenme, Asa y todo Judá y Benjamín. El SEÑOR está con ustedes mientras ustedes estén con él; si lo buscan, lo encontrarán; pero si lo abandonan, él los abandonará."
2 Crónicas 15:3
"Durante mucho tiempo Israel ha estado sin el Dios verdadero, sin sacerdote que enseñara y sin ley."
2 Crónicas 15:4
"Pero cuando en su angustia se volvieron al SEÑOR, Dios de Israel, y lo buscaron, lo encontraron."
2 Crónicas 15:5
"En aquellos tiempos no había paz para el que salía ni para el que entraba, sino que grandes aflicciones sobrevenían a todos los habitantes de aquellas tierras."
2 Crónicas 15:6
"Una nación era destruida por otra nación, y una ciudad por otra ciudad, porque Dios los afligía con toda clase de adversidades."
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