Versículo destacado
2 Crónicas 11:13 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Los sacerdotes y los levitas que estaban en todo Israel acudieron a él desde todos sus territorios. "
2 Crónicas 11:13
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
11 Fortificó las plazas fuertes, puso jefes en ellas y almacenó alimentos, aceite y vino.
12 En cada ciudad puso escudos y lanzas, y las fortaleció muchísimo. Además, tuvo de su lado a Judá y Benjamín.
13 Los sacerdotes y los levitas que estaban en todo Israel acudieron a él desde todos sus territorios.
14 Los levitas dejaron sus campos de pastoreo y sus posesiones, y fueron a Judá y Jerusalén, porque Jeroboam y sus hijos los habían excluido de ejercer el sacerdocio para el SEÑOR.
15 Él nombró para sí sacerdotes para los lugares altos, para los demonios y para los becerros que había hecho.
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Aquí vemos, en primer lugar, cómo Roboam se fortaleció cuando los sacerdotes, los levitas y todos los israelitas devotos acudieron a él: hombres que permanecían fieles a Dios y a su fe.
Jeroboam los había expulsado. Estableció una forma de adoración que ellos no podían aceptar sinceramente, y eso los alejó de su altar. Al mismo tiempo, no les permitía ir a Jerusalén para adorar en el verdadero altar de allí; de ese modo, les impidió servir como sacerdotes (2 Crónicas 11:14). Se alegró de reemplazarlos con hombres de conducta baja y vergonzosa, a quienes nombró sacerdotes para los lugares altos (2 Crónicas 11:15). Compárese con 1 Reyes 12:31. No sorprende que quien había rechazado a Dios también rechazara a sus ministros, ya que ellos no estaban dispuestos a hacer todo lo que él les ordenara, servir a sus dioses ni inclinarse ante su imagen de oro.
Por eso, los levitas dejaron sus ciudades y sus campos (2 Crónicas 11:14). Según su tribu, se les habían asignado ciudades con terrenos de pastoreo alrededor, donde contaban con todo lo necesario y podían hacer mucho bien. Ahora fueron expulsados de todas sus ciudades, excepto de las que estaban en Judá y Benjamín. Su sustento parecía seguro, pero lo perdieron. Aun así, podían consolarse sabiendo que el Señor mismo era su herencia, y que seguirían encontrándolo aun cuando fueran expulsados de sus casas y sus tierras.
¿Por qué dejaron sus posesiones? Por una parte, comprendieron que no podían hacer ningún bien entre sus vecinos, cuya antigua idolatría volvía a cobrar fuerza ahora que Jeroboam había levantado sus becerros. También sabían que estarían bajo una presión constante para participar en el mal y que correrían el peligro de apartarse de la verdad poco a poco. Si de verdad oramos para no caer en tentación, debemos mantenernos tan lejos de ella como sea posible. Además, si permanecían fieles, tenían razones para esperar persecución por parte de Jeroboam y sus hijos. Los sacerdotes designados para los ídolos no permitirían por mucho tiempo que los sacerdotes del Señor permanecieran entre ellos. Ninguna ventaja mundana debe retenernos en un lugar donde corremos el peligro de perder la fe y una conciencia limpia.
Llegaron a Judá y Jerusalén (2 Crónicas 11:14) y se presentaron ante Roboam (2 Crónicas 11:13, nota al margen). ¿Dónde más debían estar los sacerdotes y los levitas de Dios sino donde estaba su altar? Llegaron allí porque ese era el lugar de su llamado en los tiempos establecidos. Fue una muestra de misericordia que tuvieran un lugar seguro al cual huir y que, cuando Jeroboam los expulsó, hubiera personas tan cercanas dispuestas a recibirlos. No fueron obligados a refugiarse en las tierras de los pueblos paganos. También demostraron que amaban su servicio más que sus ingresos. Dejaron sus ciudades del campo, donde podrían haber vivido cómodamente por su cuenta, porque allí se les impedía servir a Dios. Confiaron en el cuidado de Dios y en la bondad de sus hermanos en la fe para poder disfrutar libremente de las ordenanzas del Señor, tal como él las había establecido.
Es mejor tener poco en el camino del deber que tener abundancia en el camino del pecado. Es mejor vivir de la ayuda de otros, o incluso morir en prisión con una conciencia limpia, que vivir en riqueza y placer con la conciencia destruida. Roboam y su pueblo demostraron sabiduría al recibirlos, aunque eso significara estrecharse para hacerles espacio. Los refugiados fieles traen bendición al pueblo que los recibe, así como dejan problemas atrás entre quienes los expulsan. «Abran las puertas para que entre la nación justa, la que se mantiene fiel», y eso será para su bien (Isaías 26:1-2).
Cuando los sacerdotes y los levitas llegaron a Jerusalén, todos los israelitas devotos de cada tribu los siguieron. Eran personas que habían decidido de todo corazón buscar al Señor, el Dios de Israel; tomaban en serio su deber ante Dios y estaban resueltas a cumplirlo. Dejaron las tierras que habían heredado y se establecieron en Jerusalén para poder acudir libremente al altar de Dios y evitar la tentación de adorar a los becerros (2 Crónicas 11:16). Lo que es mejor para nuestra alma también es lo mejor para nosotros. En todas nuestras decisiones, el bien de la fe debe estar por encima de la comodidad exterior. Donde estén los sacerdotes fieles de Dios, allí también debe estar su pueblo fiel. Si Jeroboam rechazaba a los ministros de Dios, todo israelita verdadero debía sentirse obligado a permanecer junto a ellos. No debemos abandonar al levita, aunque sea un levita rechazado, mientras vivamos. Cuando el arca avance, debemos seguirla también (Josué 3:3).
De esta manera fortalecieron el reino de Judá (2 Crónicas 11:17). Lo hicieron no solo al aumentar considerablemente la población —probablemente llevando consigo algunos de sus bienes—, sino también mediante su piedad y sus oraciones, que trajeron bendición sobre el reino que se había convertido en su refugio. Véase Zacarías 12:5. Proteger y fomentar la fe y a quienes viven conforme a ella beneficia a toda nación, porque nada contribuye más a su fortaleza. Ellos hicieron fuertes a Roboam y a su pueblo durante tres años, mientras siguieron los buenos caminos de David y Salomón. Pero cuando se apartaron de esos caminos y, por ello, se alejaron del favor y la protección de Dios, ni siquiera sus mejores amigos pudieron seguir fortaleciéndolos. Conservamos nuestra fortaleza mientras nos aferramos a Dios y le obedecemos, y no después.
Luego vemos cómo Roboam se debilitó al entregarse al placer. Quiso tener muchas esposas, como lo había hecho su padre (2 Crónicas 11:23). Sin embargo, en esto parece haber sido más prudente que su padre, porque no parece haberse casado con mujeres extranjeras. Las esposas mencionadas aquí eran hijas de Israel, e incluso pertenecían a la familia de David. Una descendía de Eliab, hermano de David (2 Crónicas 11:18); otra, de Absalón, probablemente hijo de David (2 Crónicas 11:20); y otra, de Jerimot, hijo de David.
También fue más afortunado que su padre en que tuvo muchos hijos e hijas, mientras que de su padre solo se menciona un hijo. Es difícil creer que David no tuviera más de uno, pero si tuvo otros, no fueron dignos de mención. Aquí se mencionan varios hijos de Roboam (2 Crónicas 11:19-20) como hombres importantes. Eran hombres capaces y activos, por lo que Roboam consideró prudente distribuirlos por las ciudades de Judá y Benjamín (2 Crónicas 11:23). Tal vez lo hizo para que no compitieran con su hijo Abías, a quien pensaba dejar como heredero. O quizá lo hizo porque confiaba en que ellos mantendrían la paz y protegerían el reino. Los estableció en ciudades fortificadas y se aseguró de que esas ciudades estuvieran bien abastecidas, para que pudieran servirle bien si un enemigo atacaba. Más vale la sabiduría tardía que ninguna sabiduría. Se dice que la sabiduría nunca se valora hasta que se paga por ella, y Roboam pagó muy caro por la suya al perder un reino.
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De este capítulo
2 Crónicas 11:1
"Cuando Roboam llegó a Jerusalén, reunió de la casa de Judá y de Benjamín a ciento ochenta mil hombres escogidos, guerreros, para luchar contra Israel y hacer que el reino volviera a Roboam."
2 Crónicas 11:2
"Pero la palabra del SEÑOR vino a Semaías, hombre de Dios, diciendo:"
2 Crónicas 11:3
"Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a todo Israel en Judá y Benjamín, diciendo:"
2 Crónicas 11:4
"«Así dice el SEÑOR: No subirán ni lucharán contra sus hermanos. Vuelva cada uno a su casa, porque esto procede de mí». Ellos obedecieron las palabras del SEÑOR y regresaron de ir contra Jeroboam."
2 Crónicas 11:5
"Roboam habitó en Jerusalén y construyó ciudades fortificadas en Judá."
2 Crónicas 11:6
"Construyó Belén, Etam, Tecoa,"
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