Versículo destacado

1 Timoteo 4:6 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Si recuerdas estas cosas a los hermanos, serás un buen servidor de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has alcanzado. "

1 Timoteo 4:6

menu_book El versículo en contexto

4 Porque toda criatura de Dios es buena, y nada debe rechazarse si se recibe con acción de gracias,

5 pues queda santificado por la palabra de Dios y la oración.

6 Si recuerdas estas cosas a los hermanos, serás un buen servidor de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has alcanzado.

7 Pero rechaza las fábulas profanas y de viejas, y más bien ejercítate para la piedad.

8 Porque el ejercicio corporal aprovecha poco, pero la piedad es provechosa para todo, pues tiene la promesa de la vida presente y de la venidera.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Pablo quería que Timoteo enseñara a los cristianos verdades que los mantuvieran firmes y evitaran que los maestros judaizantes los desviaran. Estos maestros trataban de imponer costumbres judías a los creyentes. Los buenos ministros de Jesucristo cumplen fielmente con su labor, no siguiendo ideas novedosas, sino recordándoles a las personas lo que ya han oído y recibido. Por eso Pedro dijo: «Siempre les recordaré estas cosas, aunque ustedes ya las saben» (2 Pedro 1:12), y también: «Quiero despertar en ustedes un recuerdo» (2 Pedro 3:1). Judas dijo lo mismo: «Quiero recordarles» (Judas 1:5). Los apóstoles sabían que recordarles estas verdades era una parte importante del ministerio, porque somos rápidos para olvidar las cosas de Dios y lentos para aprenderlas bien.

Pablo dice que Timoteo había sido «nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina», es decir, que había sido formado y fortalecido en las verdades del evangelio. Incluso los ministros deben seguir creciendo en su conocimiento de Cristo y de su enseñanza. Una de las mejores maneras de crecer es recordarles estas verdades a otros, porque mientras enseñamos a los demás, también nos enseñamos a nosotros mismos. Además, aquellos a quienes los ministros enseñan deben ser tratados como hermanos y hermanas, no como siervos sometidos a un amo, porque los ministros no son gobernantes del pueblo de Dios.

Luego Pablo insiste en la importancia de la piedad para Timoteo y para todos los creyentes. Le dice que rechace «las fábulas profanas y de viejas», es decir, relatos vacíos y mundanos, incluidas ciertas tradiciones judías que algunos estaban usando de manera incorrecta. En cambio, Timoteo debe «ejercitarse para la piedad», lo que significa dedicarse a una vida de fe práctica y entrenarse para vivir en santidad. La piedad requiere un esfuerzo constante. El ejercicio corporal, como ayunar estrictamente o abstenerse del matrimonio y de ciertos alimentos, puede parecer una forma de negarse a uno mismo, pero sirve de muy poco y solo por un tiempo breve. ¿De qué sirve debilitar el cuerpo si el pecado permanece intacto?

La piedad produce un gran beneficio, porque nos ayuda durante esta vida y también lleva consigo la promesa de la vida futura. La promesa de la piedad alcanza ambas vidas, pero especialmente la que está por venir. Bajo el antiguo pacto, muchas promesas se referían a bendiciones terrenales; bajo el nuevo pacto, se refieren principalmente a bendiciones espirituales y eternas. Por eso, aunque las personas piadosas tengan poco de los bienes de este mundo, recibirán una compensación completa en el mundo venidero.

Pablo también le recuerda a Timoteo que incluso los mejores líderes cristianos necesitan esta advertencia: deben rechazar los mitos vacíos y necios, y seguir entrenándose para vivir en piedad. No basta con dejar de hacer lo malo. También debemos aprender a hacer lo bueno (Isaías 1:16-17) y continuar practicándolo. Quienes son verdaderamente piadosos no perderán al final, sin importar lo que les suceda a quienes se conforman únicamente con la disciplina exterior.

Después, Pablo anima a Timoteo a perseverar en la piedad, aun cuando sea difícil. Ya había dicho que esta es provechosa para todo, pues tiene promesa para la vida presente (1 Timoteo 4:8). La pregunta es si la ganancia compensará el costo. Pablo responde que sí. Esta es otra de sus palabras dignas de confianza y aceptación plena: todo nuestro trabajo y nuestras pérdidas al servicio de Dios serán recompensados abundantemente. Si perdemos algo por causa de Cristo, no perderemos en realidad, porque él hará que valga la pena. Por eso trabajamos y sufrimos rechazo, porque confiamos en el Dios viviente (1 Timoteo 4:10).

Los creyentes deben esperar tanto trabajo como dificultades. En este mundo están llamados a hacer el bien y, con frecuencia, a sufrir por hacerlo. Pero quienes trabajan y sufren al servicio de Dios pueden depender del Dios viviente y tener la seguridad de que no serán defraudados. Es importante que quien nos recompensa sea el Dios viviente, que vive para siempre y da vida a todos los que le sirven. También es el Salvador de todas las personas en un sentido general, porque por su providencia preserva la vida humana y evita que las personas sufran toda la ruina que merecen. Además, muestra una buena voluntad general al no querer que los pecadores perezcan, sino que lleguen al arrepentimiento. Es el Salvador de todas las personas en el sentido de que no deja a nadie en la condición desesperada de los ángeles caídos. Por lo tanto, si muestra tanta bondad hacia todos, recompensará mucho más a quienes lo buscan y le sirven, especialmente a quienes son nuevas criaturas y han nacido de nuevo.

Él es el Salvador de todas las personas, pero especialmente de quienes creen. La salvación que ha preparado para los creyentes es suficiente para compensarlos por todo lo que hacen y sufren por él. Por eso, la vida cristiana es una vida de trabajo y sufrimiento. Lo máximo que debemos esperar de este mundo por hacer lo correcto es el rechazo a causa de nuestra fe, nuestro amor y nuestro servicio. Los verdaderos cristianos confían en el Dios viviente, no en los seres humanos, porque cualquiera que confía en otra cosa está bajo maldición. Quienes confían en Dios nunca serán avergonzados. Dios es el Salvador de todos en el sentido de que ha puesto a todas las personas en una condición en la que la salvación es posible, pero es especialmente el Salvador de los creyentes de una manera personal y salvadora. Existe una redención general, y también una redención especial.

Pablo concluye exhortando a Timoteo a ordenar y enseñar estas cosas. Debe decirles a las personas que se ejerciten para la piedad, explicarles sus beneficios y mostrarles que, cuando sirven a Dios, sirven a alguien que los sostendrá y permanecerá a su lado. También debe vivir con la seriedad y la sabiduría necesarias para ganarse el respeto, aunque sea joven. «Que nadie te menosprecie por ser joven» significa que no debe hacer nada que les dé a las personas una razón para despreciar su edad. Los jóvenes no son despreciados cuando evitan la vanidad infantil y el comportamiento necio; y las personas mayores también pueden hacerse despreciables si actúan neciamente, en cuyo caso solo ellas mismas tienen la culpa. Finalmente, Timoteo debe fortalecer su enseñanza mediante su propio ejemplo y convertirse en un modelo para los creyentes.

Quienes enseñan por medio de lo que creen también deben enseñar por medio de la manera en que viven. De lo contrario, destruyen con una mano lo que edifican con la otra. Deben ser ejemplos en sus palabras y en su conducta. Su manera de hablar debe ayudar a otros a crecer, y su vida debe ser recta. También deben ser ejemplos en el amor a Dios y a las personas buenas, en la actitud espiritual y en la adoración espiritual, en la fe, entendida como una clara confesión de la fe cristiana, y en la pureza o castidad.

Pablo también anima a Timoteo a esforzarse en su llamado: «Mientras llego, dedícate a la lectura, a la exhortación y a la enseñanza» (1 Timoteo 4:13). Aunque Timoteo tenía dones excepcionales, aún debía valerse de los medios ordinarios. Esto también puede referirse a la lectura pública de las Escrituras. Debía leer y luego exhortar, es decir, aplicar y presentar con insistencia a la gente lo que había leído. Debía explicarlo tanto para animar como para enseñar, mostrando qué debían hacer y qué debían creer.

Los ministros deben enseñar y ordenar las cosas que ellos mismos han recibido como enseñanza y mandato. Deben enseñarles a las personas a obedecer todo lo que Cristo ha mandado (Mateo 28:20). La mejor manera de que los ministros eviten el desprecio es enseñar y practicar las cosas que se les han confiado. No es sorprendente que los ministros sean despreciados cuando no enseñan estas cosas, o cuando se convierten en malos ejemplos y actúan en contra de la doctrina que predican. Los ministros están llamados a ser ejemplos para su rebaño.

Incluso quienes están bien preparados para su labor deben seguir aprendiendo para crecer en conocimiento. También deben perseverar en su trabajo. Han de dedicarse a la lectura, a la exhortación y a la enseñanza.

Luego Pablo advierte a Timoteo que no descuide su don: «No descuides el don que hay en ti» (1 Timoteo 4:14). Los dones de Dios se debilitan cuando no se usan. Esto puede referirse al cargo que Timoteo había recibido o a los dones que lo capacitaban para desempeñarlo. Si se refiere al cargo, entonces fue una ordenación realizada de manera ordinaria. Si se refiere a los dones, entonces eran extraordinarios. Parece más probable que se refiera al cargo, porque este le fue dado mediante la imposición de manos.

Aquí vemos el modelo bíblico para la ordenación: se realizaba mediante la imposición de manos, específicamente mediante la imposición de manos del presbiterio, es decir, de un grupo de ancianos de la iglesia. Timoteo fue ordenado por hombres que ya ocupaban un cargo. En otro momento recibió dones extraordinarios mediante la imposición de manos de Pablo (2 Timoteo 1:6), pero su cargo ministerial le fue dado mediante la imposición de manos del presbiterio. Esto respalda suficientemente la ordenación por parte de los presbíteros, ya que Pablo no parece haber sido el único que participó. Si Pablo estuvo involucrado, el presbiterio de todos modos no quedó excluido, pues se lo menciona de manera particular. Esto deja bastante claro que el presbiterio tiene la autoridad correspondiente para ordenar.

Puesto que esta labor le había sido confiada, Timoteo debía dedicarse completamente a ella, para que todos pudieran ver con claridad su progreso. Era un hombre sabio y capaz, pero aun así tenía que seguir creciendo y mostrar ese crecimiento. Los ministros deben dedicar mucho tiempo a la meditación. Deben pensar de antemano en lo que dirán y en cómo deben decirlo. También deben reflexionar en la gran responsabilidad que se les ha confiado, en el valor de las almas inmortales y en la cuenta que tendrán que rendir al final.

Deben dedicarse por completo a estas cosas. Este es su trabajo y su responsabilidad principal, así que deben entregarse plenamente a él. De ese modo, su crecimiento será evidente para todos. Así crecen en conocimiento y en gracia, y también ayudan a otros a crecer.

Finalmente, le exhorta a Timoteo a tener mucho cuidado: «Vigila atentamente tu vida y tu enseñanza» (1 Timoteo 4:16). Debe reflexionar con cuidado sobre lo que predica y perseverar en las verdades que ha recibido. De esta manera, contribuirá a la salvación tanto de él mismo como de quienes lo escuchan. Los ministros participan en la obra de salvar almas, y eso hace que su labor sea una buena obra. Su primera preocupación debe ser cuidar de su propia salvación. Entonces podrán ser instrumentos para la salvación de quienes los escuchan. Al predicar, deben procurar la salvación de sus oyentes después de haber cuidado de su propia alma. La mejor manera de hacer ambas cosas es vigilar atentamente su vida y su doctrina.

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