Versículo destacado

1 Timoteo 4:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Ahora bien, el Espíritu dice expresamente que, en los últimos tiempos, algunos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus seductores y a doctrinas de demonios; "

1 Timoteo 4:1

menu_book El versículo en contexto

1 Ahora bien, el Espíritu dice expresamente que, en los últimos tiempos, algunos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus seductores y a doctrinas de demonios;

2 hablando mentiras con hipocresía y teniendo cauterizada la conciencia como con un hierro candente;

3 prohibiendo casarse y mandando abstenerse de alimentos que Dios creó para que quienes creen y conocen la verdad los reciban con acción de gracias.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí encontramos una profecía acerca de la apostasía de los últimos tiempos, algo que Pablo ya había anunciado como una realidad que los cristianos debían esperar (2 Tesalonicenses 2). Al final del capítulo anterior, Pablo resumió el misterio de la piedad; ahora, de manera apropiada, presenta un breve resumen del misterio del pecado y la rebelión. El Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos se apartarán de la fe. Esto puede referirse al Espíritu hablando en el Antiguo Testamento, por medio de los profetas del Nuevo Testamento, o por medio de ambos. Las profecías acerca del anticristo, al igual que las profecías acerca de Cristo, procedieron del Espíritu.

El Espíritu habló claramente acerca de un apartamiento general de la fe en Cristo y de la verdadera adoración a Dios. Esto ocurriría en los últimos tiempos, durante la era cristiana, porque estos son llamados los últimos días. Continuaría en etapas posteriores de la iglesia, pues el misterio de la maldad ya estaba actuando. Algunos se apartarían de la fe, aunque no todos, porque aun en los tiempos más difíciles Dios conservaría un remanente escogido por gracia. Ellos abandonarían la fe que fue entregada una vez para siempre a los santos (Judas 1:3), es decir, la sana enseñanza del evangelio dada de una vez para siempre.

Prestarían atención a espíritus engañadores: personas que afirmarían hablar por el Espíritu, pero que en realidad no serían guiadas por él (1 Juan 4:1). «No crean a todo espíritu», dice Juan, «sino prueben los espíritus». Una señal importante de esta apostasía sería la propagación de enseñanzas acerca de demonios; es decir, doctrinas que promueven la adoración de santos y ángeles como una especie de clase intermedia de dioses entre el Dios vivo y los seres humanos. Los paganos llamaban demonios a tales seres y los adoraban de esa manera. Esto corresponde estrechamente a la Iglesia de Roma y fue uno de los primeros pasos hacia aquella gran apostasía: honrar las reliquias de los mártires, darles honor divino, levantar altares, quemar incienso, dedicarles imágenes y templos, y ofrecer oraciones y alabanzas a santos muertos. Esta adoración de demonios es el paganismo introducido nuevamente, la imagen de la primera bestia.

Pablo también señala los instrumentos usados para difundir este engaño. Se haría por medio de las mentiras de hipócritas, agentes y mensajeros de Satanás que impulsarían estos errores mediante falsedades, fraudes y supuestos milagros (1 Timoteo 4:2). Su hipocresía consiste en afirmar que honran a Cristo mientras se oponen a sus oficios y corrompen o deshonran sus ordenanzas. Esto también describe la hipocresía de quienes tienen la conciencia cauterizada, como si hubiera sido quemada con un hierro al rojo vivo, de modo que ya no reaccionan ante los principios básicos de la virtud ni de la conducta honesta. Si las personas no estuvieran tan endurecidas, no podrían justificar la ruptura de juramentos por el supuesto bien de la causa católica, diciendo que no es necesario cumplir ninguna promesa hecha a los herejes. Tampoco podrían despojarse de toda compasión natural y humanidad, ni volverse crueles con el pretexto de estar sirviendo a la iglesia.

Otra característica de ellos es que prohíben el matrimonio, especialmente para su clero, y hablan mal del matrimonio aunque este fue establecido por Dios. También ordenan que las personas se abstengan de ciertos alimentos y hacen depender la religión de esa abstinencia en determinadas fechas, usando esas reglas para controlar la conciencia.

De esto debemos aprender varias cosas. La apostasía de los últimos tiempos no debería sorprendernos, porque el Espíritu la había anunciado claramente. El Espíritu es Dios; de otro modo no podría predecir con certeza acontecimientos tan lejanos, ya que para nosotros esas cosas son inciertas y dependen del temperamento, los estados de ánimo y los deseos humanos. También existe una diferencia notable entre las predicciones del Espíritu y los oráculos de los paganos. El Espíritu habla con claridad, mientras que los oráculos paganos siempre eran confusos e inciertos. Es reconfortante saber que, aun cuando la apostasía se extienda ampliamente, no todos serán arrastrados por ella, sino solo algunos. Los engañadores suelen afirmar que tienen la autoridad del Espíritu, lo cual demuestra que saben que esta es la manera más poderosa de obtener aceptación. Además, las personas tienen que endurecerse y cauterizar su conciencia antes de abandonar la fe y arrastrar a otros consigo. Es una señal clara de que alguien se ha apartado de la fe cuando ordena lo que Dios ha prohibido, como adorar a santos, ángeles o demonios, y prohíbe lo que Dios ha permitido o mandado, como el matrimonio y ciertos alimentos.

Después de mencionar su ayuno hipócrita, Pablo pasa a hablar de la libertad cristiana: la libertad que tienen los creyentes bajo el evangelio para usar los buenos dones de Dios. Bajo la ley existían distinciones entre alimentos limpios e impuros; se permitían algunas carnes y otras estaban prohibidas. Todo eso ha sido quitado, y debemos considerar que nada es común ni impuro (Hechos 10:15). Debemos recordar que nuestros alimentos son cosas creadas por Dios; por eso los recibimos de él y debemos usarlos para él. Dios hizo estas cosas teniendo en especial consideración a quienes creen y conocen la verdad, es decir, a los verdaderos cristianos, que tienen por derecho del pacto el uso de las criaturas, mientras que los demás solo tienen un derecho general sobre ellas.

Lo que Dios ha creado debe recibirse con acción de gracias. No debemos rechazar los dones de Dios ni volvernos excesivamente estrictos en asuntos donde Dios no ha establecido ninguna distinción. Debemos recibirlos con gratitud, honrando tanto el poder de Dios como Creador como su bondad como Dador. «Todo lo que Dios creó es bueno, y nada debe rechazarse» (1 Timoteo 4:4). Esto nos libera claramente de las distinciones alimentarias de la ley ceremonial, incluida la prohibición de comer carne de cerdo, que los judíos tenían prohibido comer, pero que está permitida a los cristianos bajo esta norma. Los buenos dones de Dios son doblemente agradables para nosotros cuando los recibimos con acción de gracias.

Estos dones «son santificados por la palabra de Dios y por la oración» (1 Timoteo 4:5). Es una gran bendición usar de manera santa las comodidades ordinarias de la vida. Son hechos santos para nosotros de dos maneras. Primero, por la palabra de Dios, no solo por su permiso, que nos permite usarlos, sino también por su promesa de darnos alimento apropiado para nosotros. Segundo, por la oración, mediante la cual pedimos que Dios bendiga nuestros alimentos. La palabra de Dios y la oración deben acompañar nuestras acciones y asuntos cotidianos, para que hagamos todo con fe.

Aquí debemos observar dos cosas. Toda criatura pertenece a Dios, porque él hizo todas las cosas. Dios dice: «Mío es todo animal del bosque y el ganado que pasta en mil colinas. Conozco todas las aves de los montes, y los animales salvajes del campo son míos» (Salmo 50:10-11). Además, toda criatura que Dios hizo es buena. Cuando Dios contempló todas sus obras, vio que todo lo que había hecho era muy bueno (Génesis 1:31).

La bendición de Dios hace que cada criatura sea nutritiva para nosotros. El ser humano no vive solo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4:4). Por eso, nada de lo que Dios da debe rechazarse simplemente por considerarlo común o inadecuado.

Por esta razón, debemos pedir en oración la bendición de Dios antes de usar sus dones. De ese modo, apartamos para un uso santo las cosas que recibimos mediante la oración y las usamos con un corazón agradecido.

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