Versículo destacado
1 Samuel 7:3 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Samuel habló a toda la casa de Israel y dijo: «Si ustedes vuelven al Señor con todo su corazón, quiten de entre ustedes los dioses extranjeros y las Astarot, preparen su corazón para el Señor y sírvanlo solo a él; y él los librará de la mano de los filisteos». "
1 Samuel 7:3
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Los hombres de Quiriat-jearim vinieron, subieron el arca del Señor y la llevaron a la casa de Abinadab, en la colina; y consagraron a su hijo Eleazar para que guardara el arca del Señor.
2 Mientras el arca permanecía en Quiriat-jearim, pasó mucho tiempo, pues fueron veinte años; y toda la casa de Israel se lamentaba en pos del Señor.
3 Samuel habló a toda la casa de Israel y dijo: «Si ustedes vuelven al Señor con todo su corazón, quiten de entre ustedes los dioses extranjeros y las Astarot, preparen su corazón para el Señor y sírvanlo solo a él; y él los librará de la mano de los filisteos».
4 Entonces los hijos de Israel quitaron los Baales y las Astarot, y sirvieron solo al Señor.
5 Samuel dijo: «Reúnan a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por ustedes al Señor».
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Podemos preguntarnos dónde estaba Samuel y qué hacía durante todo ese tiempo, ya que no vuelve a mencionarse sino hasta ahora, después de 1 Samuel 4:1. Esto no significa que estuviera inactivo o que no le importara lo que ocurría. Significa que su labor entre el pueblo solo ahora se hace visible por sus resultados. Cuando vio que el pueblo comenzaba a lamentarse delante del Señor, actuó en el momento oportuno.
Como siervo fiel de Dios y verdadero amigo de Israel, Samuel trabajó para lograr dos cosas. Primero, procuró apartar al pueblo de sus ídolos, porque la reforma tenía que comenzar allí. Habló a toda la casa de Israel (1 Samuel 7:3), y al parecer iba de un lugar a otro como un predicador itinerante. Dondequiera que iba, este era su mensaje: si de verdad estaban volviendo al Señor, tenían que alejarse de sus ídolos.
Tenían que abandonar a los dioses extranjeros, porque Dios no comparte su lugar con rivales. Debían quitarlos de en medio y hacer todo lo posible, cada uno en su propio territorio, para eliminarlos de la tierra. Tenían que desechar a los Baales, los dioses falsos, y a Astarot, la diosa falsa, pues también le habían rendido culto. Astarot se menciona de manera especial porque probablemente era el ídolo que más preferían, aquel al que estaban más apegados. El arrepentimiento verdadero enfrenta el pecado favorito, el que más cuesta abandonar.
Samuel también les dijo que volver a Dios debía ser un asunto serio y definitivo. Necesitaban preparar su corazón, afirmarlo y volverse firmemente al Señor. Debían pertenecerle por completo y servirlo solo a él; de lo contrario, no lo estarían sirviendo de una manera que le agradara. Ese también era el camino seguro hacia la liberación y la bendición. Si seguían ese camino, Dios los rescataría de los filisteos, porque habían sido entregados en sus manos cuando abandonaron al Señor y sirvieron a otros dioses.
La predicación de Samuel produjo un efecto muy bueno. El pueblo quitó de en medio a los Baales y a Astarot; no solo abandonó su culto, sino que también destruyó sus imágenes y derribó sus altares. Renunció por completo a ellos: «¿Qué tenemos ya que ver con los ídolos?» (Oseas 14:8; Isaías 30:22).
En segundo lugar, Samuel trabajó para vincularlos de manera permanente con Dios y con su servicio. Ahora que los había movido a adoptar una actitud mejor, hizo todo lo posible para que permanecieran en ella. Convocó a todo Israel, por lo menos por medio de sus ancianos como representantes, para reunirse con él en Mizpa (1 Samuel 7:5), y allí prometió orar por ellos. Valía la pena hacer cualquier esfuerzo, incluso viajar desde lugares lejanos, para reunirse con Samuel y buscar el favor de Dios.
Los ministros deben orar por las personas a quienes predican, pidiéndole a Dios que, por su gracia, haga eficaz el mensaje. Y cuando nos reunimos para adorar, debemos recordar que la oración pública es tanto nuestro deber como escuchar un sermón. Samuel oraría para que Dios los librara de sus ídolos por su gracia y luego, mediante su providencia, los rescatara de los filisteos. Los ministros ayudarían más a su pueblo si oraran más por él.
Los israelitas obedecieron el llamado de Samuel, y no se limitaron a asistir a la reunión. Llegaron con la actitud correcta y estuvieron dispuestos a hacer lo que la ocasión requería (1 Samuel 7:6). Sacaron agua y la derramaron delante del Señor. Probablemente este acto expresaba varias cosas. Mostraba su humildad y tristeza por el pecado, pues se veían como agua derramada en el suelo, imposible de recoger, insignificante e indefensa delante de Dios (2 Samuel 14:14; Salmo 22:14). El texto de los caldeos lo interpreta como derramar su corazón en arrepentimiento delante del Señor.
También expresaba una oración ferviente por misericordia. En la oración, el alma se derrama delante de Dios (Salmo 62:8). Es posible que además mostrara que se habían apartado por completo del pecado. Estaban dispuestos a abandonar todos sus pecados, sin conservar siquiera el deseo de saborearlos, así como un recipiente no retiene el agua que ya se derramó. Confesaban abiertamente sus pecados y estaban firmemente decididos a desecharlos todos. En ese sentido, Israel estaba siendo lavado de sus ídolos.
Algunos piensan que este acto también expresaba alegría por la esperanza de recibir la misericordia de Dios, que Samuel les había prometido. Se usaba una ceremonia semejante durante la fiesta de los tabernáculos (Juan 7:37-38; Isaías 12:3). Si ese es el significado en este caso, entonces sacaron el agua después de haber ayunado. Al terminar su humillación, también expresaban la esperanza del perdón y de la reconciliación.
Además, ayunaron; se abstuvieron de comer y se humillaron. Esto mostraba arrepentimiento y avivaba su devoción. También hicieron una confesión pública: «Hemos pecado contra el Señor». Así le dieron la gloria a Dios y reconocieron su propia vergüenza. Cuando confesamos nuestros pecados de esta manera, descubrimos que Dios es fiel y justo para perdonarnos.
En ese momento Samuel juzgó a los israelitas en Mizpa. Esto puede significar que les aseguró, en el nombre de Dios, que sus pecados habían sido perdonados porque se habían arrepentido, y que Dios se había reconciliado con ellos. Era un juicio de perdón. También puede significar que recibió acusaciones contra quienes se negaban a abandonar sus ídolos y trató con ellos conforme a la ley. A los que no quisieron juzgarse a sí mismos, Samuel los juzgó.
O, más probablemente, en ese momento estableció tribunales de justicia entre ellos y fijó los tiempos y las rutas que seguiría después (1 Samuel 7:16). Así puso en marcha sistemas que ayudarían al pueblo a no volver a los pecados que parecía haber abandonado.
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De este capítulo
1 Samuel 7:1
"Los hombres de Quiriat-jearim vinieron, subieron el arca del Señor y la llevaron a la casa de Abinadab, en la colina; y consagraron a su hijo Eleazar para que guardara el arca del Señor."
1 Samuel 7:2
"Mientras el arca permanecía en Quiriat-jearim, pasó mucho tiempo, pues fueron veinte años; y toda la casa de Israel se lamentaba en pos del Señor."
1 Samuel 7:4
"Entonces los hijos de Israel quitaron los Baales y las Astarot, y sirvieron solo al Señor."
1 Samuel 7:5
"Samuel dijo: «Reúnan a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por ustedes al Señor»."
1 Samuel 7:6
"Se reunieron en Mizpa, sacaron agua y la derramaron delante del Señor; ayunaron aquel día y dijeron allí: «Hemos pecado contra el Señor». Y Samuel juzgó a los hijos de Israel en Mizpa."
1 Samuel 7:7
"Cuando los filisteos oyeron que los hijos de Israel se habían reunido en Mizpa, los gobernantes de los filisteos subieron contra Israel. Cuando los hijos de Israel lo oyeron, tuvieron miedo de los filisteos."
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