Versículo destacado
1 Samuel 31:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Al día siguiente, cuando los filisteos fueron a despojar a los muertos, encontraron a Saúl y a sus tres hijos caídos en el monte Gilboa. "
1 Samuel 31:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 Así murieron juntos aquel mismo día Saúl, sus tres hijos, su escudero y todos sus hombres.
7 Cuando los hombres de Israel que estaban al otro lado del valle y los que estaban al otro lado del Jordán vieron que los hombres de Israel habían huido y que Saúl y sus hijos habían muerto, abandonaron las ciudades y huyeron; entonces los filisteos llegaron y habitaron en ellas.
8 Al día siguiente, cuando los filisteos fueron a despojar a los muertos, encontraron a Saúl y a sus tres hijos caídos en el monte Gilboa.
9 Le cortaron la cabeza, le quitaron la armadura y enviaron mensajeros por toda la tierra de los filisteos para anunciarlo en la casa de sus ídolos y entre el pueblo.
10 Pusieron su armadura en la casa de Astarot y sujetaron su cuerpo al muro de Bet-sán.
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La Biblia no dice aquí qué fue de Saúl y sus hijos después de su muerte. Las cosas secretas pertenecen a Dios, y solo se nos cuenta lo que ocurrió con sus cuerpos.
Al día siguiente de la batalla, cuando los filisteos ya habían descansado, fueron a despojar a los muertos. Entre los cuerpos encontraron a Saúl y a sus tres hijos (1 Samuel 31:8). Es posible que el escudero de Saúl haya querido honrar a su señor imitando su suicidio y demostrando así su lealtad. Pero, si hubiera escuchado a la razón en lugar de dejarse llevar por sus emociones, se habría evitado aquel acto insensato y quizá habría podido servir mejor a Saúl después, escondiendo y enterrando los cuerpos.
A menudo las personas tienen ideas extrañas acerca de lo que cuenta como honor. Es posible que Saúl también hubiera podido escapar de la herida mortal, pues los perseguidores a quienes temía no llegaron hasta él sino al día siguiente. Pero cuando Dios se propone destruir a alguien, puede dejarlo atrapado por el terror y la confusión (Job 18:5). Los filisteos encontraron el cuerpo de Saúl y, como sobresalía por su estatura, dirigieron contra él su vergonzosa venganza. Querían insultar al rey que alguna vez les había causado temor.
Primero, le cortaron la cabeza. Si hubieran querido vengarse por la muerte de Goliat, les habría convenido atacar a David, quien lo había matado y después había vivido un tiempo entre ellos. Su propósito era deshonrar a Israel en general, pues Israel había esperado que un rey coronado y ungido los salvara de los filisteos. También fue un insulto especial contra Saúl, que era más alto que los demás hombres y quizá se había enorgullecido de su estatura.
Después, le quitaron la armadura y la enviaron como trofeo de victoria al templo de Astarot, su diosa (1 Samuel 31:9-10). Primero de Crónicas añade que fijaron su cabeza en el templo de Dagón (1 Crónicas 10:10). De esa manera atribuyeron su éxito a dioses falsos, en lugar de reconocer al Dios verdadero, quien es el único que gobierna sobre los acontecimientos. Astarot, el ídolo tras el cual Israel había corrido tantas veces, ahora parecía levantarse triunfante sobre ellos.
También enviaron mensajeros por todo su territorio para anunciar la victoria en los templos de sus dioses, de modo que se ofrecieran celebraciones públicas y acciones de gracias a esas falsas deidades (1 Samuel 31:9). Más tarde, David lamentó profundamente esta deshonra y dijo: «No lo anuncien en Gat» (2 Samuel 1:20).
Además, fijaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos en el muro de Bet-seán, una ciudad cercana al río Jordán (1 Samuel 31:12). Allí dejaron los cuerpos colgados con cadenas y expuestos a las aves de rapiña. Saúl se había suicidado para evitar que los filisteos lo maltrataran, pero su cuerpo fue maltratado de una manera que él jamás habría imaginado. Todo el que intenta salvar su honor por medio del pecado seguramente terminará perdiéndolo.
En ese momento, los filisteos estaban llenos de orgullo y crueldad, poco antes de que David llegara al poder y los derrotara por completo. Pensaban que, después de matar a Saúl y a sus hijos, Israel les pertenecería para siempre. Pero estaban equivocados. Cuando Dios ha usado a un pueblo para llevar a cabo su obra, también puede volverse contra él para juzgarlo (Isaías 10:6-7).
Los hombres de Jabes de Galaad rescataron los cuerpos en una valiente misión nocturna. El río Jordán era lo único que separaba Bet-seán de su ciudad, y podía cruzarse por los vados. Así que aquellos hombres valerosos cruzaron durante la noche, bajaron los cuerpos y les dieron un entierro digno (1 Samuel 31:11, 13).
Actuaron por preocupación por el honor de Israel, pues la tierra no debía quedar contaminada por cuerpos expuestos, especialmente por el cuerpo del rey de Israel, humillado por los filisteos incircuncisos. También actuaron por gratitud hacia Saúl, quien anteriormente los había rescatado de los amonitas cuando comenzó a reinar (1 Samuel 11:1-15). Recordar la bondad recibida y devolverla en un momento de necesidad es una señal de un espíritu generoso. Habrían servido mejor a Saúl si lo hubieran apoyado antes contra los filisteos, pero había llegado el momento señalado para su caída. Ahora esto era todo lo que podían hacer por él: honrar su memoria.
No hubo un gran duelo nacional por Saúl, como lo había habido por Samuel (1 Samuel 25:1). Aun así, los hombres de Jabes de Galaad le mostraron respeto en su muerte. Prepararon una hoguera para los cuerpos, quizá quemando especias sobre ellos para honrarlos, como a veces se hacía con hombres importantes. Segundo de Crónicas 16:14 menciona una hoguera muy grande para Asa. Algunos piensan que quemaron la carne porque ya había comenzado a descomponerse.
Después enterraron los cuerpos, o quizá los huesos y las cenizas si habían sido quemados, debajo de un árbol que servía como señal y monumento. Luego ayunaron durante siete días, es decir, cada día hasta el anochecer. De esa manera lamentaron la muerte de Saúl y la situación angustiosa de Israel. También es posible que hayan orado por la restauración de la nación. Aunque hay alegría cuando se quita a los malvados, porque puede seguir un tiempo mejor, la decencia humana básica exige respeto hacia los cuerpos de los muertos, especialmente cuando se trata de los cuerpos de los príncipes.
Este libro comienza con el nacimiento de Samuel y termina con el entierro de Saúl. Al poner esas dos escenas una junto a la otra, aprendemos a valorar el honor que viene de Dios por encima de cualquier honor que el mundo pueda ofrecer.
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De este capítulo
1 Samuel 31:1
"Los filisteos combatieron contra Israel; y los hombres de Israel huyeron ante los filisteos y cayeron muertos en el monte Gilboa."
1 Samuel 31:2
"Los filisteos persiguieron de cerca a Saúl y a sus hijos; y los filisteos mataron a Jonatán, Abinadab y Malquisúa, hijos de Saúl."
1 Samuel 31:3
"La batalla se intensificó contra Saúl; los arqueros lo alcanzaron, y quedó gravemente herido por ellos."
1 Samuel 31:4
"Entonces Saúl dijo a su escudero: «Saca tu espada y atraviésame con ella, no sea que vengan estos incircuncisos, me atraviesen y me maltraten». Pero su escudero no quiso, porque tenía mucho miedo. Entonces Saúl tomó una espada y se dejó caer sobre ella."
1 Samuel 31:5
"Cuando su escudero vio que Saúl había muerto, también se dejó caer sobre su espada y murió con él."
1 Samuel 31:6
"Así murieron juntos aquel mismo día Saúl, sus tres hijos, su escudero y todos sus hombres."
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