Versículo destacado
1 Samuel 28:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces Saúl dijo a sus siervos: «Búsquenme una mujer que tenga un espíritu familiar, para que yo vaya a ella y la consulte». Sus siervos le dijeron: «Mira, en Endor hay una mujer que tiene un espíritu familiar». "
1 Samuel 28:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Cuando Saúl vio el ejército de los filisteos, tuvo miedo y su corazón tembló mucho.
6 Y cuando Saúl consultó al SEÑOR, el SEÑOR no le respondió, ni por sueños, ni por el Urim, ni por profetas.
7 Entonces Saúl dijo a sus siervos: «Búsquenme una mujer que tenga un espíritu familiar, para que yo vaya a ella y la consulte». Sus siervos le dijeron: «Mira, en Endor hay una mujer que tiene un espíritu familiar».
8 Saúl se disfrazó y se puso otras ropas. Luego fue, y dos hombres con él, y llegaron de noche adonde estaba la mujer. Él dijo: «Te ruego que adivines para mí por medio del espíritu familiar y hagas subir para mí a aquel que yo te nombre».
9 La mujer le dijo: «Mira, tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo eliminó del país a los que tienen espíritus familiares y a los adivinos. ¿Por qué, entonces, tiendes una trampa contra mi vida para hacerme morir?».
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Aquí, Saúl busca a una bruja (1 Samuel 28:7). Cuando Dios no le respondió, debió humillarse en arrepentimiento y seguir buscando al Señor. ¿Quién sabe si finalmente Dios habría tenido misericordia de él? Pero, como no encontraba consuelo ni en el cielo ni en la tierra (Isaías 8:21-22), decide llamar a las puertas del infierno para ver si allí alguien puede ayudarlo o darle consejo. Dice: «Búsquenme una mujer que tenga un espíritu familiar», es decir, una médium que afirma tener contacto con los muertos (1 Samuel 28:7).
Sus siervos están demasiado dispuestos a ayudarlo en este plan malvado. Rápidamente le señalan a una mujer que vive en Endor, un pueblo no muy lejos de allí, y que había escapado de la orden de Saúl de matar a personas como ella. Saúl decide ir a verla. Con esto demuestra desprecio por el Dios de Israel, como si alguna criatura pudiera ayudarlo cuando Dios se había apartado de él. También se contradice a sí mismo. Sabía cuán perversa era la brujería; de lo contrario, no habría dado muerte a quienes consultaban a los espíritus familiares. Sin embargo, ahora recurre a esa misma práctica como si fuera un oráculo, aunque antes la había condenado.
Esto sucede con frecuencia. Las personas hablan con dureza contra pecados que no sienten la tentación de cometer, pero después son vencidas por esos mismos pecados. Si alguien le hubiera dicho a Saúl, cuando estaba destruyendo a las brujas, que pronto consultaría a una de ellas, habría reaccionado como Hazael: «¿Qué? ¿Acaso tu siervo es un perro?» Pero ¿quién puede saber en qué maldad caerán las personas cuando abandonan a Dios y Dios las deja seguir su propio camino?
Después de enterarse de quién era la mujer, se apresura a ir a verla, pero lo hace de noche y disfrazado, acompañado solamente por dos siervos y probablemente a pie (1 Samuel 28:8). Vean cómo Satanás obliga a humillarse a quienes mantiene cautivos. Saúl nunca se vio más pequeño que cuando se escabulló para acudir a una pobre bruja y conocer su futuro. También oculta su identidad. Las obras malignas son obras de las tinieblas, y quienes las practican aborrecen la luz. Saúl no va vestido con sus ropas reales, sino como un soldado común.
Lo hace, en parte, porque la mujer podría negarse a ayudarlo si supiera quién era, ya fuera por temor a que intentara tenderle una trampa o por miedo a que quisiera vengarse de ella debido a la orden que había dado contra personas como ella. También teme que su propio pueblo se entere y lo desprecie por eso. Incluso los pecadores suelen sonrojarse y sentir vergüenza mientras hacen el mal, porque la conciencia natural todavía habla dentro de ellos.
Entonces Saúl le explica por qué ha venido y le promete que no sufrirá ningún daño. Quiere que ella haga subir a alguien de entre los muertos para poder hablar con él. Esto era necromancia: intentar obtener orientación de los muertos. La ley lo prohibía claramente (Deuteronomio 18:11). También equivalía a «buscar a los vivos entre los muertos» (Isaías 8:19).
Saúl dice: «Hazme subir a la persona que yo te diga» (1 Samuel 28:8). Esto supone que la gente creía que el alma vive después de la muerte y que la muerte no es el fin. También supone que se pensaba que los espíritus de los muertos tenían grandes conocimientos. Pero es absurdo pensar que un alma buena acudiría al mandato de un espíritu maligno, o que Dios permitiría que una persona recibiera verdadera ayuda mediante una práctica maldita y diabólica, después de rechazar la ayuda que Dios había dispuesto por los medios que él mismo estableció.
La mujer teme a la ley y piensa que Saúl podría estar tratando de tenderle una trampa (1 Samuel 28:9). Dios dispuso las cosas de tal manera que, justo cuando Saúl estaba consultando a una bruja, ella le recordara directamente la ley que él mismo había promulgado contra las brujas. Eso hizo que su pecado fuera aún más grave. Ella recalca el peligro de la ley de Saúl, quizá para aumentar su precio, pues no se menciona ningún pago, aunque probablemente exigió una suma elevada. Se preocupa por el peligro que representa la orden de Saúl, pero no por la ley de Dios ni por la ira de Dios. Piensa en lo que Saúl ha hecho, no en lo que Dios ha decretado contra esas prácticas. Teme más una trampa para su cuerpo que una trampa para su alma.
Esto es común entre los pecadores. Muchas veces temen más el castigo humano que el justo juicio de Dios. Entonces Saúl jura que no la denunciará (1 Samuel 28:10). Como rey, tenía el deber de castigarla, y lo sabía. Sin embargo, jura que no lo hará, como si su propio juramento pudiera liberarlo de obedecer el mandato de Dios. Promete más de lo que realmente puede conceder cuando dice que no sufrirá ningún daño, porque si no podía protegerse a sí mismo, mucho menos podía protegerla del juicio de Dios.
La persona con la que Saúl quiere hablar es Samuel, quien había muerto recientemente. La bruja, mediante sus artes oscuras, acepta la petición y los pone en contacto. Una vez que Saúl le da la seguridad que ella desea —que no la denunciará—, se entrega rápidamente a su brujería y pregunta con confianza: «¿A quién te haré subir?» (1 Samuel 28:11). La esperanza de escapar del castigo hace que los pecadores se vuelvan más atrevidos en el mal y más duros de corazón.
Saúl pide que haga subir a Samuel. Samuel lo había ungido como rey y en otro tiempo había sido su fiel amigo y consejero, por lo que ahora Saúl quiere hablar con él. Mientras Samuel vivía en Ramá, no muy lejos de Gabaa, y dirigía allí la escuela de los profetas, nunca leemos que Saúl acudiera a él para pedirle consejo en sus dificultades. Habría sido mucho mejor para él si lo hubiera hecho. En aquel entonces trató a Samuel con desprecio y quizá hasta lo odió, porque pensaba que Samuel favorecía a David. Pero ahora que Samuel está muerto, Saúl lo quiere de vuelta. «¡Ah, hazme subir a Samuel!» Muchas personas desprecian a los siervos de Dios mientras viven, pero después desean tenerlos de nuevo, como el hombre rico deseaba que Lázaro regresara (Lucas 16:24-27). Las tumbas de los justos reciben honra, aunque con frecuencia fueron rechazados durante su vida.
Hay un extraño vacío en el relato. Saúl dice: «Hazme subir a Samuel», y las palabras siguientes son: «Cuando la mujer vio a Samuel» (1 Samuel 28:12). Podríamos esperar que la Escritura nos dijera cómo realizó su hechizo, qué encantamientos usó o qué dijo e hizo. Pero la Escritura guarda silencio. Ese silencio evita que queramos conocer las cosas profundas de Satanás (Apocalipsis 2:24) o que nuestra curiosidad se alimente con detalles sobre misterios malignos. Algunos libros, al describir el pecado con demasiado detalle, enseñan a las personas cómo practicarlo. La Escritura oculta las artes pecaminosas para que seamos inocentes en cuanto al mal (Romanos 16:19).
Cuando la mujer vio la aparición, se dio cuenta de que su cliente era Saúl. Probablemente su espíritu familiar le reveló quién era (1 Samuel 28:12). En efecto, dijo: «¿Por qué me engañaste usando un disfraz? ¡Tú eres Saúl, precisamente el hombre a quien más temo!». De esta manera, hizo que Saúl pensara que sus artes eran poderosas, pues podía descubrir quién era a pesar de su disfraz. Al mismo tiempo, temía que después él se vengara de ella por lo que estaba haciendo.
Si realmente hubiera creído que había visto a Samuel, le habría temido más a él que a Saúl. Samuel era un buen profeta, mientras que Saúl era solamente un rey malvado. Pero la mayoría de las personas teme más la ira de los gobernantes terrenales que la ira del Rey de reyes.
Podemos suponer que Saúl se encontraba apartado, quizá en la habitación contigua. Le dijo a la mujer que no tuviera miedo, que continuara con el rito, y le preguntó qué veía. Ella respondió: «Veo dioses», refiriéndose a un espíritu que subía de la tierra (1 Samuel 28:13). En aquellas naciones paganas llamaban dioses a los ángeles, porque los consideraban seres espirituales. Sin embargo, ¡qué dioses tan pobres son estos, si se dice que suben de la tierra! Ella hablaba en el lenguaje de los paganos, que honraban a sus espíritus malignos.
Si Saúl hubiera pensado que necesitaba el cuerpo de Samuel para hablar con él, habría llevado a la mujer a Ramá, donde Samuel estaba sepultado. Pero todo el asunto tenía que ver con el alma de Samuel y, aun así, si se le aparecía, se esperaba que lo hiciera con la forma habitual de un cuerpo. Dios permitió que el diablo tomara la apariencia de Samuel, para que aquellos que no quisieran recibir el amor de la verdad fueran entregados a un engaño poderoso y lo creyeran. Debió haber sido evidente que no podía ser el espíritu de Samuel, porque se decía que subía de la tierra, mientras que el espíritu de una persona, y mucho más el espíritu de un hombre bueno, sube hacia lo alto (Eclesiastés 3:21). Pero si las personas insisten en ser engañadas, Dios puede decir con justicia: «Que sean engañadas».
No sorprende que el diablo, con el permiso de Dios, pudiera actuar como Samuel, pues puede transformarse en un ángel de luz. Tampoco es extraño que se le permitiera hacerlo en esta ocasión, para que Saúl cayera en la desesperación por haber buscado consejo del diablo. Saúl no quiso consultar al Señor de la manera correcta, así que quedó entregado a buscar consuelo en un espíritu mentiroso. Cuando Saúl oyó que un espíritu estaba subiendo, quiso saber qué apariencia tenía. El pecado lo había endurecido tanto que no sintió horror ante aquello.
A Saúl mismo no se le permitió ver ninguna figura. Tuvo que confiar en la descripción de la mujer: ella veía a un anciano cubierto con un manto, el tipo de túnica que usaría un juez y que Samuel había llevado algunas veces. Algunos piensan que ella llamó a la aparición Elohim, que significa «un dios» o «dioses», debido a la dignidad de la figura. En la Escritura, a veces se llama dioses a los gobernantes en ese sentido (Salmo 82:1).
Cuando Saúl comprendió por la descripción de la mujer que era Samuel, se inclinó rostro en tierra. Es posible que lo hiciera como una muestra de respeto hacia Samuel, aunque no podía verlo. O quizá se inclinó para poder escuchar la voz suave y entrecortada que esperaba que viniera de abajo, semejante a las voces de quienes tienen espíritus familiares, que susurran y murmuran (Isaías 8:19). Parece que se inclinó, tal vez siguiendo la indicación de la mujer, para escuchar con atención lo que se decía en voz baja. Se decía que la voz de quien tenía un espíritu familiar salía de la tierra y susurraba desde el polvo (Isaías 29:4). Saúl se inclinaba ante eso, pero no ante la palabra de Dios.
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De este capítulo
1 Samuel 28:1
"Y sucedió en aquellos días que los filisteos reunieron sus ejércitos para la guerra, a fin de luchar contra Israel. Y Aquis dijo a David: «Ten por seguro que saldrás conmigo a la batalla, tú y tus hombres»."
1 Samuel 28:2
"Y David dijo a Aquis: «Ciertamente sabrás lo que puede hacer tu siervo». Y Aquis dijo a David: «Por eso te haré guardián de mi cabeza para siempre»."
1 Samuel 28:3
"Samuel ya había muerto, y todo Israel había hecho duelo por él y lo había sepultado en Ramá, su propia ciudad. Y Saúl había expulsado del país a los que tenían espíritus familiares y a los adivinos."
1 Samuel 28:4
"Los filisteos se reunieron, fueron y acamparon en Sunem; y Saúl reunió a todo Israel, y acamparon en Gilboa."
1 Samuel 28:5
"Cuando Saúl vio el ejército de los filisteos, tuvo miedo y su corazón tembló mucho."
1 Samuel 28:6
"Y cuando Saúl consultó al SEÑOR, el SEÑOR no le respondió, ni por sueños, ni por el Urim, ni por profetas."
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