Versículo destacado
1 Samuel 18:12 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Saúl tenía miedo de David porque el SEÑOR estaba con él y se había apartado de Saúl. "
1 Samuel 18:12
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
10 Al día siguiente, el espíritu maligno de parte de Dios vino sobre Saúl, y este profetizó en medio de la casa. David tocaba con la mano, como en otras ocasiones, y Saúl tenía una lanza en la mano.
11 Saúl arrojó la lanza, pues dijo: «Clavaré a David contra la pared con ella». Pero David se apartó de su presencia dos veces.
12 Saúl tenía miedo de David porque el SEÑOR estaba con él y se había apartado de Saúl.
13 Por eso Saúl lo alejó de sí y lo hizo jefe de mil; y él salía y entraba delante del pueblo.
14 David se conducía sabiamente en todos sus caminos, y el SEÑOR estaba con él.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
En efecto, Saúl le había declarado la guerra a David. Primero mostró abiertamente su odio cuando le arrojó una lanza. Ahora el escritor muestra cómo creció ese odio y cómo David enfrentó los ataques de Saúl.
Observemos primero cómo Saúl manifestó su malicia contra David. Le tenía miedo (1 Samuel 18:12). Es posible que Saúl fingiera temer que David intentara apoderarse del trono por la fuerza. Las personas que planean hacerles mal a otros muchas veces intentan hacer parecer que los demás son la amenaza. Pero el hecho de que David se apartara (1 Samuel 18:11) demostraba claramente que no tenía semejante plan.
Aun así, Saúl realmente le tenía miedo a David, de manera parecida a como Herodes le temía a Juan el Bautista (Marcos 6:20). Saúl sabía que había perdido el favor de Dios, mientras que Dios seguía estando con David, y eso hacía que David se destacara. Quienes verdaderamente tienen a Dios consigo son los que de verdad son grandes y dignos de respeto. Mientras más sabiamente se comportaba David, más miedo le tenía Saúl (1 Samuel 18:15, 29).
La gente suele pensar que el miedo se produce mediante amenazas y dureza. Eso puede atemorizar a los necios, pero las personas sabias y buenas terminan despreciando tal comportamiento. La mejor manera de ganarse tanto el respeto como el afecto es actuar con sabiduría. La sabiduría da honor a una persona y hace que los demás la tomen en cuenta.
En segundo lugar, Saúl alejó a David de la corte y le dio autoridad sobre el ejército en el campo (1 Samuel 18:13). Lo puso al frente de mil soldados para mantenerlo fuera de su vista, porque odiaba verlo. También esperaba que David no se ganara el favor de la gente de la corte. Pero Saúl manejó mal la situación, porque le dio a David la oportunidad de ganarse el cariño del pueblo, y así sucedió (1 Samuel 18:16). David dirigía los asuntos civiles y militares, y agradaba a todos.
En tercer lugar, Saúl envió a David a combatir peligrosamente contra los filisteos (1 Samuel 18:17). Hizo parecer que aquello honraría a David y ayudaría al rey. También dijo que serviría a Dios, pues David estaría peleando las batallas del SEÑOR. Saúl incluso relacionó esto con la promesa de darle en matrimonio a su hija mayor, recompensa que David ya había merecido al matar a Goliat, el gigante filisteo (1 Samuel 17:25). David había sido modesto y no había exigido esa recompensa. Ahora Saúl usó la promesa como carnada, esperando que David muriera en la batalla. Sin embargo, ¿cómo podía Saúl esperar eso cuando veía claramente que Dios estaba con David?
En cuarto lugar, Saúl intentó provocar la ira de David al romper su promesa y dar a su hija a otro hombre, cuando ella debía habérsele dado a David (1 Samuel 18:19). Fue un insulto profundo que tocaba tanto el honor de David como su amor. Saúl pensaba que David podría reaccionar mal, con palabras o acciones, y que eso le daría un motivo para actuar contra él por medios legales. Así es como los malvados buscan crear problemas.
En quinto lugar, cuando fracasó su primer plan, Saúl le ofreció a David a su otra hija, Mical, quien al parecer amaba a David en secreto (1 Samuel 18:20); pero su intención era atraparlo por medio del matrimonio mismo (1 Samuel 18:21). Tal vez Saúl esperaba que Mical permaneciera leal a su padre y lo ayudara a hacerle daño a David. Lo más probable es que esperara que las condiciones del matrimonio provocaran la muerte de David. Saúl exigió que David matara a cien filisteos y que llevara una prueba de esas muertes: sus prepucios. Esto pretendía avergonzar a los filisteos, que rechazaban la circuncisión, la señal del pacto de Dios. Saúl también esperaba que David los enfureciera aún más y provocara que buscaran vengarse; eso era precisamente lo que Saúl quería. Quería que David cayera a manos de los filisteos (1 Samuel 18:25).
Aquí vemos las mentiras que los malvados se cuentan a sí mismos. La conciencia de Saúl no le permitía proponerse abiertamente quitarle la vida a David, excepto cuando el espíritu maligno venía sobre él. Ni siquiera Saúl podía ignorar por completo cuán inocente y admirable era David. Por eso se decía a sí mismo que exponer a David a los filisteos era algo distinto de matarlo con sus propias manos. Pero delante de Dios, aquel plan lleno de odio era tan homicida como si Saúl mismo hubiera dado el golpe.
También vemos cómo los malvados engañan a los demás. Saúl hablaba como si se preocupara profundamente por David, mientras planeaba su ruina. «Serás mi yerno», le dijo (1 Samuel 18:21), aunque odiaba a David con amargura. David probablemente tenía esto en mente cuando escribió acerca del enemigo cuyas palabras eran más suaves que la mantequilla, aunque en su corazón había guerra (Salmo 55:21). Entonces Saúl envió a sus siervos para animar a David a aceptar el matrimonio con Mical (1 Samuel 18:22), probablemente porque temía que David se negara después del engaño anterior con su hija mayor (1 Samuel 18:19), o porque las nuevas condiciones eran demasiado difíciles.
Ahora observemos cómo se comportó David cuando la ira de Saúl llegó a tal extremo. Actuó sabiamente en todo lo que hacía. Entendía los celos de Saúl, así que tenía cuidado con todo lo que decía y hacía. No se quejaba del trato injusto que recibía ni formaba un grupo partidario a su alrededor. En cambio, cumplía fielmente con sus responsabilidades, como un hombre que quería servir bien a su rey y a su nación. Consideraba que su ascenso era una oportunidad para servir, no una oportunidad para buscar poder. El SEÑOR estaba con él y le daba éxito en todo lo que hacía.
Es posible que David se hubiera ganado el rechazo de Saúl, pero obtuvo el favor de Dios. Esto se relaciona con la propia promesa de David en el Salmo 101:2, donde dijo que caminaría con sabiduría. Aquí cumplió esa promesa. En el mismo salmo oró para que Dios viniera a su encuentro, y Dios respondió esa oración: el SEÑOR estaba con él. El éxito según los criterios del mundo puede parecer favorecer a los necios, pero Dios bendice a quienes actúan sabiamente.
Cuando le hicieron la propuesta de matrimonio del rey, David la recibió con mucha modestia y humildad, y lo hizo en más de una ocasión.
Cuando Saúl le ofreció por primera vez a su hija mayor en matrimonio (1 Samuel 18:18), David respondió: «¿Quién soy yo y qué importancia tiene mi vida?». Más tarde, cuando el cortesano le ofreció a la hija menor, David no reaccionó al desaire de Saúl por haber dado a la hija mayor a otro hombre. Conservó el mismo espíritu humilde y dijo: «¿Les parece poca cosa llegar a ser yerno del rey, siendo yo un hombre pobre y de poca importancia?» (1 Samuel 18:23).
David sabía que Mical lo amaba, pero no intentó aprovecharse de su afecto para obtenerla sin el consentimiento de Saúl. Esperó hasta que le hicieron la propuesta. En esto vemos cuánto valoraba el honor que se le ofrecía y cuán humildemente pensaba de sí mismo. Aunque Saúl era un rey reciente y, por su origen, no era mejor que David, David siguió hablando del rey y de su familia con el debido respeto. La fe no hace que las personas sean groseras ni maleducadas. Nos enseña a dar honor a quien corresponde.
Las palabras de David, «¿Quién soy yo?», no provenían de un espíritu débil o cobarde. Cuando era necesario, demostraba tener un fuerte sentido del honor, como cualquier hombre. Tampoco lo dijo porque desconfiara de Saúl, aunque tenía razones para temer algún peligro oculto. Sus palabras provenían de una humildad genuina. David tenía muchas razones para valorarse. Pertenecía a una familia honorable de Judá, era apuesto, sabio para gobernar, hábil en la guerra y ya había hecho grandes cosas. Había matado a Goliat y se había ganado el corazón de Mical. También sabía que Dios lo había elegido para gobernar a Israel, y aun así dijo: «¿Quién soy yo y qué importancia tiene mi vida?». Es apropiado que pensemos humildemente de nosotros mismos, sin importar cuánto nos haya exaltado Dios. Quien se humilla será exaltado. Y si David valoraba tanto el honor de llegar a ser yerno del rey, cuánto más deberíamos valorar nosotros el honor de ser hijos, no por la ley sino por el evangelio, del Rey de reyes. «Miren cuánto nos ama el Padre, que nos permite ser llamados hijos de Dios» (1 Juan 3:1). Qué poca cosa somos para recibir semejante dignidad.
Cuando Saúl puso como condición para que David se casara con su hija que matara a cien filisteos, David aceptó con alegría (1 Samuel 18:26). Antes de que terminara el plazo, duplicó la cantidad y mató a doscientos (1 Samuel 18:27). No actuó como si sospechara que Saúl quería hacerle daño, aunque tenía muchas razones para sospecharlo. En cambio, se comportó como si Saúl realmente quisiera honrarlo. Eso era propio de un soldado valiente y de un verdadero enamorado, aunque podemos imaginar que la situación le causó dificultades a Mical.
David también demostró una gran confianza en la protección de Dios. Sabía que el SEÑOR estaba con él, así que no temía caer en la batalla contra los filisteos, aunque aquella misión lo exponía a un peligro real. También mostró un profundo amor por su nación, porque estaba dispuesto a servirla aun con riesgo de su propia vida. Y tenía una perspectiva correcta del honor, que consiste más en merecerlo que en recibirlo. David se alegró de llegar a ser yerno del rey solamente cuando se estableció un precio tan alto, porque le importaba más ser digno del honor que simplemente obtenerlo. No podía disfrutar de esa posición hasta haberla merecido.
Incluso después de casarse, David siguió sirviendo bien a Israel. Cuando los gobernantes filisteos se reunieron para otra guerra, David estuvo listo para enfrentarlos y actuó con más sabiduría que todos los demás servidores de Saúl (1 Samuel 18:30). La ley permitía que un hombre se quedara en casa durante el primer año después de casarse (Deuteronomio 24:5), pero David amaba demasiado a su pueblo como para aprovecharse de esa excepción. Muchas personas están dispuestas a servir al público mientras buscan ascender, pero una vez que consiguen lo que quieren, se apartan. David era diferente. Servía con motivos más nobles.
También podemos ver cómo Dios convirtió el plan de Saúl en algo bueno para David. Saúl le dio a su hija como una trampa, pero ese matrimonio ayudó a David de cierta manera. Como yerno de Saúl, más adelante parecería menos amenazante que David lo sucediera, especialmente después de que tantos hijos de Saúl murieran junto con él (1 Samuel 31:2). Saúl también esperaba que las misiones peligrosas acabaran con David, pero esos mismos esfuerzos hicieron que el pueblo lo respetara más. Cuanto más luchaba contra los filisteos, más lo amaba el pueblo, y su nombre adquirió gran prestigio (1 Samuel 18:30). Eso facilitaría su ascenso al trono. Así, Dios hace que incluso la ira humana sirva para alabarlo y la utiliza para cumplir sus bondadosos propósitos para su pueblo.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
1 Samuel 18:1
"Y sucedió que, cuando terminó de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada al alma de David, y Jonatán lo amó como a su propia alma."
1 Samuel 18:2
"Aquel día Saúl lo tomó consigo y no le permitió volver más a la casa de su padre."
1 Samuel 18:3
"Entonces Jonatán y David hicieron un pacto, porque lo amaba como a su propia alma."
1 Samuel 18:4
"Jonatán se quitó el manto que llevaba puesto y se lo dio a David, así como sus ropas, hasta su espada, su arco y su cinturón."
1 Samuel 18:5
"David iba adondequiera que Saúl lo enviaba y se conducía sabiamente. Saúl lo puso al mando de los hombres de guerra, y era bien recibido ante todo el pueblo y también ante los siervos de Saúl."
1 Samuel 18:6
"Y sucedió que, cuando ellos venían, al regresar David de matar al filisteo, las mujeres salieron de todas las ciudades de Israel, cantando y danzando, para recibir al rey Saúl con panderos, con alegría y con instrumentos musicales."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.