Versículo destacado
1 Reyes 3:5 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" En Gabaón, el SEÑOR se apareció a Salomón en un sueño durante la noche, y Dios le dijo: «Pide lo que quieras que te dé». "
1 Reyes 3:5
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
3 Salomón amaba al SEÑOR y seguía los estatutos de David, su padre; sin embargo, sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
4 El rey fue a Gabaón para sacrificar allí, porque aquel era el gran lugar alto. Salomón ofreció mil holocaustos sobre aquel altar.
5 En Gabaón, el SEÑOR se apareció a Salomón en un sueño durante la noche, y Dios le dijo: «Pide lo que quieras que te dé».
6 Salomón respondió: Tú mostraste gran misericordia a tu siervo David, mi padre, conforme él caminó delante de ti con verdad, justicia y rectitud de corazón para contigo. Tú le has conservado esta gran bondad: le has dado un hijo que se siente en su trono, como sucede hoy.
7 Ahora, SEÑOR mi Dios, tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David, mi padre; pero yo soy apenas un niño pequeño y no sé cómo salir ni cómo entrar.
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Aquí encontramos la historia de la visita bondadosa que Dios le hizo a Salomón y de la comunión que tuvo con él en esa ocasión. Ese encuentro le dio a Salomón más honor que toda la riqueza y el poder de su reino. El SEÑOR se encontró con él en Gabaón, el gran lugar alto donde estaban el tabernáculo y el altar de bronce, y donde debían ofrecerse los sacrificios (2 Crónicas 1:3). Salomón ofreció allí sus grandes sacrificios, y allí Dios le mostró un favor especial.
La visita ocurrió de noche, después de que Salomón había ofrecido aquel generoso sacrificio (1 Reyes 3:4). Mientras más ocupados estemos durante el día en la obra de Dios, más consuelo podemos esperar de él durante la noche. La quietud y la soledad favorecen nuestra comunión con Dios. Muchas veces sus visitas más bondadosas llegan durante la noche (Salmo 17:3). También ocurrió en un sueño, mientras Salomón dormía y sus sentidos descansaban. Así, Dios tuvo un acceso más libre y directo a su mente. Dios hablaba con frecuencia de esa manera a los profetas (Números 12:6), y también a personas particulares para su propio bien (Job 33:15-16). Sin duda, estos sueños eran distintos de los llenos de confusión y vacío (Eclesiastés 5:7).
Entonces Dios le hizo a Salomón una oferta generosa: «Pide lo que quieras que te dé» (1 Reyes 3:5). Esto no significaba que Dios le debiera algo por sus sacrificios. Más bien, Dios mostraba que los había aceptado y lo invitaba a pedir la gran misericordia que había preparado para él. De la misma manera, Dios todavía nos lleva al lugar de la bendición al asegurarnos que lo que pidamos con fe nos será dado (Juan 16:23; 1 Juan 5:14). ¿Qué más podríamos desear? Pidan, y recibirán.
Salomón aprovechó de inmediato la oferta. ¿Por qué tantas veces descuidamos una invitación semejante, como Acaz, que se negó a pedir? (Isaías 7:12). Salomón oró incluso mientras dormía, con la gracia de Dios ayudándolo, y aun así su oración estaba llena de vida. Lo que más pesa en nuestra mente mientras estamos despiertos a menudo nos acompaña durante el sueño. A veces, nuestros sueños muestran aquello en lo que está enfocado nuestro corazón. Aun así, la sabia elección de Salomón mientras dormía demostraba que la gracia de Dios estaba obrando en él. Si Dios instruía su mente durante la noche, Salomón tenía razones para bendecir al SEÑOR, quien le daba consejo (Salmo 16:7).
En su oración, Salomón primero le dio gracias a Dios por su bondad con su padre David. Habló bien de la piedad de David, diciendo que él había caminado delante de Dios con un corazón íntegro, y pasó por alto sus faltas. Quienes alaban a sus padres piadosos también deben procurar seguir su ejemplo. Pero Salomón habló aún más de la misericordia de Dios para con David. Dios le había dado a David una fe verdadera durante su vida, luego había recompensado su sinceridad y también había conservado su bondad para con la familia de David después de él al darle el trono a Salomón. Los hijos deben darle gracias a Dios por la misericordia que mostró a sus padres y por sus promesas firmes a David. Los regalos de Dios son doblemente dulces cuando vemos que llegan hasta nosotros por medio de quienes nos precedieron.
Salomón también reconoció su propia debilidad ante la gran tarea que tenía por delante (1 Reyes 3:7-8). Había llegado a ser rey después de David, un hombre muy sabio y bueno. Por eso, en esencia, pidió: «SEÑOR, ayúdame a conservar lo que David comenzó y a llevarlo adelante». Él gobernaba sobre Israel, un pueblo numeroso que no podía ser dirigido sin cuidado. Además, era el pueblo de Dios, escogido por él, y debía ser gobernado de una manera que diera gloria a Dios. Salomón también reconocía sus propias limitaciones. Se llamó «un niño pequeño», refiriéndose a su falta de entendimiento, aunque su padre lo había considerado sabio (1 Reyes 2:9). No sabía cómo salir ni entrar, es decir, cómo manejar siquiera los asuntos ordinarios del gobierno, mucho menos una crisis difícil.
Quienes ocupan cargos públicos deben sentir profundamente el peso de su trabajo y reconocer su propia incapacidad para realizarlo. Esa humildad los prepara para recibir la ayuda de Dios. Pablo plantea una pregunta muy parecida: «¿Quién es suficiente para estas cosas?». El sentido de la pregunta de Salomón es el mismo: «¿Quién puede gobernar a este gran pueblo tuyo?» (1 Reyes 3:9). Absalón, que era un hombre astuto, tembló ante esa responsabilidad y dudó que estuviera capacitado para ella. Mientras más reflexivas son las personas, con mayor claridad ven su propia debilidad y más cuidado tienen de no confiar en sí mismas.
Por eso, Salomón le pidió sabiduría a Dios: «Dale a tu siervo un corazón entendido» (1 Reyes 3:9). Se llamó a sí mismo siervo de Dios, contento de pertenecerle y de basar su petición en esa relación. En efecto, estaba diciendo: «Estoy apartado para ti y trabajo para ti. Dame lo que necesito para la tarea que debo realizar». Su padre piadoso había orado de manera semejante: «Soy tu siervo; dame entendimiento» (Salmo 119:125). Un corazón entendido es un regalo de Dios (Proverbios 2:6). Debemos pedirlo (Santiago 1:5) y debemos pedirlo en relación con nuestro llamado y las responsabilidades que enfrentamos. Salomón no pidió sabiduría para satisfacer su curiosidad ni para impresionar a los demás. La pidió para gobernar al pueblo de Dios. El mejor tipo de conocimiento es el que nos ayuda a cumplir con nuestro deber. Ese es el conocimiento que nos permite distinguir entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, el pecado y el deber, la verdad y la mentira, para no equivocarnos al juzgar a los demás ni a nosotros mismos.
Dios se agradó de la petición de Salomón (1 Reyes 3:10). «La petición agradó al SEÑOR». Dios se complace en su propia obra en la vida de su pueblo, en los deseos que él mismo ha despertado y en las oraciones que su Espíritu ha formado. La elección de Salomón mostró que quería ser bueno más que grande y honrar a Dios más que promoverse a sí mismo.
Dios acepta a quienes valoran los dones espirituales por encima de las ganancias terrenales y se preocupan más por cumplir con su deber que por avanzar en el mundo. Pero la oración de Salomón no solo fue aceptable; también fue poderosa, y Dios le dio mucho más de lo que había pedido.
Dios le dio sabiduría a Salomón (1 Reyes 3:12). Lo capacitó para la gran obra a la que lo había llamado. Salomón recibió un entendimiento claro de la ley de Dios, que usaría como norma para juzgar, y obtuvo buen juicio para los casos que debía decidir. Ningún rey había sido bendecido con una comprensión tan aguda y una previsión tan sabia.
Además, Dios le dio riquezas y honor como un regalo adicional (1 Reyes 3:13). Le prometió que superaría a sus predecesores, a sus sucesores y a todos sus vecinos en estas cosas, así como los superaría en sabiduría. Estas también son dádivas de Dios y, en la medida en que nos conviene, están prometidas a todos los que buscan primero el reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33). Los jóvenes deben aprender a valorar la gracia por encima del oro en cada decisión que tomen, porque la piedad tiene promesa para esta vida, pero esta vida no promete piedad.
¡Qué plenamente bendecido fue Salomón, con sabiduría y riqueza! Una persona que tiene riqueza y poder sin sabiduría ni gracia corre el peligro de hacer daño con ellos. Una persona que tiene sabiduría y gracia sin riqueza ni poder no puede hacer tanto bien con ellas como quien posee ambas cosas. La sabiduría es buena, y es aún mejor cuando va acompañada de una herencia (Eclesiastés 7:11). Sin embargo, si nos aseguramos de obtener sabiduría y gracia, estas nos traerán éxito exterior o compensarán su ausencia.
Dios le prometió a Salomón riquezas y honor sin condiciones, pero le prometió una larga vida solo si caminaba en los caminos de Dios, como David (1 Reyes 3:14). Salomón no cumplió esa condición. Por eso, aunque tuvo riquezas y honor, no vivió tanto como podría haber vivido en el curso natural de la vida para disfrutarlos. La larga vida es la bendición de la mano derecha de la sabiduría, una imagen de la vida eterna, mientras que las riquezas y el honor están en su mano izquierda (Proverbios 3:16). De esto aprendemos dos cosas. Primero, la manera de obtener bendiciones espirituales es pedirlas con fervor y luchar con Dios en oración, como Salomón pidió sabiduría, colocándola por encima de todo lo demás. Segundo, la manera de recibir bendiciones temporales es tenerlas en las manos abiertas y dejarlas en las manos de Dios. Salomón recibió sabiduría porque la pidió y recibió riqueza porque no la pidió.
La respuesta agradecida de Salomón a la visita de Dios se muestra en 1 Reyes 3:15. Podemos imaginarlo despertando lleno de alegría, y su sueño le resultó dulce, como dice el profeta (Jeremías 31:26). Estaba satisfecho con el favor de Dios, y ese favor lo llenaba de satisfacción. Entonces comenzó a pensar cómo podía corresponder al SEÑOR. Había hecho su oración en el lugar alto de Gabaón, y allí Dios se había encontrado bondadosamente con él. Pero Salomón fue a Jerusalén para dar gracias delante del arca del pacto, como si se reprendiera a sí mismo por no haber orado allí desde el principio, ya que el arca era la señal de la presencia de Dios. Parecía sorprendido de que Dios se hubiera encontrado con él en cualquier otro lugar. La paciencia de Dios con nuestros errores debe llevarnos a corregirlos.
Allí Salomón ofreció a Dios un sacrificio abundante. Debemos alabar a Dios por sus dones aun antes de que la promesa se cumpla por completo. David acostumbraba alabar tanto la palabra de Dios como sus obras (Salmos 56:10 y, de manera especial, 2 Samuel 7:18), y Salomón siguió sus pasos. Después, hizo un gran banquete con lo que se había ofrecido en sacrificio, para que quienes estaban a su alrededor pudieran compartir el gozo de la gracia de Dios.
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De este capítulo
1 Reyes 3:1
"Salomón hizo una alianza matrimonial con el faraón, rey de Egipto: tomó por esposa a la hija del faraón y la llevó a la ciudad de David, mientras terminaba de construir su propia casa, la casa del SEÑOR y la muralla que rodeaba Jerusalén."
1 Reyes 3:2
"Sin embargo, el pueblo sacrificaba en los lugares altos, porque hasta aquellos días no se había construido una casa para el nombre del SEÑOR."
1 Reyes 3:3
"Salomón amaba al SEÑOR y seguía los estatutos de David, su padre; sin embargo, sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos."
1 Reyes 3:4
"El rey fue a Gabaón para sacrificar allí, porque aquel era el gran lugar alto. Salomón ofreció mil holocaustos sobre aquel altar."
1 Reyes 3:6
"Salomón respondió: Tú mostraste gran misericordia a tu siervo David, mi padre, conforme él caminó delante de ti con verdad, justicia y rectitud de corazón para contigo. Tú le has conservado esta gran bondad: le has dado un hijo que se siente en su trono, como sucede hoy."
1 Reyes 3:7
"Ahora, SEÑOR mi Dios, tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David, mi padre; pero yo soy apenas un niño pequeño y no sé cómo salir ni cómo entrar."
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