Versículo destacado
1 Reyes 11:9 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" El SEÑOR se enojó con Salomón porque su corazón se había apartado del SEÑOR, Dios de Israel, quien se le había aparecido dos veces "
1 Reyes 11:9
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
7 Entonces Salomón construyó un lugar alto para Quemos, abominación de Moab, en la colina que está frente a Jerusalén, y para Moloc, abominación de los hijos de Amón.
8 Hizo lo mismo para todas sus esposas extranjeras, quienes quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.
9 El SEÑOR se enojó con Salomón porque su corazón se había apartado del SEÑOR, Dios de Israel, quien se le había aparecido dos veces
10 y le había ordenado acerca de esto que no siguiera a otros dioses; pero él no guardó lo que el SEÑOR le había ordenado.
11 Por eso, el SEÑOR dijo a Salomón: Por cuanto has hecho esto y no has guardado mi pacto ni mis estatutos que te ordené, ciertamente arrancaré de ti el reino y se lo daré a tu siervo.
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Aquí vemos, en primer lugar, la ira de Dios contra Salomón por su pecado. Lo que Salomón hizo desagradó al Señor. Hubo un tiempo en que el Señor amó a Salomón (2 Samuel 12:24) y se agradó de él (1 Reyes 10:9), pero ahora estaba enojado con él (1 Reyes 11:9). Este pecado implicaba una culpa muy grave: Salomón mostró la peor clase de ingratitud. Se apartó del Señor, quien se le había aparecido dos veces: una antes de que comenzara a construir el templo (1 Reyes 3:5) y otra después de que terminara de dedicarlo (1 Reyes 9:2).
Dios toma en cuenta las visitas llenas de gracia que nos concede, lo hagamos nosotros o no. Él sabe cuántas veces se nos ha manifestado y ha actuado a nuestro favor, y hará que rindamos cuentas por ello si nos apartamos de él. Las apariciones de Dios a Salomón le habían dado una prueba tan clara de su favor que debieron impedirle para siempre adorar a otro dios. También habían sido un privilegio tan especial y le habían otorgado un honor tan grande que nunca debió olvidarlas, especialmente porque en ambas ocasiones Dios le había enseñado lo que era correcto.
El pecado de Salomón también fue una desobediencia abierta y deliberada. Precisamente eso era lo que Dios le había ordenado no hacer: seguir a otros dioses. Sin embargo, ni siquiera una advertencia tan directa lo detuvo (1 Reyes 11:10). Quienes gobiernan sobre otros con frecuencia olvidan que Dios gobierna sobre ellos. Mientras exigen obediencia de quienes están bajo su autoridad, se niegan a obedecer al que está por encima de todos.
Después viene el mensaje que Dios le envió a causa de esto (1 Reyes 11:11). Es probable que el Señor hablara por medio de un profeta para decirle a Salomón que debía esperar dolor y pérdida por haberse apartado de Dios. La sentencia era justa. Puesto que Salomón se había rebelado contra Dios, parte de su reino se rebelaría contra su familia. Él había dado la gloria de Dios a una criatura, y por eso Dios entregaría su corona a su siervo. Dios le declaró que arrancaría el reino de su mano y se lo daría a su siervo, quien gobernaría sobre gran parte de lo que Salomón había trabajado. Esto debió humillar profundamente a Salomón, quien sin duda había esperado que su próspero reino pasara para siempre a sus hijos.
El pecado arruina a las familias. Rompe las líneas familiares, quita las propiedades heredadas y rebaja la honra de las personas. Sin embargo, incluso este juicio fue suavizado bondadosamente por causa de David (1 Reyes 11:12, 1 Reyes 11:13), es decir, por causa de la promesa que Dios le había hecho a David. De la misma manera, todo el favor que Dios muestra a las personas es por causa de Cristo y del pacto hecho con él.
El reino sería arrancado de la casa de Salomón, pero no de inmediato. Salomón mismo no viviría para verlo. El reino sería quitado de manos de su hijo, un hijo nacido de una de sus esposas extranjeras. Su madre era amonita (1 Reyes 14:31), y probablemente había contribuido a conducirlo hacia la idolatría. ¿Qué consuelo puede tener una persona al dejar hijos y bienes tras de sí si no deja también una bendición? Sin embargo, cuando se acerca el juicio, sigue siendo una misericordia que no llegue durante nuestros propios días, como ocurrió en 2 Reyes 20:19.
El reino tampoco sería quitado por completo. Una tribu, Judá, la más fuerte y grande, permanecería con la casa de David (1 Reyes 11:13). Esto sería por causa de Jerusalén, que David había edificado, y del templo que Salomón había construido allí. Jerusalén y el templo no pasarían a otras manos. Salomón no se había apartado de Dios de manera rápida ni completa; por eso Dios tampoco le quitaría el reino de manera rápida ni completa.
Después de este mensaje, que Dios le envió bondadosamente a Salomón para despertar su conciencia y conducirlo al arrepentimiento, tenemos razones para esperar que Salomón se humilló delante de Dios, confesó su pecado, pidió perdón y volvió a cumplir con su deber. Es probable que más adelante expresara ese arrepentimiento en el libro de Eclesiastés, donde lamenta con amargura su propia necedad y locura (Eclesiastés 7:25, Eclesiastés 7:26). Allí también advierte a otros que eviten ese mismo mal camino y que teman a Dios y guarden sus mandamientos ante el juicio venidero, que probablemente lo hizo temblar, como ocurrió con Félix.
Ese sermón penitencial es una verdadera señal de un corazón quebrantado por el pecado y apartado de él, semejante a los salmos penitenciales de David, aunque la forma sea diferente. La gracia de Dios actúa de distintas maneras en su pueblo. Así que, aunque Salomón cayó, no quedó completamente arruinado. La palabra que Dios le había dado a David acerca de él se cumplió: Dios lo castigaría con la vara de los hombres, pero su misericordia no se apartaría de él (2 Samuel 7:14, 2 Samuel 7:15). Aun cuando Dios permite que quienes ama caigan en pecado, no permite que permanezcan en él.
El apartamiento de Salomón fue una gran vergüenza y una mancha seria en su carácter personal. Sin embargo, no dañó tanto el registro de su reinado que este ya no pudiera usarse después como ejemplo de un buen reinado. En 2 Crónicas 11:17, se dice que algunos reyes actuaron bien cuando anduvieron en el camino de David y Salomón. Aun así, aunque tenemos buenas razones para esperar que Salomón se arrepintió y halló misericordia, el Espíritu Santo no quiso dejar registrado claramente su restauración. Esto quedó incierto como advertencia para que otros no pequen suponiendo que siempre podrán arrepentirse más adelante. Solo podemos decir que quizá Dios conceda el arrepentimiento y que, aun si lo concede, quizá no dé al pecador ni a los demás una evidencia clara de él.
Los grandes pecadores pueden ser restaurados y recibir la bendición del arrepentimiento, y aun así quedar privados tanto del consuelo como del reconocimiento público que ese arrepentimiento podría traerles. La culpa puede ser quitada, pero la vergüenza puede permanecer.
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De este capítulo
1 Reyes 11:1
"Pero el rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras, además de la hija del faraón: mujeres moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas."
1 Reyes 11:2
"Eran de las naciones acerca de las cuales el SEÑOR había dicho a los hijos de Israel: No se unan a ellas, ni ellas se unan a ustedes, porque ciertamente desviarán el corazón de ustedes tras sus dioses. Salomón se apegó a ellas con amor."
1 Reyes 11:3
"Tuvo setecientas esposas, que eran princesas, y trescientas concubinas; y sus esposas desviaron su corazón."
1 Reyes 11:4
"Cuando Salomón envejeció, sus esposas desviaron su corazón tras otros dioses; y su corazón no fue íntegro para con el SEÑOR su Dios, como lo fue el corazón de David, su padre."
1 Reyes 11:5
"Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, abominación de los amonitas."
1 Reyes 11:6
"Salomón hizo lo malo ante los ojos del SEÑOR y no siguió plenamente al SEÑOR, como lo hizo David, su padre."
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