Versículo destacado
1 Reyes 11:14 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" El SEÑOR levantó contra Salomón a un adversario: Hadad el edomita, quien era de la descendencia real de Edom. "
1 Reyes 11:14
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
12 Sin embargo, no lo haré durante tus días, por causa de David, tu padre, sino que lo arrancaré de la mano de tu hijo.
13 Pero no arrancaré todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo, por causa de David, mi siervo, y por causa de Jerusalén, la cual he elegido.
14 El SEÑOR levantó contra Salomón a un adversario: Hadad el edomita, quien era de la descendencia real de Edom.
15 Porque cuando David estuvo en Edom, y Joab, jefe del ejército, subió a enterrar a los muertos, después de haber matado a todo varón en Edom,
16 (pues Joab permaneció allí seis meses con todo Israel, hasta exterminar a todo varón en Edom),
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Mientras Salomón permaneció cerca de Dios y cumplió con su deber, no hubo enemigo ni problema que pudiera sacudirlo (1 Reyes 5:4). Pero ahora la historia cambia, y vemos surgir dos enemigos contra él. Por sí mismos eran insignificantes y no habrían podido hacerle mucho a un rey tan poderoso, a menos que Salomón primero hubiera convertido a Dios en su enemigo por causa de su pecado.
¿Qué daño podrían haberle hecho Hadad o Rezón a Salomón si él no se hubiera debilitado por su desobediencia? Cuando Dios está de nuestra parte, no tenemos que temer al enemigo más fuerte. Pero cuando Dios está contra nosotros, hasta el problema más pequeño puede llenarnos de temor, y hasta un saltamontes puede parecernos una carga pesada. Dios permitió que estos dos enemigos se levantaran, aunque también los impulsaban la ambición o la venganza (1 Reyes 11:14, 1 Reyes 11:23). Los usó para disciplinar a Salomón. El juicio principal —la división del reino— se retrasó, pero Salomón aun así sintió el golpe de la vara de Dios, para ser humillado más profundamente.
Cuando alguien se levanta contra nosotros, debemos recordar que la mano de Dios puede estar obrando en esa situación. Él impulsó a Simei a maldecir a David, y aquí también puede usar a los enemigos humanos de la misma manera. Debemos mirar más allá de la persona que nos causa dificultades y reconocer el propósito del Señor. Así escuchamos la acusación de Dios contra nosotros y comprendemos su corrección.
Los dos enemigos tenían sus raíces en los días de David, cuando él conquistó sus tierras (1 Reyes 11:15, 1 Reyes 11:24). Salomón disfrutó los beneficios de las victorias de su padre. Las victorias de David le dieron un reino más grande y mayores riquezas. Si Salomón hubiera permanecido fiel a Dios, habría disfrutado únicamente esas bendiciones. Pero ahora surgen dificultades que equilibran esas ganancias, y los antiguos enemigos que David se había creado se convierten en espinas para Salomón.
Quienes provocan la ira con demasiada facilidad deberían pensar en esto. Lo que han hecho puede recordarse después y cobrarse con intereses a sus hijos o a su propia familia. Como ya tenemos tan pocos amigos en este mundo, la sabiduría nos dice que no debemos hacernos más enemigos de los que sean inevitables.
Hadad, un edomita, fue uno de los enemigos de Salomón. No se nos dice exactamente qué hizo; solo se nos dice que fue un adversario. Pero sí se nos explica por qué guardaba rencor. David había conquistado Edom, y Joab, comandante del ejército de David, mató allí a todos los varones (1 Reyes 11:15, 1 Reyes 11:16). Fue un juicio severo, probablemente demasiado severo, aunque respondía al odio anterior de Edom contra Israel. Mientras Joab enterraba a los muertos, Hadad, que entonces era apenas un niño y pertenecía a la familia real, fue rescatado por algunos siervos del rey y llevado a Egipto (1 Reyes 11:17).
Primero se detuvieron en Madián y luego en Parán, donde reunieron personas que acompañaran al joven príncipe, para que pudiera viajar de una manera digna de su posición. En Egipto, el faraón le dio refugio y lo trató bondadosamente, como al príncipe indefenso que era. Más tarde, Hadad se casó con la hermana de la esposa del faraón (1 Reyes 11:19), y tuvieron un hijo a quien la reina quiso tanto que lo crió junto con los propios hijos del faraón. Después de la muerte de David y de Joab, Hadad regresó a su país. Parece que permaneció tranquilo mientras Salomón siguió siendo sabio y estuvo atento al bien del pueblo, pero tuvo la oportunidad de causar problemas a Israel cuando Salomón perdió su sabiduría por causa del pecado, así como Sansón perdió su fuerza de la misma manera.
No se nos dice exactamente qué problemas causó Hadad. Solo vemos lo poco dispuesto que estaba el faraón a dejarlo ir y la insistencia con la que trató de convencerlo de que se quedara (1 Reyes 11:22). El faraón le preguntó: «¿Qué te ha faltado conmigo?». Hadad respondió, en esencia: «Nada; pero déjame ir a mi propio país, a la tierra que me pertenece». Pedro Mártir añade una reflexión profunda: el cielo es nuestro verdadero hogar, así que debemos conservar un amor santo por él y anhelarlo, aunque este mundo, el lugar de nuestro destierro, nos trate bien. Si el mundo pregunta por qué estamos tan ansiosos por irnos cuando aquí no nos falta nada, podemos responder: «Nada de lo que el mundo puede darnos es suficiente. Déjame ir adonde están nuestra esperanza, nuestro honor y nuestro tesoro».
Rezón, un sirio, fue otro enemigo de Salomón. Cuando David conquistó a los sirios, Rezón reunió a los sobrevivientes y vivió del saqueo hasta que Salomón se volvió descuidado. Entonces Rezón tomó Damasco y gobernó allí, junto con las tierras de sus alrededores (1 Reyes 11:24, 1 Reyes 11:25). Causó dificultades a Israel, probablemente junto con Hadad, durante los últimos años de Salomón, después de que este se apartó de Dios. O quizá fue hostil durante todo el reinado de Salomón y mostró su odio cada vez que pudo, aunque no logró hacer mucho sino hasta que Salomón perdió la protección de Dios.
La Escritura dice que Rezón odiaba a Israel. Otros gobernantes admiraban a Israel y a Salomón y buscaban tener amistad con ellos, pero Rezón los despreciaba. Ni siquiera los gobernantes y las personas más grandes y bondadosos son amados por todos. Algunos pueden respetarlos en general y, aun así, odiarlos profundamente.
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De este capítulo
1 Reyes 11:1
"Pero el rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras, además de la hija del faraón: mujeres moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas."
1 Reyes 11:2
"Eran de las naciones acerca de las cuales el SEÑOR había dicho a los hijos de Israel: No se unan a ellas, ni ellas se unan a ustedes, porque ciertamente desviarán el corazón de ustedes tras sus dioses. Salomón se apegó a ellas con amor."
1 Reyes 11:3
"Tuvo setecientas esposas, que eran princesas, y trescientas concubinas; y sus esposas desviaron su corazón."
1 Reyes 11:4
"Cuando Salomón envejeció, sus esposas desviaron su corazón tras otros dioses; y su corazón no fue íntegro para con el SEÑOR su Dios, como lo fue el corazón de David, su padre."
1 Reyes 11:5
"Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, abominación de los amonitas."
1 Reyes 11:6
"Salomón hizo lo malo ante los ojos del SEÑOR y no siguió plenamente al SEÑOR, como lo hizo David, su padre."
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