Versículo destacado
1 Reyes 1:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces Natán habló con Betsabé, madre de Salomón, y le dijo: ¿No has oído que Adonías hijo de Haguit reina, sin que nuestro señor David lo sepa? "
1 Reyes 1:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 Adonías sacrificó ovejas, bueyes y ganado engordado junto a la piedra de Zohélet, que está al lado de En Rogel, e invitó a todos sus hermanos, los hijos del rey, y a todos los hombres de Judá que eran siervos del rey.
10 Pero no invitó al profeta Natán, ni a Benaía, ni a los hombres poderosos, ni a su hermano Salomón.
11 Entonces Natán habló con Betsabé, madre de Salomón, y le dijo: ¿No has oído que Adonías hijo de Haguit reina, sin que nuestro señor David lo sepa?
12 Ahora, pues, ven y permite que te dé un consejo para que salves tu propia vida y la vida de tu hijo Salomón.
13 Ve, preséntate ante el rey David y dile: “Mi señor, oh rey, ¿no juraste a tu sierva diciendo: ‘Ciertamente tu hijo Salomón reinará después de mí y se sentará en mi trono’? ¿Por qué, entonces, reina Adonías?”.
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Natán y Betsabé actuaron con sabiduría y firmeza para lograr que David confirmara el derecho de Salomón al trono y detuviera la toma de poder de Adonías. David mismo no sabía lo que estaba sucediendo. Los hijos desobedientes a menudo creen que están a salvo si mantienen a sus padres al margen, pero el pecado oculto pronto sale a la luz. Betsabé también vivía tranquilamente y no sabía nada de lo ocurrido hasta que Natán se lo informó. Muchas personas pasan por la vida sin saber mucho de lo que sucede a su alrededor.
Es probable que Salomón supiera lo que estaba pasando, pero guardó silencio, como un sordo que no oye nada. Aunque tenía la edad suficiente y una sabiduría poco común para sus años, no actuó para detener a Adonías. Más bien, dejó el asunto tranquilamente en manos de Dios y de sus amigos. En el salmo de Salomón, David dice que mientras las personas se esfuerzan y pierden el sueño persiguiendo las cosas de este mundo, Dios les da descanso a quienes ama; es decir, les da paz y les permite prosperar sin tener que vivir en una lucha inquieta (Salmo 127:1-2).
Entonces el profeta Natán advirtió a Betsabé y le mostró cómo conseguir del rey una orden que asegurara el título de Salomón. A Natán le importaba el asunto porque conocía la voluntad de Dios, el deber de David y el bien de Israel. Él había sido el instrumento por medio del cual Dios le dio a Salomón el nombre Jedidías, que significa «amado del Señor» (2 Samuel 12:25); por eso no podía quedarse de brazos cruzados mientras se apoderaban del trono. Puesto que ahora Dios gobierna los reinos por medio de su providencia ordinaria, es decir, por medio de su cuidado constante y de la manera en que ordena los acontecimientos, los profetas no deben entrometerse en los asuntos civiles como lo hacían antes, cuando los reyes eran escogidos por una palabra directa del cielo (Daniel 4:32).
Natán acudió a Betsabé porque ella se preocupaba más que nadie por Salomón y podía llegar con mayor facilidad hasta David. Le contó lo que Adonías estaba haciendo y dejó claro que David no sabía nada del asunto (1 Reyes 1:11). También le advirtió que, si Adonías tenía éxito, tanto Salomón como la propia Betsabé podrían perder la vida. Una persona humilde puede conformarse con no tener una corona, pero el deber de preservar la vida, tanto la propia como la de los demás, exige actuar. En efecto, el consejo de Natán era un llamado a salvar la vida de ella y también la de su hijo (1 Reyes 1:12).
Le dijo que fuera al rey, le recordara su palabra y el juramento de que Salomón lo sucedería, y le preguntara humildemente: «¿Por qué está reinando Adonías?» (1 Reyes 1:13). Natán pensaba que David no estaba tan débil ni era tan indiferente como para que aquello no lo moviera a actuar. Sabía que la conciencia y el honor despertarían en David cuando escuchara claramente lo que estaba sucediendo. Natán también prometió entrar mientras ella estuviera hablando y respaldar sus palabras, aparentando llegar por casualidad; esto podía hacer que David prestara todavía más atención.
Betsabé siguió de inmediato el consejo de Natán. Fue al rey con la misma urgencia y determinación con que Ester se presentó ante el rey Asuero para suplicar por su vida. No necesitaba esperar a que la llamaran, porque sabía que sería bien recibida. Cuando entró, Abisag estaba atendiendo al rey, y Betsabé no se ofendió por ello. Se inclinó y mostró respeto a David como su rey y como su esposo, como una verdadera hija de Sara, quien obedecía a Abraham y lo llamaba señor. Quienes desean recibir favor de sus superiores deben mostrar respeto y actuar con humildad y sentido del deber.
Su discurso ante David fue cuidadoso y sabio. Primero, le recordó la promesa que había hecho bajo juramento: que Salomón lo sucedería (1 Reyes 1:17). Ella sabía que una promesa así tendría mucho peso en un hombre consciente de su deber como David. Segundo, le contó lo que Adonías había hecho, algo que David desconocía (1 Reyes 1:18). Dejó claro que Adonías ya estaba actuando como rey, en contra de la promesa de David para el futuro. También mencionó quiénes lo apoyaban y señaló que Salomón no había sido invitado. Esto demostraba una falta de respeto y una rivalidad deliberadas, no un simple descuido (1 Reyes 1:19).
Tercero, Betsabé argumentó que David estaba en una posición firme para detener el problema de inmediato (1 Reyes 1:20). Dijo: «Los ojos de todo Israel están puestos en ti», no porque un rey pueda simplemente disponer del pueblo como si fuera de su propiedad, sino porque David también era considerado un profeta. Israel sabía que él era el ungido del Señor y que el Espíritu del Señor hablaba por medio de él (2 Samuel 23:1-2). Por eso esperaban que la palabra de David resolviera el asunto como una decisión divina. Betsabé le recordó que el juicio de un rey puede tener un peso enorme. Cualquiera que sea la autoridad o influencia que las personas tengan, deben usarla para proteger y hacer avanzar el reino del Mesías, del cual el reino de Salomón era una representación.
Cuarto, señaló el peligro que corrían ella y Salomón si el asunto no se resolvía mientras David aún vivía (1 Reyes 1:21). Si Adonías llegaba al poder, con Joab, el comandante del ejército, y Abiatar, el sacerdote, de su lado, probablemente tratarían a Salomón y a sus amigos como rebeldes. Los usurpadores son duros y crueles. Si Adonías hubiera tomado el trono, no habría tratado a Salomón con la misma justicia con que Salomón lo trataría después. Quienes se interponen en el camino de personas que se abren paso por la fuerza para llegar al poder arriesgan todo.
Entonces el profeta Natán intervino en el momento preciso, tal como lo había prometido, y apoyó a Betsabé mientras ella todavía hablaba, antes de que el rey respondiera.
Si David solo hubiera escuchado el informe de Betsabé, quizá habría tardado en responder. Tal vez habría dicho únicamente que lo pensaría. Pero cuando dos testigos concordaban de esa manera, el asunto quedaba establecido y él daría órdenes claras de inmediato.
Le informaron al rey que había llegado el profeta Natán. Natán siempre era bien recibido en la corte, especialmente cuando el rey estaba enfermo o profundamente preocupado. En cualquiera de esas situaciones, un profeta podía ser de gran ayuda. Natán sabía que debía honrar a quienes merecen honra, así que ahora mostró al rey el mismo respeto que le habría mostrado si David hubiera estado sentado en su trono, no acostado en su cama. Se inclinó con el rostro en tierra (1 Reyes 1:23).
Natán habló al rey con un poco más de claridad que Betsabé. Su posición como profeta respaldaba sus palabras, y la debilidad de David hacía necesario despertarlo a la acción. Primero, Natán presentó el mismo informe sobre el intento de Adonías que Betsabé había dado (1 Reyes 1:25-26). Añadió que el grupo de Adonías se había atrevido a gritar: «¡Viva el rey Adonías!», como si David ya estuviera muerto. También señaló que no lo habían invitado a él a su banquete, lo que significaba que no tenían intención de consultar ni a Dios ni a David sobre el asunto, pues Natán conocía la voluntad de ambos.
Segundo, Natán hizo que David comprendiera lo importante que era dejar claro que no tenía ninguna participación en aquello. Le preguntó: «¿Has dicho tú: “Adonías reinará después de mí”?» (1 Reyes 1:24), y volvió a preguntar (1 Reyes 1:27): «¿Ha salido esto de mi señor el rey?». Si así fuera, David no habría sido tan fiel a la palabra de Dios ni a la suya propia como todos pensaban. Pero si no era así, ya era hora de que hablara contra aquella toma de poder y declarara que Salomón era el heredero. Y si David no sabía nada, como ciertamente no sabía, entonces Adonías y sus seguidores eran culpables de una rebelión descarada. Natán dijo esto para impulsar a David a actuar con firmeza a favor de Salomón.
Las personas buenas cumplirían con su deber si alguien se los recordara, insistiera en ello y les mostrara lo que deben hacer. Quienes ofrecen ese tipo de recordatorio hacen un verdadero bien, tal como Natán lo hizo con David.
Entonces David declaró solemnemente que aún tenía la intención de mantener su decisión anterior: Salomón lo sucedería. Hicieron llamar a Betsabé (1 Reyes 1:28), y el rey le dio una nueva seguridad, hablando en favor de su hijo. Repitió su promesa y su juramento anteriores, diciendo que había jurado por el Señor, el Dios de Israel, que Salomón reinaría después de él (1 Reyes 1:30). David era anciano y su memoria estaba debilitándose, pero todavía recordaba esa promesa. Un juramento es tan sagrado que no puede quebrantarse, y tan serio que su obligación no debería desvanecerse de la memoria.
David reforzó esta promesa con otro juramento, porque la necesidad era urgente: «Vive el Señor, quien ha rescatado mi vida de toda angustia, que ciertamente haré esto hoy, sin duda ni demora». Esta parece ser la forma de juramento que solía usar en ocasiones serias, como en (2 Samuel 4:9). También expresa gratitud a Dios por haberlo sostenido a salvo en medio de tantas dificultades y sufrimientos. David habla de estas cosas para honrar a Dios, como lo hizo Jacob cuando estaba por morir (Génesis 48:16). De este modo, David confirma por su propia experiencia lo que el Espíritu del Señor había dicho por medio de él: «El Señor rescata la vida de sus siervos» (Salmo 34:22). Los creyentes que están cerca de la muerte deben dar testimonio de Dios y hablar de él tal como lo han conocido.
Betsabé recibe estas promesas con gran respeto por la persona del rey. Se inclina ante él, mientras que Adonías y su grupo le habían mostrado falta de respeto. También le expresa de corazón sus deseos para que siga con vida: «¡Que viva!» (1 Reyes 1:31). Ella estaba muy lejos de pensar que David había vivido demasiado. Más bien, oró para que pudiera seguir viviendo, si era posible, a fin de honrar la corona que llevaba y ser una bendición para su pueblo. Debemos desear sinceramente que las vidas útiles se prolonguen, aun si eso significa que nuestras propias ventajas tengan que esperar.
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De este capítulo
1 Reyes 1:1
"El rey David ya era anciano y estaba muy avanzado en años; lo cubrían con ropa, pero no entraba en calor."
1 Reyes 1:2
"Por eso sus siervos le dijeron: «Que se busque para mi señor el rey una joven virgen; que ella esté delante del rey, lo cuide y se acueste en tu regazo, para que mi señor el rey entre en calor»."
1 Reyes 1:3
"Así que buscaron una joven hermosa por todo el territorio de Israel, encontraron a Abisag, la sunamita, y la llevaron ante el rey."
1 Reyes 1:4
"La joven era muy hermosa; cuidaba al rey y lo atendía, pero el rey no tuvo relaciones con ella."
1 Reyes 1:5
"Entonces Adonías hijo de Haguit se enalteció diciendo: «Yo seré rey». Y preparó para sí carros, jinetes y cincuenta hombres que corrieran delante de él."
1 Reyes 1:6
"Su padre nunca lo había contrariado preguntándole: «¿Por qué has hecho eso?». Además, era un hombre de muy hermosa apariencia, y su madre lo había dado a luz después de Absalón."
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