Versículo destacado
1 Crónicas 28:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" David reunió en Jerusalén a todos los príncipes de Israel, a los príncipes de las tribus, a los capitanes de las divisiones que servían al rey por turnos, a los capitanes de millares, a los capitanes de centenas, a los administradores de todos los bienes y posesiones del rey y de sus hijos, junto con los funcionarios, los hombres poderosos y todos los hombres valientes. "
1 Crónicas 28:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 David reunió en Jerusalén a todos los príncipes de Israel, a los príncipes de las tribus, a los capitanes de las divisiones que servían al rey por turnos, a los capitanes de millares, a los capitanes de centenas, a los administradores de todos los bienes y posesiones del rey y de sus hijos, junto con los funcionarios, los hombres poderosos y todos los hombres valientes.
2 Entonces el rey David se puso de pie y dijo: Escúchenme, hermanos míos y pueblo mío. Yo tenía en mi corazón construir una casa de reposo para el arca del pacto del SEÑOR y para el estrado de los pies de nuestro Dios, y había hecho preparativos para construirla.
3 Pero Dios me dijo: Tú no construirás una casa para mi nombre, porque has sido hombre de guerra y has derramado sangre.
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David había prestado un gran servicio durante su vida y había servido a su generación conforme a la voluntad de Dios (Hechos 13:36). Ahora se acercaba el momento de su muerte y, como figura del Hijo de David, cuanto más se acercaba al final, más ocupado estaba, haciendo su trabajo con todas sus fuerzas. Poco antes se había recuperado un poco de la enfermedad mencionada en 1 Reyes 1:1, cuando lo cubrieron de ropa y aun así no lograba entrar en calor. Pero ¿qué remedio hay para la vejez? David aprovechó su recuperación para hacer un poco más por Dios y por su nación.
Primero, reunió a todos los hombres principales para poder despedirse de ellos de una vez (1 Crónicas 28:1). Moisés hizo lo mismo (Deuteronomio 31:28), y también Josué (Josué 23:2; 24:1). David no anunciaría el traspaso de la corona si no estaban presentes quienes representaban al pueblo y estaban de acuerdo con ello.
Segundo, les habló con gran respeto y bondad. Hizo más que obligarse a levantarse de la cama y reunirse con ellos, aunque la ocasión le dio nuevas fuerzas. Incluso se levantó de su asiento y permaneció de pie (1 Crónicas 28:2), por reverencia a Dios, cuya voluntad estaba a punto de declarar, y por respeto a aquella solemne reunión del pueblo de Dios. Actuó como alguien superior a cualquiera de ellos, pero inferior a todos ellos juntos. Su edad y debilidad, así como su posición, le habrían permitido permanecer sentado. Sin embargo, quiso mostrar que verdaderamente había sido humillado por el orgullo de su corazón, tanto por el número de su pueblo como por su autoridad sobre ellos.
En otro tiempo se había complacido al pensar que todos eran sus siervos (1 Crónicas 21:3), pero ahora los llama sus hermanos, a quienes amaba, y su pueblo, por el cual se preocupaba; no simplemente siervos bajo su mando. «Escúchenme, mis hermanos y mi pueblo». Quienes ocupan puestos elevados deberían hablar así, con afecto y humildad, incluso a quienes están bajo su autoridad. No perderán honra por hacerlo; al contrario, ganarán amor. De esta manera, David los preparó para escuchar lo que tenía que decirles.
Tercero, explicó que había tenido la intención de construir un templo para Dios, pero Dios no se lo había permitido (1 Crónicas 28:2-3). Ya se lo había dicho antes a Salomón (1 Crónicas 22:7-8). Aquí se llama al templo una casa de reposo para el estrado de los pies de nuestro Dios, porque el cielo es su trono de gloria, mientras que la tierra, e incluso los templos más espléndidos que hay en ella, son solamente el estrado de sus pies. Hay una diferencia inmensa entre la gloria de Dios manifestada en el cielo y en la tierra. Los ángeles rodean su trono (Isaías 6:1), mientras que nosotros, pobres criaturas, adoramos ante el estrado de sus pies (Salmo 99:5; 132:7).
Para demostrar que realmente se proponía construir el templo, David dice que ya había hecho los preparativos. Aun así, Dios no le permitió seguir adelante, porque le había asignado otra tarea, y una sola persona no podía hacerlo todo. Su responsabilidad era dirigir las guerras de Israel. Debía servir al pueblo con la espada, mientras que otro hombre lo haría con la cuerda de medir. Los tiempos de paz son el momento apropiado para construir (Hechos 9:31).
Cuarto, presentó primero su propia legitimidad para ocupar el trono y después la de Salomón. Ambas legitimidades procedían claramente del derecho divino; es decir, Dios mismo los había escogido. Tenían un título que ningún rey terrenal puede igualar verdaderamente, porque el Señor, Dios de Israel, los había escogido directamente por medio de la profecía, no solo por medio de su providencia (1 Crónicas 28:4-5). Aquí no se reclama un derecho de herencia por ser el primogénito. La elección dependía del valor, no de la edad.
Judá no era el hijo mayor de Jacob, pero Dios escogió esa tribu para gobernar, y Jacob puso allí el cetro (Génesis 49:10). Es posible que la familia de Isaí tampoco fuera la rama más antigua dentro de esa tribu. Sabemos que no lo era dentro de la línea de Judá, porque Sela nació antes que Fares. No es seguro que fuera más antigua que la línea de Naasón y Salmón. Ram, el padre de Naasón, tenía un hermano mayor (1 Crónicas 2:9). Tal vez Booz, Obed e Isaí también lo tenían. Aun así, David podía decir: «Dios escogió la casa de mi padre». El propio David era el hijo menor de Isaí, pero Dios lo escogió para ser rey. Esa fue la buena voluntad de Dios. Dios toma a quien quiere, y quiere a quienes hace semejantes a él, como hizo con David, un hombre conforme a su corazón.
Salomón era uno de los hijos menores de David, pero Dios lo escogió para sentarse en el trono, porque era el más capacitado para construir el templo: el más sabio y el más dispuesto de todos ellos.
Quinto, David explicó el propósito lleno de gracia que Dios tenía para Salomón (1 Crónicas 28:6-7): «Lo he escogido para que sea mi hijo». De esta manera declara el decreto del Señor, tal como se le dijo a Salomón, y tal como Salomón era una figura de Cristo: «Tú eres mi hijo» (Salmo 2:7), el hijo de mi amor. A Salomón también se le llamó Jedidías, porque el Señor lo amaba, y Cristo es el Hijo amado de Dios.
Acerca de Salomón, como imagen de aquel que habría de venir, Dios dijo: «Él edificará mi casa». Cristo es tanto el constructor como el fundamento del templo del evangelio. Dios también dijo: «Afirmaré su reino para siempre». Esto debe cumplirse en el reino del Mesías, que permanecerá a través de todas las edades (Isaías 9:7; Lucas 1:33). Entonces será entregado a Dios el Padre, aunque quizá vuelva a ser entregado al Redentor para siempre.
En cuanto a Salomón, esta promesa era condicional: «Si se mantiene firme en guardar mis mandamientos, como hasta el día de hoy». En ese momento, Salomón mostraba grandes aptitudes y era un buen hombre. El sentido es: «Si continúa por este camino, su reino permanecerá; si no, no permanecerá». Quienes han recibido buena enseñanza y comienzan bien deben recordar esto. Si permanecen firmes, serán bendecidos. La perseverancia no gana la corona, pero sí la lleva puesta.
Sexto, David les encargó que permanecieran fieles a Dios y a su deber (1 Crónicas 28:8). El contenido de su exhortación era este: guardar y buscar todos los mandamientos del Señor su Dios. El Señor era su Dios, por lo que sus mandamientos debían ser su norma. Debían tenerlos todos en cuenta y esforzarse seriamente por obedecerlos. Para hacerlo, tenían que buscarlos; es decir, aprender cuidadosamente lo que exigía su deber. Debían escudriñar las Escrituras, pedir consejo sabio, buscar la ley en labios de quienes debían conservar el conocimiento y orar a Dios para que les enseñara y guiara. Los mandamientos de Dios no se obedecen sin gran cuidado.
David dio esta exhortación solemnemente, delante de todo Israel, que escucharía la advertencia pública, y delante de su Dios. Dios era testigo, y toda la asamblea era testigo, de que habían recibido un buen consejo y una advertencia justa. Si no la seguían, la culpa sería de ellos, y tanto Dios como los seres humanos testificarían contra ellos (1 Timoteo 5:21; 2 Timoteo 4:1). Quienes profesan tener fe deben ser fieles a esa profesión, tanto para contar con el favor de Dios como para conservar un buen nombre entre la gente.
La razón de esta exhortación era clara. La obediencia era el camino para vivir bien, conservar en paz la posesión de aquella buena tierra y transmitirla a sus hijos.
Séptimo, terminó dirigiendo una exhortación al propio Salomón (1 Crónicas 28:9-10). Le preocupaba profundamente que Salomón viviera para Dios.
Salomón sería un hombre importante, pero no debía pensar que la fe estaba por debajo de él. De hecho, un hombre sabio reconocería que esta era la señal más verdadera de sabiduría.
Observemos primero la exhortación que David le da. Salomón debía conocer al Dios de su padre, un buen padre que lo había dedicado a Dios y lo había instruido para Dios. Había nacido en la casa de Dios, por lo que le debía a Dios su vida. También había sido criado en la casa de Dios, por lo que le debía gratitud. La frase «no abandones al Dios de tu padre, tu amigo y el amigo de tu padre» expresa bien la idea. Salomón debía conocer a Dios y servirle. No podemos servir correctamente a Dios si no lo conocemos, y es inútil afirmar que lo conocemos si no le servimos con el corazón y con la mente. La fe significa poco si no la tomamos en serio y no la convertimos en un asunto del corazón. Debía servir a Dios con un corazón perfecto, es decir, íntegro, porque la sinceridad es la verdadera perfección del cristiano. También debía servirle con una mente dispuesta, movido por el amor, como un pueblo dispuesto: con alegría y de buena voluntad.
Después vienen las razones de esta exhortación. Hay dos razones generales. Primera, los secretos de nuestra alma están abiertos delante de Dios. Él examina todos los corazones, incluso los corazones de los reyes, que nadie puede comprender (Proverbios 25:3). Por eso debemos ser sinceros; si intentamos engañar, Dios lo ve y no puede ser engañado. También debemos entregar nuestros pensamientos al servicio de Dios, porque él comprende por completo toda intención de la mente, tanto la buena como la mala. Segunda, somos felices o miserables ahora y para siempre según sirvamos o no a Dios. Si lo buscamos con diligencia, él se dejará encontrar por nosotros, y eso basta para hacernos felices (Hebreos 11:6). Si lo abandonamos, dejamos de servirle y nos apartamos de seguirlo, él nos rechazará para siempre, y eso basta para hacernos miserables. Dios nunca rechaza a nadie sin que esa persona lo haya rechazado primero.
También hay una razón que se aplicaba especialmente a Salomón (1 Crónicas 28:10). Él debía construir una casa para el santuario, el lugar santo destinado a la adoración de Dios. Por eso, debía buscar y servir a Dios para que la obra naciera de un corazón recto, se realizara de la manera correcta y fuera aceptada por él.
Finalmente, David indica los medios para hacerlo, y estos se aplican a todos nosotros. Hay una advertencia: «Ten cuidado». Debemos estar atentos a todo lo que parezca malo o nos conduzca hacia el mal. También hay un llamado al valor: «Esfuérzate y hazlo». No podemos cumplir nuestro trabajo como debemos a menos que tomemos una decisión firme y recibamos fuerzas de la gracia de Dios.
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De este capítulo
1 Crónicas 28:2
"Entonces el rey David se puso de pie y dijo: Escúchenme, hermanos míos y pueblo mío. Yo tenía en mi corazón construir una casa de reposo para el arca del pacto del SEÑOR y para el estrado de los pies de nuestro Dios, y había hecho preparativos para construirla."
1 Crónicas 28:3
"Pero Dios me dijo: Tú no construirás una casa para mi nombre, porque has sido hombre de guerra y has derramado sangre."
1 Crónicas 28:4
"Sin embargo, el SEÑOR, Dios de Israel, me escogió de entre toda la casa de mi padre para que fuera rey sobre Israel para siempre; porque escogió a Judá como gobernante, y de la casa de Judá, a la casa de mi padre; y entre los hijos de mi padre se complació en mí para hacerme rey sobre todo Israel."
1 Crónicas 28:5
"Y de todos mis hijos (pues el SEÑOR me ha dado muchos hijos), escogió a mi hijo Salomón para que se sentara en el trono del reino del SEÑOR sobre Israel."
1 Crónicas 28:6
"Y me dijo: Tu hijo Salomón construirá mi casa y mis atrios, porque lo he escogido para que sea mi hijo, y yo seré su padre."
1 Crónicas 28:7
"Además, estableceré su reino para siempre, si persevera en cumplir mis mandamientos y mis decretos, como en este día."
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