Versículo destacado
1 Crónicas 11:10 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Estos son también los jefes de los hombres poderosos que David tenía, quienes se hicieron fuertes con él en su reino, junto con todo Israel, para hacerlo rey conforme a la palabra del SEÑOR acerca de Israel. "
1 Crónicas 11:10
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
8 Edificó la ciudad alrededor, desde Milo por todo el contorno, y Joab reparó el resto de la ciudad.
9 David se hacía cada vez más poderoso, porque el SEÑOR de los ejércitos estaba con él.
10 Estos son también los jefes de los hombres poderosos que David tenía, quienes se hicieron fuertes con él en su reino, junto con todo Israel, para hacerlo rey conforme a la palabra del SEÑOR acerca de Israel.
11 Este es el número de los hombres poderosos que David tenía: Jasobeam el hacmonita, jefe de los capitanes, blandió su lanza contra trescientos, a quienes mató de una sola vez.
12 Después de él estaba Eleazar hijo de Dodo, el ahohíta, quien era uno de los tres poderosos.
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Este es un relato acerca de los hombres valerosos de David, los grandes hombres de su tiempo que le sirvieron y recibieron honra de parte de él. La primera versión de esta lista aparece en (2 Samuel 23:8), y esta es muy parecida, excepto que añade los nombres desde (1 Crónicas 11:41) hasta el final.
Observemos cómo esta lista se relaciona con lo dicho acerca de David en (1 Crónicas 11:9). David se hacía cada vez más fuerte, y estos eran sus hombres valerosos. Gran parte de la fuerza y la honra de los gobernantes poderosos proviene de los siervos que los rodean y depende de ellos. Esto debería hacer que las personas sabias se impresionen menos por las apariencias externas. David era grande porque tenía grandes hombres a su alrededor; quítenselos, y volvería a estar donde empezó.
El SEÑOR de los ejércitos estaba con él, y estos eran los hombres valerosos que tenía. Dios estaba con David y obraba a favor de él, pero lo hacía por medio de personas y recursos, usando lo que se llaman causas secundarias, es decir, ayudantes humanos comunes. Podemos ver la mano de Dios en esto porque él movió a hombres capaces a unirse a la causa de David. Si Dios está a favor de nosotros, nadie puede oponerse a nosotros; también puede proveer a todas las personas que necesitamos para la obra que nos encomienda. Sin embargo, David no atribuyó el mérito a su ejército ni a sus hombres valientes, sino al SEÑOR de los ejércitos, el Dios poderoso cuya presencia con nosotros lo es todo.
La lista lleva este título: «Estos son los hombres que se hicieron fuertes con él» (1 Crónicas 11:10). Al ayudarlo, también se ayudaban a sí mismos y procuraban su propio bien, porque el éxito de David era también su éxito. Lo que hacemos desde el lugar que ocupamos para apoyar el reino del Hijo de David, es decir, el reino de Cristo, también nos traerá beneficio. Al fortalecer ese reino, nos fortalecemos a nosotros mismos. Otra manera de entenderlo es que permanecieron firmes junto a él y junto con todo Israel.
Cuando Dios tiene una obra que realizar, no le faltarán las herramientas adecuadas. Si la obra requiere hombres valientes, se encontrarán hombres valientes; o Dios los convertirá en lo que necesita, conforme a la palabra del SEÑOR.
Lo que hizo honorables a todos estos hombres fue el bien que hicieron por su rey y por su nación. Ayudaron a hacer rey a David, y esa fue una buena obra. Derrotaron a los filisteos y a otros enemigos públicos, y ayudaron a salvar a Israel. El camino para llegar a ser grande consiste en hacer el bien. No obtuvieron esa honra sin trabajo duro ni sin poner en peligro sus vidas. Las honras del reino de Cristo están preparadas para quienes pelean la buena batalla de la fe, trabajan y sufren, y están dispuestos a arriesgarlo todo —incluso la vida misma— por Cristo y por una conciencia limpia. Debemos buscar gloria, honra e inmortalidad mediante la perseverancia constante en hacer el bien. Quienes sean fieles al Hijo de David encontrarán sus nombres registrados de una manera mucho más honorable que los nombres de estos hombres en los registros de la fama.
Entre todas las grandes hazañas de los hombres valerosos de David, el escritor no menciona nada tan grande acerca de David como el hecho de que derramara delante del SEÑOR el agua que tanto había anhelado (1 Crónicas 11:18-19). Ese acto mostró en David cuatro cualidades muy honorables, y pudo haber sido tan grande como cualquiera de las hazañas de aquellos guerreros. En primer lugar, mostró arrepentimiento por su propia debilidad. Es verdaderamente digno de reconocimiento que una persona, al darse cuenta de que ha hablado o actuado neciamente, se retracte y corrija su error mediante el arrepentimiento. Es vergonzoso seguir defendiendo algo que estuvo mal.
En segundo lugar, mostró dominio propio. David anhelaba el agua del pozo de Belén, pero cuando la recibió, no quiso beberla. No cedió a un deseo insensato, ni siquiera tratándose de algo que deseaba con mucha intensidad. Quien gobierna su propio espíritu es mejor que el que conquista una ciudad. Tener control de uno mismo es digno de honra, pero con frecuencia significa renunciar a los propios deseos.
En tercer lugar, mostró devoción a Dios. El agua que consideraba demasiado buena y valiosa para sí mismo la derramó delante del SEÑOR como una ofrenda de libación. Si tenemos algo mejor que lo demás, debemos honrar a Dios con ello, porque él es el mejor y merece lo mejor.
En cuarto lugar, mostró ternura hacia sus siervos. Le causó una profunda aflicción pensar que tres hombres valientes habían arriesgado la vida para llevarle aquella agua. En su mente, esa agua se había convertido en sangre. Es una honra para las personas importantes no tratar con indiferencia la sangre de quienes trabajan para ellas, sino ponerse en el lugar de sus siervos en cada orden que dan.
Al considerar las sorprendentes hazañas de estos héroes, debemos reconocer el poder de Dios. ¿Cómo podría un solo hombre matar a trescientos, y otro hacer lo mismo (1 Crónicas 11:11; 1 Crónicas 11:20), otro derrotar a dos hombres semejantes a leones (1 Crónicas 11:22), y otro matar a un gigante egipcio (1 Crónicas 11:23), si no fuera porque la presencia especial de Dios estaba con ellos, tal como se prometió en (Josué 23:10): «Uno de ustedes perseguirá a mil, porque el SEÑOR su Dios pelea por ustedes»?
Se dice que uno de estos hombres notables era amonita (1 Crónicas 11:39), y que otro era moabita (1 Crónicas 11:46), aunque la ley decía que ningún amonita ni moabita podía entrar en la asamblea del SEÑOR (Deuteronomio 23:3). Lo más probable es que estos hombres hubieran demostrado tanta lealtad a la causa de Israel que, en su caso, se hiciera una excepción a esta ley. Esto también señala de antemano esta verdad: el Hijo de David tendría hombres honorables entre los gentiles, es decir, entre las naciones que están fuera de Israel. En él no hay ni griego ni judío.
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De este capítulo
1 Crónicas 11:1
"Entonces todo Israel se reunió con David en Hebrón y dijo: Mira, nosotros somos hueso tuyo y carne tuya."
1 Crónicas 11:2
"Además, ya en tiempos pasados, aun cuando Saúl era rey, tú eras quien sacaba y hacía volver a Israel. Y el SEÑOR tu Dios te dijo: “Tú pastorearás a mi pueblo Israel y gobernarás a mi pueblo Israel”."
1 Crónicas 11:3
"Por tanto, todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón para presentarse ante el rey. David hizo un pacto con ellos en Hebrón delante del SEÑOR, y ellos ungieron a David como rey sobre Israel, conforme a la palabra del SEÑOR dada por medio de Samuel."
1 Crónicas 11:4
"David y todo Israel fueron a Jerusalén, que es Jebús, donde estaban los jebuseos, habitantes de aquella tierra."
1 Crónicas 11:5
"Los habitantes de Jebús dijeron a David: «No entrarás aquí». Sin embargo, David tomó la fortaleza de Sion, que es la ciudad de David."
1 Crónicas 11:6
"David dijo: «El que ataque primero a los jebuseos será jefe y capitán». Entonces Joab hijo de Sarvia subió primero y llegó a ser jefe."
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