Versículo destacado

Salmos 89:38 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Sin embargo, has rechazado y despreciado al rey que tú escogiste; ¡te has enojado con él! "

Salmos 89:38

menu_book El versículo en contexto

36 sus descendientes reinarán siempre en su lugar, mientras exista el sol.

37 ¡Siempre firmes como la luna! ¡Siempre firmes mientras exista el cielo!

38 Sin embargo, has rechazado y despreciado al rey que tú escogiste; ¡te has enojado con él!

39 Has roto la alianza con tu siervo; has arrojado su corona al suelo.

40 Abriste brechas en todos sus muros; ¡convertiste sus ciudades en ruinas!

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

En estos versículos vemos, primero, una queja muy dolorosa por la triste condición de la familia de David. El salmista siente que es difícil conciliar lo que está viendo con el pacto que Dios hizo con David: «Tú dijiste que tu amor nunca fallaría, pero ahora parece que nos has rechazado». A veces no es fácil armonizar las providencias de Dios —la manera en que obra en nuestra vida— con sus promesas. Sin embargo, podemos estar seguros de que ambas cosas armonizan, porque las obras de Dios siempre cumplen su palabra y nunca la contradicen.

La casa de David parecía haber perdido su lugar delante de Dios, precisamente aquello que constituía su mayor fortaleza y belleza. Dios se había complacido en su rey ungido, pero ahora parecía estar enojado con él (Salmos 89:38). Había hecho un pacto con la familia de David, pero ahora, hasta donde el salmista podía entender, parecía haber dejado de lado ese pacto; no simplemente había quebrantado una parte de él, sino que lo había cancelado (Salmos 89:39). Entendemos mal la disciplina de Dios si pensamos que cancela su pacto. Cuando el gran Ungido, Cristo mismo, estaba en la cruz, parecía que Dios lo había rechazado y estaba enojado con él; sin embargo, no canceló su pacto con él, porque ese pacto quedó establecido para siempre.

El honor de la casa de David también había desaparecido y yacía en el polvo. «Has profanado su corona»; es decir, trataste como algo común lo que siempre había sido considerado santo, al arrojarlo al suelo para que otros lo pisotearan (Salmos 89:39). «Has hecho cesar su esplendor», y esto muestra cuán incierto es todo honor terrenal y con qué rapidez se desvanece. «Has derribado su trono hasta el suelo»: no solo quitaste al rey del poder, sino que llevaste el reino mismo a su fin (Salmos 89:44). Si esto se escribió en tiempos de Roboam, era cierto respecto de la mayor parte del reino: cinco de sus seis partes. Si se escribió en tiempos de Sedequías, era aún más evidente, pues solo quedaba un pequeño remanente. Los tronos y las coronas son cosas inestables, y con frecuencia terminan en el polvo. Pero el pueblo espiritual de Cristo tiene reservada una corona de gloria que nunca se marchita.

La familia también había quedado expuesta a los ataques por todos lados, y sus vecinos se burlaban de ella. «Has derribado todas sus murallas protectoras», todo aquello que los protegía, especialmente el muro de protección que ellos creían que el pacto y la promesa de Dios habían levantado a su alrededor. «Has convertido en ruinas sus fortalezas», de modo que se volvieron motivo de vergüenza en vez de refugio. Entonces «todos los que pasan por el camino lo saquean» (Salmos 89:40-41), como en Salmos 80:12-13. Los enemigos hablan con orgullo: «Es una vergüenza para sus vecinos», y celebran su caída desde una posición de tan alto honor. Más aún, parece que todos contribuyen a provocar el desastre (Salmos 89:42). «Has levantado la mano derecha de sus adversarios», lo que significa que Dios no solo les dio poder, sino que también los encaminó hacia esa obra. Si los enemigos de la iglesia levantan su mano contra ella, debemos reconocer que Dios lo ha permitido. No tendrían ningún poder si no les fuera dado de lo alto. Sin embargo, cuando Dios les permite hacer daño a su iglesia, ellos se complacen en ello. «Has hecho que todos sus enemigos se alegren», y esa es parte de la vergüenza: que quienes odian a Dios disfruten al ver las lágrimas y los sufrimientos de quienes lo aman.

La casa de David también era incapaz de defenderse (Salmos 89:43). «Has hecho retroceder el filo de su espada», volviéndolo tan desafilado que ya no podía hacer el trabajo que antes realizaba. Peor aún, «lo has dejado sin fuerzas para la batalla», quitándole el valor. Dios, el Padre y Creador de los espíritus, forma el espíritu de las personas, y no podemos mantenernos firmes con fuerza ni valor si él no nos sostiene. Si el corazón de las personas desfallece, es Dios quien les quita las fuerzas. Es triste para la iglesia cuando quienes deberían defenderla no pueden mantenerse firmes.

Por último, la casa de David parecía acercarse a un final indigno (Salmos 89:45). «Has acortado los días de su juventud», como si estuviera a punto de ser cortada en la plenitud de su vida. Esto podría indicar que el salmo fue escrito en tiempos de Roboam, cuando la casa de David todavía era joven, pero ya comenzaba a envejecer y a decaer. Su vergüenza era mayor porque una familia que parecía tan fuerte durante el primer y el segundo reinado ahora se veía tan pequeña en el tercero. O quizá esto se refiere al cautiverio en Babilonia, que, en comparación con lo que se había esperado, todavía representaba la juventud de aquel reino. En cualquier caso, aquellos reyes realmente vieron acortados sus días, porque Joaquín y Sedequías fueron llevados a Babilonia cuando todavía eran hombres jóvenes, alrededor de los treinta años.

De esta queja aprendemos dos cosas. Primero, vemos lo que el pecado les hace a las familias, incluso a las familias reales y nobles, incluso a aquellas en las que la religión alguna vez ocupó un lugar importante. Cuando las generaciones posteriores se corrompen, caen en la vergüenza, y su maldad mancha el honor de la familia. Segundo, vemos con qué rapidez colocamos el honor y la felicidad prometidos a la iglesia en cosas externas. Entonces, si no obtenemos esas cosas, pensamos que la promesa ha fallado y que el pacto ha sido cancelado. No tenemos excusa si caemos en ese error, porque nuestro Maestro nos ha dicho claramente que su reino no es de este mundo.

En segundo lugar, en medio de esta aflicción escuchamos un llamado a Dios muy conmovedor. Se presentan cuatro razones para pedir misericordia. Una de ellas es la duración del sufrimiento (Salmos 89:46): «¿Hasta cuándo, Señor, te esconderás? ¿Para siempre?». Lo que más les dolía era que Dios mismo no parecía consolarlos por medio de sus profetas ni rescatarlos por medio de sus providencias. Los había mantenido en la oscuridad durante tanto tiempo que parecía una noche interminable. «Te escondes para siempre». Además, Dios parecía estar en contra de ellos. «¿Arderá tu ira como el fuego? ¿Cuánto tiempo seguirá ardiendo? ¿Nunca se apagará?». El infierno no es otra cosa que la ira de Dios ardiendo para siempre, y ellos preguntan si ese será el destino de los ungidos del Señor.

Otro argumento es la brevedad de la vida y la certeza de la muerte: «Señor, detén tu enojo y vuelve a nosotros con misericordia. Recuerda cuán breve es mi tiempo y cuán seguro es mi fin». Puesto que la vida pasa tan rápido y pronto terminará, que no sea tan miserable que una persona prefiera no existir antes que vivir bajo semejante aflicción. Job presenta una petición parecida (Job 10:20-21). Probablemente el salmista habla aquí en nombre de la casa de David y, especialmente, del príncipe que reinaba en ese momento, cuyos días de juventud habían sido acortados (Salmos 89:45).

También apela a la brevedad y al vacío de la vida (Salmos 89:47): «Recuerda cuán breve es mi tiempo, cuán fugaz soy», dicen algunos. Esto significa: no puedo soportar la intensidad de tu ira y, por lo tanto, soy un objeto apropiado de tu compasión. «¿Por qué has creado en vano a todos los seres humanos? ¿Con qué propósito vacío has creado a todos los hijos de Adán?». Esto puede entenderse como una afirmación de una gran verdad. Si se olvidan las antiguas muestras de amor fiel de las que se hablará más adelante —las que pertenecen a la vida venidera—, entonces el ser humano realmente habría sido creado en vano.

Si pensamos únicamente en la vida humana aquí en la tierra, podríamos sentir que el ser humano fue creado en vano. Una persona posee capacidades nobles de mente, razón y deseo, y aun así puede vivir una vida breve y difícil. Pero Dios no crea a nadie sin propósito, por eso el salmista dice: «Señor, recuerda esas muestras de amor fiel».

Esto también revela la fuerte tentación que enfrentaba el salmista. La Escritura afirma claramente que Dios no creó a ninguna persona en vano (Isaías 45:18). Si pensamos que las personas fueron creadas en vano porque muchas tienen una vida breve y largos sufrimientos, eso no es verdad. Incluso quienes tienen pocos días y mucho dolor pueden honrar a Dios, hacer el bien, vivir en comunión con él y llegar al cielo. En ese caso, no fueron creados en vano.

Si pensamos que las personas fueron creadas en vano porque la mayoría no sirve a Dios ni disfruta de él, la culpa no es de Dios. En cierto sentido, esas personas han desperdiciado el propósito para el cual fueron creadas, y habría sido mejor para ellas no haber nacido que permanecer sin cambiar. Pero eso es obra de ellas, no de Dios. Dios hizo todas las cosas para sí mismo, incluso al malvado para el día de la calamidad; y quienes no lo glorifican ahora, al final glorificarán su justicia.

La siguiente súplica se basa en la certeza de la muerte: «¿Qué hombre vive y no verá la muerte?». Ni siquiera el rey de la casa de David está exento de esta sentencia. Puesto que debe morir, el salmista pide que toda su vida no sea hecha miserable antes de llegar a ese momento. Nadie puede librarse de la tumba cuando llega la hora de morir. Por eso debemos recordar que la muerte es el destino de toda persona y debemos estar preparados para la vida que viene después.

Esto significa que debemos asegurarnos de alcanzar la felicidad más allá de la muerte y de la tumba. Cuando nuestras fuerzas se acaben, necesitamos ser recibidos en moradas eternas. Luego el salmista apela a la bondad de Dios hacia David y al pacto que hizo con él. En efecto, pregunta: «Señor, ¿dónde están tus antiguas muestras de amor fiel, aquellas que juraste a David en tu verdad?». La naturaleza inmutable y la fidelidad de Dios nos dan esperanza de que no abandonará a quienes ha escogido y unido a sí mismo por medio de un pacto.

La última súplica surge de la arrogancia de los enemigos y de la vergüenza infligida al ungido de Dios, el rey escogido. El salmista le pide a Dios que recuerde ese reproche y lo haga recaer sobre los enemigos. Se estaba insultando a los siervos de Dios, y ese insulto alcanzaba a su Señor, especialmente porque se burlaban de ellos por servirle. El peso de esa vergüenza era grande para todos los que se preocupaban por el honor de Dios.

Él dice: «Llevo en el corazón el reproche de todos los pueblos poderosos». Es decir, lo siente profundamente y apenas puede soportar su peso. Como se trata de enemigos de Dios, pregunta si Dios no se levantará contra ellos. También dice que han reprochado los pasos del ungido de Dios. Observaban y criticaban cada paso del gobierno del rey, buscando algo que atacar en todo lo que decía y hacía.

Esto también puede entenderse en relación con Cristo, el Mesías del Señor. En ese caso, los enemigos se burlaban de la demora de la venida del Mesías. Lo llamaban el que habría de venir, pero como todavía no había venido a librarlos de la manera que esperaban, decían que nunca vendría. De la misma manera, en tiempos posteriores los burladores reprochan los pasos del Mesías cuando preguntan: «¿Dónde está la promesa de su venida?» (2 Pedro 3:3-4). Algunos también entienden esto como la herida en el talón de la descendencia de la mujer causada por la serpiente, o como los sufrimientos de los seguidores de Cristo, que caminan tras sus pasos y son insultados por causa de su nombre.

El salmo termina con alabanza, aun después de esta dolorosa queja: «Bendito sea el Señor para siempre. Amén y amén». Así responde la fe ante los insultos. Cuanto más hablen otros contra Dios, más debemos bendecirlo. Esto también ayuda a corregir nuestras propias quejas, porque alabar a Dios acalla nuestra tendencia pecaminosa a discutir con su providencia y a dudar de sus promesas. Pase lo que pase, Dios es bueno, y no debemos pensar mal de él. Dios es fiel, y no debemos desconfiar de él. Aunque la casa de David haya perdido su esplendor, permanece este consuelo: Dios es bendito para siempre, y su gloria no puede apagarse.

Si queremos disfrutar del consuelo de las promesas firmes de Dios, debemos darle la alabanza que les corresponde. Al bendecir a Dios, fortalecemos nuestro propio corazón. El doble «amén» encaja con el doble sentido de «así es» y «que así sea». El salmo comenzó con acción de gracias antes de la queja (Salmo 89:1), y termina de la misma manera. Quienes dan gracias a Dios por lo que ha hecho también pueden darle gracias por lo que hará. Dios seguirá mostrando su misericordia a quienes continúan alabándolo como corresponde.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Salmos 89:38 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

De este capítulo

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.