Versículo destacado

Salmos 63:3 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" pues tu amor vale más que la vida! Te alabaré con mis labios; "

Salmos 63:3

menu_book El versículo en contexto

1 ¡Dios mío, tú eres mi Dios! Te busco con ansias, pues tengo sed de ti; todo mi ser te desea, como tierra árida, sedienta y sin agua.

2 ¡Quiero verte en tu santuario y contemplar tu poder y tu gloria,

3 pues tu amor vale más que la vida! Te alabaré con mis labios;

4 te bendeciré toda mi vida, y levantaré mis manos a ti en oración.

5 Quedaré plenamente satisfecho, como quien disfruta de un banquete delicioso, y mis labios te alabarán con alegría.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

¡Qué rápido se transforman las quejas y las oraciones de David en alabanza y acción de gracias! En los primeros dos versículos anhelaba a Dios; aquí habla con alegría y satisfacción porque lo ha encontrado. La oración sincera puede convertirse pronto en una alabanza gozosa si no la echamos a perder nosotros mismos. Que se alegren quienes buscan al Señor (Salmos 105:3), y que lo alaben porque despierta esos deseos en ellos y les da la confianza de que los satisfará.

David estaba en el desierto, pero su corazón seguía lleno de alabanza a Dios. Aun en medio de los problemas, no tenemos que quedarnos sin razones para alabar si nuestro corazón está dispuesto. David alaba a Dios porque su misericordia es mejor que la vida: mejor que la vida misma y que todas sus comodidades, ya sea la vida en su mejor estado, una vida larga o la prosperidad. La misericordia de Dios es mejor que la vida en sí, y todos los santos saben que es así. Es nuestra vida espiritual, y esa vida es mejor que la vida presente (Salmos 30:5). Es mucho mejor morir bajo el favor de Dios que vivir bajo su enojo.

David descubre esta verdad por experiencia real, incluso en el desierto. Por eso dice: «Mis labios te alabarán». Quienes han sido renovados por las señales del favor de Dios deben llenar su boca de alabanza. Tenemos muchas razones para bendecir a Dios porque nos da regalos y tesoros mejores que los que el mundo puede ofrecer. En el servicio de Dios y en la comunión con él encontramos un trabajo mejor y una alegría mayor que los que el mundo puede dar.

David también nos dice durante cuánto tiempo y con qué plenitud alabará a Dios. Se propone vivir una vida de gratitud y confianza en él. «Así te bendeciré», dice, con el sentido de «como he comenzado a hacerlo ahora». Su devoción presente no se desvanecerá como una nube matutina, sino que brillará cada vez más, como el sol naciente. O quizá quiere decir: «Te bendeciré con el mismo fervor y la misma intensidad con que te he orado».

También dice: «Te bendeciré mientras viva». Alabar a Dios debe ser la tarea de toda nuestra vida. Debemos conservar un recuerdo agradecido de su bondad pasada y volver a darle gracias por ella. Cada día recibimos nuevos regalos, así que cada día debemos ofrecerle nuevas gracias. En todo debemos dar gracias, y ninguna dificultad de esta vida debe apartarnos de ese deber. Sean cuales sean los días que lleguemos a vivir, por oscuros que parezcan, aun cuando la vida se vuelva agotadora y la alegría desaparezca, cada día debe seguir siendo un día de agradecimiento, hasta el último. Dedicamos nuestra vida a esta tarea porque esperamos dedicar también la eternidad a ella.

Junto con la alabanza, David mantiene a Dios presente en todo: «En tu nombre levantaré mis manos». Debemos dirigirnos al nombre de Dios —a todo lo que él ha dado a conocer de sí mismo— en cada oración y alabanza. Así se nos enseña a comenzar: «Santificado sea tu nombre», y a terminar: «Tuya es la gloria». También debemos mirarlo a él en nuestro trabajo y en nuestras luchas. Levantamos nuestras manos para cumplir con nuestro deber y para enfrentarnos a nuestros enemigos particulares en el nombre de Dios, es decir, con la fuerza de su Espíritu y su gracia (Salmos 71:16; Zacarías 10:12). Hacemos nuestros votos en su nombre, comprometiéndonos con él mientras dependemos de su gracia. Y cuando levantamos nuestras manos en señal de consuelo y alegría, también debe ser en su nombre, porque nuestro consuelo viene de él y debe usarse para él.

David también dice: «En ti nos gozaremos todo el día». Alabaría a Dios con una alegría profunda en el corazón. «Mi alma será saciada como de médula y de grosura». Se refiere a algo más que la comida común que nos sostiene. Habla de un alimento abundante y delicioso, como la médula y la grosura (Isaías 25:6). David esperaba volver a la adoración pública de Dios, y entonces su alma sería saciada de esa manera, quizá aún más porque había estado apartado de ella por un tiempo. O, si eso no sucedía, seguiría encontrando la misma satisfacción en la misericordia de Dios y en la comunión tranquila con él. Hay suficiente en un Dios lleno de gracia, y en la comunión cercana con él, para satisfacer a un alma que también ha recibido su gracia (Salmos 36:8; Salmos 65:4). Además, hay algo en el alma que ha recibido la gracia de Dios que encuentra su satisfacción más profunda en él. Los creyentes están contentos con Dios. No desean más que su favor para ser verdaderamente bendecidos. En comparación con esto, los placeres de los sentidos son sencillos y apagados, como el agua lodosa junto al vino de este consuelo.

Esta satisfacción interior también se manifestará exteriormente en labios gozosos. David alabará a Dios abiertamente. Su boca y sus labios hablarán de su alabanza. Cuando el corazón cree de verdad y da gracias, la boca también debe confesarlo para la gloria de Dios. Esto no significa que las palabras por sí solas agraden a Dios sin la participación del corazón (Mateo 15:8). Significa que lo que llena el corazón también debe salir de la boca, para que se fortalezca nuestra propia devoción y ayudemos a otros (Salmos 45:1). David también alabará a Dios con alegría. Debemos acercarnos al culto y a todo deber religioso con gozo, hablando de la alabanza de Dios desde un corazón lleno de alegría santa. Los labios que alaban deben ser labios gozosos.

David dice que alabará a Dios cuando se acuerde de él en su cama. Debemos alabar a Dios cada vez que pensemos en él. Como David estaba excluido de la adoración pública, aprovechaba al máximo la comunión privada con Dios y compensaba en parte lo que había perdido. Dios estaba presente en todos sus pensamientos, lo opuesto a la vida del malvado (Salmos 10:4). Dios venía fácilmente a su mente: «Me acuerdo de ti». Cuando se disponía a pensar, Dios estaba allí primero. Dios debe ser lo primero hacia lo que se dirijan nuestros pensamientos, porque no debemos olvidarlo ni pasarlo por alto. Estos pensamientos también estaban firmemente arraigados en él: «Medito en ti». Los pensamientos acerca de Dios no deben ser ideas pasajeras que vienen y se van. Deben permanecer con nosotros y habitar en nuestra mente.

David pensaba de esta manera tanto en su cama como durante las vigilias de la noche. Vivía como un fugitivo y no tenía un lugar estable, pero adondequiera que iba llevaba consigo su fe. Algunos leen: «En mis camas». Saúl lo perseguía, así que rara vez dormía dos noches en la misma cama. Pero dondequiera que se acostara, aun sobre el suelo frío y con una piedra como almohada, los buenos pensamientos acerca de Dios también se acostaban con él. David estaba tan ocupado durante el día tratando de mantenerse a salvo que tenía poco tiempo para la devoción formal. Así que, en vez de perder ese tiempo, algunas veces renunciaba al sueño que necesitaba.

En aquel momento su vida corría peligro constantemente, así que podemos imaginar que la preocupación y el temor a menudo lo mantenían despierto y le daban muchas noches inquietas. Aun así, se consolaba pensando en Dios. En ocasiones encontramos a David llorando en su cama (Salmos 6:6), pero aquí seca sus lágrimas con la fe. Cuando el sueño abandona nuestros ojos, ya sea por dolor, enfermedad o angustia mental, nuestra alma todavía puede descansar si recordamos a Dios.

Una sola hora dedicada a la reflexión santa puede hacernos más bien que una hora de sueño. Véanse Salmos 16:7; 17:3; 4:4; 119:62. También había vigilias nocturnas en el tabernáculo, la tienda sagrada donde se adoraba a Dios, dedicadas a alabarlo (Salmos 134:1). Cuando podía, probablemente David se unía a los levitas, la tribu apartada para el servicio del templo, durante esas vigilias. Ahora que no podía estar con ellos en persona, se mantenía unido a ellos en espíritu y anhelaba estar entre ellos.

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