Versículo destacado
Salmos 19:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" La enseñanza del Señor es perfecta, pues da nueva vida. El mandato del Señor es fiel, pues hace sabio al hombre sencillo. "
Salmos 19:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 y este sale como un novio de la habitación nupcial y se alegra como un atleta al emprender su camino.
6 El sol sale por un lado del cielo y da la vuelta hasta llegar al otro, sin que nada pueda escapar de su calor.
7 La enseñanza del Señor es perfecta, pues da nueva vida. El mandato del Señor es fiel, pues hace sabio al hombre sencillo.
8 Los preceptos del Señor son justos, pues traen alegría al corazón. El mandamiento del Señor es puro y llena los ojos de luz.
9 El temor del Señor es limpio y permanece para siempre. Los decretos del Señor son verdaderos; todos ellos son justos,
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
La gloria de Dios, es decir, su bondad hacia las personas, se manifiesta claramente en la creación. Pero se manifiesta aún más en su Palabra revelada. La Escritura, como norma de nuestro deber para con Dios y de nuestra esperanza en él, nos es más útil que el día y la noche, y más necesaria que el aire que respiramos o la luz del sol que disfrutamos.
Lo que Dios muestra por medio de sus obras habría sido suficiente si Adán hubiera permanecido inocente. Pero para hacer volver a las personas caídas se necesitaba otro medio. Esa obra debía realizarse por medio de la Palabra de Dios. Por eso el salmista explica las cualidades y los usos excelentes de la Palabra de Dios mediante seis afirmaciones, cada una relacionada con el nombre del SEÑOR. No se trata de una repetición vacía, porque la ley recibe toda su autoridad y valor del legislador, Dios mismo.
Estos seis nombres de la Palabra de Dios abarcan toda la revelación divina, incluidos los mandamientos y las promesas, y especialmente el evangelio. Muestran su origen divino, nos llaman a amarla y la elevan por encima de cualquier otra ley. También muestran lo que la ley produce en la vida de las personas, el uso que debemos hacer de ella y el poder de la gracia de Dios cuando obra por medio de la Palabra.
La ley del SEÑOR es perfecta. Está completamente libre de corrupción, llena de todo bien y enteramente adecuada para su propósito. Hace completo al hombre de Dios (2 Timoteo 3:17). No se le debe añadir ni quitar nada. Hace volver el alma, pues nos devuelve a nosotros mismos, a Dios y al deber que tenemos. Nos muestra nuestro pecado y nuestra miseria cuando nos alejamos de Dios, y nos revela la urgente necesidad de volver a él.
El testimonio del SEÑOR, que da testimonio de él, es seguro. Se puede confiar plenamente en él y nunca nos fallará. Nos ofrece una visión segura de la verdad de Dios y una guía confiable para cumplir con nuestro deber. Es una base firme para el consuelo presente y la esperanza duradera. Hace sabio para la salvación (2 Timoteo 3:15). Abre nuestra mente a las realidades divinas y a las cosas que todavía están por venir. Nos muestra la mejor obra que podemos realizar y protege nuestros verdaderos intereses. Aun las personas sencillas, que quizá carezcan de sabiduría en los asuntos del mundo, pueden llegar a ser sabias para su alma y para la eternidad si son humildes y están dispuestas a recibir enseñanza (Salmo 25:9).
Los estatutos del SEÑOR, las leyes dadas con su autoridad y obligatorias dondequiera que se apliquen, son rectos. Concuerdan perfectamente con las normas eternas del bien y del mal, con la razón correcta y con el sabio consejo de Dios. Todos los mandamientos de Dios acerca de todo son rectos (Salmo 119:128). Nos ponen en orden cuando los recibimos y nos sometemos a ellos, y precisamente porque son rectos hacen que el corazón se alegre. Cuando vemos la ley en las manos de Cristo, encontramos razón para alegrarnos. Cuando queda escrita en nuestro corazón, establece el fundamento de un gozo duradero al restaurarnos a una mente sana.
El mandamiento del SEÑOR es puro. Es claro, sin oscuridad, y limpio, sin corrupción alguna. Es puro en sí mismo y también hace puras a las personas cuando lo reciben y lo abrazan. Es uno de los medios principales que el Espíritu usa para abrir nuestros ojos. Nos muestra nuestro pecado y nuestra miseria, y nos guía por el camino del deber.
El temor del SEÑOR, es decir, la verdadera religión y piedad que la Palabra enseña, que se vive en el corazón y se practica en la vida, es limpio. Es limpio en sí mismo y también nos limpia (Juan 15:3). Limpia nuestro camino (Salmo 119:9). Permanece para siempre. Sigue teniendo autoridad y nunca puede ser cancelado. La ley ceremonial quedó atrás hace mucho tiempo, pero el llamado a temer a Dios siempre es el mismo. El paso del tiempo no cambia lo que es moralmente bueno o malo.
Los juicios del SEÑOR, todos sus mandamientos sabios y ordenados, son verdaderos. Se apoyan en la verdad más santa y segura. Son justos y están completamente de acuerdo con la equidad; cada uno de ellos lo está. No hay injusticia en ninguno. Todos encajan perfectamente entre sí.
Después de alabar la Palabra de Dios, el salmista pasa a hablar de su valor en su propia vida. Consideraba los mandamientos de Dios muy superiores a todas las riquezas del mundo. Son más deseables que el oro, sí, que el oro fino, que mucho oro fino. El oro pertenece a la tierra, pero la gracia lleva la imagen del cielo. El oro sirve al cuerpo y a las cosas de esta vida, pero la gracia sirve al alma y a la eternidad.
También valoraba la Palabra de Dios por encima de todo placer de los sentidos. La Palabra de Dios, recibida por la fe, es dulce para el alma, más dulce que la miel y que la miel del panal. Los placeres sensuales son el deleite de los animales y rebajan la dignidad de los seres humanos. Los placeres de la religión son el deleite de los ángeles y elevan el alma. Los placeres sensuales engañan, pronto se vuelven excesivos y nunca satisfacen de verdad. Los placeres de la religión son sólidos y satisfactorios, y no hay peligro de tener demasiado de ellos.
El salmista también veía lo que la Palabra de Dios hacía por él: por medio de ella, su siervo es advertido. La Palabra de Dios advierte acerca del deber que debemos cumplir, los peligros que debemos evitar y el juicio para el que debemos prepararnos (Ezequiel 3:17; Ezequiel 33:7). Advierte a los malvados que no persistan en el mal, y a los justos que no se aparten del buen camino. Todos los que son verdaderamente siervos de Dios toman en serio esta advertencia.
También conocía la recompensa de la obediencia: hay una gran recompensa en cumplir los mandamientos de Dios. Quienes toman en serio su deber no saldrán perdiendo. Recibirán grandes beneficios. La recompensa no llega solamente después de obedecer los mandamientos de Dios; también está presente en el acto mismo de obedecer. La religión trae salud y honor. Trae paz y alegría. Hace más dulces nuestros consuelos, más llevaderos nuestros sufrimientos, más valiosa la vida e incluso más deseable la muerte.
De esta meditación sobre la excelencia de la Palabra de Dios, el salmista extrae varias buenas conclusiones. Pensamientos como estos deben despertar en nosotros sentimientos santos y producir un bien real. Primero, se vuelve con humildad al arrepentimiento de sus pecados, porque por medio de la ley llegamos a conocer el pecado. Si el mandamiento es tan santo, justo y bueno, queda claro que nuestros errores son más numerosos de lo que podemos comprender. A partir de la rectitud de la ley de Dios, aprende a llamar errores a sus pecados. Si el mandamiento es verdadero y justo, entonces quebrantarlo siempre es un error basado en alguna idea falsa. Toda práctica pecaminosa comienza con un principio corrompido. Es apartarse de la norma que debemos seguir y del camino por el que debemos andar.
Por el alcance, la exigencia y el carácter espiritual de la ley, David comprende cuántos pecados ha cometido. Ve que no puede contarlos todos y que son mucho peores de lo que al principio imaginaba. A menudo cometemos pecados que no notamos porque somos descuidados o demasiado indulgentes con nosotros mismos. También olvidamos muchos de los pecados que hemos cometido. Por eso, aun después de una confesión cuidadosa, debemos reconocer que hay otros pecados semejantes, porque Dios conoce en nosotros mucho más mal del que nosotros mismos conocemos. «Todos fallamos mucho» (Santiago 3:2), y nadie puede decir por completo cuántas veces peca. Es una misericordia que estemos bajo la gracia y no bajo la ley; de lo contrario, estaríamos arruinados.
David convierte entonces este conocimiento del pecado en una oración contra el pecado. Cuando la ley nos muestra nuestra culpa, debe llevarnos al trono de la gracia de Dios. Allí debemos orar, como David, primero por misericordia para recibir perdón. Como no puede nombrar cada falta que ha cometido, clama: «Límpiame de mis faltas ocultas». Estas faltas no están ocultas para Dios, porque nada se esconde de él. Tampoco son solamente pecados ocultos para otras personas, sino pecados que el propio David no ha notado. Aun las mejores personas tienen razones para sospechar que poseen muchas faltas ocultas y para pedirle a Dios que no se las tome en cuenta. Nuestros pecados de debilidad, descuido e ignorancia todavía nos destruirían si Dios nos tratara únicamente conforme a lo que merecen. Incluso las faltas ocultas nos hacen impuros e incapaces de disfrutar de la comunión con Dios; pero cuando Dios las perdona, también nos limpia de ellas (1 Juan 1:7).
David también pide gracia para recibir ayuda en el momento de necesidad. Después de pedir que sus pecados de debilidad fueran perdonados, pide que se lo libre de los pecados deliberados y arrogantes (Salmo 19:13). Todos los que se arrepienten de verdad y reciben perdón también deben cuidarse de no volver a caer en el pecado ni regresar a la necedad. Eso se manifiesta en sus oraciones, y la oración de David ofrece aquí un modelo. Su petición es: «Guárdame de cometer jamás un pecado voluntario y orgulloso». Debemos pedir que se nos libre de los pecados de debilidad, pero especialmente de los pecados deliberados y arrogantes, que deshonran más a Dios y hieren más profundamente la conciencia. Esos pecados secan nuestro consuelo y sacuden nuestra esperanza. David también pide que ninguno de ellos lo domine, para no convertirse en su esclavo.
La razón es: «Entonces seré íntegro». En otras palabras, se mostrará íntegro, conservará la evidencia y el consuelo de tener un corazón recto, y estará libre de la «gran transgresión». Así llama al pecado deliberado, porque no se aceptaba ningún sacrificio por él (Números 15:28-30). Los pecados deliberados son muy graves y peligrosos. Ocurren cuando las personas pecan contra las advertencias claras y las convicciones firmes de su conciencia, y lo hacen despreciando abiertamente la ley de Dios y sus consecuencias. Es un pecado cometido con actitud desafiante, y es un gran pecado. Incluso quienes procuran vivir bien deben vigilarse y temer caer en un pecado así, aunque Dios los haya guardado de él hasta ahora. Nadie debe llenarse de orgullo; todos deben vivir con temor reverente. Como estamos tan expuestos a este peligro, necesitamos orar mucho para que Dios nos guarde de él, ya sea deteniendo la tentación por medio de su providencia o dándonos la victoria por medio de su gracia.
Luego David le pide humildemente a Dios que acepte sus pensamientos y deseos, como en Salmos 19:14. Observa cómo esto se relaciona con lo anterior. Primero le pide a Dios que lo guarde del pecado, y después le pide que acepte su servicio. Si seguimos aferrados al pecado, no podemos esperar que Dios nos apruebe ni que apruebe lo que le ofrecemos (Salmos 66:18). Su servicio consiste en «las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón». Esto incluye los pensamientos y sentimientos santos que ofrecemos a Dios. Los buenos pensamientos del corazón no deben mantenerse ocultos, sino expresarse para la gloria de Dios y el bien de los demás. Al mismo tiempo, las palabras de nuestra boca en la oración y la alabanza no deben ser una formalidad vacía. Deben surgir de la meditación del corazón (Salmos 45:1).
David desea que esas palabras y pensamientos sean agradables a Dios, porque si nuestro servicio no le agrada, no tiene ningún valor para nosotros. Quien vive por la gracia de Dios desea esto por encima de todo, y si Dios nos acepta, esa es nuestra verdadera felicidad. David confía en ello porque Dios es su fuerza y su redentor. Si buscamos en Dios la ayuda y la fuerza necesarias para adorarlo y obedecerlo, también podemos esperar que nos acepte. Por su fuerza podemos contar con su favor. Al cantar estas palabras, debemos sentir profundamente la excelencia de la palabra de Dios y entregarnos a ella. También debemos reconocer la maldad del pecado, el peligro de caer en él y el daño que causa. Entonces debemos buscar la ayuda del cielo para vencerlo.
De este capítulo
Salmos 19:1
"El cielo proclama la gloria de Dios; la bóveda celeste nos habla de su creación."
Salmos 19:2
"Los días se lo cuentan unos a otros; las noches hacen correr la voz."
Salmos 19:3
"Aunque no se escuchan palabras ni se oye voz alguna,"
Salmos 19:4
"su mensaje llega a toda la tierra, hasta el último rincón del mundo. Allí Dios puso un lugar para el sol,"
Salmos 19:5
"y este sale como un novio de la habitación nupcial y se alegra como un atleta al emprender su camino."
Salmos 19:6
"El sol sale por un lado del cielo y da la vuelta hasta llegar al otro, sin que nada pueda escapar de su calor."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.