Versículo destacado
Salmos 19:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
El cielo proclama la gloria de Dios; la bóveda celeste nos habla de su creación.
Salmos 19:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 El cielo proclama la gloria de Dios; la bóveda celeste nos habla de su creación.
2 Los días se lo cuentan unos a otros; las noches hacen correr la voz.
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A partir de las cosas que las personas ven todos los días, el salmista nos lleva a pensar en las realidades invisibles de Dios. Su existencia se muestra claramente, y su gloria resplandece en los cielos visibles: en su belleza, estructura, orden y en la manera en que los cuerpos celestes influyen sobre la tierra. Esta evidencia del poder de Dios pone al descubierto la necedad de los ateos, que ven los cielos y aun así dicen: «No hay Dios», como si pudieran ver el efecto y negar la causa. También deja al descubierto la insensatez de los idólatras, que veían cómo los cielos declaraban la gloria de Dios, pero atribuían esa gloria a los astros del cielo, cuando estos debían haberlos llevado únicamente a Dios, el Padre de las luces.
Observemos primero lo que las criaturas nos dicen. Son útiles para nosotros de muchas maneras, pero su servicio más importante es declarar la gloria de Dios al mostrar sus obras (Salmo 19:1). Demuestran claramente que son obras de Dios, porque no pudieron haber existido desde siempre. Todo lo que cambia y se mueve tuvo que haber tenido un comienzo. Tampoco pudieron crearse a sí mismas, porque eso es imposible. Mucho menos pudieron surgir de una colisión fortuita de átomos; esa idea es absurda y merece ser ridiculizada más que discutida.
Por lo tanto, deben tener un Creador, y ese Creador debe ser una mente eterna, infinitamente sabia, poderosa y buena. Así entendemos que los cielos son obra de Dios, la obra de sus dedos (Salmo 8:3), y por eso declaran su gloria. A partir de la belleza de la obra podemos concluir fácilmente que quien la hizo posee una perfección infinita. El resplandor de los cielos señala a un Creador que es luz. Su inmensidad señala su grandeza ilimitada. Su altura señala su gobierno y majestad. Su influencia sobre la tierra señala su dominio, cuidado y bondad para con todos. Todo esto muestra su poder todopoderoso, por medio del cual los creó y todavía los mantiene en orden mediante las leyes que estableció.
En segundo lugar, observemos algunas de las cosas que nos hacen conocer esta verdad. Están los cielos y el firmamento, la gran extensión del aire y del cielo, junto con las esferas de los planetas y las estrellas fijas. Los seres humanos tienen una ventaja sobre los animales en la manera en que fueron formados sus cuerpos: los animales están hechos para mirar hacia abajo, así como sus inclinaciones también tienden hacia abajo; pero los seres humanos fueron hechos erguidos para mirar hacia arriba, porque sus espíritus pronto subirán y sus pensamientos deberían elevarse desde ahora.
También está el ciclo constante del día y de la noche (Salmo 19:2). Día tras día y noche tras noche hablan de la gloria del Dios que primero separó la luz de las tinieblas y ha mantenido ese orden sin cambios desde el principio hasta el presente. Esto concuerda con el pacto de Dios con Noé (Génesis 8:22): mientras exista la tierra, no cesarán el día y la noche. El pacto de la gracia se compara con este porque es igualmente firme (Jeremías 33:20; Jeremías 31:35). El cambio regular entre el día y la noche es una gran demostración del poder de Dios. Nos recuerda que, tanto en la naturaleza como en su providencia, él forma la luz y crea las tinieblas (Isaías 45:7), colocando una junto a la otra.
También muestra su bondad hacia las personas, porque hace que la llegada de la mañana y de la tarde produzca alegría (Salmo 65:8). Dios no solo se glorifica por medio de este ritmo constante, sino que también nos bendice. La luz de la mañana favorece el trabajo del día, y las sombras de la tarde favorecen el descanso de la noche. El día y la noche dan testimonio de la bondad de Dios, y cuando uno termina, el otro continúa dando el mismo testimonio.
El sol declara especialmente la gloria de Dios. De todos los cuerpos celestes, es el más visible y el más útil para este mundo terrenal, que sin él no sería más que una prisión y un desierto. No es improbable que David haya escrito este salmo mientras observaba el amanecer y que haya usado su resplandor como un llamado a alabar a Dios. En cuanto al sol, observemos primero el lugar que Dios le asignó. Dios puso una tienda para el sol en los cielos.
A los cuerpos celestes se les llama el ejército del cielo, por lo que es apropiado decir que habitan en tiendas, como los soldados en un campamento. Se dice que el sol tiene una tienda preparada para él no solo porque siempre está en movimiento y no tiene un hogar fijo, sino también porque un día su morada será desmontada como una tienda, cuando los cielos sean enrollados como un pergamino y el sol se convierta en tinieblas.
Observemos después el recorrido que Dios le asignó. Esa criatura gloriosa no fue hecha para estar ociosa. Su salida, tal como la vemos, comienza en un extremo de los cielos, atraviesa el cielo hasta el extremo opuesto y luego regresa para completar su recorrido diario. Lo hace con tanta constancia que podemos predecir la hora, e incluso el minuto, en que saldrá el sol en un lugar determinado en cualquier día futuro.
Observemos también el resplandor con que aparece. Es como un novio que sale de su habitación, vestido con riqueza y adornado con belleza, alegrando todo lo que lo rodea. Incluso el amigo del novio se alegra al escuchar su voz (Juan 3:29). Observemos además la alegría con la que el sol realiza su recorrido. Aunque el camino parece inmenso y el sol nunca descansa ni por un momento, obedece la ley de la creación y sirve a la humanidad con alegría. Recorre su camino con gozo, como un hombre fuerte que se dispone a correr (Salmo 19:5).
De una manera mucho mayor, Cristo, el Sol de justicia, llevó a cabo con gozo la obra que le fue encomendada. Finalmente, la influencia del sol alcanza toda la tierra. Nada queda oculto de su calor, ni siquiera los metales escondidos en las profundidades de la tierra, que también son afectados por él.
En tercer lugar, observemos a quién se dirige esta declaración de la gloria de Dios. Se dirige a todo el mundo (Salmo 19:3, 4). No hay discurso ni idioma, ni nación, donde no se escuche su voz. Las naciones fueron divididas según sus idiomas (Génesis 10:31-32), pero el testimonio de los cielos llega a todas ellas. Su mensaje ha salido por toda la tierra y sus palabras hasta los confines del mundo, proclamando el poder eterno de Dios en la creación (Salmo 19:4).
El apóstol usa esto para mostrar que los judíos no debían enojarse con él ni con los demás por predicar el evangelio a los gentiles, porque Dios ya se había dado a conocer al mundo gentil por medio de la creación y no se había quedado sin testimonio entre ellos (Romanos 10:18). Por eso, no tenían excusa si se volvían a los ídolos (Romanos 1:20-21). Y quienes les predicaban el evangelio no estaban haciendo nada malo. Puesto que Dios había usado estos medios para impedir que cayeran en la idolatría, y esos medios no habían sido suficientes, los apóstoles hicieron bien en utilizar otros medios para hacerlos volver.
No tienen discurso ni idioma, como algunos interpretan estas palabras, y aun así su voz se escucha. Todas las personas pueden oír a estos predicadores naturales e imperecederos hablarles en su propio idioma acerca de las obras maravillosas de Dios. Al cantar estos versículos, debemos darle a Dios la gloria por todo el consuelo y la ayuda que recibimos de las luces del cielo, sin dejar de mirar por encima de ellas y más allá de ellas al Sol de justicia.
De este capítulo
Salmos 19:2
"Los días se lo cuentan unos a otros; las noches hacen correr la voz."
Salmos 19:3
"Aunque no se escuchan palabras ni se oye voz alguna,"
Salmos 19:4
"su mensaje llega a toda la tierra, hasta el último rincón del mundo. Allí Dios puso un lugar para el sol,"
Salmos 19:5
"y este sale como un novio de la habitación nupcial y se alegra como un atleta al emprender su camino."
Salmos 19:6
"El sol sale por un lado del cielo y da la vuelta hasta llegar al otro, sin que nada pueda escapar de su calor."
Salmos 19:7
"La enseñanza del Señor es perfecta, pues da nueva vida. El mandato del Señor es fiel, pues hace sabio al hombre sencillo."
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