Versículo destacado
Salmos 141:5 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Es un favor que el hombre honrado me castigue, y un perfume delicado que me reprenda. No rechazaré tales cosas; a pesar de sus golpes, seguiré orando. "
Salmos 141:5
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
3 Señor, ponle a mi boca un guardián; vigílame cuando yo abra los labios.
4 Aleja mi pensamiento de la maldad; no permitas que ande en malas acciones ni que participe en banquetes de malhechores.
5 Es un favor que el hombre honrado me castigue, y un perfume delicado que me reprenda. No rechazaré tales cosas; a pesar de sus golpes, seguiré orando.
6 Los jefes de los malvados serán arrojados por el precipicio, y verán que mis palabras eran agradables.
7 Sus huesos serán esparcidos junto al sepulcro, como cuando se abren surcos en la tierra.
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Aquí David desea ser corregido cuando está equivocado. Sus enemigos lo acusaban falsamente, y con razón se quejaba de ello. Sin embargo, también quería que sus amigos le señalaran lo que realmente estaba mal en él, especialmente si algo en su vida había dado aunque fuera la menor oportunidad para esas acusaciones (Salmo 141:5). Cuando dice: «Que el justo me golpee; será una bondad», quiere decir que recibiría con agrado la reprensión sincera de personas justas o, como algunos lo entienden, del Dios justo por medio de las dificultades que él permite.
Esto corresponde a quienes son verdaderamente justos, porque ellos son los que mejor pueden corregir a otros con imparcialidad. Y si una reprensión es verdadera, debemos aprovecharla aun cuando quien la da no sea una buena persona. Debemos desear que se corrija cualquier cosa mala que haya en nosotros o que hayamos hecho mal. Si nuestra propia conciencia no nos convence como debería, debemos agradecer que un amigo lo haga, y nunca llegar al terrible punto de quedar abandonados en nuestro pecado.
David también nos enseña a recibir esas reprensiones como una bondad. No solo debemos soportarlas, sino considerarlas una ayuda amorosa. La corrección sabia conduce a la vida (Proverbios 6:23), porque nos aparta del pecado y evita que volvamos a caer en él. Puede doler por un momento, pero duele para sanar. Eso es mejor que los besos aduladores de un enemigo (Proverbios 27:6) o que el consuelo insensato que no sirve de nada (Eclesiastés 7:5). David incluso bendijo a Dios por la advertencia oportuna de Abigail (1 Samuel 25:32).
También dice que la reprensión debe recibirse como una medicina, como un aceite excelente derramado sobre una herida. El aceite suaviza y cierra lo que ha sido lastimado. No quebrará su cabeza, como imaginan algunas personas, porque prefieren sufrir dolor antes que escuchar que les señalen sus faltas. David dice que él no es así. El pecado ya le ha quebrantado la cabeza y los huesos, como dice en otro lugar (Salmo 51:8). Por eso, la reprensión es como aceite sanador para las heridas que ha causado el pecado. No debería quebrarle la cabeza si ayuda a quebrantarle el corazón.
Por último, David muestra cómo devolver la bondad a quienes nos corrigen fielmente. Al menos debemos orar por ellos en sus dificultades y demostrar así que recibimos bien su corrección. El Dr. Hammond ofrece otra interpretación del versículo: la reprensión puede herir al justo, pero el aceite dañino de la reprensión maliciosa de los impíos no lo destruirá, porque su oración será contra el daño que ellos quieren causarle, pidiéndole a Dios que lo preserve; y esa oración no fallará.
Luego David espera que sus perseguidores algún día también estén dispuestos a escuchar la corrección, así como él estaba dispuesto a escucharla (Salmo 141:6). Cuando sus jueces, Saúl y sus oficiales, sean derribados en lugares rocosos entre los riscos del desierto, entonces escucharán sus palabras, porque son agradables. Algunos piensan que esto señala los momentos en que Saúl se conmovió y le habló a David con lágrimas, diciendo: «¿Es esta tu voz, hijo mío David?» (1 Samuel 24:16; 1 Samuel 26:21). En un sentido más general, aun los jueces poderosos pueden ser derribados. Quienes antes ignoraban la palabra de Dios pueden valorarla cuando llega la dificultad, porque la aflicción abre el oído a la instrucción. Cuando la vida se vuelve amarga, la palabra suele parecer dulce. Quienes no quisieron escuchar mientras vivían cómodamente pueden volverse más compasivos cuando ellos mismos son derribados.
Después David describe cuán desesperada se había vuelto la situación para él y sus amigos (Salmo 141:7). Sus huesos estaban esparcidos a la entrada de la tumba, como si ya los hubieran arrojado allí después de morir, o como si estuvieran a punto de ser arrojados porque se encontraban tan cerca del sepulcro. Los trataban como poco más que astillas dejadas en un montón por los leñadores o, como traducen algunos, como tierra removida por el arado, semejante a la imagen de Salmo 129:3. La escena es de ruina extrema, como si unos huesos secos pudieran volver a vivir.
Aun así, David vuelve sus ojos hacia Dios y depende de él para recibir ayuda (Salmo 141:8). Por más desesperada que parezca la situación, Dios puede corregir todo lo que está mal. David espera recibir alivio de él y confía en él. Quienes siguen mirando a Dios pueden seguir esperando en él, aun en medio de la peor dificultad.
Luego ora por la ayuda que necesita. Primero, le pide a Dios que no deje su alma vacía e indefensa, sino que siga mostrándole de dónde viene su ayuda. Segundo, le pide que lo libre de quedar atrapado en la trampa que sus enemigos le han tendido (Salmo 141:9). Ninguna trampa está tan escondida que Dios no pueda verla y evitar que su pueblo caiga en ella. Tercero, le pide a Dios, conforme a su justicia, que vuelva contra los malvados sus propios planes, mientras que, en su misericordia, lo libra de la ruina que esas maquinaciones pretenden causar (Salmo 141:10). Que los impíos caigan en su propia red, la red que prepararon para él, pero que al final prepararon para sí mismos. No hay juicio más justo que el de aquellos que planean destruir y terminan pereciendo por sus propias maquinaciones. Quienes están destinados a enfrentar la justicia de Dios ya están atrapados en las cuerdas de su propio pecado. Sin embargo, David pide ser librado al mismo tiempo, porque la trampa de los malvados con frecuencia se convierte en la salida de los justos.
De este capítulo
Salmos 141:1
"A ti clamo, Señor: ¡ven pronto! ¡Escucha mi voz cuando te invoco!"
Salmos 141:2
"Que mi oración sea como incienso en tu presencia, y mis manos levantadas, como una ofrenda de la tarde."
Salmos 141:3
"Señor, ponle a mi boca un guardián; vigílame cuando yo abra los labios."
Salmos 141:4
"Aleja mi pensamiento de la maldad; no permitas que ande en malas acciones ni que participe en banquetes de malhechores."
Salmos 141:6
"Los jefes de los malvados serán arrojados por el precipicio, y verán que mis palabras eran agradables."
Salmos 141:7
"Sus huesos serán esparcidos junto al sepulcro, como cuando se abren surcos en la tierra."
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