Versículo destacado

Salmos 137:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Sentados junto a los ríos de Babilonia, llorábamos al acordarnos de Sión. "

Salmos 137:1

menu_book El versículo en contexto

1 Sentados junto a los ríos de Babilonia, llorábamos al acordarnos de Sión.

2 En los álamos que hay en la ciudad colgábamos nuestras arpas.

3 Allí, los que nos habían llevado cautivos, los que nos lo habían arrebatado todo, nos pedían que cantáramos con alegría; ¡que les cantáramos canciones de Sión!

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí vemos a la hija de Sion cubierta de nubes y viviendo entre la hija de Babilonia: el pueblo de Dios derramando lágrimas, aunque también sembrando con lágrimas. Su situación era dolorosa tanto exterior como interiormente.

Primero, estaban junto a los ríos de Babilonia, en una tierra extranjera, lejos de su hogar y llevados como prisioneros de guerra. Babilonia se había convertido para ellos en una casa de esclavitud, tal como Egipto lo había sido al comienzo de su historia. Sus captores los pusieron junto a los ríos, quizá para hacerlos trabajar allí o porque esos lugares solitarios se ajustaban a su dolor. Si tenían que construir casas allí (Jeremías 29:5), no lo hacían en ciudades bulliciosas, sino junto a los ríos, donde podían estar a solas con sus lágrimas. Algunos estaban junto al río Quebar (Ezequiel 1:3), y otros junto al río Ulai (Daniel 8:2).

Allí se sentaron y dejaron que su dolor se expresara libremente. Jeremías les había enseñado, bajo aquel pesado yugo, a sentarse solos, guardar silencio y poner la boca en el polvo (Lamentaciones 3:28-29). Se sentaron como personas que esperaban permanecer allí y que aceptaban esa situación porque era la voluntad de Dios. Sus lágrimas brotaron cuando recordaron a Sion, el monte santo donde estaba el templo. El amor por la casa de Dios absorbió su preocupación por sus propios hogares. Recordaron la gloria pasada de Sion y el gozo que alguna vez habían encontrado en sus atrios (Lamentaciones 1:7). También recordaron sus ruinas y amaron incluso su polvo, lo cual era una señal esperanzadora de que el favor de Dios hacia ella no estaba lejos (Salmo 102:13-14).

También dejaron de lado sus instrumentos musicales. Colgaron sus arpas en los sauces (Salmo 137:2). Eran las arpas que usaban para su propio deleite y también las arpas de los levitas, utilizadas en la adoración a Dios. Las apartaron porque Dios los había llamado al lamento, no a la celebración (Isaías 22:12), y porque sus corazones estaban demasiado abatidos para la música. Habían llevado sus arpas con la esperanza de aliviar su dolor, pero su tristeza era demasiado profunda. Sin embargo, quizá hubo algo incorrecto en esto, pues alabar a Dios nunca está fuera de tiempo, y se nos manda dar gracias en todo (Isaías 24:15-16).

Segundo, sus enemigos añadieron crueldad a su sufrimiento. Ya los habían despojado y llevado cautivos, pero fueron más allá y se burlaron de ellos. Les exigían cantos y risas. Eso era cruel e inhumano, porque incluso a un enemigo que sufre se le debe tener compasión, no pisotearlo. También era una profanación, porque querían los cantos de Sion, cantos que honraban a Dios, para usarlos como objeto de burla. De esa manera insultaban al propio Dios, tal como lo hizo Belsasar cuando bebió vino de los vasos del templo. También se burlaban de los días de reposo de Sion (Lamentaciones 1:7).

Tercero, los cautivos respondieron con paciencia. No volverían a tomar sus arpas solo para complacer a sus enemigos. No responderían al necio conforme a su necedad. No se debe alentar a quienes se burlan de lo sagrado ni arrojar perlas delante de los cerdos. David guardó sabiamente silencio, incluso dejó de hablar de cosas buenas, cuando los malvados estaban cerca, porque sabía que solo se burlarían de él (Salmo 39:1-2). Su respuesta fue mansa y reverente: ¿Cómo podríamos cantar el cántico del Señor en una tierra extranjera? No dicen que no pueden cantar porque están tristes, aunque eso era verdad. Más bien dicen que es el cántico del Señor, algo santo apartado para la adoración en el templo, y que no se atreven a usarlo entre idólatras. Las cosas consagradas a Dios no deben usarse para entretenimiento común o pecaminoso. A veces Dios es honrado tanto por el silencio santo como por la palabra santa.

Cuarto, todavía amaban Jerusalén, la ciudad de sus reuniones solemnes, aun mientras estaban en Babilonia. Sus enemigos se burlaban de ellos porque hablaban tanto de Jerusalén y anhelaban volver a ella, pero su amor no se debilitó. Podían reírse de ellos por ese amor, pero no podían hacer que renunciaran a él (Salmo 137:5-6). Sus pensamientos estaban llenos de Jerusalén, porque la recordaban y no la olvidaban, aun después de mucho tiempo lejos de ella. Algunos nunca la habían visto con sus propios ojos; solo la conocían por lo que habían oído y por las Escrituras, pero aun así estaba firmemente grabada en sus corazones. Sus oraciones diarias, con las ventanas abiertas hacia Jerusalén, la mantenían siempre delante de ellos. Sus corazones también estaban llenos de ella, porque la valoraban por encima de su mayor alegría. Lo que verdaderamente amamos suele ocupar nuestros pensamientos. Quienes se alegran en Dios hacen de Jerusalén su alegría por causa de él y valoran el bien de todos por encima del placer personal.

Demostraron cuán firmemente se proponían mantener vivo ese amor al pronunciar una maldición contra sí mismos si alguna vez lo abandonaban. En efecto, decían: «Que yo sea incapaz de cantar o tocar el arpa si alguna vez olvido tanto la fe de mi pueblo que use mi música para complacer a los babilonios o alabar a los dioses de Babilonia». «Que mi mano derecha olvide su destreza», algo que un músico experimentado no puede hacer a menos que su mano quede incapacitada. «Que mi lengua se pegue al paladar» si no hablo bien de Jerusalén dondequiera que esté.

Aunque no se atrevían a cantar los cánticos de Sion entre los babilonios, no podían olvidarlos. En cuanto desapareciera la restricción del momento, los cantarían con la misma facilidad de antes, a pesar de la larga interrupción.

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