Versículo destacado

Deuteronomio 14:22 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Cada año, sin falta, deberán apartar la décima parte de todo el grano que cosechen. "

Deuteronomio 14:22

menu_book El versículo en contexto

20 Pero las aves consideradas puras sí podrán comerlas.

21 No coman ningún animal que muera por sí solo, pues ustedes son un pueblo consagrado al Señor su Dios; pero podrán dárselo al extranjero que viva en las ciudades de ustedes; él sí puede comerlo. También pueden vendérselo al extranjero que esté de paso. No cocinen cabritos en la leche de su madre.

22 Cada año, sin falta, deberán apartar la décima parte de todo el grano que cosechen.

23 De esa décima parte de trigo, de vino y de aceite, y de las primeras crías de sus vacas y ovejas, comerán ustedes delante del Señor su Dios, en el lugar que él escoja como residencia de su nombre, para que aprendan a reverenciar siempre al Señor.

24 Y si el Señor los bendice, pero ustedes tienen que hacer un largo viaje para llevar esa décima parte porque viven muy lejos del lugar que el Señor ha escogido para poner allí su nombre,

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí encontramos una parte de la ley acerca de los diezmos. Los productos de la tierra se diezmaban dos veces; de modo que, en conjunto, se entregaba a Dios una quinta parte del aumento y solo quedaban cuatro quintas partes para el uso ordinario. No podían negar que esto era una carga ligera, especialmente porque la parte de Dios se usaba para su propio bien.

El primer diezmo se destinaba a sostener a los levitas, quienes les enseñaban el conocimiento de Dios y servían en los asuntos sagrados. Ese derecho ya se consideraba establecido y, por ley, se les daba a los levitas como herencia (Números 18:24). Pero aquí Moisés habla del segundo diezmo, que se tomaba de lo que quedaba después de que los levitas habían recibido el suyo.

Se les ordenaba apartarlo para Dios: «Sin falta darás el diezmo de todo el producto de tu semilla» (Deuteronomio 14:22). Los levitas administraban su propio diezmo, pero este segundo diezmo quedaba en manos de los mismos dueños. Dios confiaba en ellos para que lo administraran, lo cual fomentaba la honestidad y ponía a prueba su reverencia hacia él. Diezmar sin falta significa asegurarse de hacerlo fiel y cuidadosamente, para que la parte de Dios no se reduzca por descuido o intencionalmente. Debemos darle a Dios todo lo que le corresponde de lo que él nos ha dado, porque solo somos administradores, y los administradores deben rendir cuentas.

También se les enseñaba cómo usarlo después de apartarlo. Cada persona debía reservar una parte de lo que Dios le permitiera prosperar y luego usarla con propósitos santos, conforme se presentara la oportunidad que Dios daba. Es más fácil dar con libertad cuando ya hemos apartado el regalo. Este segundo diezmo podía utilizarse en actos de adoración durante los dos primeros años después del año de liberación.

Debían llevarlo, ya fuera en especie o en su valor total, al lugar de adoración y allí gastarlo en una celebración santa y gozosa delante del Señor. Si podían llevar fácilmente los productos, debían hacerlo así (Deuteronomio 14:23). Si no, podían convertirlos en dinero (Deuteronomio 14:24, 25) y usar ese dinero para comprar alimentos para un banquete delante del Señor. Usar con agradecimiento, dominio propio y alegría lo que Dios nos ha dado es una manera de honrarlo. El contentamiento, el gozo santo y la gratitud pueden convertir cualquier comida en una celebración de adoración.

El propósito de esta ley era que aprendieran a temer siempre al Señor su Dios (Deuteronomio 14:23). La ley ayudaba a mantenerlos firmes en su fe de dos maneras. En primer lugar, los acercaba al santuario, a las cosas santas y al culto solemne que allí se realizaba. Lo que leían en la ley también lo veían practicarse en el tabernáculo, y eso dejaba una huella más profunda en ellos. Además, los protegía de las costumbres falsas de la idolatría. Nuestra fe se fortalece cuando no descuidamos reunirnos con el pueblo de Dios (Hebreos 10:25). La comunión entre los creyentes nos ayuda a permanecer en comunión con Dios.

En segundo lugar, los entrenaba para encontrar placer en las partes más gozosas de la vida de fe. Debían alegrarse delante del Señor, y ese gozo los ayudaría a aprender a temerle siempre. Cuanto más disfrutamos de los caminos de Dios, más probable es que sigamos caminando en ellos. También se les ordenaba no olvidarse de los levitas (Deuteronomio 14:27). Los levitas nunca debían ser tratados como extraños en sus mesas, especialmente cuando comían delante del Señor.

Cada tercer año, este diezmo debía usarse en casa para realizar actos de caridad (Deuteronomio 14:28, 29). Debía almacenarse dentro de sus propias ciudades y entregarse a los pobres. Puesto que esta ley disponía lo necesario para ellos, sin duda los pobres acudirían a pedirlo. Y para que se acostumbraran a convivir con los pobres y no los despreciaran, se les ordenaba recibirlos en sus hogares: «Que vengan allí y coman hasta quedar satisfechos».

Al usar de esta manera caritativa el segundo diezmo, primero debían pensar en los ministros pobres y animarlos con su bondad; después, en los extranjeros pobres, no solo para suplir sus necesidades, sino también para honrarlos e invitarlos a acercarse a Dios; y luego, en los huérfanos y las viudas. Aunque esas personas tuvieran algún apoyo, no podía esperarse que vivieran con la misma comodidad que antes. Por eso debían ser tratadas con bondad y ayudadas a sentirse tranquilas mediante esta invitación. Dios cuida de manera especial a las viudas y a los huérfanos, y exige que nosotros tengamos el mismo cuidado. Honra a Dios, y también nos honra, ayudar a quienes no pueden ayudarse a sí mismos.

Si servían a Dios de esta manera y usaban lo que tenían para el bien, el Señor prometía bendecirlos en todo el trabajo de sus manos. La bendición de Dios lo es todo en el éxito material, y sin ella nuestro trabajo no produce una ganancia verdadera. El camino para recibir esa bendición incluye la diligencia y la generosidad. La bendición descansa sobre la mano que trabaja, no sobre la pereza ni la comodidad. Es la mano diligente, bajo la bendición de Dios, la que enriquece (Proverbios 10:4, 22). También descansa sobre la mano que da. Quien reparte con generosidad ciertamente aumentará, y la persona generosa prosperará. Es una verdad segura, aunque muchas veces se ponga en duda, que dar a los pobres y apoyar la obra de Dios y otras buenas causas es el camino más seguro hacia la prosperidad. Lo que se presta al Señor será devuelto con abundantes intereses (Ezequiel 44:30).

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