Versículo destacado
Deuteronomio 26:12 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cuando llegue el tercer año, que es cuando se entrega la décima parte de todo, y cuando ya hayas apartado la décima parte de todos tus frutos y se la hayas dado a los levitas, a los extranjeros que viven en tu país, a los huérfanos y a las viudas, para que puedan comer en tus poblaciones todo lo que quieran, "
Deuteronomio 26:12
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
10 Por eso traigo ahora los primeros frutos de la tierra que el Señor me ha dado.” Enseguida pondrás la cesta delante del Señor tu Dios y te arrodillarás en su presencia.
11 Después celebrarás con alegría todos los bienes que el Señor tu Dios les ha dado a ti y a tu familia. También participarán de tu alegría los levitas y los extranjeros que vivan entre ustedes.
12 Cuando llegue el tercer año, que es cuando se entrega la décima parte de todo, y cuando ya hayas apartado la décima parte de todos tus frutos y se la hayas dado a los levitas, a los extranjeros que viven en tu país, a los huérfanos y a las viudas, para que puedan comer en tus poblaciones todo lo que quieran,
13 declararás ante el Señor tu Dios: “Ya he sacado de mi casa la parte de la cosecha que debe ser consagrada y la he repartido entre los levitas, los extranjeros que viven en nuestro país, los huérfanos y las viudas. Así he cumplido todo lo que tú me mandaste, sin desobedecer ni olvidar ninguno de tus mandamientos.
14 No he comido nada de esa parte mientras estuve de luto o en estado de impureza, ni la he ofrecido a los muertos. Señor mi Dios, te he obedecido y he cumplido todo lo que me has ordenado.
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En cuanto al uso del diezmo en el tercer año, la ley ya había sido dada anteriormente en (Deuteronomio 14:28-29). Durante los otros dos años, el segundo diezmo se usaba para las fiestas especiales. Pero en el tercer año debía permanecer en casa y utilizarse para alimentar a los pobres. Como esto se hacía sin la supervisión directa de los sacerdotes y se confiaba en que el pueblo lo administrara con honestidad, la ley les exigía que, cuando acudieran a la siguiente fiesta delante del Señor, declararan solemnemente, como bajo juramento, que habían cumplido fielmente con su deber y habían sido dignos de esa confianza.
Debían hacer una declaración seria al respecto en (Deuteronomio 26:13-14). Primero, debían afirmar que no habían retenido nada de las cosas santas. Debían decir: «Lo he sacado de mi casa; allí no queda nada, excepto lo que me pertenece». Segundo, debían afirmar que los pobres —especialmente los levitas, los extranjeros y las viudas necesitadas— habían recibido su parte conforme al mandamiento de Dios. Es justo que Dios, quien nos da todo por su providencia, también dirija mediante su ley la manera en que debemos usarlo. Aunque ya no estamos bajo las mismas reglas detalladas de dar que ellos tenían, todavía se nos ordena en general dar limosna de lo que poseemos. Solo entonces nuestras posesiones son verdaderamente limpias para nosotros. Podemos disfrutar de lo que Dios nos ha dado únicamente después de entregarle lo que le corresponde. Este mandamiento no debía quebrantarse, ni siquiera con la excusa de haberlo olvidado (Deuteronomio 26:13).
Tercero, debían declarar que no habían usado nada del diezmo para fines comunes o indebidos. Probablemente esto se refiere al diezmo de los otros dos años, que los dueños podían comer ellos mismos. Primero debían afirmar que no lo habían comido durante el luto, ya que el duelo por los muertos con frecuencia hacía que una persona quedara ceremonialmente impura, ni lo habían comido con amargura, como quienes viven en tristeza y aflicción. Segundo, debían decir que no lo habían destinado indebidamente a un uso común, porque para ese propósito no les pertenecía. Tercero, debían afirmar que no lo habían ofrecido por los muertos, ya fuera para honrar a ídolos muertos o con la esperanza de ayudar a amigos fallecidos. Exigirles esta declaración pública cada tres años los impulsaba a actuar con honestidad, pues sabían que después tendrían que rendir cuentas. Es sabio mantener siempre una conciencia limpia, para que cuando rindamos cuentas podamos presentarnos delante de Dios sin vergüenza. Los judíos decían que esta declaración de integridad debía pronunciarse en voz baja, porque podía parecer una forma de alabarse a sí mismos, mientras que la confesión anterior de la bondad de Dios debía proclamarse en voz alta para su gloria. Cualquiera que no pudiera hacer esta declaración con honestidad debía presentar una ofrenda por la culpa (Levítico 5:15).
A esta declaración solemne también debían añadir una oración solemne en (Deuteronomio 26:15). Esta oración no era solo por ellos mismos, sino por todo el pueblo de Dios, Israel, porque cuando toda la nación disfruta de paz y prosperidad, cada persona participa de ellas. De esto debemos aprender a orar con una preocupación que abarque a toda la comunidad y a pedirle a Dios que bendiga nuestra tierra y nuestra nación, nuestro Israel inglés, y a toda la iglesia, que debemos tener presente en la oración como el Israel de Dios (Gálatas 6:16). En esta oración se nos enseña a mirar hacia Dios como quien habita en un lugar santo; de ahí aprendemos que la santidad corresponde a su casa y que quienes están cerca de él deben honrarlo. También se nos enseña a depender del favor y del cuidado atento de Dios, porque son suficientes para hacernos felices a nosotros y a nuestro pueblo. Debemos considerar una gran bondad que Dios siquiera mire a un pueblo tan grande y honorable como lo era Israel. Eso es verdaderamente que Dios mire hacia abajo con misericordia. Debemos pedirle con fervor que bendiga a su pueblo Israel y la tierra que nos ha dado. Porque ¿cómo podría la tierra producir sus frutos, o cómo podríamos disfrutarlos, si Dios, nuestro propio Dios, no añadiera su bendición? (Salmo 67:6)
De este capítulo
Deuteronomio 26:1
"Cuando hayas entrado en la tierra que el Señor tu Dios te dará como propiedad y te hayas establecido en ella,"
Deuteronomio 26:2
"tomarás los primeros frutos de la cosecha que la tierra te dé y los llevarás en una cesta al lugar que el Señor tu Dios haya escogido como residencia de su nombre."
Deuteronomio 26:3
"Allí te presentarás ante el sacerdote que esté en funciones y le dirás: “Hoy declaro ante el Señor mi Dios que ya he entrado en el país que el Señor juró a nuestros antepasados que nos daría.”"
Deuteronomio 26:4
"El sacerdote tomará la cesta que le entregues y la pondrá ante el altar del Señor tu Dios;"
Deuteronomio 26:5
"entonces pronunciarás ante el Señor tu Dios esta declaración: “Mis antepasados fueron un pequeño grupo de arameos errantes que emigraron a Egipto y se quedaron a vivir allí; después se convirtieron en una nación grande, poderosa y numerosa."
Deuteronomio 26:6
"Pero los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos sometieron a una cruel esclavitud."
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