Versículo destacado
1 Tesalonicenses 5:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
por eso, no debemos dormir como los otros, sino mantenernos despiertos y en nuestro sano juicio.
1 Tesalonicenses 5:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Todos ustedes son de la luz y del día. No somos de la noche ni de la oscuridad;
6 por eso, no debemos dormir como los otros, sino mantenernos despiertos y en nuestro sano juicio.
7 Los que duermen, duermen de noche, y los que se emborrachan, se emborrachan de noche;
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A partir de lo que ya ha dicho, el apóstol presenta llamados oportunos a varios deberes necesarios.
Primero exhorta a la vigilancia y al dominio propio en 1 Tesalonicenses 5:6. Estos dos deberes son distintos, pero se apoyan mutuamente. Como estamos rodeados de tantas tentaciones al exceso, no permaneceremos sobrios si no nos mantenemos alerta. Y si no vivimos con sobriedad, no podremos velar por mucho tiempo.
Por tanto, no durmamos como los demás, sino mantengámonos vigilantes. No debemos ser descuidados, confiados ni perezosos en las cosas espirituales. Debemos estar en guardia contra el pecado y contra toda tentación de pecar. La mayoría de las personas toma sus deberes con demasiada ligereza y muestra muy poca preocupación por sus enemigos espirituales. Dicen: «Paz y seguridad», precisamente cuando se encuentran en el mayor peligro. Desperdician el tiempo que tiene valor eterno, entregándose a pensamientos vacíos y mostrando por el mundo venidero la misma falta de interés que tienen los que duermen por lo que ocurre a su alrededor. O no piensan en absoluto en la vida venidera porque están dormidos, o piensan en ella de manera equivocada porque están soñando. Pero nosotros debemos velar y actuar como personas despiertas y encargadas de mantenerse en guardia.
También debemos ser sobrios, es decir, moderados y templados. Debemos mantener nuestros deseos y apetitos naturales por las cosas de este mundo dentro de límites apropiados. La sobriedad suele contrastarse con el exceso en la comida y la bebida, y aquí se opone especialmente a la embriaguez. Sin embargo, también abarca todo lo terrenal. Nuestro Salvador advirtió a sus discípulos que se cuidaran para que sus corazones no se cargaran con los excesos de comida, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida, de modo que el día del juicio les llegara de repente (Lucas 21:34). Nuestra moderación en todas las cosas terrenales debe ser evidente para todos, porque el Señor está cerca.
La vigilancia y la sobriedad corresponden bien a la vida cristiana, porque los creyentes son hijos del día. Los que duermen lo hacen de noche, y los que se emborrachan lo hacen de noche (1 Tesalonicenses 5:7). Es vergonzoso que alguien duerma durante el día, que es para trabajar y no para dormir, o que se emborrache a plena luz del día, cuando tantos pueden ver su vergüenza. No es tan sorprendente que quienes nunca han recibido la luz de Dios sean arrullados por el diablo hacia una falsa seguridad carnal y se entreguen a una vida desenfrenada y excesiva, porque para ellos todavía es de noche. No son conscientes de su peligro, por eso duermen. No son conscientes de su deber, por eso están embriagados. Pero no corresponde a los cristianos vivir de esa manera. Quienes tienen sobre sí la brillante luz del evangelio no deben ser descuidados con su alma ni olvidar el mundo venidero. Los que tienen tantos ojos puestos sobre ellos deben vivir con especial cuidado y buena conducta.
El apóstol también enseña que debemos estar armados además de vigilantes. Debemos ponernos toda la armadura de Dios. Esto es necesario si queremos vivir con el dominio propio que corresponde a quienes se preparan para el día del Señor. Nuestros enemigos espirituales son muchos, fuertes y crueles. Atraen a muchas personas a su lado y las mantienen allí, haciéndolas descuidadas, confiadas y excesivamente atrevidas. Embriagan a las personas: las embriagan de orgullo, de enojo, de un sentido exagerado de su propia importancia y de los placeres de los sentidos. Por eso necesitamos defendernos de sus ataques poniéndonos la armadura espiritual. La coraza protege el corazón y el casco protege la cabeza. Esta armadura espiritual consiste en tres grandes virtudes cristianas: la fe, el amor y la esperanza (1 Tesalonicenses 5:8).
Debemos vivir por fe, y la fe nos mantendrá vigilantes y sobrios. Si creemos que los ojos de Dios están siempre sobre nosotros, que debemos luchar contra enemigos espirituales y que nos estamos preparando para un mundo espiritual, entenderemos por qué necesitamos permanecer alerta y ejercer dominio propio. La fe es nuestra mejor defensa contra los ataques del enemigo.
También debemos tener el corazón encendido por el amor, y el amor nos defenderá. Un amor verdadero y firme por Dios y por las cosas de Dios nos mantendrá vigilantes y sobrios, y nos impedirá apartarnos en tiempos de dificultad y tentación.
También debemos hacer de la salvación nuestra esperanza y tener una esperanza viva en ella. Esta buena esperanza de la vida eterna, dada por la gracia, será como un casco para la cabeza. Nos impedirá embriagarnos con los placeres del pecado, que solo duran por un tiempo. Si tenemos esta esperanza de salvación, debemos cuidarnos de hacer cualquier cosa que la debilite o que nos haga indignos o incapaces de recibir la gran salvación que esperamos.
Cuando el apóstol habla de la salvación y de la esperanza que tenemos en ella, también muestra las razones por las que los cristianos esperan recibirla. No dice nada acerca de ganarla. La idea de que merecemos la salvación no se encuentra en absoluto en las Escrituras. No existe una base verdadera para esperar en eso. Nuestra esperanza descansa, en primer lugar, en el designio de Dios: Dios no nos ha destinado para la ira, sino para alcanzar la salvación (1 Tesalonicenses 5:9). Si remontamos la salvación a su causa primera, encontramos el designio de Dios. Quienes viven y mueren en la oscuridad y la ignorancia, durmiendo y emborrachándose como si fuera de noche, muestran claramente que están destinados para la ira. Pero quienes pertenecen al día, velan y permanecen sobrios, muestran que están destinados a alcanzar la salvación. La certeza del designio de Dios sostiene firmemente nuestra esperanza. Si tuviéramos que obtener la salvación por nuestro propio mérito o poder, tendríamos poca esperanza o ninguna. Pero como la recibimos por el designio de Dios, que no puede fallar, pues su propósito conforme a la elección permanecerá, podemos fundamentar en él una esperanza firme.
Nuestra esperanza también descansa en el mérito y la gracia de Cristo, porque la salvación viene por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros. Por eso, nuestra salvación depende del sacrificio expiatorio de Cristo, y nuestra esperanza también depende de él, así como depende del designio de Dios. No debemos pensar solamente en el propósito lleno de gracia de Dios, sino también en la muerte y los sufrimientos de Cristo. Él murió para que, ya sea que estemos despiertos o dormidos, vivamos juntos con él. Para los creyentes, la muerte es solo un sueño, como ya habían dicho los apóstoles. El propósito es que vivamos unidos a Cristo y en gloria con él para siempre. La salvación que esperan los cristianos consiste en estar para siempre con el Señor, y una de las bases de esa esperanza es su unión con él. Si estamos unidos a Cristo y vivimos en él y para él ahora, entonces el sueño de la muerte no dañará nuestra vida espiritual ni perjudicará en absoluto la vida de gloria que viene después. Al contrario, Cristo murió por nosotros para que, tanto en la vida como en la muerte, le pertenezcamos, vivamos para él mientras estemos aquí y vivamos con él cuando dejemos este mundo.
De este capítulo
1 Tesalonicenses 5:1
"En cuanto a las fechas y los tiempos, hermanos, no necesitan que les escribamos."
1 Tesalonicenses 5:2
"Ustedes saben muy bien que el día del regreso del Señor llegará cuando menos se lo espere, como un ladrón que llega de noche."
1 Tesalonicenses 5:3
"Cuando la gente diga: «Todo está en paz y tranquilo», entonces la destrucción vendrá de repente sobre ellos, como le vienen los dolores de parto a una mujer que está encinta; y no podrán escapar."
1 Tesalonicenses 5:4
"Pero ustedes, hermanos, no están en la oscuridad, para que el día del regreso del Señor los sorprenda como un ladrón."
1 Tesalonicenses 5:5
"Todos ustedes son de la luz y del día. No somos de la noche ni de la oscuridad;"
1 Tesalonicenses 5:7
"Los que duermen, duermen de noche, y los que se emborrachan, se emborrachan de noche;"
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