Versículo destacado
Romanos 8:17 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que sufrimos con él, para que también seamos glorificados juntos.
Romanos 8:17
¿Qué significa Romanos 8:17?
Romanos 8:17 enseña que quienes pertenecen a Cristo son hijos de Dios y reciben una herencia junto con él: la vida y la gloria prometidas por Dios. Sufrir con Cristo no significa ganar la salvación, sino permanecer fieles en un mundo difícil. Por ejemplo, la fe puede traer rechazo, pérdidas o pruebas, pero el sufrimiento no tendrá la última palabra.
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El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
16 El Espíritu mismo da testimonio junto con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.
17 Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que sufrimos con él, para que también seamos glorificados juntos.
19 Porque la ferviente expectación de la creación espera la manifestación de los hijos de Dios.
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En estas palabras, el apóstol describe una cuarta gran bendición de los creyentes: su derecho a la gloria futura. Esto encaja bien con la adopción, porque la condición de hijos les da derecho a esa gloria, y el carácter de hijos los prepara para ella. «Si somos hijos, también somos herederos» (Romanos 8:17). En las herencias comunes, esta regla no siempre se aplica, pues muchas veces solo hereda el primogénito. Pero la iglesia es una iglesia de primogénitos, porque todos los creyentes son herederos.
El cielo es una herencia que comparten todos los santos. No llegan allí como compradores que lo ganaron por mérito o esfuerzo. Llegan como herederos, únicamente por el regalo de Dios, porque Dios es quien hace herederos. Los santos son herederos aun mientras siguen siendo menores en este mundo, como muestra Gálatas 4:1-2. Su vida presente es un tiempo de formación y preparación para recibir su herencia. ¡Cuánto consuelo debería darles esto a todos los hijos de Dios! No importa cuán poco tengan ahora en sus manos: como herederos, ya tienen algo suficiente reservado para ellos.
El honor y la felicidad de un heredero dependen del valor de lo que recibirá. Podemos pensar en quienes «heredan el viento», lo cual no es una verdadera ganancia. Por eso, el apóstol describe brevemente lo que heredan los creyentes. Primero, son herederos de Dios. El Señor mismo es la porción de la herencia de los santos (Salmo 16:5), una hermosa herencia (Salmo 16:6). Los santos son sacerdotes espirituales que tienen al Señor como su herencia (Números 18:20). Su herencia consiste en ver a Dios y disfrutar de Dios. Dios mismo estará con ellos y será su Dios (Apocalipsis 21:3).
Segundo, son coherederos con Cristo. Se dice que Cristo, como Mediador —es decir, aquel que se coloca entre Dios y la humanidad para reconciliarlos—, es heredero de todas las cosas (Hebreos 1:2). Los verdaderos creyentes, por estar unidos a él, también heredarán todas las cosas (Apocalipsis 21:7). Quienes ahora comparten el Espíritu de Cristo como hermanos suyos también compartirán su gloria como hermanos suyos (Juan 17:24) y se sentarán con él en su trono (Apocalipsis 3:21). Señor, ¿qué es el ser humano para que lo honres tanto?
Esta gloria futura se presenta entonces como la recompensa por el sufrimiento presente y como el cumplimiento de la esperanza actual. Como recompensa por los sufrimientos presentes de los santos, es una recompensa abundante: «si sufrimos con él» (Romanos 8:17), o «puesto que sufrimos con él». La vida de la iglesia en este mundo siempre está marcada por dificultades, y en aquellos días ser cristiano significaba sufrir. Para consolarlos, Pablo dice que sufren con Cristo, por causa de él, por su honor y por tener una buena conciencia; y que serán glorificados con él. Quienes sufrieron con David durante el tiempo en que fue rechazado después fueron levantados junto con él cuando llegó al trono. Véase 2 Timoteo 2:12.
Miren cómo sufrir por Cristo nos conduce a algo bueno. Puede parecer que perdemos por causa de él, pero al final no seremos, ni podemos ser, perdedores por medio de él. El evangelio está lleno de promesas como esta. Para fortalecer con esperanza a los creyentes que sufren, Pablo compara ambos lados en Romanos 8:18. De un lado están los sufrimientos de este tiempo presente. Los sufrimientos de los santos pertenecen únicamente a esta época. No llegan más allá de las cosas temporales ni duran más que el tiempo mismo (2 Corintios 4:17). Son leves y breves, tan ligeros que pueden ponerse en la balanza y resultar pequeños.
Del otro lado está la gloria que será revelada, y esa gloria tiene un peso grande, un peso eterno que supera toda medida. Todavía no la conocemos ni la disfrutamos plenamente (1 Corintios 2:9; 1 Juan 3:2). «Será revelada». Es mayor que cualquier cosa que hayamos visto o conocido hasta ahora. Las bendiciones presentes son dulces y valiosas, pero todavía hay algo mucho más grande oculto, esperando superar a todas las demás. Esa gloria «será revelada en nosotros»: no solo se nos mostrará, sino que la disfrutaremos en nuestro interior. El reino de Dios está dentro de ustedes, y así permanecerá para siempre.
Por eso Pablo concluye que los sufrimientos de este tiempo presente no se pueden comparar con la gloria venidera. No pueden ganarnos esa gloria. Si sufrir por Cristo no puede ganarla, entonces tampoco las obras que hagamos por Cristo pueden hacerlo. Estos sufrimientos no deberían alejarnos de buscar esa gloria con todo el corazón. Los sufrimientos son pequeños y breves, y solo afectan al cuerpo. La gloria es abundante y grande, tiene que ver con el alma y dura para siempre.
«Considero», dice Pablo. No se trata de una opinión rápida ni descuidada, sino del resultado de una reflexión seria. Ha sopesado cuidadosamente el asunto, ha considerado ambos lados y luego ha llegado a su conclusión. ¡Qué diferente es la perspectiva del mundo de la perspectiva de la palabra de Dios acerca de «los sufrimientos de este tiempo presente»! Pablo habla como un contador cuidadoso que revisa un balance. Suma lo que entregamos por Cristo al sufrir en el presente y descubre que es muy poco. Luego suma lo que Cristo asegura para nosotros en la gloria venidera y encuentra una cantidad interminable, mucho más allá de todo lo que podemos medir. La pérdida queda más que compensada, y toda dificultad recibe una recompensa mucho mayor.
¿Quién tendría entonces miedo de sufrir por Cristo, si él va delante de nosotros en el sufrimiento y no se quedará atrás en la recompensa? Pablo estaba plenamente capacitado para hablar de este tema. No lo conocía solo por reflexión, sino también por experiencia, porque conocía tanto el sufrimiento como la gloria. Conocía los sufrimientos de este tiempo presente (2 Corintios 11:23-28). También había conocido algo de la gloria del cielo (2 Corintios 12:3-4). Al considerar ambas cosas, expresa este juicio.
Nada fortalece tanto el espíritu en medio del sufrimiento presente como contemplar con fe la gloria que será revelada. El desprecio que se sufre por causa de Cristo parece una riqueza para quienes mantienen la mirada en la recompensa prometida (Hebreos 11:26). Así como los santos sufren por causa de esa gloria, también esperan recibirla. Por eso el cielo es seguro: Dios no despertaría y fortalecería, por medio de su Espíritu, esperanzas destinadas únicamente a avergonzar y decepcionar. Él confirmará a sus siervos la palabra en la que les ha hecho esperar (Salmo 119:49). Por eso el cielo es dulce: si la esperanza que se demora enferma el corazón, cuando llega lo deseado será verdaderamente un árbol de vida (Proverbios 13:12).
Pablo ahora observa este anhelo de gloria en las mismas criaturas (Romanos 8:19-22). Debe tratarse de una gloria grande, y mucho mayor aún, puesto que toda la creación la espera y anhela con tanta intensidad. Esta observación presenta cierta dificultad y causa un poco más de inquietud a los intérpretes porque ningún otro pasaje de la Escritura la expresa exactamente de la misma manera para poder compararla.
Aquí, por «la creación», no debemos entender, como hacen algunos, el mundo gentil y su esperanza en Cristo y en el evangelio. Esa interpretación es forzada y se aleja mucho del sentido del apóstol. Pablo está hablando de todo el orden de la naturaleza, especialmente de este mundo inferior: de todas las cosas creadas, vivas e inertes, que juntas forman un solo mundo.
El punto de Pablo en estos versículos puede reunirse en varias observaciones. Primero, la creación vive ahora bajo cierta condición de vacío y frustración a causa del pecado humano, como dice Romanos 8:20. Cuando Adán pecó, la tierra fue maldecida por causa de él, y con ella las criaturas de este mundo inferior quedaron sometidas al cambio y a la muerte. Están bajo «la esclavitud de la corrupción» (Romanos 8:21), lo que significa que desde la caída han quedado expuestas a la impureza, la debilidad, el deterioro y el desorden.
Ahora existe conflicto en la creación. Con frecuencia una criatura daña a otra, y todas están sujetas a un cambio continuo y a desaparecer. También sufren bajo los juicios de Dios contra la humanidad. Cuando el mundo fue inundado y casi todas las criaturas perecieron, ciertamente la creación estaba sometida a vanidad. La Escritura también enseña que todo el orden de la naturaleza se dirige hacia una purificación final por fuego, no hacia una permanencia interminable.
Parte de esta vanidad y esclavitud consiste en que las personas suelen usar indebidamente a las criaturas como instrumentos para pecar. Las usan de maneras que deshonran a su Creador, dañan a sus hijos o sirven a sus enemigos. Cuando el alimento, las riquezas u otras cosas creadas se convierten en combustible para nuestros deseos pecaminosos, se las trata como si fueran siervas del pecado. Esto no sucede por voluntad de ellas. No eligieron ese papel ni sufren por su propio pecado. Sufren a causa del pecado humano. Adán, por su caída, las llevó a esta condición, y Dios, como juez, pronunció sentencia sobre la creación por causa de la rebelión humana.
Sin embargo, aun esta carga se lleva con esperanza (Romanos 8:20). Existe la expectativa de que esta condición presente no durará para siempre. Debemos sentir compasión por estas pobres criaturas, pues a causa de nuestro pecado han quedado sometidas a la vanidad.
En segundo lugar, la creación gime y sufre bajo esta carga (Romanos 8:22). Este lenguaje es figurado y muestra cómo el pecado pesa sobre todo el orden creado. La tierra pareció estremecerse bajo el pecado de quienes crucificaron a Cristo. Es como si la creación clamara contra el pecado humano. La Escritura habla de esta manera cuando dice que la piedra clama desde el muro (Habacuc 2:11), o que la tierra misma clama (Job 31:38).
En tercer lugar, la creación que ahora está cargada será liberada un día, cuando Dios complete todas las cosas. Entonces será librada de esta esclavitud y entrará en la gloriosa libertad de los hijos de Dios (Romanos 8:21). Ya no estará sujeta a la corrupción ni a la maldición. En cambio, este mundo inferior será renovado. Así como habrá cielos nuevos, también habrá una tierra nueva (2 Pedro 3:13; Apocalipsis 21:1). La creación recibirá una gloria apropiada a su naturaleza, del mismo modo que los hijos de Dios recibirán una gloria apropiada a la suya.
El fuego del último día será un fuego purificador, no un fuego que destruya todo hasta convertirlo en nada. La Escritura no nos dice claramente qué ocurre con las almas de los animales cuando mueren, pero parece posible, según la Escritura, que haya alguna clase de restauración. Si alguien pregunta qué utilidad tendrían esas criaturas para los santos glorificados, podemos responder que serían tan útiles como lo fueron para Adán en su estado de inocencia. Y si su propósito fuera simplemente mostrar la sabiduría, el poder y la bondad de su Creador, eso sería suficiente.
Toda la creación espera con anhelo que los hijos de Dios sean revelados (Romanos 8:19). Cuando Cristo vuelva, los hijos de Dios serán dados a conocer públicamente. Ahora los creyentes están ocultos. El trigo parece perdido entre un montón de paja. Pero entonces aparecerán en su verdadera gloria. Todavía no se ha manifestado lo que seremos (1 Juan 3:2), pero en aquel momento esa gloria será revelada.
La redención completa de la creación está reservada para aquel día. Puesto que la creación cayó por causa del ser humano, también será liberada para beneficio del ser humano. Toda la maldición y la contaminación que ahora se adhieren a ella serán quitadas cuando aquellos que sufrieron con Cristo en la tierra reinen con él en la tierra. Toda la creación anhela ese momento, y esto da una razón para que una persona buena trate con misericordia a su animal.
Luego Pablo se refiere a los creyentes, que son nuevas criaturas (Romanos 8:23-25). La base de esta esperanza en los santos es que ya hemos recibido las primicias del Espíritu. Las primicias apartaban toda la cosecha y garantizaban que vendría. De la misma manera, la gracia es el primer anticipo de la gloria: la gloria ya ha comenzado. Puesto que hemos recibido tales dones en este desierto, naturalmente anhelamos la cosecha completa en el cielo.
No solo la creación, sino también nosotros mismos gemimos interiormente. Esto significa que estos deseos son fuertes y profundos, aunque a menudo sean silenciosos y privados. No son las quejas ruidosas de los hipócritas, sino gemidos silenciosos que llegan pronto al cielo. También puede significar que gemimos juntos como un solo pueblo. Este es el deseo unido de toda la iglesia: «Ven, Señor Jesús; ven pronto». Estos gemidos muestran un anhelo intenso y urgente, como si el alma sintiera dolor por la demora.
Los consuelos y las gracias presentes no cancelan estos gemidos. No son los gemidos de alguien que está muriendo, sino los dolores de una mujer que está dando a luz. Son señales de vida, no de muerte. Lo que los creyentes esperan es la adopción, es decir, la redención de nuestro cuerpo. El alma es la parte principal de la persona, pero Dios también ha prometido honor y felicidad para el cuerpo. Aquí la resurrección recibe el nombre de redención del cuerpo.
Entonces seremos rescatados del poder de la muerte y de la tumba, y de la esclavitud de la corrupción. Aunque el cuerpo ahora sea débil y humilde, será renovado, embellecido y hecho semejante al cuerpo glorioso de Cristo (Filipenses 3:21; 1 Corintios 15:42). A esto se le llama adopción.
En primer lugar, es una adopción manifestada públicamente ante todo el mundo, delante de los ángeles y de los seres humanos. Ahora somos hijos de Dios, pero ese honor todavía está oculto. Entonces Dios reconocerá abiertamente a todos sus hijos. Por así decirlo, los documentos de adopción ya están escritos, firmados y sellados. Entonces serán reconocidos, anunciados y publicados. Así como Cristo fue declarado Hijo de Dios con poder por su resurrección de entre los muertos, también los santos serán declarados hijos de Dios con poder (Romanos 1:4). Entonces no habrá lugar para ninguna duda.
En segundo lugar, es una adopción llevada a su cumplimiento pleno. Los hijos de Dios tienen cuerpo y alma, y mientras esos cuerpos no entren en la gloriosa libertad de los hijos de Dios, la adopción no estará completa. Pero entonces llegará a su fin, cuando el Capitán de nuestra salvación, Jesucristo, lleve a muchos hijos a la gloria (Hebreos 2:10). Esto es lo que esperamos, y en esta esperanza descansa nuestro cuerpo (Salmo 16:9-10). Durante todos los días del tiempo que nos ha sido asignado esperamos este cambio, cuando Dios llame y nosotros respondamos, y él se deleite en la obra de sus manos (Job 14:14-15).
Esto también corresponde a nuestra condición presente, como dicen Romanos 8:24-25. Nuestra felicidad todavía no es algo que poseamos plenamente. Somos salvos por la esperanza. En esto, como en otras cosas, Dios ha hecho de nuestra vida presente un tiempo de prueba, de modo que nuestra recompensa todavía no se ve. Quien trata con Dios debe hacerlo confiando en él. La esperanza es una de las principales marcas del cristiano (1 Corintios 13:13), y la esperanza siempre apunta a algo bueno que todavía está por venir.
La fe mira a la promesa, y la esperanza mira a lo prometido. La fe es la certeza, y la esperanza es la expectativa, de las cosas que todavía no vemos. La fe da origen a la esperanza. Por eso debemos esperar con paciencia. Al esperar esta gloria, necesitamos paciencia para soportar el sufrimiento del camino y las demoras que la preceden. Nuestro camino es difícil y largo, pero el que viene vendrá y no tardará. Por eso, aunque parezca lento, es correcto que esperemos en él.
Perspectivas de IA cristiana
Romanos 8:17 presenta la vida con Dios como una relación de pertenencia profunda: quienes son recibidos como hijos participan también de la herencia que pertenece a Cristo. No se trata de una recompensa ganada por … Leer la perspectiva completa Mostrar menos
Romanos 8:17 presenta la vida con Dios como una relación de pertenencia profunda: quienes son recibidos como hijos participan también de la herencia que pertenece a Cristo. No se trata de una recompensa ganada por desempeño, sino de un regalo que nace del amor y de la gracia. La identidad no queda definida por la pérdida, la enfermedad, la culpa o el cansancio, sino por la relación con Dios. El versículo también nombra algo que muchas veces se intenta esconder: seguir a Cristo no elimina el sufrimiento. «Sufrir con él» no significa que todo dolor sea enviado por Dios ni que una persona deba soportar abuso, injusticia o peligro en silencio. Significa que, en un mundo quebrantado, la fidelidad y el amor pueden tener un costo, y que Cristo no permanece distante ante las heridas humanas. Él conoce el abandono, el llanto y la cruz. La promesa final es la glorificación compartida: el sufrimiento presente no tendrá la última palabra. La esperanza cristiana no niega el dolor; lo sostiene con la certeza de que Dios restaura, dignifica y reúne en Cristo todo lo que ahora parece perdido.
Romanos 8:17 presenta una cadena lógica: hijos, herederos, coherederos con Cristo y participantes de su gloria. En el contexto inmediato, la identidad de hijos no nace del esfuerzo humano, sino de la obra del Espíritu, … Leer la perspectiva completa Mostrar menos
Romanos 8:17 presenta una cadena lógica: hijos, herederos, coherederos con Cristo y participantes de su gloria. En el contexto inmediato, la identidad de hijos no nace del esfuerzo humano, sino de la obra del Espíritu, que confirma que quienes pertenecen a Dios han sido adoptados. Por eso, “herederos” no describe solamente una recompensa futura; expresa una relación estable y un destino compartido dentro de la familia de Dios. La frase “si es que sufrimos con él” requiere cuidado. Pablo no afirma que el sufrimiento compre la salvación ni que toda experiencia dolorosa tenga automáticamente valor espiritual. Más bien, señala que la unión con Cristo incluye participar de un camino que, en el mundo presente, puede implicar oposición, renuncia y aflicción. El sufrimiento es una señal de solidaridad con Cristo, no una condición para que Dios conceda su amor. La distinción clave está entre el presente y el futuro: los creyentes ya son hijos y herederos, pero todavía esperan la manifestación plena de esa herencia. La glorificación será compartida “con él” y “juntos”; por tanto, la esperanza cristiana es personal, pero nunca aislada. El versículo une identidad, perseverancia y esperanza futura sin separar la cruz de la gloria.
Romanos 8:17 presenta la vida cristiana como una relación de pertenencia, no como una competencia para ganarse el amor de Dios. Si somos hijos, también somos herederos: recibimos una identidad, una esperanza y un futuro … Leer la perspectiva completa Mostrar menos
Romanos 8:17 presenta la vida cristiana como una relación de pertenencia, no como una competencia para ganarse el amor de Dios. Si somos hijos, también somos herederos: recibimos una identidad, una esperanza y un futuro que no dependen del sueldo, el estatus migratorio, la salud, el rendimiento ni la aprobación de otras personas. Ser coherederos con Cristo significa que la vida de Jesús marca el camino: hay gloria, pero también momentos de sufrimiento, rechazo, espera y obediencia costosa. Este versículo no romantiza el dolor ni enseña que todo sufrimiento debe soportarse en silencio. Sufrir con Cristo no significa aceptar abuso, injusticia o peligro sin buscar ayuda. Significa permanecer fieles a Dios cuando hacer lo correcto tiene un precio, confiando en que el dolor no tendrá la última palabra. La gloria compartida recuerda que Dios no desperdicia la perseverancia ni abandona a quienes atraviesan temporadas difíciles. La parte práctica es sostener dos verdades a la vez: la dignidad ya está asegurada como hijos, y el sufrimiento presente es real. Por eso, la fe puede expresarse en decisiones pequeñas: pedir apoyo, poner límites, cumplir con integridad y seguir avanzando sin confundir una temporada difícil con el destino final.
Romanos 8:17 une dos verdades que a veces se separan: en Cristo hay herencia y también hay sufrimiento. Ser hijos de Dios no significa quedar protegidos de toda pérdida, rechazo o dolor; significa que esas … Leer la perspectiva completa Mostrar menos
Romanos 8:17 une dos verdades que a veces se separan: en Cristo hay herencia y también hay sufrimiento. Ser hijos de Dios no significa quedar protegidos de toda pérdida, rechazo o dolor; significa que esas experiencias ya no tienen la autoridad final para definir la vida. La herencia no es un premio comprado por esfuerzo humano, sino la participación en la vida y la gloria que pertenecen a Cristo. «Sufrir con él» no glorifica la violencia, la injusticia ni el abuso, ni exige permanecer pasivamente en situaciones dañinas. Se refiere al costo de vivir en fidelidad dentro de un mundo que todavía resiste el amor, la verdad y la justicia de Dios. Cristo no abandona a los suyos en ese camino; su presencia acompaña, sostiene y finalmente transforma. La gloria futura tampoco borra el sufrimiento como si nunca hubiera importado. Lo redime: muestra que el dolor no tendrá la última palabra y que la comunión con Cristo alcanza incluso las partes más frágiles de la existencia. La eternidad cambia el peso del presente, no negándolo, sino colocándolo dentro de una esperanza más grande.
Aplicación para la restauración de la salud
Romanos 8:17 presenta la identidad cristiana como una realidad de pertenencia y esperanza: quienes son hijos de Dios también reciben una herencia y están unidos a Cristo, incluso en medio del sufrimiento. Esto no significa que el dolor sea bueno en sí mismo, que deba buscarse, ni que una persona tenga que soportar abuso, violencia o negligencia en silencio. El sufrimiento puede incluir ansiedad, depresión, duelo, trauma, discriminación o agotamiento; atravesarlo con Cristo no elimina la necesidad de apoyo, tratamiento o protección.
Desde la salud mental, esta promesa puede ayudar a cuestionar pensamientos de abandono, vergüenza o falta de valor. La identidad no queda definida por un diagnóstico, una pérdida ni una temporada difícil. Puede ser útil nombrar las emociones con honestidad, practicar respiración lenta para regular el cuerpo, mantener rutinas básicas de sueño y alimentación, y buscar vínculos seguros. La fe puede complementar, pero no reemplaza, la psicoterapia, la atención médica ni la medicación indicada. Un terapeuta con sensibilidad cultural y espiritual puede acompañar la integración de la fe con estrategias basadas en evidencia. La esperanza cristiana no exige negar el dolor; sostiene la posibilidad de restauración mientras se recibe ayuda responsable y compasiva.
Aplicaciones erróneas comunes que debes evitar
Romanos 8:17 no enseña que el sufrimiento sea un requisito para ganar la salvación, una prueba de mayor espiritualidad ni una razón para permanecer en abuso, violencia o explotación. “Sufrir con Cristo” tampoco promete prosperidad material, inmunidad ante problemas o una recompensa inmediata en esta vida. Usar el versículo para decir “todo pasa por algo”, minimizar el duelo o exigir alegría constante puede convertirse en positividad tóxica y evasión espiritual, invalidando emociones y necesidades reales. La fe puede coexistir con tristeza, enojo, trauma y preguntas. Cuando hay depresión persistente, ansiedad intensa, recuerdos traumáticos, riesgo de autolesión, violencia o incapacidad para funcionar, se necesita apoyo de un profesional de salud mental con licencia; la oración o el consejo pastoral no sustituyen la atención clínica ni los servicios de emergencia. La interpretación bíblica debe promover esperanza sin culpar a quien sufre.
Preguntas frecuentes
¿Por qué es importante Romanos 8:17?
¿Qué significa ser coherederos con Cristo en Romanos 8:17?
¿Por qué Romanos 8:17 relaciona el sufrimiento con la gloria?
¿Cuál es el contexto de Romanos 8:17?
¿Cómo puedo aplicar Romanos 8:17 a mi vida?
De este capítulo
Romanos 8:1
"Por lo tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu."
Romanos 8:2
"Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte."
Romanos 8:3
"Porque lo que la ley no podía hacer, por cuanto era débil por medio de la carne, Dios lo hizo enviando a su propio Hijo en semejanza de carne pecaminosa y, a causa del pecado, condenó al pecado en la carne,"
Romanos 8:4
"para que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu."
Romanos 8:5
"Porque los que viven conforme a la carne ponen la mente en las cosas de la carne; pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu."
Romanos 8:6
"Porque poner la mente en la carne es muerte; pero poner la mente en el Espíritu es vida y paz."
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