Versículo destacado

Apocalipsis 8:7 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" El primer ángel tocó la trompeta, y siguieron granizo y fuego mezclados con sangre, y fueron arrojados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y toda la hierba verde se quemó. "

Apocalipsis 8:7

menu_book El versículo en contexto

5 Y el ángel tomó el incensario, lo llenó con fuego del altar y lo arrojó a la tierra; y hubo voces, truenos, relámpagos y un terremoto.

6 Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se prepararon para tocarlas.

7 El primer ángel tocó la trompeta, y siguieron granizo y fuego mezclados con sangre, y fueron arrojados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y toda la hierba verde se quemó.

8 Y el segundo ángel tocó la trompeta, y algo semejante a una gran montaña ardiendo en fuego fue arrojado al mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre.

9 Y murió la tercera parte de las criaturas que estaban en el mar y tenían vida, y la tercera parte de los barcos fue destruida.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Observemos, en primer lugar, que cuando el primer ángel tocó la primera trompeta, los resultados fueron muy sombríos: siguieron granizo y fuego mezclados con sangre, y se desató una tormenta terrible (Apocalipsis 8:7). No hay acuerdo sobre si esto representa una tormenta de falsas enseñanzas dentro de la iglesia, especialmente porque el arrianismo se estaba extendiendo en aquella época, o una tormenta de guerra que cayó sobre el estado civil. El señor Mede lo entendió como la invasión goda del imperio en el año 395 d. C., el mismo año en que murió Teodosio, cuando las naciones del norte, bajo el mando de Alarico, rey de los godos, irrumpieron en el Imperio romano de Occidente.

Cualquiera que sea la interpretación que se adopte, hay varios aspectos principales que debemos notar. Primero, fue una tormenta sumamente espantosa: fuego, granizo y sangre, una mezcla extraña y terrible. Segundo, fue limitada, porque cayó sobre la tercera parte de los árboles y sobre la tercera parte de la hierba, y los quemó y destruyó. Algunos dicen que esto representa a la tercera parte del clero y a la tercera parte de los laicos, es decir, a los ministros y a la gente común. Otros, si lo interpretan en relación con el estado civil, lo entienden como la tercera parte de los nobles y la tercera parte de la gente común, ya sea dentro del propio Imperio romano, que entonces constituía una tercera parte del mundo conocido, o dentro de una tercera parte de ese imperio. Hasta las calamidades más severas tienen límites establecidos por el gran Dios.

Después, cuando el segundo ángel tocó la trompeta, la alarma fue seguida por otra escena terrible: una gran montaña ardiendo en fuego fue arrojada al mar, y la tercera parte del mar se convirtió en sangre (Apocalipsis 8:8). Algunos entienden que esta montaña representa a los líderes de los herejes. Otros, como el señor Mede, la consideran una referencia a la ciudad de Roma, que fue saqueada cinco veces por los godos y los vándalos a lo largo de 137 años, comenzando con Alarico en el año 410 d. C., con gran matanza y crueldad. En medio de estas calamidades, una tercera parte de la población, llamada aquí el mar o la concentración de las aguas, fue destruida.

También aquí había un límite, porque el juicio solo alcanzó a una tercera parte. Aun en el juicio, Dios se acuerda de la misericordia. Este golpe cayó con fuerza sobre las ciudades costeras y los países dedicados al comercio del Imperio romano. Esto muestra que Dios puede golpear en el lugar donde las personas lo sienten más, y aun así contener toda la fuerza de su ira.

Luego tocó la tercera trompeta, y continuó el mismo patrón: una gran estrella cayó del cielo, y su caída trajo ruina (Apocalipsis 8:10). Algunos entienden que se trata de una estrella política, es decir, de algún gobernante famoso, y lo aplican a Augústulo, quien fue obligado a renunciar al imperio en favor de Odoacro en el año 480 d. C. Otros lo interpretan como una estrella de la iglesia, una persona importante dentro de ella, comparada con una lámpara ardiente, y lo aplican a Pelagio, quien se convirtió en una estrella caída y corrompió profundamente a las iglesias de Cristo.

Observemos dónde cayó esta estrella: sobre la tercera parte de los ríos y sobre las fuentes de las aguas. Observemos también lo que hizo: convirtió esas fuentes y corrientes en ajenjo, haciéndolas amargas y venenosas. Esto puede referirse a las leyes, que son como fuentes de libertad civil, propiedad y seguridad, pero que fueron envenenadas por un poder arbitrario. O puede referirse a las doctrinas del evangelio, que son fuentes de vida espiritual, refrigerio y fortaleza para las almas, pero que fueron mezcladas con errores peligrosos hasta volverse amargas; así, las personas encontraron ruina donde esperaban hallar alivio.

Entonces tocó la cuarta trompeta, y siguieron más calamidades. El rasgo principal de este juicio fue la oscuridad, pues cayó sobre los grandes astros del cielo: el sol, la luna y las estrellas, que dan luz al mundo. Estos pueden representar a los guías y gobernantes de la iglesia, o a los líderes del estado, que están por encima del pueblo y deberían darle luz y ejercer una buena influencia. El juicio también fue limitado, pues solo afectó a la tercera parte de estos astros. Todavía quedaba algo de luz del sol durante el día y de la luna y las estrellas durante la noche, pero era apenas una tercera parte de la luz que había antes.

Sin intentar resolver las diferencias entre los eruditos acerca de estos asuntos, debemos hacer algunas observaciones claras y provechosas. Cuando el evangelio llega a un pueblo y este lo recibe con indiferencia, sin permitir que transforme su corazón y su vida, por lo general le siguen juicios severos. Dios advierte a las personas antes de enviar el juicio: por medio de su Palabra escrita, de los ministros, de la conciencia y de las señales de los tiempos. Por eso, si las personas son tomadas por sorpresa, la culpa es de ellas. Cuando Dios se enoja con un pueblo, hace amargas sus comodidades y vuelve pesada la vida misma. Sin embargo, no derrama toda su ira en este mundo, sino que pone límites aun a los juicios más terribles. La corrupción de la doctrina y de la adoración es en sí misma un gran juicio, y con frecuencia también provoca otros juicios.

Antes de que sonaran las otras tres trompetas, se dio al mundo una solemne advertencia sobre cuán terribles serían las calamidades que se acercaban y cuán miserables se volverían los tiempos y los lugares donde caerían (Apocalipsis 8:13). El mensajero era un ángel que volaba por en medio del cielo, como alguien que se encontraba apurado y cumplía una misión urgente. El mensaje anunciaba un dolor y una miseria aún mayores que los que el mundo había experimentado hasta entonces. Hay tres ayes, ya sea para mostrar cuánto peores serían los juicios venideros que los anteriores, o para señalar que cada una de las tres trompetas restantes traería su propio desastre distintivo.

Si los juicios menores no conmueven a las personas, y si la iglesia y el mundo solo empeoran bajo ellos, entonces deben esperar juicios mayores. Dios se da a conocer por medio de los juicios que ejecuta. Cuando se levanta para castigar al mundo, espera que quienes viven en él tiemblen delante de él.

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