Versículo destacado
Apocalipsis 14:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y vi a otro ángel que volaba en medio del cielo y tenía el evangelio eterno para predicarlo a los que habitan en la tierra, y a toda nación, linaje, lengua y pueblo. "
Apocalipsis 14:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero.
5 Y en la boca de ellos no se halló engaño, pues están sin culpa delante del trono de Dios.
6 Y vi a otro ángel que volaba en medio del cielo y tenía el evangelio eterno para predicarlo a los que habitan en la tierra, y a toda nación, linaje, lengua y pueblo.
7 Decía en voz alta: Teman a Dios y denle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio; y adoren al que hizo el cielo, la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.
8 Y lo siguió otro ángel, diciendo: Babilonia ha caído, ha caído, aquella gran ciudad, porque hizo que todas las naciones bebieran del vino de la ira de su fornicación.
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En esta parte del capítulo aparecen tres ángeles, o mensajeros, enviados desde el cielo para anunciar la caída de Babilonia y hablar de lo que ocurriría antes y después de ese gran acontecimiento.
El primer ángel recibe un mensaje que precede a la caída de Babilonia: predicar el evangelio eterno (Apocalipsis 14:6, Apocalipsis 14:7). El evangelio es eterno por su propia naturaleza y también permanecerá para siempre en sus resultados. Aunque todos los seres humanos son como la hierba, la palabra del Señor permanece para siempre. Es apropiado que un ángel predique este evangelio eterno, porque se trata de una tarea noble y difícil; sin embargo, Dios ha puesto este tesoro en vasos de barro.
Este evangelio eterno importa a todo el mundo. Puesto que concierne a todas las personas, debe darse a conocer a toda nación, tribu, lengua y pueblo. El evangelio es el medio principal por el cual las personas aprenden a temer a Dios y a darle gloria. La religión natural —es decir, lo que las personas pueden conocer de Dios únicamente por medio de la naturaleza y la conciencia— no basta para mantener una verdadera reverencia por Dios ni para asegurar que le den la gloria que merece. Es el evangelio el que renueva el temor de Dios y restaura su honra en el mundo.
Cuando la idolatría se infiltra en las iglesias de Dios, es mediante la predicación del evangelio, con el poder del Espíritu Santo, que las personas se apartan de los ídolos para servir al Dios vivo. Él es el Creador del cielo, de la tierra, del mar y de las fuentes de las aguas (Apocalipsis 14:7). Adorar a cualquier dios que no sea el que creó el mundo es idolatría.
El segundo ángel sigue al primero y anuncia la caída real de Babilonia. La predicación del evangelio eterno había sacudido los fundamentos del anticristianismo —es decir, del sistema que se opone a Cristo— y había acelerado su ruina. Por lo general, se entiende que Babilonia representa a Roma, que ya había sido llamada Sodoma y Egipto por su maldad y crueldad. Ahora se le llama Babilonia por primera vez debido a su orgullo y su idolatría.
Aquí debemos observar tres cosas. Lo que Dios ha planeado y anunciado sucederá con tanta certeza como si ya hubiera ocurrido. La grandeza de la Babilonia papal no impedirá su caída, sino que hará que sea más terrible y sorprendente. Su pecado de corromper, engañar y embriagar a las naciones que la rodean hará que su juicio sea justo y manifestará la justicia de Dios en su ruina total (Apocalipsis 14:8). Sus crímenes se presentan como la razón clara de su destrucción.
El tercer ángel sigue a los otros dos y advierte a todos acerca del castigo divino que vendrá sobre quienes permanezcan obstinadamente leales a la causa anticristiana después de que Dios ya haya anunciado su caída (Apocalipsis 14:9, Apocalipsis 14:10). Si, después de esta advertencia contra Babilonia y después de que parte de ella ya se haya cumplido, alguien continúa en la idolatría, declara su lealtad a la bestia y apoya su causa, tendrá que esperar beber profundamente del vino de la ira de Dios. Estas personas serán desdichadas para siempre, tanto en el alma como en el cuerpo. Jesucristo ejecutará este juicio, y los santos ángeles lo verán y lo aprobarán.
La idolatría, ya sea pagana o papal, es por naturaleza un pecado que condena, y destruirá a quienes persistan en ella después de haber recibido una advertencia clara de la Palabra de Dios y de su providencia. Quienes se nieguen a salir de Babilonia cuando son llamados y decidan participar de sus pecados también tendrán que participar de sus plagas. La culpa y la ruina de esos idólatras endurecidos también resaltarán la belleza de la paciencia y la obediencia de los santos. Estas virtudes serán recompensadas con salvación y gloria. Cuando la traición y la rebelión de otros sean castigadas con destrucción eterna, para honra de los fieles se dirá: «Aquí está la paciencia de los santos» (Apocalipsis 14:12). Su paciencia ya ha sido puesta a prueba, y ahora se la ve recompensada.
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De este capítulo
Apocalipsis 14:1
"Y miré, y he aquí que un Cordero estaba de pie sobre el monte Sión, y con él había ciento cuarenta y cuatro mil que tenían el nombre de su Padre escrito en sus frentes."
Apocalipsis 14:2
"Y oí una voz del cielo, como la voz de muchas aguas y como la voz de un gran trueno; y oí la voz de arpistas que tocaban sus arpas."
Apocalipsis 14:3
"Y cantaban como si fuera un cántico nuevo delante del trono, y delante de las cuatro bestias y de los ancianos; y nadie podía aprender aquel cántico sino los ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de la tierra."
Apocalipsis 14:4
"Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero."
Apocalipsis 14:5
"Y en la boca de ellos no se halló engaño, pues están sin culpa delante del trono de Dios."
Apocalipsis 14:7
"Decía en voz alta: Teman a Dios y denle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio; y adoren al que hizo el cielo, la tierra, el mar y las fuentes de las aguas."
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