Versículo destacado
Salmos 81:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Canten en voz alta a Dios, nuestra fuerza; aclamen con júbilo al Dios de Jacob. "
Salmos 81:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Canten en voz alta a Dios, nuestra fuerza; aclamen con júbilo al Dios de Jacob.
2 Entonen un salmo y traigan aquí el pandero, la agradable arpa junto con el salterio.
3 Toquen la trompeta en la luna nueva, en el tiempo señalado, en el día de nuestra fiesta solemne.
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Cuando el pueblo de Dios se reunía en el solemne día de fiesta, se le recordaba que tenía una tarea que cumplir. No vamos al culto para dormir ni para perder el tiempo, sino para cumplir en el momento debido el deber de ese día. Aquí se anima a los adoradores de Dios a realizar su tarea, y al cantar este salmo se fortalecen unos a otros (Salmos 81:1-3).
Su tarea principal es darle a Dios la gloria que corresponde a su nombre. Ese debe ser nuestro enfoque en toda reunión de la iglesia. Debemos pensar en Dios como nuestra fuerza, el Dios de Jacob (Salmos 81:1). Él es la fuerza de Israel como pueblo porque está en pacto con ellos; es decir, se ha comprometido a protegerlos, sostenerlos y rescatarlos. Él pelea por ellos, los hace fuertes y les da la victoria. También es la fuerza de cada creyente, porque su gracia nos permite cumplir nuestro servicio, soportar el sufrimiento y enfrentar los conflictos.
Debemos alabarlo con toda expresión de gozo santo y triunfo. En aquel tiempo, el pueblo lo hacía con instrumentos como el pandero, el arpa y el salterio, y mediante el sonido de la trompeta. Algunos piensan que la trompeta les recordaba el sonido del monte Sinaí, donde el toque se hacía cada vez más fuerte. Hoy, como entonces, esto se expresa al cantar salmos, cantar en voz alta y aclamar con júbilo. La dulzura del arpa y la solemnidad de la trompeta muestran que Dios debe ser adorado con alegría, reverencia y temor santo.
Cantar en voz alta y aclamar con júbilo también muestran que debemos alabar a Dios con fervor y sentimientos sinceros. Debemos expresar con libertad y sin vergüenza nuestra alabanza, reconociendo de corazón que dependemos de él y que tenemos el deber de servirlo. También debemos unirnos a muchos otros en esta tarea, porque cuantas más voces haya, más se parecerá nuestro canto al del cielo. Esta alabanza también debe ofrecerse en el momento señalado. Ningún momento es incorrecto para alabar a Dios, pero hay ocasiones apartadas para reunirnos y alabarlo a una sola voz. El solemne día de fiesta debía ser un día de alabanza, especialmente cuando se recibían y disfrutaban las dádivas de Dios.
También se les da dirección para cumplir su tarea. Primero, deben prestar atención al mandamiento que la estableció. En toda adoración debemos tener presente la instrucción de Dios (Salmos 81:4). Este era un estatuto para Israel, una ley del Dios de Jacob, y todos los hijos de Jacob estaban obligados a cumplirlo. Alabar a Dios no solo es algo bueno; es un deber que se nos exige. Si lo descuidamos, asumimos el riesgo de desobedecer. En toda adoración debemos preguntarnos si Dios la ha mandado, porque ese es nuestro fundamento y nuestra regla. Entonces podemos decir: «Hago esto porque Dios lo ha mandado, y por eso confío en que lo aceptará». Esa es una adoración hecha con fe.
Segundo, deben recordar las obras de la providencia de Dios que esta fiesta tenía el propósito de conmemorar. Este servicio solemne fue dado como un testimonio (Salmos 81:5), como un recordatorio permanente de aquellos hechos. Les recordaba a los israelitas lo que Dios había hecho por sus antepasados, y serviría como testimonio en su contra si ignoraban y olvidaban esas obras. El salmista, hablando en nombre del pueblo, recuerda la gran obra que Dios realizó a favor de Israel y que se conservaba en la memoria mediante esta y otras ocasiones santas (Salmos 81:5).
Cuando Dios actuó contra la tierra de Egipto para devastarla y obligar al faraón a dejar salir a Israel, estableció días solemnes de fiesta que debían guardarse para siempre a través de sus generaciones, especialmente la Pascua. Es posible que eso sea lo que significa el solemne día de fiesta (Salmos 81:3). La Pascua fue establecida cuando Dios pasó por Egipto para herir a los primogénitos y pasó de largo frente a las casas de los israelitas (Éxodo 12:23-24). Por medio de esta fiesta, aquel milagro debía recordarse para siempre, de modo que cada generación pudiera ver tanto la bondad como la severidad de Dios.
El salmista también señala un detalle que hacía aún más dura su esclavitud: en Egipto escuchaban un idioma que no entendían. Eran extranjeros en una tierra extraña. Los egipcios y los hebreos no entendían el habla de los demás, pues José hablaba con sus hermanos por medio de un intérprete (Génesis 42:23), y los egipcios son descritos como un pueblo de idioma extraño (Salmos 114:1). Cuando recordamos la liberación, nos ayuda pensar con claridad en lo amargo que fue el sufrimiento, para que el rescate se vea aún más lleno de gracia y glorioso.
Luego el salmista, hablando en nombre de Dios, les recuerda los detalles de su liberación (Salmos 81:6). Dios dice: «Te quité la carga de los hombros». Debían recordar que él los sacó de la casa de esclavitud y les quitó el peso de la opresión bajo el cual estaban a punto de hundirse. Liberó sus manos de las canastas, ollas o cestos en los que cargaban barro o ladrillos. La liberación de la esclavitud es una misericordia muy grande y nunca debe olvidarse.
Pero eso no fue todo. Dios también los rescató en el mar Rojo. Allí clamaron en medio de la angustia, y él los salvó y arruinó los planes de sus enemigos (Éxodo 14:10). Les respondió desde el lugar secreto del trueno, lo cual puede referirse a la columna de fuego, por medio de la cual Dios miró al ejército egipcio y lo llenó de confusión (Éxodo 14:24-25). También puede referirse a la entrega de la ley en el monte Sinaí, el lugar secreto al que nadie podía acercarse (Éxodo 19:21), donde Dios habló entre truenos. Incluso los terrores del Sinaí fueron una muestra de bondad para Israel (Deuteronomio 4:33).
Dios también soportó su conducta en el desierto. «Te puse a prueba junto a las aguas de Meriba», dice. Allí mostraron su verdadera actitud y demostraron ser un pueblo incrédulo y quejumbroso; aun así, Dios continuó favoreciéndolos. Esto merece una atención especial. La bondad de Dios y el pecado humano se destacan aún más cuando los observamos lado a lado.
Si en sus días de fiesta debían recordar su liberación de Egipto, cuánto más debemos nosotros, en el día de reposo cristiano, recordar por medio de Jesucristo una liberación mayor: la liberación de una esclavitud peor que la de Egipto. También debemos recordar las muchas respuestas llenas de gracia que él nos ha dado, aunque con frecuencia lo hayamos provocado.
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De este capítulo
Salmos 81:2
"Entonen un salmo y traigan aquí el pandero, la agradable arpa junto con el salterio."
Salmos 81:3
"Toquen la trompeta en la luna nueva, en el tiempo señalado, en el día de nuestra fiesta solemne."
Salmos 81:4
"Porque esto fue un estatuto para Israel y una ley del Dios de Jacob."
Salmos 81:5
"Él estableció esto en José como testimonio, cuando salió por la tierra de Egipto, donde oí una lengua que no entendía."
Salmos 81:6
"Aparté su hombro de la carga; sus manos fueron libradas de las ollas."
Salmos 81:7
"Tú llamaste en medio de la angustia, y yo te libré; te respondí desde el lugar secreto del trueno; te puse a prueba junto a las aguas de Meriba. Selah."
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