Versículo destacado
Salmos 142:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Clamé al SEÑOR con mi voz; con mi voz hice mi súplica al SEÑOR. "
Salmos 142:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Clamé al SEÑOR con mi voz; con mi voz hice mi súplica al SEÑOR.
2 Derramé mi queja delante de él; expuse delante de él mi aflicción.
3 Cuando mi espíritu estaba abrumado dentro de mí, tú conocías mi camino. En el camino por donde yo andaba, ellos me tendieron una trampa a escondidas.
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Realmente no importa si David hizo esta oración en la cueva de Adulam o en la cueva de En-gadi. Lo que está claro es que se encontraba en una profunda angustia. Era vergonzoso que un soldado y hombre de la corte tan importante se viera obligado a tomar medidas tan extremas para protegerse. También era terrible vivir perseguido con tanta ferocidad, esperando la muerte a cada momento. Aun así, conservó la serenidad suficiente para orar y, estuviera donde estuviera, su fe permaneció con él.
Sus oraciones y sus lágrimas eran sus armas. Cuando no se atrevía a levantar las manos contra su rey, las levantaba hacia su Dios. No existe una cueva tan profunda ni tan oscura desde la que no podamos elevar a Dios nuestras oraciones y nuestro corazón. David llama a este salmo un Masquil, es decir, un salmo destinado a enseñar, por las valiosas lecciones que él mismo había aprendido en la cueva, de rodillas, y que quería enseñar a otros.
En estos versículos observamos cómo David expuso su queja delante de Dios (Salmo 142:1-2). Cuando el peligro había pasado, no le avergonzaba reconocer el miedo que había sentido ni la ayuda que había buscado en Dios. Ni siquiera las personas importantes deberían pensar que se rebajan cuando, en medio de los problemas, claman a Dios como los niños claman a sus padres cuando algo los asusta. David derramó su queja; es decir, habló con libertad y sin reservarse nada. Tenía el corazón tan lleno de angustia que necesitaba vaciarlo delante del Señor, y lo hizo con gran fervor.
Clamó al Señor con su voz; algunos piensan que se refiere a la voz de su mente, porque estaba escondido en la cueva y no se atrevía a hablar en voz alta, por temor a descubrirse. Pero la oración mental sigue siendo una voz para Dios, y Él escucha los gemidos que no pueden o no se atreven a expresarse (Romanos 8:26).
David presentó dos cosas delante de Dios en esta queja. Primero, expuso su angustia. Presentó un informe verdadero de su situación y de todos sus detalles. No se lo contó a Dios como si Él no lo supiera ya, sino como alguien que confiaba en Dios, deseaba tener comunión con Él y estaba dispuesto a dejar todo en sus manos. Se desahogó con humildad y luego dejó el asunto en manos de Dios con alegría.
Muchas veces prestamos demasiada atención a nuestros problemas, los hacemos más grandes en nuestra mente y nos quedamos mirándolos, sin que eso nos ayude en nada. Pero si se los presentamos a Dios, podemos echar sobre Él nuestras preocupaciones, porque Él cuida de nosotros, y así encontramos alivio. No debemos quejarnos ante nosotros mismos ni ante los demás de una manera que no pudiéramos presentar delante de Dios con honestidad y reverencia.
Segundo, expuso su deseo. Al presentar su queja, también hizo su petición (Salmo 142:1). No exigió alivio como si fuera algo que se le debiera. Lo pidió humildemente, como un favor. Quienes se quejan también deben orar, porque es necesario buscar a Dios.
Después, David explicó cuál era su queja. En el camino por el que transitaba, sin sospechar ningún peligro, algunas personas habían tendido secretamente una trampa para atraparlo. Saúl, el primer rey de Israel, incluso había entregado a su hija Mical a David con esa intención, esperando que ella se convirtiera en una trampa para él (1 Samuel 18:21). David presenta esto delante de Dios porque todo se estaba haciendo deliberadamente en su contra. Si se hubiera apartado del camino correcto y hubiera caído en trampas, habría tenido que culparse a sí mismo. Pero cuando encontró trampas en el camino del deber, pudo hablar con Dios acerca de ellas con una confianza humilde.
David también dice qué lo consolaba en medio de estas quejas (Salmo 142:3). Cuando su espíritu se sentía abrumado por dentro y estaba a punto de desfallecer bajo el peso del dolor y el miedo, cuando no sabía qué hacer y casi caía en la desesperación, entonces sabía que Dios conocía su camino. Ese pensamiento lo consolaba. Dios conocía su sinceridad, el camino correcto por el que había andado y que él no era la clase de hombre que sus enemigos afirmaban que era. Dios conocía todos los detalles de su situación.
Cuando su espíritu estaba demasiado abrumado para explicarla con claridad, lo consolaba saber que Dios ya la conocía (Job 23:10). Dios la conocía; es decir, velaba por ella, la preservaba y la mantenía a salvo (Salmo 31:7; Deuteronomio 2:7).
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De este capítulo
Salmos 142:2
"Derramé mi queja delante de él; expuse delante de él mi aflicción."
Salmos 142:3
"Cuando mi espíritu estaba abrumado dentro de mí, tú conocías mi camino. En el camino por donde yo andaba, ellos me tendieron una trampa a escondidas."
Salmos 142:4
"Miré a mi derecha y observé, pero no había ningún hombre que quisiera reconocerme; el refugio me faltó; ningún hombre se preocupaba por mi alma."
Salmos 142:5
"Clamé a ti, SEÑOR; dije: «Tú eres mi refugio y mi porción en la tierra de los vivientes»."
Salmos 142:6
"Atiende mi clamor, porque estoy muy abatido; líbrame de mis perseguidores, porque son más fuertes que yo."
Salmos 142:7
"Saca mi alma de la prisión para que yo alabe tu nombre; los justos me rodearán, porque tú me tratarás con generosidad."
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