Versículo destacado
Números 18:20 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" El SEÑOR dijo a Aarón: No tendrás herencia en la tierra de ellos ni tendrás parte alguna entre ellos. Yo soy tu parte y tu herencia entre los hijos de Israel. "
Números 18:20
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
18 Su carne será tuya, así como son tuyos el pecho de la ofrenda mecida y el hombro derecho.
19 Todas las ofrendas elevadas de las cosas santas que los hijos de Israel ofrezcan al SEÑOR las he dado a ti, a tus hijos y a tus hijas contigo, como estatuto perpetuo. Es un pacto de sal perpetuo delante del SEÑOR para ti y para tu descendencia contigo.
20 El SEÑOR dijo a Aarón: No tendrás herencia en la tierra de ellos ni tendrás parte alguna entre ellos. Yo soy tu parte y tu herencia entre los hijos de Israel.
21 Miren, he dado a los hijos de Leví todos los diezmos de Israel como herencia, a cambio del servicio que realizan, es decir, el servicio del tabernáculo de reunión.
22 De ahora en adelante, los hijos de Israel no se acercarán al tabernáculo de reunión, para que no carguen con pecado y mueran.
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Aquí se presenta una explicación adicional de la provisión hecha para los levitas y los sacerdotes mediante los recursos de la tierra.
Ellos no debían recibir una herencia en la tierra. Más adelante, solo se les permitieron ciudades donde vivir, pero no tierras propias para trabajar, tal como dijo el SEÑOR: «No tendrás parte alguna entre ellos» (Números 18:20). Esto se repite en Números 18:23 y Números 18:24. Dios quería que estuvieran bien provistos, pero no que se hicieran ricos, para que no llegaran a enorgullecerse demasiado para el servicio que debían seguir realizando a cambio de su sustento.
Israel era un pueblo especial y no debía contarse entre las demás naciones. Del mismo modo, Leví era una tribu especial y no debía establecerse como las otras. Dios da claramente la razón: «Yo soy tu parte y tu herencia». Quienes tienen a Dios como su herencia permanente deben considerar las posesiones terrenales con santa libertad y no anhelar una gran porción de este mundo. «El SEÑOR es mi parte; por eso, en él esperaré» (Lamentaciones 3:24).
Los levitas no tenían una herencia de tierras y, sin embargo, vivían bien y tenían lo necesario. Esto muestra que Dios tiene muchas maneras de sostener a quienes dependen de él. Las aves no siembran y, aun así, reciben alimento; los lirios no hilan y, aun así, reciben vestido. De la misma manera, los levitas no tenían tierras en Israel y, sin embargo, estaban mejor cuidados que cualquier otra tribu.
La advertencia de que ningún israelita debía acercarse al tabernáculo vuelve a aparecer aquí, aunque parezca introducirse de manera repentina (Números 18:22). Es coherente con el mandato de que los sacerdotes y los levitas no tuvieran tierras en Israel. Dios da diferentes dones a diferentes personas. Los levitas tenían el honor de servir en el tabernáculo, un privilegio que se les negaba a los demás israelitas. A su vez, los israelitas tenían tierras en Canaán, algo que se les negaba a los levitas. Esto impedía que un grupo envidiara o despreciara al otro, y ambos debían alegrarse en el lugar que Dios les había asignado.
Si quienes ministran esperan que el pueblo permanezca en su lugar correspondiente y no se apropie de las funciones sagradas, ellos también deben permanecer en el suyo y no enredarse en los asuntos mundanos.
Sin embargo, ambos grupos recibían sustento de los diezmos de la tierra. Además de las primicias apartadas para los sacerdotes, que los judíos consideran una quincuagésima parte o, al menos, una sexagésima parte, también se asignaba el diezmo. Los levitas recibían los diezmos del producto del pueblo (Números 18:21). En efecto, Dios dice: «Les he dado todos los diezmos en Israel», es decir, los diezmos de todo el producto de la tierra, por su servicio en el tabernáculo.
Los levitas eran la tribu más pequeña, pero recibían una décima parte del producto anual, sin tener que asumir el trabajo ni los gastos de la agricultura. Dios cuidaba de quienes estaban dedicados a su servicio. Quería que no solo fueran sostenidos, sino también honrados por la nación como servidores del bien común y como receptores designados por él para recibir estas ofrendas. Lo que se ofrecía al SEÑOR, él se lo entregaba después a los levitas.
Los sacerdotes debían recibir una décima parte de los diezmos de los levitas. A Moisés se le ordenó comunicarles este mandato a los levitas, para que lo ofrecieran voluntariamente en vez de que se les exigiera por autoridad. Dios prefería que dieran con alegría y no que fueran presionados a hacerlo.
Los levitas debían darle a Dios lo que le correspondía de sus propios diezmos, tal como los israelitas daban de su producto. Ellos eran arrendatarios de Dios, así que también debían pagarle lo que le correspondía, y su oficio no los excusaba. De la misma manera, hoy quienes ministran deben dar a otros de lo que reciben. Cuanto más libremente hayan recibido, más libremente deben dar, y deben ser ejemplos de generosidad. «Presentarán una ofrenda elevada al SEÑOR» (Números 18:26). Quienes ayudan a dirigir la adoración de otros deben asegurarse de ofrecer también su propia adoración. Las oraciones y alabanzas elevadas a Dios —o, más bien, el corazón que se eleva en ellas— son ahora nuestras ofrendas elevadas.
Dios dice que esto les sería contado como si fuera grano de la era. Aunque no fuera fruto de sus propias tierras ni de su propio trabajo, como los diezmos de los demás israelitas, aun así era aceptado de lo que ellos habían recibido. De esa manera, el resto también quedaba santificado.
Este diezmo de los levitas debía entregarse al sacerdote Aarón (Números 18:28) y, después, a sus sucesores, los sumos sacerdotes, quienes lo distribuirían entre los sacerdotes de menor rango según lo consideraran conveniente. La mayor parte de los ingresos de los sacerdotes, mencionados anteriormente en el capítulo, provenía de los sacrificios y pertenecía a los sacerdotes que servían continuamente en el altar. Pero como muchos sacerdotes también trabajaban en las regiones del país, enseñando y gobernando, es probable que el sumo sacerdote dirigiera estos diezmos para su sustento. El erudito obispo Patrick consideraba que quizá la décima parte de este último diezmo se reservaba para el sumo sacerdote, para sostener su posición y dignidad, ya que no se menciona claramente ninguna otra provisión especial para él.
Después de que los levitas hubieran dado la décima parte como ofrenda elevada al SEÑOR, quedaban en libertad de disfrutar las otras nueve partes (Números 18:30). Una vez que habían apartado primero la mejor parte, porque la porción de Dios siempre debe ser la mejor, podían comer el resto con toda libertad, en cualquier lugar, ellos y sus familias (Números 18:31). Aquí aprendemos la manera correcta de disfrutar los bienes materiales sin quedar bajo culpa por causa de ellos (Números 18:32).
Primero, debemos asegurarnos de que lo que tenemos se haya obtenido honestamente y al servicio de Dios. «Es la recompensa por su servicio». El alimento que se obtiene mediante el trabajo es el mejor alimento. «Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma» (2 Tesalonicenses 3:10). Hay un consuelo especial en lo que llega como recompensa por un servicio fiel en el tabernáculo.
Segundo, debemos asegurarnos de que Dios reciba lo que le corresponde de todo lo que tenemos. Disfrutamos mejor nuestros bienes cuando honramos al SEÑOR con ellos. «No cargarán con pecado por causa de esto» después de haber apartado la mejor parte. Esto nos advierte que nunca debemos comer ni disfrutar de manera descuidada, porque nuestra mesa puede convertirse en una trampa y traernos culpa. Por eso debemos dar limosnas de lo que tenemos, para que todo lo que conservemos sea limpio y verdaderamente cause bienestar.
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De este capítulo
Números 18:1
"El SEÑOR dijo a Aarón: Tú, tus hijos y la casa de tu padre contigo cargarán con la iniquidad del santuario; y tú y tus hijos contigo cargarán con la iniquidad de su sacerdocio."
Números 18:2
"Haz que también se acerquen contigo tus hermanos de la tribu de Leví, la tribu de tu padre, para que se unan a ti y te sirvan; pero tú y tus hijos contigo servirán delante del tabernáculo del testimonio."
Números 18:3
"Ellos cumplirán lo que tú les encargues y estarán a cargo de todo el tabernáculo; pero no se acercarán a los utensilios del santuario ni al altar, para que no mueran ni ellos ni ustedes."
Números 18:4
"Ellos se unirán a ti y estarán a cargo del tabernáculo de reunión para realizar todo el servicio del tabernáculo; ningún extraño se acercará a ustedes."
Números 18:5
"Ustedes estarán a cargo del santuario y del altar, para que no vuelva a caer la ira sobre los hijos de Israel."
Números 18:6
"Miren, yo mismo he tomado a sus hermanos, los levitas, de entre los hijos de Israel. Se los he dado a ustedes como un regalo para el SEÑOR, a fin de que realicen el servicio del tabernáculo de reunión."
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