Versículo destacado
Números 14:20 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y el Señor dijo: Lo he perdonado conforme a tu palabra. "
Números 14:20
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
18 El Señor es paciente y de gran misericordia; perdona la iniquidad y la transgresión, pero de ningún modo tiene por inocente al culpable, sino que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación.
19 Te ruego que perdones la iniquidad de este pueblo conforme a la grandeza de tu misericordia, así como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta ahora.
20 Y el Señor dijo: Lo he perdonado conforme a tu palabra.
21 Pero tan cierto como que vivo, toda la tierra será llena de la gloria del Señor.
22 Porque todos aquellos hombres que han visto mi gloria y las maravillas que hice en Egipto y en el desierto, y que ya me han puesto a prueba estas diez veces y no han escuchado mi voz,
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí tenemos la respuesta de Dios a la oración de Moisés, y contiene tanto misericordia como juicio. Primero se la comunica en privado a Moisés (Números 14:20-25), y después se la anuncia públicamente al pueblo (Números 14:26-35). Las partes repetidas del mensaje muestran que estas decisiones son definitivas y no cambiarán. Veamos los detalles.
Primero, la sentencia se suaviza (Números 14:20). Dios dice: «Los he perdonado», es decir, no los destruirá a todos de una vez ni los excluirá de la promesa. Esto muestra el poder de la oración y cuánto la honra Dios. Dios ya había dispuesto conceder el perdón, pero permite que Moisés tenga el honor de obtenerlo mediante su oración, para que se diga: «conforme a tu palabra». De este modo, Moisés demuestra esa santa confianza que tiene poder delante de Dios y prevalece.
Esto también nos anima a orar por los demás. Dios respalda claramente la intercesión —la oración a favor de otras personas— para que podamos tener una actitud generosa y solidaria al orar. Toda una nación es librada de la ruina porque un hombre justo ora con fervor. También vemos cuán dispuesto está Dios a perdonar y cuán dispuesto está a escuchar. Moisés dice: «Perdona» (Números 14:19), y Dios responde: «Los he perdonado» (Números 14:20). David descubrió que Dios era así de pronto para mostrar misericordia (Salmo 32:5). Dios no nos trata conforme a nuestros pecados (Salmo 103:10).
Segundo, Dios decide glorificar su propio nombre (Números 14:21). Dice, e incluso lo jura, que toda la tierra será llena de la gloria del Señor. A Moisés le importaba profundamente el honor de Dios, como lo mostró en su oración. Dios responde, en efecto: «Deja eso en mis manos. Yo me aseguraré de que mi gloria sea vindicada y avance por medio de lo que voy a hacer». Todo el mundo verá que Dios aborrece el pecado, aun cuando lo comete su propio pueblo, y también que él es bondadoso, misericordioso y lento para la ira.
Por eso, cuando nuestro Salvador oró: «Padre, glorifica tu nombre», recibió esta respuesta de inmediato: «Lo he glorificado y lo glorificaré otra vez» (Juan 12:28). Quienes buscan sinceramente la gloria de Dios pueden estar seguros de recibir lo que piden. Puesto que Dios convierte esta oración por su gloria en una promesa, nosotros podemos convertirla en alabanza, uniéndonos a los ángeles que claman: «Toda la tierra está llena de su gloria» (Isaías 6:3).
Tercero, el pecado de este pueblo se describe con mayor detalle (Números 14:22, 27). No se presenta como algo peor de lo que realmente fue, pero sí se muestra que era profundamente pecaminoso. Eran una congregación malvada: cada persona era mala, y juntos eran sumamente malos. Tentaron a Dios. Pusieron a prueba su poder, preguntándose si podría ayudarlos en sus dificultades; su bondad, preguntándose si querría ayudarlos; y su fidelidad, dudando de que cumpliera su promesa. También pusieron a prueba su justicia, preguntándose si castigaría su rebelión. En efecto, lo desafiaron, como se desafía a los ídolos en Isaías 41:23, a hacer bien o mal.
También murmuraron contra él, y esto se recalca especialmente en Números 14:27. No solo cuestionaban lo que Dios haría; se quejaban de todo lo que hacía o había hecho. Vivían angustiados y encontrando faltas en todo. No parece que murmuraran contra las leyes o los mandamientos de Dios, aunque estos fueran una carga pesada para su naturaleza pecaminosa. Más bien, se quejaban de la manera en que él los guiaba y de la provisión que les daba.
Esto muestra cuánto más fácil es practicar una religión externa que vivir dependiendo constantemente de Dios y sometiéndose a su providencia en la vida diaria. Ellos pecaron después de haber visto sus milagros en Egipto y en el desierto (Números 14:2). Ni siquiera quisieron creer lo que veían sus propios ojos, aunque esos ojos habían contemplado pruebas de que Dios estaba realmente en medio de ellos. Habían repetido estas provocaciones diez veces, es decir, muchísimas veces. Los escritores judíos consideran esta ocasión como la décima vez que el pueblo, en conjunto, provocó a Dios. La lista comienza en el mar Rojo (Éxodo 14:11), continúa en Mará (Éxodo 15:23-24), en el desierto de Sin (Éxodo 16:2), en Refidim (Éxodo 17:1-2), con el becerro de oro (Éxodo 32), luego en Taberá y en Kibrot-hataavá (Números 11), y sigue hasta llegar a este momento.
Dios lleva la cuenta de cuántas veces repetimos nuestros pecados y, tarde o temprano, los pondrá delante de nosotros en orden. Ellos no habían escuchado su voz, aunque él les había advertido una y otra vez acerca de su pecado. Esto es algo serio. Ignorar las advertencias repetidas aumenta la culpa; no la disminuye.
Cuarto, se pronuncia entonces la sentencia contra ellos. No verían la tierra prometida (Números 14:23) ni entrarían en ella (Números 14:30). Dios juró en su ira que no entrarían en su reposo (Salmo 95:11). No creer en la promesa de Dios significa perder el beneficio de esa promesa. Quienes desprecian la tierra agradable quedarán fuera de ella. La promesa se cumpliría en sus hijos, pero no en ellos.
También tendrían que regresar de inmediato al desierto (Números 14:25). Su siguiente movimiento sería una retirada. Debían darse la vuelta y, en lugar de avanzar hacia Canaán, a la que ya casi habían llegado, regresar en dirección al mar Rojo. «Mañana regresen» significa: «Muy pronto serán enviados de nuevo a ese gran desierto del que están tan cansados». Esta retirada también era para protegerlos, porque los amalecitas estaban esperando en el valle, listos para atacarlos si avanzaban. Antes habían temido a los amalecitas sin razón (Números 13:29), y ahora Dios haría que justamente les tuvieran miedo. El temor que el malvado teme le sobrevendrá.
Todos los que en ese momento eran hombres adultos morirían en el desierto, aunque no todos a la vez, sino poco a poco. Habían deseado morir allí, y Dios les concedió ese deseo pecaminoso. Hizo que su pecado se convirtiera en su ruina, los atrapó con las palabras de su propia boca y permitió que sus propias palabras recayeran sobre ellos. Los tomó conforme a lo que habían dicho y decidió que sus cuerpos caerían en el desierto (Números 14:28-29, 32, 35).
Observa con cuánto desprecio se habla ahora de ellos, después de que su pecado los ha rebajado. Aquellos hombres fuertes y valientes eran solo cadáveres una vez que el Espíritu del Señor se apartó de ellos. Era como si ya estuvieran muertos. Sus padres habían valorado tanto a Canaán que querían que incluso sus cuerpos muertos fueran llevados allí para ser enterrados, como señal de confianza en la promesa de Dios. Pero estos hombres despreciaron aquella buena tierra y se negaron a creer en la promesa, así que no tendrían el honor de ser sepultados en ella. Sus tumbas estarían en el desierto.
De acuerdo con esta sentencia, andarían errantes de un lado a otro en el desierto como viajeros perdidos durante cuarenta años, el tiempo necesario para que el período entre la salida de Egipto y la entrada en Canaán sumara exactamente cuarenta años (Números 14:33-34). Permanecerían vagando durante tanto tiempo por dos razones. Primero, correspondía a los cuarenta días que los espías habían pasado explorando la tierra. Ellos estuvieron dispuestos a esperar cuarenta días para recibir informes humanos porque no quisieron confiar en la palabra de Dios; por eso ahora tendrían que esperar cuarenta años para que se cumpliera la promesa de Dios. Segundo, este período en el desierto tenía el propósito de llevarlos al arrepentimiento, para que pudieran hallar misericordia delante de Dios en el mundo venidero, sin importar lo que les sucediera en esta vida.
Ahora tendrían tiempo para reflexionar cuidadosamente y examinar sus caminos. La dura vida en el desierto los humillaría, los probaría y mostraría lo que había en sus corazones (Deuteronomio 8:2). Durante mucho tiempo tendrían que cargar con su propia culpa, sintiendo el peso de la ira de Dios mediante el castigo que recibirían. Se verían obligados a gemir bajo la carga de su pecado, y esa carga sería más de lo que podrían soportar.
Esto también les enseñaría cuán peligroso es que el pueblo del pacto de Dios rompa su fidelidad a él. Aprenderían lo que significa que Dios retire su presencia, tanto por qué sucede como a qué conduce. Sucedió a causa de su pecado, porque Dios nunca abandona a las personas sin que antes ellas se hayan apartado de él. Y el resultado sería su ruina, pues quedaron verdaderamente deshechos cuando fueron excluidos del pacto.
Otro propósito era levantar una nueva generación, y eso no podía suceder de inmediato. Los hijos crecerían viendo señales claras del desagrado de Dios contra sus padres. Llevarían el pecado de sus padres, es decir, el castigo por ese pecado, especialmente la idolatría relacionada con el becerro de oro, que Dios ahora recordaba contra ellos. Su largo peregrinaje también haría que Canaán les pareciera más preciosa cuando finalmente entraran en ella. Parece que Moisés escribió el Salmo 90 en esta ocasión, y ese salmo encaja muy bien con la condición de Israel. Allí se les enseña a orar que, puesto que esta sentencia no podía revocarse, Dios la usara para su bien y les enseñara a aplicar su corazón a la sabiduría.
En esta sentencia tan severa también hubo misericordia. Primero, hubo misericordia para Caleb y Josué. Aunque tendrían que vagar con los demás por el desierto, ellos —y solo ellos, de todos los que ya tenían más de veinte años— sobrevivirían a los años de peregrinación y entrarían en Canaán. Aquí solo se menciona a Caleb (Números 14:24), y se le concede un honor especial. Se elogia su carácter porque tenía «otro espíritu», diferente al de los demás espías. Tenía pensamientos mejores y más sabios, y siguió plenamente al Señor, permaneciendo fiel a su deber y llevándolo a cabo, aun cuando los demás lo abandonaron y lo amenazaron.
También recibió la promesa de una recompensa. Dios dijo: «Lo llevaré a la tierra que recorrió». Esta debe ser nuestra gran preocupación: seguir plenamente al Señor. Al vivir obedeciendo la voluntad de Dios y sirviendo para su honra, debemos seguirlo por completo, sin dividir nuestra lealtad; con sinceridad, sin fingir; con alegría, sin discutir; y con constancia, sin desviarnos. Eso significa seguirlo plenamente. Quienes desean hacerlo deben tener otro espíritu, diferente al espíritu del mundo y también diferente a su propia naturaleza. Deben tener el espíritu de Caleb. Los que siguen plenamente a Dios en una época de incredulidad generalizada recibirán de él un cuidado especial en tiempos de dificultades comunes. Y el Canaán celestial, la herencia permanente de los creyentes, pertenecerá a todos los que sigan plenamente al Señor.
Cuando Caleb vuelve a mencionarse (Números 14:30), Josué aparece junto a él. Comparte el mismo favor y el mismo honor porque permaneció al lado de Caleb en el mismo servicio.
En segundo lugar, hubo misericordia para los hijos de estos rebeldes. Su linaje familiar sería preservado, y Canaán seguiría asegurado para esa familia. Dios dijo: «A sus pequeños, de quienes ustedes dijeron que serían presa, yo los llevaré» (Números 14:31). En su incredulidad, el pueblo había afirmado erróneamente que Dios pretendía destruir a sus hijos (Números 14:3). Pero Dios mostraría que puede distinguir claramente entre los culpables y los inocentes, eliminando a los padres sin dañar a los hijos. De este modo, la promesa hecha a Abraham, aunque por un tiempo pareciera estar a punto de fracasar, jamás fracasaría al final. Aunque Dios disciplinara sus pecados con vara, no les quitaría por completo su amor fiel.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Números 14:1
"Entonces toda la congregación alzó la voz y clamó, y el pueblo lloró aquella noche."
Números 14:2
"Todos los hijos de Israel murmuraron contra Moisés y contra Aarón, y toda la congregación les dijo: ¡Ojalá hubiéramos muerto en la tierra de Egipto! ¡Ojalá hubiéramos muerto en este desierto!"
Números 14:3
"¿Y por qué nos ha traído el Señor a esta tierra, para que caigamos a espada y nuestras esposas y nuestros hijos sean presa? ¿No sería mejor que regresáramos a Egipto?"
Números 14:4
"Y se decían unos a otros: Designemos un capitán y regresemos a Egipto."
Números 14:5
"Entonces Moisés y Aarón cayeron rostro en tierra ante toda la asamblea de la congregación de los hijos de Israel."
Números 14:6
"Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que estaban entre los que habían explorado la tierra, rasgaron sus ropas."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.