Versículo destacado
Números 14:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y el Señor dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me provocará este pueblo? ¿Hasta cuándo tardarán en creerme, a pesar de todas las señales que he realizado en medio de ellos? "
Números 14:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 Solo no se rebelen contra el Señor ni teman al pueblo de la tierra, porque ellos son pan para nosotros. Su protección se ha apartado de ellos, y el Señor está con nosotros. No les tengan miedo.
10 Pero toda la congregación mandó que los apedrearan. Entonces la gloria del Señor apareció en el tabernáculo de reunión ante todos los hijos de Israel.
11 Y el Señor dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me provocará este pueblo? ¿Hasta cuándo tardarán en creerme, a pesar de todas las señales que he realizado en medio de ellos?
12 Los heriré con una peste y los desheredaré, y haré de ti una nación más grande y más poderosa que ellos.
13 Entonces Moisés dijo al Señor: Los egipcios lo oirán, (pues tú sacaste a este pueblo de en medio de ellos con tu poder);
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Este es el justo juicio que Dios pronunció contra Israel por sus quejas y su incredulidad. Más adelante lo moderó, pero aun así mostró lo que su pecado merecía y lo que exigía la justicia estricta. También mostró lo que habría sucedido si Moisés no hubiera intervenido. Cuando la gloria del Señor apareció en el tabernáculo, Moisés probablemente entendió que Dios lo llamaba a presentarse ante él, tal como había subido al monte en una crisis parecida, antes de que se construyera el tabernáculo (Éxodo 32:30). Así que, mientras el pueblo intentaba avergonzarlo, Dios honró públicamente a Moisés como alguien que conocía sus propósitos.
Primero, Dios le mostró a Moisés cuán grave era el pecado del pueblo (Números 14:11). Lo que ocurría entre Dios e Israel pasaba por medio de Moisés. Cuando el pueblo se enojaba con Dios, se quejaba con Moisés (Números 14:2). Y cuando Dios se enojaba con el pueblo, también hablaba con Moisés, porque el Señor revela sus secretos a sus siervos los profetas (Amós 3:7). Dios señaló dos cosas.
Primero, su pecado. Dijo: «Me provocan»; o, más literalmente, lo rechazan, lo insultan y lo desprecian, porque se niegan a creer en él. Esa incredulidad era la raíz amarga que producía toda su amargura y rebelión. Su falta de confianza convirtió aquel día en un día de provocación en el desierto (Hebreos 3:8). Desconfiar de Dios, de su poder y de sus promesas es una ofensa grave en sí misma, y está detrás de muchos otros pecados. La incredulidad es un pecado serio (1 Juan 5:10) y también un pecado de raíz (Hebreos 3:12).
Segundo, Dios señaló la obstinación continua del pueblo. Preguntó: «¿Hasta cuándo seguirán haciendo esto?». Dios toma en cuenta cuánto tiempo los pecadores continúan provocándolo, y cuanto más persisten, más le desagrada su conducta. El pecado de ellos era aún más grave por quiénes eran. Eran «este pueblo»: un pueblo escogido para tener una relación especial con Dios y que profesaba pertenecerle. Cuanto más cerca de Dios están las personas por nombre y profesión de fe, más lo provocan cuando pecan, especialmente cuando no confían en él. Su pecado también era más grave por lo que habían visto. Habían experimentado el poder y la bondad de Dios mediante todas las señales que él había realizado entre ellos. Uno pensaría que eso los habría llevado a confiar y obedecerle. Cuanto más ha hecho Dios por nosotros, mayor es nuestra culpa si aun así desconfiamos de él.
Luego Dios le mostró a Moisés la sentencia que la justicia exigía, en Números 14:12: «¿Qué queda ahora sino acabar por completo con ellos?». En otras palabras, el juicio estaba a punto de ejecutarse. Dios los heriría con una plaga, no dejaría a ninguno con vida y borraría su nombre y su descendencia. Los rechazaría como pueblo suyo y dejaría de cargar con ellos. Los hijos rebeldes merecen ser desheredados.
Si alguien preguntara qué sucedería con el pacto de Dios con Abraham, la respuesta de Dios sería que podía preservarlo por medio de Moisés: «Haré de ti una nación más grande». Con esto, Dios estaba probando a Moisés para ver si todavía amaba a Israel como antes, cuando había buscado el bien del pueblo por encima del crecimiento de su propia familia. Moisés mostró que seguía teniendo el mismo espíritu de servicio público y que no podía soportar la idea de construir su propio nombre sobre la ruina de Israel. Dios también nos enseña aquí que no depende de los pecadores. Si Adán y Eva hubieran sido eliminados, él podía haber levantado otra pareja y seguir mostrando su misericordia. Del mismo modo, si Israel hubiera sido destruido, Dios podía haber glorificado su misericordia por medio de Moisés.
Entonces Moisés hizo una humilde oración por el pueblo. El pecado de ellos había abierto una brecha en el muro que los protegía, y la destrucción habría entrado con ímpetu si Moisés no hubiera intervenido en el momento preciso para detenerla. En esto, Moisés apuntaba a Cristo, quien oró por quienes lo perseguían y nos dejó un ejemplo conforme a su propio mandato (Mateo 5:44).
La petición de Moisés fue sencilla: «Te ruego que perdones el pecado de este pueblo» (Números 14:19). En otras palabras: «No les envíes la ruina que merecen». Esto se parece a la oración de Cristo por quienes lo crucificaron: «Padre, perdónalos». Cuando una nación peca como nación, el perdón implica retirar el castigo nacional, y eso es lo que Moisés pidió con urgencia en este caso.
Moisés presentó muchas razones firmes para apoyar su petición. Sobre todo, apeló al honor de Dios (Números 14:13-16). Comenzó por ahí, casi de repente, tomando como punto de partida las temibles palabras de Dios: «Los desheredaré». Moisés respondió, en esencia: «Señor, entonces los egipcios se enterarán». El honor de Dios estaba más cerca del corazón de Moisés que sus propios intereses.
Moisés argumentó que tanto Egipto como Canaán estaban observando, y que se habían levantado grandes expectativas en torno a ese pueblo. Las naciones vecinas habían oído que el Señor estaba en medio de ellos (Números 14:14). El relato del cuidado de Dios por Israel se había extendido por todas partes, y ningún otro pueblo había ocupado una posición semejante bajo el cielo. Si ahora fueran eliminados, la noticia se difundiría rápidamente. Los egipcios se enterarían, porque tenían espías entre los israelitas, y los habitantes de la tierra también lo sabrían (Números 14:13-14). Egipto y Canaán mantenían una comunicación estrecha, aunque no fuera por aquella ruta del desierto.
Si todo ese pueblo, que había causado una impresión tan grande, fuera destruido y sus grandes afirmaciones quedaran en nada, las naciones paganas lo interpretarían de manera equivocada. Su luz se apagaría de inmediato, y las naciones difundirían la noticia con alegría. Pero no verían aquello como un acto de justicia que honrara a Dios. Lo entenderían como una muestra de que su poder había fallado. Dirían que Dios los había destruido en el desierto porque no tenía suficiente fuerza para llevarlos a Canaán, como si su poder se hubiera debilitado y se le hubieran acabado las maravillas (Números 14:16). En efecto, Moisés estaba rogando que ningún atributo de Dios fuera honrado a costa de otro. Sería mejor que la misericordia triunfara sobre el juicio a que se pusiera en duda el poder de Dios.
Esta es una de las mejores clases de oración. Se basa en el honor de Dios y corresponde a la primera petición del Padre Nuestro: «Santificado sea tu nombre». No permitas que el trono de tu gloria sea avergonzado. Dios mismo usa este tipo de argumento cuando dice: «Temo la ira del enemigo» (Deuteronomio 32:27). Nosotros también debemos tomarlo como guía para nuestra vida, de modo que actuemos siempre de una manera que no les dé a los enemigos de Dios ninguna razón para hablar contra él (1 Timoteo 6:1).
Moisés también apeló a la proclamación que Dios había hecho de su nombre en Horeb (Números 14:17-18): «Que se manifieste la grandeza del poder del Señor». Aquí, poder significa misericordia perdonadora: el poder que Dios ejerce sobre su propia ira.
Si Dios los destruía, la gente cuestionaría su poder. Pero si continuaba adelante y completaba su obra de salvación, aun frente a enemigos fuertes y a pesar de que los propios pecados del pueblo complicaban la situación, eso mostraría su poder con mayor claridad. ¿Qué no puede hacer aquel que puede dar la victoria a un pueblo tan débil y escoger como suyo a un pueblo tan indigno? Cuanto mayor sea el peligro de que otros hablen contra el poder de Dios, más debemos desear que ese poder sea honrado.
Para fortalecer su oración, Moisés recordó lo que Dios mismo había dicho: «El Señor es lento para la ira y grande en misericordia». Dios había declarado que su bondad formaba parte de su gloria (Éxodo 34:6-7). Ahora Moisés le pidió que mostrara nuevamente esa gloria en aquella situación. Siempre debemos sacar confianza para orar de la palabra de Dios y de las promesas que nos han dado esperanza (Salmo 119:49). En esencia, Moisés estaba diciendo: «Señor, actúa conforme a lo que has hablado. ¿Acaso has hablado sin cumplir tu palabra?».
Moisés basó su petición en tres cosas que Dios había declarado claramente. Primero, el carácter de Dios es bueno en general: es lento para la ira y grande en misericordia. No se enoja fácilmente, sino que es bondadoso y compasivo con quienes lo ofenden. Segundo, Dios está dispuesto a perdonar el pecado en todas sus formas. Tercero, aun cuando castiga, no pretende traer una ruina total. Así pueden entenderse estas palabras: cuando castiga la culpa de los padres en sus hijos, no acaba por completo con sus familias.
Dios había dicho en el segundo mandamiento que visitaría el pecado de esa manera, pero aquí el sentido es que no elimina de una vez a familias, iglesias o naciones enteras. Eso encaja muy bien con este momento. Moisés no estaba pidiendo que Dios nunca castigara aquel pecado, porque eso solo alentaría la rebelión. Estaba pidiendo que no destruyera a todo el pueblo como a un solo hombre (Números 14:15). En otras palabras, no pidió que escaparan de la disciplina, sino que no fueran separados por completo de las bendiciones del pacto de Dios.
Este recordatorio era especialmente apropiado porque Dios había revelado por primera vez ese mismo nombre cuando perdonó el pecado del pueblo con el becerro de oro. El pecado que ahora cometían era grave, pero no se trataba de idolatría. Moisés también apela a la misericordia pasada de Dios: «Así como has perdonado a este pueblo desde Egipto» (Números 14:19). A primera vista, esto podría parecer un argumento débil. ¿Por qué habría de seguir perdonando Dios a un pueblo que, después de recibir tantos perdones, continuaba rebelándose cada vez más? La sabiduría humana diría que una paciencia así podría animarlos a persistir en el pecado.
Pero los caminos de Dios están muy por encima de los nuestros, incluso en la manera en que perdona el pecado (Isaías 55:9). Moisés considera el perdón pasado de Dios una razón firme para pedirle que vuelva a perdonar. Su razonamiento es: «Perdona ahora como has perdonado antes». Perdonar una vez más no dañará la justicia de Dios ni disminuirá la alabanza que merece por su misericordia. Por eso los descendientes de Jacob no son destruidos: porque tienen que ver con un Dios que no cambia (Malaquías 3:6).
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Números 14:1
"Entonces toda la congregación alzó la voz y clamó, y el pueblo lloró aquella noche."
Números 14:2
"Todos los hijos de Israel murmuraron contra Moisés y contra Aarón, y toda la congregación les dijo: ¡Ojalá hubiéramos muerto en la tierra de Egipto! ¡Ojalá hubiéramos muerto en este desierto!"
Números 14:3
"¿Y por qué nos ha traído el Señor a esta tierra, para que caigamos a espada y nuestras esposas y nuestros hijos sean presa? ¿No sería mejor que regresáramos a Egipto?"
Números 14:4
"Y se decían unos a otros: Designemos un capitán y regresemos a Egipto."
Números 14:5
"Entonces Moisés y Aarón cayeron rostro en tierra ante toda la asamblea de la congregación de los hijos de Israel."
Números 14:6
"Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que estaban entre los que habían explorado la tierra, rasgaron sus ropas."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.