Versículo destacado
Nahúm 3:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" ¿Eres mejor que No la populosa, que estaba situada entre los ríos, rodeada de aguas, cuyo baluarte era el mar y cuya muralla provenía del mar? "
Nahúm 3:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 Arrojaré sobre ti inmundicias abominables, te haré despreciable y te pondré como espectáculo.
7 Entonces todos los que te vean huirán de ti y dirán: «Nínive ha sido devastada. ¿Quién se lamentará por ella? ¿Dónde buscaré quienes te consuelen?»
8 ¿Eres mejor que No la populosa, que estaba situada entre los ríos, rodeada de aguas, cuyo baluarte era el mar y cuya muralla provenía del mar?
9 Etiopía y Egipto eran su fuerza, y esta era infinita; Fut y los libios eran tus ayudantes.
10 Sin embargo, ella fue llevada y marchó al cautiverio. También sus niños pequeños fueron despedazados al comienzo de todas las calles. Echaron suertes por sus hombres honorables, y todos sus grandes hombres fueron atados con cadenas.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
A Nínive se le había advertido que Dios estaba contra ella, y entonces nadie podría defenderla ni ayudarla. Sin embargo, todavía desafiaba al mismo Dios, su poder y su justicia, y decía: «Viviré en paz». Las personas que reciben una advertencia suelen seguir viviendo por mucho tiempo; por eso, el profeta muestra cuán inútil sería la confianza de Nínive y que esta no podría apartar el juicio de Dios.
Para demostrarlo, primero muestra que otros lugares, tan fuertes y seguros como Nínive, tampoco pudieron resistir los juicios de Dios. Nínive caería sin compasión ni consuelo, porque quienes hablan de paz a personas a las que Dios está por afligir son consoladores muy poco útiles. Ella no podría ayudarse a sí misma. «¿Eres mejor que No la populosa?» (Nahúm 3:8). El profeta debilita su falsa esperanza al señalar ejemplos anteriores.
La ciudad mencionada aquí es No, una gran ciudad de Egipto (Jeremías 46:25), llamada también No-Amón en algunas traducciones. Leemos acerca de ella en Ezequiel 30:14-16. Algunos piensan que era Diospolis; otros, Alejandría. Así como Dios le dijo a Jerusalén: «Vayan a ver lo que hice en Silo» (Jeremías 7:12), también le dice a Nínive: «Ve a ver lo que hice con No la populosa». Recordar que no somos mejores que quienes cayeron antes que nosotros nos ayuda a temer los juicios de Dios. Merecemos esos mismos juicios y somos igualmente incapaces de evitarlos.
Esto también debería ayudarnos a aceptar las dificultades. ¿Somos mejores que tal o cual persona que fue probada de la misma manera? ¿O quizá ellos eran mejores que nosotros y tenían menos motivos para sufrir? Observemos primero cuán segura parecía No (Nahúm 3:8). Estaba fortificada tanto por la naturaleza como por la habilidad humana. Se encontraba entre ríos. El Nilo, con sus varios brazos, no solo regaba sus campos, sino que también protegía sus murallas. Su defensa era como un mar: el lago Mareotis, un lago egipcio parecido al mar de Galilea. Su muralla provenía del mar, y la gente pensaba que sus defensas hacían imposible conquistarla.
También contaba con el respaldo de sus intereses y alianzas en el extranjero (Nahúm 3:9). Etiopía, o Arabia, era su fuerza, ya fuera por las riquezas obtenidas mediante el comercio o por los soldados enviados para ayudarla en la guerra. Toda la tierra de Egipto también apoyaba a aquella ciudad populosa, de modo que su poder parecía no tener límites. No ponía límites a su ambición ni conocía el fin de sus riquezas y poder. La gente seguía llegando a ella, y parecía que nada detendría jamás su crecimiento. Pero solo Dios es verdaderamente infinito.
Put y los libios eran sus aliados: dos regiones cercanas de África, Mauritania y Libia, o la Cirenaica, de las cuales Egipto dependía en gran medida. Así, con todos esos apoyos, No parecía sentarse como una reina sin esperar ninguna desgracia. Pero observemos cuán completa fue su caída (versículo 10). Fue llevada al cautiverio y su fuerza desapareció. La ciudad que había sido tan fuerte y segura terminó en cautividad. Esto parece referirse a una destrucción de aquella ciudad que era bien conocida en ese tiempo, aunque quizá no haya quedado registrada en la historia. Si se interpreta como una profecía acerca de Nabucodonosor, no podría servir de ejemplo para Nínive, porque la caída de Nínive estuvo entre sus primeras victorias, mientras que la derrota de Egipto ocurrió entre las últimas.
La grandeza de aquella ciudad no pudo protegerla de la destrucción militar. No fue librada de la peor clase de crueldad, pues no tuvieron compasión de sus niños. Los conquistadores despiadados los estrellaron contra el suelo en las esquinas de las calles. Tampoco fue librada de la humillación y la vergüenza. Echaron suertes sobre sus nobles que habían sido llevados prisioneros, como si fueran objetos que debían repartirse entre esclavos. Había tantos cautivos que los conquistadores los trataban como dados en un juego. Todos los grandes hombres que antes llevaban cadenas de oro en los días de fiesta ahora estaban atados con cadenas de hierro. La palabra indica que fueron puestos en grilletes como criminales condenados, no simplemente como esclavos. ¡Qué vergüenza cayó sobre No la populosa, cuando sus hombres honrados y poderosos, las mismas personas en quienes confiaba, fueron maltratados de esa manera!
A partir de esto, el profeta presenta una advertencia para Nínive (Nahúm 3:11): «Tú también te embriagarás y quedarás confundida. Tambalearás y vacilarás como alguien ebrio del cáliz de la ira del Señor, que te será dado» (véanse Jeremías 25:17, 27). «Caerás y no volverás a levantarte. El cáliz llegará hasta ti, Nínive, y al final tendrás que beberlo».
En segundo lugar, el profeta muestra que todo aquello en lo que Nínive confiaba le fallaría. ¿Confiaban sus hombres en su propio valor y audacia? Su corazón desfallecería. Se esconderían, en parte por la vergüenza de haber sido humillados y en parte por el miedo, porque estarían en peligro. No podrían enfrentarse al enemigo. Sin fuerzas propias, acudirían a sus vecinos para suplicar ayuda en el momento de necesidad. De esta manera, Dios puede quebrantar el espíritu de los gobernantes y quitarles el valor.
¿Dependían de sus defensas, sus guarniciones y fortalezas, construidas con cuidado y bien equipadas? Estas demostrarían ser como murallas de papel. Sería tan fácil tomar sus fortalezas como recoger higos maduros, que caen en la boca de cualquiera que sacuda un poco el árbol. Así de fácilmente se rendirían todos sus lugares fortificados ante el avance del enemigo, al primer ataque (Nahúm 3:12). Las fortalezas, incluso las más poderosas, no sirven de defensa contra los juicios de Dios cuando él los envía. «Las riquezas del rico son su ciudad fortificada; en su imaginación son como una muralla alta» (Proverbios 18:10).
Se les dice que fortifiquen sus lugares fuertes tanto como puedan y que hagan todo lo posible por resistir al invasor (Nahúm 3:14): «Saquen agua para el asedio», es decir, almacenen suficientes provisiones para no morir de hambre. Aquí el agua representa todo lo necesario para vivir. «Fortalezcan las fortalezas» añadiendo defensas exteriores o colocando más hombres y armas en ellas, como quien instala cañones en una fortificación. «Métanse en el barro, pisen la mezcla y fortalezcan el horno de ladrillos». En otras palabras, debían tomar todas las medidas posibles para construir nuevas defensas. Pero todo sería inútil, porque si la ciudad era tomada por asalto, el fuego la destruiría (Nahúm 3:15). En la guerra, el fuego y la espada son los que causan mayor destrucción.
¿Confiaban en la gran cantidad de habitantes de la ciudad? ¿Pensaban que sus numerosos soldados los hacían tan seguros como las fuertes murallas y defensas? Esa esperanza no les serviría más que ninguna otra, porque su propio tamaño solo haría mayor su caída (Nahúm 3:13). Su pueblo perdería el ánimo y actuaría sin sabiduría ni valor. En el momento de peligro y angustia, tendrían miedo, estarían débiles y confundidos, y hasta los hombres valientes se volverían cobardes.
¿Confiaban en su gran número? Se habían multiplicado como la oruga y la langosta, que llegan en enormes enjambres (Nahúm 3:15). También habían aumentado sus comerciantes hasta superar en número a las estrellas del cielo. La ciudad estaba llena de comerciantes ricos, y quizá la gente pensaba que ellos ayudarían a defenderla, ya que tenían dinero para gastar en protección. Pero incluso sus corazones desfallecerían. Aunque fueran tan numerosos como las orugas, el fuego y la espada los destruirían con tanta facilidad y seguridad como una plaga de langostas.
Aquí se vuelve a usar la misma imagen. La oruga destruye y luego se va volando. De la misma manera, los enemigos despojarían a Nínive y se llevarían sus riquezas sin encontrar resistencia, y habría poca esperanza de recuperarlas. O quizá los mismos comerciantes, que habían venido de otras tierras y habían acumulado grandes propiedades en Nínive, verían acercarse el peligro y se marcharían rápidamente. Extenderían sus alas y volarían hacia un lugar seguro, y Nínive no obtendría ningún beneficio de ellos. Es común que las personas compartan nuestra alegría, pero es raro que compartan nuestras dificultades. Quienes se quedan mientras hay algo que ganar suelen irse cuando todo se ha perdido. Las riquezas mismas son como las orugas, porque pueden volar de repente, tan rápidamente como un águila se eleva hacia el cielo (Proverbios 23:5).
¿Confiaban en la fuerza de sus puertas y cerrojos? ¿De qué serviría esa defensa contra los juicios de Dios (Nahúm 3:13)? Las puertas de la tierra serían abiertas de par en par al enemigo. Esto incluye las puertas del río, las compuertas, los pasos y caminos por donde entrarían los invasores, además de las puertas de la ciudad misma (Nahúm 2:6). Aunque esas puertas fueran fuertes y estuvieran bien vigiladas, no lograrían nada. El fuego consumiría los cerrojos, y entonces las puertas quedarían abiertas.
¿Confiaban en su rey y en sus príncipes? Ellos también les fallarían (Nahúm 3:17). Sus líderes coronados, que tenían poder y dignidad, quedarían tan indefensos como las langostas cuando el enemigo llegara como una inundación. Sus capitanes, que debían dirigir el ejército, tenían una apariencia imponente, pero eran como grandes saltamontes, inútiles en la batalla. Acampaban entre los setos durante el frío, pero cuando salía el sol, volaban y desaparecían. Así serían esos soldados contratados de Nínive. Cuando llegaran los problemas, huirían y solo buscarían salvarse a sí mismos. El trabajador contratado huye porque trabaja por un salario. El rey de Asiria debería haberlo sabido, y era una vergüenza que tuvieran que decírselo. Sus pastores, es decir, sus gobernantes y oficiales, estaban dormidos. No tenían la energía ni el valor para proteger al pueblo, y eran negligentes con la responsabilidad que se les había confiado. Sus nobles quedarían tendidos en el polvo y serían sepultados en silencio.
¿Esperaban recuperarse y volver a reunirse? Esa esperanza también fracasaría. Cuando derriban a los pastores, las ovejas se dispersan. Así el pueblo sería esparcido por los montes, y nadie lo reuniría. No volverían a unirse por sí mismos, sino que seguirían vagando como ovejas dispersas. Su juicio se presenta como una herida que no puede sanar. No hay remedio para ella, ni siquiera una manera de cubrirla. Su situación es irremediable (Nahúm 3:19). Sus vecinos no los consolarían. Más bien, aplaudirían sobre Nínive y se alegrarían de su caída, porque Nínive los había lastimado a todos de una u otra manera. Siempre había hecho daño a quienes la rodeaban, y no había nadie a quien no hubiera maltratado o insultado. Por eso no sentirían compasión, sino satisfacción al ver que Nínive recibía el mismo trato que les había dado a los demás.
Quienes maltratan a sus vecinos algún día descubrirán que ese daño vuelve contra ellos. Con el tiempo, se ganan enemigos que se levantan contra ellos cuando llega el día de su propia caída. Incluso quienes no los ataquen personalmente podrían aplaudir sobre ellos y recordarles su antigua maldad, ahora completamente devuelta. Quien causa problemas terminará afligido, y esa es la carga del mensaje pronunciado aquí contra Nínive.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Nahúm 3:1
"¡Ay de la ciudad sanguinaria! Está toda llena de mentiras y robos; la presa no se aparta de ella."
Nahúm 3:2
"Se oye el ruido del látigo, el estrépito de las ruedas, el galope de los caballos y el salto de los carros."
Nahúm 3:3
"El jinete levanta la espada brillante y la lanza reluciente; hay multitud de muertos y gran número de cadáveres. Sus cuerpos no tienen fin; tropiezan con sus cadáveres."
Nahúm 3:4
"Esto sucede por la multitud de prostituciones de la prostituta de hermosa apariencia, señora de hechicerías, que vende naciones mediante sus prostituciones y familias mediante sus hechicerías."
Nahúm 3:5
"Mira, yo estoy contra ti —dice el SEÑOR de los ejércitos—. Levantaré tus faldas sobre tu rostro, mostraré tu desnudez a las naciones y tu vergüenza a los reinos."
Nahúm 3:6
"Arrojaré sobre ti inmundicias abominables, te haré despreciable y te pondré como espectáculo."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.