Versículo destacado

Mateo 16:5 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Cuando sus discípulos llegaron al otro lado, habían olvidado llevar pan. "

Mateo 16:5

menu_book El versículo en contexto

3 Y por la mañana dicen: “Hoy habrá mal tiempo, porque el cielo está rojo y sombrío”. ¡Hipócritas! Ustedes saben distinguir el rostro del cielo, ¿pero no pueden distinguir las señales de los tiempos?

4 «Una generación malvada y adúltera busca una señal, pero no se le dará ninguna señal, excepto la señal del profeta Jonás». Y dejándolos, se fue.

5 Cuando sus discípulos llegaron al otro lado, habían olvidado llevar pan.

6 Entonces Jesús les dijo: «Estén atentos y cuídense de la levadura de los fariseos y de los saduceos».

7 Ellos razonaban entre sí, diciendo: «Es porque no trajimos pan».

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí vemos a Cristo hablando con sus discípulos acerca del pan. Como en muchas otras ocasiones, habló de asuntos espirituales usando una imagen, pero ellos entendieron sus palabras de manera material. La ocasión fue que habían olvidado abastecer la barca y llevar comida para el viaje. Por lo general llevaban pan consigo, porque a veces viajaban a lugares solitarios y, aun cuando no lo hacían, no querían ser una carga para otros.

Podemos pensar que lo olvidaron porque su mente y su memoria estaban llenas de cosas mejores. Los discípulos de Cristo suelen ser personas que no hacen planes con mucha anticipación para esta vida. Primero, Cristo les advirtió que tuvieran cuidado con la levadura de los fariseos. Acababa de hablar con los fariseos y los saduceos, y había visto lo suficiente de su espíritu como para advertirles a sus discípulos que no tuvieran nada que ver con ellos.

Los discípulos suelen estar más expuestos al peligro de los hipócritas. Tienen cuidado con los pecadores abiertos, pero muchas veces bajan la guardia frente a los fariseos, que aparentan ser profundamente religiosos, y frente a los saduceos, que afirman ser buscadores imparciales de la verdad. Por eso la advertencia es fuerte: «Tengan cuidado y estén atentos». Las malas enseñanzas y prácticas de los fariseos y los saduceos se comparan con la levadura, porque la levadura agria la masa, la hace crecer y se extiende por todo lo que toca.

Los discípulos entendieron mal esta advertencia. Pensaron que Cristo los estaba reprendiendo porque habían sido descuidados y habían olvidado el pan. O quizá pensaron que, como no tenían pan propio, les estaba advirtiendo que no les pidieran ayuda a los fariseos y los saduceos ni recibieran nada de ellos. Tal vez incluso temieron que, bajo el pretexto de alimentarlos, esos hombres pudieran hacerles daño. O entendieron la advertencia como una prohibición de ser amigos de los fariseos y los saduceos o de comer con ellos (Proverbios 23:6), cuando el verdadero peligro no estaba en su pan. El mismo Cristo comió con ellos (Lucas 7:36; Lucas 11:37; Lucas 14:1); el peligro estaba en sus creencias.

Entonces Cristo los reprendió por dudar de su capacidad y disposición para proveerles en aquella necesidad. En efecto, les dijo: «Ustedes tienen poca fe. ¿Por qué están tan preocupados porque no trajeron pan, como si eso fuera lo único en lo que pueden pensar y como si su Maestro estuviera tan preocupado como ustedes?». No los estaba reprendiendo por haber sido olvidadizos de la manera que ellos suponían. Los padres y los maestros no deben enojarse con los olvidos de los hijos y los sirvientes más de lo necesario para enseñarles a hacerlo mejor la próxima vez. Todos tendemos a olvidar nuestro deber. Una falta así puede excusarse como un descuido.

Observemos con qué rapidez Cristo perdonó el descuido de sus discípulos, incluso en algo tan práctico como llevar pan. Nosotros debemos hacer lo mismo. Pero lo que sí reprendió fue su fe débil. Quería que dependieran de él para recibir provisión, aun en un desierto, en vez de permitir que los pensamientos ansiosos los perturbaran. Los discípulos de Cristo pueden llegar a tener necesidades por su propio descuido, pero aun así él los anima a confiar en que los ayudará. No debemos usar esto como una excusa para tratar con crueldad a los verdaderamente pobres, diciendo que debieron haberse administrado mejor y que, por lo tanto, merecen su necesidad. Tal vez hayan fallado en prudencia, pero no por eso deben quedar sin alimento.

A Cristo le desagradaba que se angustiaran y se preocuparan de esa manera. Otros pueden criticar la debilidad y la falta de sentido práctico de las personas buenas en los asuntos de esta vida, pero eso no le resulta tan ofensivo a Cristo como su preocupación excesiva por esas cosas. Debemos procurar mantenernos en el punto medio entre el descuido y la ansiedad. Sin embargo, de las dos cosas, para los discípulos de Cristo es peor preocuparse demasiado por los asuntos de este mundo. «Ustedes tienen poca fe. ¿Por qué están perturbados porque les falta pan?». Desconfiar de Cristo y agitarnos en medio de los problemas demuestra una fe débil. Si la fe estuviera activa como debe, aliviaría nuestra carga al poner nuestras preocupaciones en el Señor, que cuida de nosotros.

Su desconfianza era aún más injustificable por lo que acababan de ver del poder y la bondad de Cristo al proveer para ellos. Aunque no tenían pan consigo, tenían a Cristo con ellos, y él podía proveerles pan. Si no tenían la cisterna, tenían la Fuente. «¿Todavía no entienden ni recuerdan?». Los discípulos de Cristo suelen ser lentos para entender y rápidos para olvidar. ¿Ya habían olvidado aquellos actos repetidos de misericordia y poder, cuando alimentó a cinco mil personas con cinco panes y a cuatro mil con siete panes, y todavía sobró comida? Debían recordar cuántas canastas recogieron.

Aquellas canastas tenían el propósito de ayudarlos a recordar la misericordia que habían visto, como el recipiente con maná que se conservó en el arca (Éxodo 16:32). Lo que sobró de aquellas comidas debió haber sido un consuelo presente para ellos. El que entonces había provisto tanto podía ciertamente proveer lo que necesitaban ahora. Ese alimento para sus cuerpos debía convertirse en alimento para su fe (Salmo 74:14). Ahora que habían olvidado llevar pan, debían vivir de ese recuerdo. Muchas veces nos preocupan las necesidades y dudas del presente porque no recordamos adecuadamente el poder y la bondad que Dios mostró en el pasado.

Cristo también corrigió su malentendido acerca de la advertencia. Les preguntó cómo era posible que no entendieran, pues le decepcionaba que hubieran pensado tan poco en el sentido de sus palabras. Los discípulos de Cristo deberían avergonzarse de lo lentamente que comprenden las cosas divinas, especialmente después de haber disfrutado durante tanto tiempo de los medios de gracia. «No les estaba hablando de pan». También le dolió que pensaran que él estaba tan concentrado en el pan como ellos, cuando su alimento y su bebida consistían en hacer la voluntad de su Padre. Además, le desagradó que estuvieran tan poco familiarizados con su manera de enseñar que tomaran literalmente una imagen, tal como la multitud solía hacerlo cuando él hablaba en parábolas (Mateo 13:13).

Al final, esta reprensión corrigió su error. Entonces entendieron lo que quería decir. Cristo nos muestra nuestra necedad y debilidad para que podamos corregirnos y pensar correctamente. Al principio no les explicó claramente el significado. En cambio, repitió la advertencia de que debían cuidarse de la levadura y, al relacionarla con sus otras enseñanzas, los llevó a entenderlo por sí mismos.

De esta manera, Cristo enseña por medio del Espíritu de sabiduría en el corazón y abre la mente al Espíritu de revelación en la palabra. Las verdades que tenemos que buscar y descubrir después de algunos errores suelen llegar a ser las más valiosas para nosotros.

Aunque Cristo no había hablado claramente al principio, ahora los discípulos entendieron que, con la levadura de los fariseos y los saduceos, se refería a sus enseñanzas y a su manera de vivir. Su doctrina y su conducta eran corruptas y malas, pero estaban presentadas de tal manera que podían introducirse silenciosamente en la mente de las personas, como la levadura que se extiende por la masa o como una enfermedad que va consumiendo el cuerpo. Como aquellos hombres eran líderes y gozaban de gran respeto, el peligro de contagiarse con sus errores era aún mayor.

En nuestros días, podemos considerar el ateísmo y el deísmo como la levadura de los saduceos, y el papismo como la levadura de los fariseos. Contra ambas cosas, todos los cristianos deben mantenerse alerta.

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