Versículo destacado
Jueces 18:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces los cinco hombres partieron y llegaron a Laís. Vieron que el pueblo que allí vivía estaba despreocupado, según la costumbre de los sidonios, tranquilo y seguro. No había en la tierra ningún magistrado que pudiera avergonzarlos en cosa alguna. Estaban lejos de los sidonios y no tenían tratos con nadie. "
Jueces 18:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Ellos le dijeron: «Te rogamos que consultes a Dios para que sepamos si prosperará el camino por el que vamos».
6 El sacerdote les respondió: «Vayan en paz. El camino por el que van está delante del SEÑOR».
7 Entonces los cinco hombres partieron y llegaron a Laís. Vieron que el pueblo que allí vivía estaba despreocupado, según la costumbre de los sidonios, tranquilo y seguro. No había en la tierra ningún magistrado que pudiera avergonzarlos en cosa alguna. Estaban lejos de los sidonios y no tenían tratos con nadie.
8 Cuando regresaron a sus hermanos en Zora y Estaol, sus hermanos les preguntaron: «¿Qué dicen ustedes?».
9 Ellos respondieron: Levántense, y subamos contra ellos, porque hemos visto la tierra y, miren, es muy buena. ¿Y ustedes se quedan quietos? No sean perezosos para ir y entrar a poseer la tierra.
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Esto fue lo primero que los espías notaron acerca de Laís y de la condición de sus habitantes (Jueces 18:7). Nunca un lugar había estado tan mal gobernado y tan mal defendido. Por eso era un blanco fácil para cualquiera que quisiera atacarlo.
Estaba mal gobernado porque cada persona podía hacer todo el mal que quisiera, y no había magistrado ni autoridad que pudiera detenerlos. La palabra significa “heredero de la restricción”: alguien que mantiene firme la autoridad pública para contener el mal. A los magistrados se les confía autoridad con ese propósito, para frenar la conducta perversa y ser motivo de temor para quienes hacen lo malo. Solo la gracia de Dios puede cambiar el corazón del pecador, pero la autoridad civil puede contener las acciones pecaminosas e impedir que el mal se extienda tanto.
El magistrado no puede eliminar la raíz del pecado, pero sí puede cortar sus ramas. Puede impedir que el vicio crezca, se vuelva atrevido y perjudique a toda la comunidad. Cuando el pecado no tiene freno, se vuelve audaz y peligroso, y toda la sociedad termina compartiendo la culpa. La manera correcta de contener la maldad es avergonzar a los pecadores, para que, si no los mueven el temor de Dios o la conciencia, al menos los detenga la deshonra pública. Los lugares que no tienen verdaderos gobernantes, o cuyos gobernantes no usan correctamente la espada de la autoridad, están cerca de la ruina. Entonces “los malvados andan orgullosos por todas partes” (Salmo 12:8). Debemos agradecer por las buenas leyes y el buen gobierno.
Laís también estaba mal defendida. Sus habitantes vivían descuidados, tranquilos y seguros. Dejaban abiertas sus puertas y tenían sus murallas deterioradas, porque no creían que el peligro pudiera alcanzarlos. Sin embargo, su pecado era tan grande que tenían razones de sobra para temer cada día el juicio de Dios. Esto también muestra que Israel, por su pereza y cobardía, ya no era para los cananeos el mismo motivo de terror que había sido antes. Si lo hubiera sido, Laís no se habría sentido tan segura, especialmente si sabía que aquella tierra estaba destinada a Israel.
Aunque Laís era una ciudad abierta del interior, sus habitantes vivían tan seguros como los sidonios, protegidos por el mar y por fuertes defensas. Pero Laís estaba lejos de Sidón, de modo que Sidón no podía acudir en su ayuda si surgían problemas. Peor aún, sus costumbres corruptas habían contribuido a ponerlos en peligro, y no había nadie cerca que pudiera rescatarlos. Además, “no tenían tratos con nadie”, lo cual puede significar que eran ociosos, no tenían comercio y se habían vuelto perezosos y malcriados. O puede significar que eran independientes y orgullosos, y que rechazaban las alianzas o la sumisión a sus vecinos. Como no les importaba nadie, a nadie le importaban ellos.
Por todo esto, los espías animaron firmemente a sus compatriotas a seguir adelante con el plan contra Laís (Jueces 18:8-10). Es probable que los danitas pensaran que la tarea era demasiado difícil y que la ciudad era imposible de conquistar. Tal vez también se preguntaban si Laís valía la pena, considerando lo largo y peligroso del viaje. Los espías respondieron a esos temores en su informe.
Primero describieron la tierra como deseable. “Hemos visto la tierra”, dijeron, “y es muy buena” (Jueces 18:9). Era mejor que la región montañosa donde los filisteos los tenían arrinconados. También dijeron que allí no les faltaría nada, porque era una tierra donde no escaseaba cosa alguna (Jueces 18:10). Esta es otra señal de lo buena que era Canaán, pues aquella ciudad, situada muy al norte y cerca del límite del territorio, se encontraba en un lugar tan fértil.
También la describieron como fácil de conquistar. No dudaban de que, con la bendición de Dios, pronto podrían tomar posesión de ella, porque sus habitantes vivían seguros (Jueces 18:10). Cuanto más seguras se sienten las personas, menos seguras suelen estar. En efecto, los espías les dijeron: “Dios la ha entregado en sus manos; ustedes pueden tomarla”. Por eso instaron a los danitas a actuar de inmediato: “Levántense, subamos contra ellos”. Los presionaron para que avanzaran con rapidez y valentía, y reprendieron su demora: “¿Por qué están esperando? No sean perezosos para ir”. A menudo las personas necesitan ser impulsadas incluso a buscar su propio bien. El cielo es una tierra excelente, donde no falta nada, y Dios nos la ha dado por medio de su promesa. Por tanto, no seamos perezosos para buscarla; esforcémonos por entrar y echar mano de la vida eterna.
Entonces los danitas emprendieron su expedición hacia Laís (Jueces 18:11-13). Este grupo familiar de Dan, a quien la ciudad le había correspondido por sorteo, finalmente comenzó el viaje. Solo había 600 hombres armados en total, ni siquiera la centésima parte de la tribu, pues Dan tenía más de 64,000 hombres cuando Israel entró en Canaán (Números 26:43). Es extraño que ningún otro hombre de Dan, ni siquiera soldados de las demás tribus, se les uniera. Pero durante mucho tiempo después de que Israel entró en Canaán hubo muy poco espíritu cívico y poca preocupación por el bien común. Esa es una de las razones por las que las tribus rara vez se unían bajo un solo líder, lo cual las mantuvo débiles y sin importancia.
Estos 600 hombres constituían todo el grupo que fue a establecerse allí, como lo muestra Jueces 18:21. Llevaron consigo a sus familias, sus pertenencias, sus niños pequeños y su ganado. Estaban completamente seguros de que tendrían éxito. Las demás tribus les permitieron atravesar libremente sus territorios. El primer día llegaron a Quiriat-jearim (Jueces 18:12). Como para entonces los campamentos militares eran tan poco comunes en Israel, el lugar donde descansaron llegó a llamarse Mahane-dan, que significa “el campamento de Dan”. Es probable que el lugar donde comenzaron su marcha, entre Zora y Estaol, también recibiera ese nombre, y que sea el lugar mencionado en Jueces 13:25. El segundo día llegaron a los montes de Efraín, cerca de la casa de Micaía (Jueces 18:13), y allí debemos detenernos por un momento.
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De este capítulo
Jueces 18:1
"En aquellos días no había rey en Israel. En aquellos días la tribu de los danitas buscaba para sí una heredad donde vivir, porque hasta aquel día no les había tocado toda su heredad entre las tribus de Israel."
Jueces 18:2
"Los hijos de Dan enviaron de entre su familia a cinco hombres de sus territorios, hombres valientes de Zora y Estaol, para espiar y explorar la tierra. Les dijeron: «Vayan y exploren la tierra». Cuando llegaron a la región montañosa de Efraín, a la casa de Micaía, se hospedaron allí."
Jueces 18:3
"Cuando estaban junto a la casa de Micaía, reconocieron la voz del joven levita. Se acercaron allí y le preguntaron: «¿Quién te trajo aquí? ¿Qué haces en este lugar? ¿Qué tienes aquí?»."
Jueces 18:4
"Él les respondió: «Así y así trata Micaía conmigo: me ha contratado, y yo soy su sacerdote»."
Jueces 18:5
"Ellos le dijeron: «Te rogamos que consultes a Dios para que sepamos si prosperará el camino por el que vamos»."
Jueces 18:6
"El sacerdote les respondió: «Vayan en paz. El camino por el que van está delante del SEÑOR»."
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