Versículo destacado
Josué 9:22 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Josué los llamó y les dijo: ¿Por qué nos engañaron diciendo: “Estamos muy lejos de ustedes”, cuando viven en medio de nosotros? "
Josué 9:22
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
20 Esto haremos con ellos: los dejaremos vivir, para que no venga ira sobre nosotros por causa del juramento que les hicimos.
21 Los jefes les dijeron: «Déjenlos vivir, pero que sean leñadores y sacadores de agua para toda la congregación», tal como los jefes les habían prometido.
22 Josué los llamó y les dijo: ¿Por qué nos engañaron diciendo: “Estamos muy lejos de ustedes”, cuando viven en medio de nosotros?
23 Ahora, por tanto, ustedes están malditos, y ninguno de ustedes quedará libre de ser siervo, leñador y sacador de agua para la casa de mi Dios.
24 Ellos respondieron a Josué: Porque a tus siervos se les informó con certeza que el Señor tu Dios había mandado a su siervo Moisés que les diera toda la tierra y destruyera delante de ustedes a todos los habitantes de la tierra. Por eso tuvimos mucho temor por nuestras vidas a causa de ustedes e hicimos esto.
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El asunto queda ahora resuelto entre Josué y los gabaonitas, y se explica el acuerdo. Podemos suponer que los mensajeros originales ya no eran los que estaban presentes, sino los ancianos de Gabaón y de las ciudades bajo su dominio. De ese modo, todo el asunto podía resolverse plenamente.
Josué primero los reprende por su engaño (Josué 9:22). Después, ellos presentan la mejor defensa que pueden (Josué 9:24). La reprensión de Josué es muy moderada: «¿Por qué nos engañaron?». No los llena de insultos ni les habla con ira áspera. No los llama como merecían —mentirosos y engañadores—, sino que solo les pregunta por qué actuaron así. Aun cuando nos provocan profundamente, es sabio y correcto mantener la calma y contener la ira. Una causa justa no necesita la furia para defenderla, y una causa mala no mejora por medio de ella.
Los gabaonitas presentan la mejor explicación que pueden (Josué 9:24). Habían aprendido por la palabra de Dios que se había decretado su muerte, pues Israel había recibido la orden de destruir sin excepción a todos los habitantes de la tierra. También habían visto, por las obras de Dios, que nadie podía resistirse al cumplimiento de ese juicio. Así que reconocieron el poder, la justicia y el gobierno de Dios sobre todas las cosas, y decidieron apelar a su misericordia. Descubrieron que no habían confiado en él en vano.
No intentan defender su mentira. Más bien, en realidad están pidiendo que se les perdone por ella. En efecto, dicen que mintieron únicamente para salvar la vida. Las personas valoran naturalmente su propia supervivencia, y los demás deben tenerlo en cuenta, especialmente en un caso como este. Su temor no era solo al poder humano, del cual quizá habrían podido huir buscando la protección de Dios. Temían el poder del mismo Dios, que veían estar en su contra.
Entonces Josué los condena a la servidumbre como castigo por su fraude (Josué 9:23), y ellos aceptan la sentencia (Josué 9:25). Por lo que se puede observar, ambas partes quedan conformes con el resultado. Josué declara que serían siervos de por vida. Habían comprado su vida con una mentira, pero, como esa no era una base legítima, Josué hace que conserven la vida bajo la carga de un trabajo continuo: cortar leña y sacar agua, las labores más humildes y pesadas. Su mentira recibe castigo. Si hubieran tratado abierta y honestamente con Israel, quizá habrían recibido condiciones más honorables. Pero como llegaron con ropa desgastada y sandalias remendadas, señales de esclavitud, son condenados a llevar para siempre esa marca de vergüenza.
De esta manera, pagan el precio de haber conservado la vida. Se obtiene dominio sobre alguien al preservar la vida de quien está a merced de otro, y un siervo es, en cierto sentido, alguien cuya vida ha sido salvada. Deben su servicio a aquellos a quienes deben la vida. Observemos cómo se pronuncia el juicio contra ellos. Su servicio se convierte en una maldición, la antigua maldición de Canaán, de quien descendían estos heveos: «será siervo de siervos» (Génesis 9:25). ¿Qué otra cosa podía hacerse con una lengua engañosa sino maldecirla?
Sin embargo, incluso esta maldición se convierte en una bendición. Deben ser siervos, pero lo serán para la casa de Dios. Los líderes habían dicho que serían esclavos de toda la congregación (Josué 9:21), o al menos hablaron así para calmar al pueblo, que estaba descontento. Josué suaviza la sentencia, tanto para honrar a Dios como para mostrar bondad a los gabaonitas. Habría sido demasiado severo convertirlos en esclavos de cada familia. Si tenían que cortar leña y sacar agua, una tarea muy humilde y agotadora, especialmente para personas que habían sido ciudadanos de una ciudad real y «hombres valientes» (Josué 10:2), entonces que lo hicieran para la casa de Dios. No hay honor más grande que servir allí. El mismo David habría querido ser solamente portero en ese lugar. Aun el trabajo humilde se vuelve honorable cuando se hace para la casa de Dios y al servicio de él.
Esto también los excluía de todos los derechos y privilegios de los israelitas nacidos dentro del pueblo, y la marca de distinción permaneció sobre sus descendientes durante todas las generaciones. Al mismo tiempo, los asignaba a tareas que requerían que sirvieran personalmente en el altar de Dios, en el lugar que él escogiera (Josué 9:27). Eso los llevaría a conocer la ley de Dios, los mantendría estrechamente vinculados con la religión santa que habían adoptado y evitaría que regresaran a la idolatría de sus antepasados. También sería de gran ayuda para los sacerdotes y los levitas contar siempre con tantos hombres fuertes dispuestos a servirles y hacer el trabajo pesado del tabernáculo. Había que cortar mucha leña para el fuego del altar de Dios y para hervir la carne de las ofrendas de paz. También había que sacar mucha agua para las numerosas purificaciones que exigía la ley. Estas y otras tareas humildes —como lavar los utensilios, sacar las cenizas y barrer los atrios— fueron asignadas a los gabaonitas en lugar de los levitas.
También servían a toda la congregación, porque todo lo que sostiene la adoración de Dios es verdaderamente un servicio a la comunidad. Es de interés para cada israelita que el altar de Dios sea atendido debidamente. Este arreglo también libraba a la congregación de gran parte del trabajo pesado que, de otro modo, habría recaído sobre algunos de ellos. Dios había ordenado que los israelitas nunca esclavizaran a sus compatriotas. Si tenían siervos, estos debían proceder de las naciones vecinas (Levítico 25:44). En honor a esa ley y a la posición especial de Israel bajo ella, Dios no permitiría que ni siquiera el trabajo pesado del tabernáculo fuera realizado por israelitas, sino por los gabaonitas. Más adelante se les llamó netineos, es decir, hombres entregados a los levitas, así como los levitas habían sido entregados a los sacerdotes (Números 3:9) para ayudarlos en el servicio de Dios.
Esto también anticipa la manera en que los gentiles serían recibidos más adelante en la iglesia del evangelio. Al principio fueron incorporados solo como siervos de menor rango, después de someterse; pero posteriormente Dios promete tomar a algunos de ellos como sacerdotes y levitas (Isaías 66:21).
Los gabaonitas aceptan esta condición (Josué 9:25). Saben que actuaron mal al usar una mentira para engañar a los israelitas. También saben cuán cerca estuvieron de morir y qué gran bondad recibieron al conservar la vida. Por eso aceptan la propuesta: «Hagan con nosotros lo que les parezca bueno y correcto». Era mejor vivir en servidumbre, especialmente en un servicio como aquel, que no vivir en absoluto. La condición más baja y despreciada se describe como cortar leña y sacar agua (Deuteronomio 29:11). Pero una persona está dispuesta a entregarlo todo —incluso su libertad y su trabajo— para salvar la vida, y ese no es un mal trato. Así quedó resuelto el asunto.
Josué los protegió de ser asesinados por los israelitas (Josué 9:26). Parece que algunos soldados los habrían atacado con la espada si Josué no hubiera intervenido con su autoridad. Los comandantes sabios saben cuándo deben volver a guardar la espada en su lugar, así como cuándo deben usarla.
Después los entregó nuevamente a los israelitas, pero esta vez como siervos (Josué 9:27). No se les permitió conservar sus ciudades, porque más adelante encontramos que tres de ellas fueron entregadas a la tribu de Benjamín y una a la de Judá. Tampoco se les dejó vivir completamente por su cuenta. Como piensa el obispo Patrick, probablemente fueron distribuidos entre las ciudades de los sacerdotes y los levitas, y acudían con ellos por turnos para servir en el altar. Es probable que fueran sostenidos con las ofrendas relacionadas con ese trabajo.
De esta manera, los esclavos de Israel se convirtieron en siervos libres del Señor. Servir a Dios, incluso en la tarea más humilde, es verdadera libertad, y su obra trae su propia recompensa. Ellos alcanzaron esto al humillarse desde el principio. Del mismo modo, debemos someternos a nuestro Señor Jesucristo y poner nuestra vida en sus manos, diciendo: «Estamos en tus manos. Haz con nosotros lo que te parezca bueno y correcto. Solo salva nuestra alma, y no nos arrepentiremos». Si él nos asigna llevar su cruz, sujetarnos a su yugo y servir en su altar, eso no nos traerá vergüenza ni tristeza al final. Aun el lugar más humilde en el servicio de Dios nos dará un hogar en la casa del Señor todos nuestros días.
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De este capítulo
Josué 9:1
"Y sucedió que, cuando todos los reyes que estaban de este lado del Jordán, en las colinas, en los valles y en todas las costas del mar Grande frente al Líbano —el hitita, el amorreo, el cananeo, el ferezeo, el heveo y el jebuseo— oyeron esto,"
Josué 9:2
"se reunieron de común acuerdo para luchar contra Josué y contra Israel."
Josué 9:3
"Pero cuando los habitantes de Gabaón oyeron lo que Josué había hecho con Jericó y con Hai,"
Josué 9:4
"actuaron con astucia: fueron y fingieron ser embajadores. Pusieron sobre sus asnos costales viejos y odres de vino viejos, rotos y remendados;"
Josué 9:5
"llevaban calzado viejo y remendado en los pies y ropa vieja sobre ellos; y todo el pan que llevaban como provisión estaba seco y enmohecido."
Josué 9:6
"Fueron a Josué, al campamento en Gilgal, y les dijeron a él y a los hombres de Israel: «Venimos de un país lejano; por tanto, hagan ahora un pacto con nosotros»."
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