Versículo destacado
Josué 9:15 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Josué hizo la paz con ellos y celebró un pacto con ellos para dejarlos vivir; y los jefes de la congregación les hicieron un juramento. "
Josué 9:15
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
13 Estos odres de vino eran nuevos cuando los llenamos, pero miren, están rotos; y esta ropa y este calzado nuestros se han envejecido a causa del viaje tan largo.
14 Los hombres tomaron de sus provisiones, pero no pidieron consejo de la boca del Señor.
15 Josué hizo la paz con ellos y celebró un pacto con ellos para dejarlos vivir; y los jefes de la congregación les hicieron un juramento.
16 Y sucedió que, tres días después de haber hecho un pacto con ellos, oyeron que eran sus vecinos y que vivían en medio de ellos.
17 Los hijos de Israel partieron y llegaron a sus ciudades al tercer día. Sus ciudades eran Gabaón, Cafira, Beerot y Quiriat-jearim.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Este es el pacto con los gabaonitas, establecido rápidamente en Josué 9:15. El asunto no se trató con mucha ceremonia, pero sus puntos principales son claros. Acordaron dejar vivir a los gabaonitas, y eso era todo lo que ellos habían pedido. En una guerra común, habría sido un favor pequeño; pero en las guerras de Canaán, donde se había ordenado la destrucción total, era una gran misericordia que un cananeo conservara la vida y escapara de la espada (Jeremías 45:5).
Este acuerdo no lo hizo Josué por sí solo, sino junto con los jefes de la congregación. Josué había recibido un llamado especial y tenía una capacidad extraordinaria para liderar; aun así, no quiso actuar en un asunto como este sin el consejo y el consentimiento de los jefes. No los mantuvo ignorantes ni los hizo a un lado, sino que los trató como colaboradores en el gobierno. Eso era una forma sabia de gobernar, porque compartir la responsabilidad ayuda a protegerse contra las decisiones apresuradas.
El pacto también fue confirmado con un juramento. Les juraron a los gabaonitas, no por ninguno de los dioses de Canaán, sino solamente por el Dios de Israel (Josué 9:19). Las personas honestas no temen dar seguridades firmes. Cumplen con quienes tratan y honran a Dios al ponerlo como testigo de su sinceridad.
La única falta clara en todo este asunto fue que actuaron con demasiada rapidez. Tomaron parte de la comida de los gabaonitas y vieron que estaba vieja y seca, pero no se detuvieron a pensar que eso no demostraba que hubiera venido de un país lejano. Confiaron en sus sentidos, pero no en su juicio. Aceptaron a aquellos hombres por causa de su comida, quizá porque el pan parecía y sabía como si alguna vez hubiera sido bueno, lo cual hizo que los visitantes parecieran importantes y dignos de respeto. Pero no pidieron el consejo del Señor.
Tenían consigo el Urim y el Tumim, el medio sagrado por el cual se daba a conocer la voluntad de Dios, y podían haber buscado su dirección en este caso difícil. Eso los habría guardado del error. En cambio, confiaron demasiado en su propia sabiduría y pensaron que no era necesario presentar el asunto delante de Dios. El mismo Josué no fue completamente inocente en esto. Nos apresuramos en cualquier asunto cuando no llevamos a Dios con nosotros ni lo buscamos por medio de su Palabra y la oración. Muchas veces miramos atrás con pesar y nos damos cuenta de que algo salió mal porque no pedimos el consejo del Señor. Si lo reconociéramos en todos nuestros caminos, encontraríamos que son más seguros, más fáciles y más exitosos.
El engaño pronto quedó al descubierto, y la alianza se había conseguido mediante fraude. La lengua mentirosa dura solo un momento, pero la verdad sale a la luz con el tiempo. En tres días descubrieron, para su gran sorpresa, que las ciudades por las que aquellos mensajeros habían hecho el trato estaban muy cerca, a solo una corta marcha de Gilgal (Josué 10:9). Tal vez se enteraron por sus propios exploradores, por soldados enviados a conocer la tierra, o quizá por desertores del enemigo. Quienes permiten que Satanás los engañe pronto descubrirán la verdad, para su vergüenza, y se darán cuenta de que lo que parecía estar lejos estaba en realidad justo a la mano.
La congregación quedó descontenta por esto. Sí obedecieron los límites del pacto: no atacaron las ciudades gabaonitas, no mataron a sus habitantes ni tomaron el botín. Aun así, les molestaba tener las manos atadas, y se quejaron contra los jefes (Josué 9:18). Es probable que muchos estuvieran más preocupados por las ganancias perdidas que por obedecer el mandato de Dios, aunque algunos quizá sí estuvieran sinceramente preocupados por esa razón. Muchas personas se apresuran a criticar a sus gobernantes, aunque saben poco sobre las razones de sus decisiones y no están capacitadas para juzgar asuntos de gobierno. Si en general estamos convencidos de que quienes tienen autoridad sobre nosotros buscan el bien común y realmente quieren lo mejor para el pueblo, debemos aceptar de la mejor manera sus decisiones y no angustiarnos por asuntos que están fuera de nuestro alcance.
Entonces los jefes actuaron sabiamente para calmar al pueblo y resolver el asunto. Todos estuvieron de acuerdo, y su unidad probablemente ayudó al pueblo a aceptar el resultado. Decidieron perdonarles la vida a los gabaonitas porque claramente habían jurado hacerlo: dejar que vivieran (Josué 9:15). El juramento era legítimo; de otro modo, no los habría obligado más de lo que el juramento de Herodes lo obligó a matar a Juan el Bautista. Dios les había ordenado destruir a los cananeos, pero ese mandato debía entenderse con cierta misericordia. Se aplicaba a quienes se resistían a Israel y se negaban a entregar su tierra, no a personas que nunca habían levantado la mano contra ellos, nunca habían actuado como enemigos y, en cambio, se habían humillado antes de que se tomara cualquier medida extrema. Sin duda, los reyes de Israel no debían ser menos misericordiosos que esto (1 Reyes 20:31), y ciertamente el Dios de Israel era demasiado misericordioso como para exigir algo semejante. Ya era suficiente con haber derrotado al león.
Además, importa la razón detrás del mandato. El peligro que Dios quería evitar era que Israel se corrompiera por la idolatría de Canaán (Deuteronomio 7:4). Pero si los gabaonitas abandonaban la idolatría y se convertían en siervos y amigos de la casa de Dios, entonces el peligro desaparecía. Cuando la razón de una ley deja de existir, la ley ya no se aplica de la misma manera, especialmente en un caso como este. El arrepentimiento de los pecadores puede librarlos de la destrucción.
Como el juramento era legítimo, tanto los jefes como el pueblo que ellos representaban estaban obligados a cumplirlo. Su conciencia y su honor los comprometían delante del Dios de Israel, por cuyo nombre habían jurado; además, ese nombre habría sido deshonrado entre los cananeos si quebrantaban su palabra. Hablaron como personas que temen hacer un juramento (Eclesiastés 9:2), diciendo: «Los dejaremos vivir, para que no caiga sobre nosotros la ira por el juramento que les hicimos» (Josué 9:20). Quien confirma una promesa con un juramento invoca el juicio divino sobre sí mismo si después la rompe deliberadamente, y debe esperar que la justicia de Dios lo haga responsable de su palabra. Dios no puede ser burlado; por eso, nunca debemos tratar los juramentos a la ligera. Los jefes mantendrían su promesa, aunque les costara. La persona que pertenece a Sion cumple su palabra aun cuando le perjudique y no cambia de parecer (Salmo 15:4).
Cuando Josué y los líderes vieron que este pacto había resultado en su contra, no le pidieron a Eleazar una dispensa especial. Tampoco intentaron argumentar, como lo hicieron después algunas iglesias, que no era necesario cumplir las promesas hechas a los herejes o a los cananeos. No tenían nada que ver con ese tipo de engaños, que buscan escapar de las promesas solemnes e incluso justificar el perjurio, es decir, mentir bajo juramento.
Aunque el pueblo estaba molesto y su enojo podía haber provocado un motín, los líderes no quisieron romper su acuerdo con los gabaonitas. Nunca debemos permitir que el poder o la presión de la mayoría nos obliguen a hacer algo pecaminoso o contrario a nuestra conciencia. Aunque habían sido engañados para entrar en esa alianza y podían haber presentado un argumento sólido para cancelarla, aun así decidieron mantenerla. Podrían haber alegado que los hombres que habían recibido el pacto no eran los mismos que las ciudades mencionadas en él, porque habían prometido perdonar ciertas ciudades que estaban lejos y solo por el hecho de estar lejos. Pero, como aquellas personas estaban cerca, podrían haber dicho que la promesa no se aplicaba.
Muchos hombres eruditos han pensado que Josué y los jefes fueron engañados de tal manera por los gabaonitas que habrían podido retractarse de su promesa legítimamente. Sin embargo, la mantuvieron para proteger su buen nombre y enseñar a Israel a honrar un juramento. Aun así, está claro que ellos creían estar completamente obligados por él y temían la ira de Dios si lo rompían. Y aunque al pueblo quizá no le agradaba esa decisión, a Dios sí le agradó. Cuando después protegieron a los gabaonitas, Dios les concedió una de las mayores victorias de todas sus guerras (Josué 10). Mucho tiempo después, Dios también juzgó severamente a Saúl por hacerles daño a los gabaonitas y romper este pacto (2 Samuel 21:1).
Esto debe enseñarnos cuán cuidadosamente debemos cumplir nuestras promesas y llevar a cabo nuestros acuerdos. Debemos tomar en serio nuestras palabras una vez que las hemos dado. Si un pacto conseguido mediante tantas mentiras y engaños no podía romperse, con mayor razón no debemos intentar escapar de los acuerdos hechos de manera honesta y justa. Si el fraude de otra persona no justifica nuestra propia falta de honestidad, entonces la honestidad de esa persona hace que nuestra maldad sea aún más grave.
Aunque Josué y los líderes perdonaron la vida de los gabaonitas, no les concedieron la libertad. En cambio, los hicieron leñadores y aguadores para toda la congregación (Josué 9:21). Este plan calmó al pueblo descontento. Quienes estaban enojados porque se les había permitido vivir podían aceptar su suerte al verlos condenados a lo que muchos consideran peor que la muerte: una servidumbre de por vida. Y quienes estaban molestos porque los gabaonitas no habían sido destruidos podían sentirse satisfechos al ver que su trabajo serviría al bien común más que cualquier botín que Israel hubiera podido perder. En resumen, Israel no perdería ni honor ni provecho por hacer la paz con los gabaonitas. Si las personas pueden ver eso, estarán conformes.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Josué 9:1
"Y sucedió que, cuando todos los reyes que estaban de este lado del Jordán, en las colinas, en los valles y en todas las costas del mar Grande frente al Líbano —el hitita, el amorreo, el cananeo, el ferezeo, el heveo y el jebuseo— oyeron esto,"
Josué 9:2
"se reunieron de común acuerdo para luchar contra Josué y contra Israel."
Josué 9:3
"Pero cuando los habitantes de Gabaón oyeron lo que Josué había hecho con Jericó y con Hai,"
Josué 9:4
"actuaron con astucia: fueron y fingieron ser embajadores. Pusieron sobre sus asnos costales viejos y odres de vino viejos, rotos y remendados;"
Josué 9:5
"llevaban calzado viejo y remendado en los pies y ropa vieja sobre ellos; y todo el pan que llevaban como provisión estaba seco y enmohecido."
Josué 9:6
"Fueron a Josué, al campamento en Gilgal, y les dijeron a él y a los hombres de Israel: «Venimos de un país lejano; por tanto, hagan ahora un pacto con nosotros»."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.