Versículo destacado

Josué 24:15 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Pero si les parece malo servir al SEÑOR, elijan hoy a quién servirán: a los dioses a los que sirvieron sus padres al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra viven. Pero yo y mi casa serviremos al SEÑOR. "

Josué 24:15

menu_book El versículo en contexto

13 Les di una tierra por la cual no trabajaron y ciudades que no construyeron, en las cuales viven; comen de viñedos y olivares que no plantaron.

14 Ahora, pues, teman al SEÑOR y sírvanle con sinceridad y fidelidad. Aparten los dioses a los que sirvieron sus padres al otro lado del río y en Egipto, y sirvan al SEÑOR.

15 Pero si les parece malo servir al SEÑOR, elijan hoy a quién servirán: a los dioses a los que sirvieron sus padres al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra viven. Pero yo y mi casa serviremos al SEÑOR.

16 El pueblo respondió: ¡Que Dios no permita que abandonemos al SEÑOR para servir a otros dioses!

17 Porque el SEÑOR nuestro Dios es quien nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud; él hizo aquellas grandes señales ante nuestros ojos y nos protegió durante todo el camino por el que anduvimos y entre todos los pueblos por los que pasamos.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Nunca se manejó un compromiso con mayor sabiduría ni se llevó a un mejor resultado que el esfuerzo de Josué por guiar al pueblo al servicio de Dios. La manera en que trató con ellos demuestra que hablaba en serio y que su corazón estaba completamente entregado a ese propósito. Quería ponerlos bajo toda obligación posible de permanecer fieles a Dios, especialmente mediante la obligación de escoger y entrar en un pacto.

¿Realmente los comprometería esto si hacían del servicio a Dios una decisión propia? Josué les presenta el asunto, no porque servir a Dios fuera opcional ni porque tuvieran libertad para rechazarlo, sino porque su fe permanecería más firme si la abrazaban con una mente clara y una voluntad decidida. Aquí los está llevando a considerar dos cosas. Primero, quiere que acepten su fe de manera reflexiva y consciente, porque es un servicio razonable.

A la voluntad humana le gusta presumir de su libertad. Por eso, las personas suelen aferrarse con más fuerza a lo que han escogido por sí mismas y rechazar lo que sienten que se les impone. Así que es voluntad de Dios que este servicio sea nuestra elección, y no algo meramente accidental o producto de una presión externa. Por eso Josué les presenta el asunto con toda honestidad (Josué 24:15).

Pone delante de ellos a quienes compiten por su lealtad. De un lado está el SEÑOR, Jehová. Del otro están los dioses de sus antepasados, que podían atraer a quienes amaban las tradiciones antiguas, o los dioses de los amorreos, el pueblo que vivía a su alrededor, que podían atraer a quienes se dejaban llevar por las costumbres locales y la compañía fácil. Josué también da por sentado que algunas personas considerarían malo servir al SEÑOR. Quienes se sienten atraídos por el mundo y por los deseos de la carne suelen presentar objeciones contra la fe. Les parece difícil porque exige negarse a sí mismos, hacer morir el pecado y tomar la cruz. Sin embargo, puesto que la vida es una prueba, es apropiado que haya cierta dificultad en el camino.

Josué les devuelve la decisión: «Elijan a quién servirán. Elijan hoy». Ahora que el asunto está claro, no deben seguir vacilando. Mucho tiempo después, Elías hizo un llamado semejante cuando dejó que el pueblo decidiera en su propia conciencia entre Jehová y Baal (1 Reyes 18:21). La manera en que Josué habla aquí muestra claramente dos cosas. Dios quiere que cada uno de nosotros haga de la fe una decisión seria y deliberada. Debemos considerar el asunto con imparcialidad y luego decidirnos por lo que descubramos que es verdaderamente correcto y bueno. Debemos escoger una vida de devoción sincera, no simplemente porque no conozcamos otro camino, sino porque, después de pensarlo con honestidad, no encontramos uno mejor.

Esto también demuestra que la fe tiene de su lado una razón y una rectitud tan claras que puede ser puesta delante de cualquiera que esté dispuesto a pensar con libertad. El asunto es tan evidente que ninguna persona cuidadosa debería escoger otra cosa. Es posible que Josué incluso estuviera poniendo esto a prueba, para ver si alguien, después de recibir una oportunidad tan justa, mostraría indiferencia hacia el servicio de Dios. Si alguien pidiera más tiempo o quisiera consultar a otros antes de responder, Josué lo notaría y advertiría a los demás.

Entonces Josué dirige su elección al declarar su propia resolución firme: «Pero yo y mi casa serviremos al SEÑOR». Hagan lo que hagan los demás, él y su familia están comprometidos con Dios, y espera que todos estén de acuerdo. Primero habla por sí mismo: «Yo serviré al SEÑOR». Servir a Dios no es una vergüenza ni siquiera para la persona más importante. De hecho, es el honor más elevado de los príncipes y de todos los que ocupan posiciones de autoridad. Josué habla con mucha firmeza. Comprometernos con Dios no significa perder la libertad, sino usarla correctamente.

Después habla por su casa, es decir, por su familia, sus hijos y sus siervos: todos los que estaban bajo su cuidado y su influencia. Josué era gobernante y juez en Israel, pero no usó sus responsabilidades públicas como excusa para descuidar la adoración en su hogar. Quienes están a cargo de muchas familias, como los magistrados y los ministros, deben poner especial atención a los suyos (1 Timoteo 3:4-5): «Yo y mi casa serviremos a Dios».

Con esto quiere decir: «No mi casa sin mí». No les pediría que hicieran algo que él mismo no estuviera dispuesto a hacer. Algunas personas quieren que sus hijos y sus siervos sean buenos mientras ellas mismas no lo son. En otras palabras, quieren que los demás vayan al cielo mientras ellas planean tomar el camino contrario. También quiere decir: «No yo sin mi casa». Sabía que quizá no lograría convencer a todos, pero en su propio hogar, donde su autoridad era mayor, insistiría en la obediencia. Cuando no podemos llevar al servicio de Dios a tantos como quisiéramos, debemos llevar a tantos como podamos y usar toda la influencia que tengamos. Si no podemos reformar a toda la nación, por lo menos debemos quitar el pecado de nuestras propias tiendas.

También quiere decir: «Primero yo, y después mi casa». Quienes guían a otros deben ser los primeros en servir a Dios y en avanzar por el camino correcto. Y Josué resuelve hacerlo sin importar lo que los demás escojan. Aunque todas las familias de Israel se apartaran de Dios y siguieran a los ídolos, Josué y su casa permanecerían fieles al Dios de Israel. Quienes están decididos a servir a Dios no deben preocuparse por ser diferentes. No deben permitir que la multitud los aleje de su servicio. Todo el que se dirige al cielo debe estar dispuesto a nadar contra la corriente y no hacer lo que hace la mayoría, sino lo que es correcto.

Entonces el pueblo responde de inmediato con una decisión libre, reflexiva y clara a favor del Dios de Israel y en contra de todos sus rivales (Josué 24:16-18). Están de acuerdo con la resolución de Josué, y su ejemplo, como un hombre tan importante que había sido de tanta bendición para ellos, los conmueve profundamente: «Nosotros también serviremos al SEÑOR» (Josué 24:18). Esto demuestra cuánto bien pueden hacer las personas de influencia cuando toman en serio su fe, porque su influencia alcanza a quienes están bajo su responsabilidad.

La idea de apartarse de Dios los escandaliza (Josué 24:16). Su respuesta, «¡Dios nos libre!», expresa el mayor temor y rechazo posible ante tal cosa. «¡Lejos esté de nosotros —dicen— que nosotros o nuestros hijos abandonemos alguna vez al SEÑOR para servir a otros dioses!».

Tendríamos que haber perdido por completo todo sentido de justicia, gratitud y honor siquiera para pensar en algo así. Por eso nuestro corazón debe levantarse contra toda tentación de abandonar el servicio de Dios: «¡Aléjate de mí, Satanás!».

Luego el pueblo presenta razones muy fuertes para su decisión. Demuestran que no están simplemente de acuerdo con Josué por respeto a él, sino que actúan porque reconocen sinceramente que esto es correcto y justo. Escogen servir a Dios por las muchas cosas grandes y bondadosas que él ha hecho por ellos: los sacó de Egipto, los guio por el desierto y los llevó a Canaán (Josué 24:17-18). Repiten para sí el mensaje de Josué y luego demuestran que realmente aceptan su significado. También lo escogen por su relación con Dios y por el pacto que él hizo con ellos. «Serviremos al SEÑOR —dicen— porque él es nuestro Dios. Él se ofreció libremente a nosotros, y nosotros también nos comprometimos con él mediante un juramento solemne» (Josué 24:18).

Ahora Josué los guía a abrazar firmemente su fe y a tomar en su corazón la decisión completa de permanecer fieles al SEÑOR. Cuando ve que están bien dispuestos, los impulsa aún más y afirma la decisión con firmeza, como quien clava un clavo profundamente para que, de ser posible, quede seguro. Un compromiso firme produce una sujeción firme.

Para lograrlo, pone delante de ellos las dificultades de la fe y los aspectos que podrían parecer desalentadores (Josué 24:19-20): «Ustedes no pueden servir al SEÑOR, porque él es un Dios santo» o, en hebreo, «los Dioses santos», expresión que señala el misterio de la Trinidad: el Padre santo, el Hijo santo y el Espíritu santo, tres en uno. «Él no perdonará, y si lo abandonan, les hará daño». Josué no quiere decir con esto que deban mantenerse alejados del servicio de Dios, como si fuera imposible o peligroso. Más bien, quizá está exponiendo los argumentos de quienes intentarían apartar a Israel de Dios. Esas personas podrían decir que Dios era un amo severo, que su obra era imposible y que no era fácil agradarle. También podrían decir que, si él se enojaba, no perdonaría y se vengaría, pues exigía lealtad exclusiva y no permitía que se mostrara bondad a otros. Según ellos, sería diferente de los dioses de las naciones, que eran permisivos y no eran ni santos ni celosos.

Es probable que este tipo de objeción ya se estuviera presentando contra la fe de Israel. Satanás siempre ha usado este engaño desde que tentó a nuestros primeros padres. Distorsiona la imagen de Dios y presenta sus leyes como duras y severas. El tono y la manera de hablar de Josué quizá mostraban que estaba exponiendo esa objeción para que el pueblo tuviera que enfrentarla directamente. O tal vez estaba expresando su santa preocupación por ellos, temiendo que, aun después de su fervor presente, más adelante se apartaran. Si lo hicieran, descubrirían que Dios es justo y celoso al castigarlos. O quizá les estaba diciendo de antemano lo peor, para que entendieran las condiciones estrictas bajo las cuales debían vivir con Dios y calcularan honestamente el costo.

«No pueden servir al SEÑOR a menos que abandonen a todos los demás dioses, porque él es santo y celoso, y no acepta ningún rival. Por eso deben tener cuidado. Es peligroso apartarse de su servicio; sería mejor no haberlo conocido nunca que abandonarlo después». De la misma manera, aunque nuestro Maestro nos ha dicho que su yugo es fácil, también ha dicho que la puerta es estrecha y difícil el camino que lleva a la vida, para que nos esforcemos por entrar y no nos limitemos a desear hacerlo. «No pueden servir a Dios y a las riquezas». Por lo tanto, si eligen servir a Dios, deben renunciar a todo rival. No pueden servir a Dios con sus propias fuerzas, ni él perdonará sus pecados por alguna justicia propia. Todo el pueblo de Israel debe ser justificado, es decir, declarado justo delante de Dios, y debe gloriarse solamente en el SEÑOR como su justicia y su fuerza (Isaías 45:24-25). Por eso deben dejar de confiar en su propia capacidad; de lo contrario, sus promesas no tendrán ningún valor.

O quizá Josué presenta estas aparentes dificultades para fortalecer su determinación y lograr que expresen una promesa más clara y solemne de permanecer fieles a Dios y a su adoración. Les hace expresar esa decisión para que la abracen con mayor fervor y la mantengan con mayor firmeza.

Aun después de escuchar acerca de las dificultades de servir a Dios, declaran con firmeza y determinación que continuarán en ese camino (Josué 24:21): «No, nosotros serviremos al SEÑOR. No pensaremos peor de él por ser un Dios santo y celoso, ni porque exige que sus siervos lo adoren solamente a él. Tiene razón al destruir a quienes se apartan de él, pero nosotros jamás nos apartaremos. No nos limitamos a esperar servirlo algún día; estamos decididos. Ni siquiera soportamos escuchar llamados a abandonarlo o a dejar de seguirlo» (Rut 1:16). Por la gracia de Dios, estamos decididos a servir al SEÑOR.

Repiten esta promesa con una explicación más detallada (Josué 24:24): «Al SEÑOR nuestro Dios serviremos». No quieren decir solamente que serán llamados sus siervos y llevarán su marca, sino que su fe gobernará cada parte de su vida y obedecerán su voz. De nada sirve llamarlo Maestro y Señor si no hacen lo que él dice (Lucas 6:46). También responden al llamado de Josué (Josué 24:23) prometiendo dos cosas. Primero, quitarán de en medio las imágenes y los objetos de los dioses extranjeros, y no conservarán ninguna señal de esos otros amores si pretenden que su Creador sea su esposo. Con eso prometen obedecer su voz. Segundo, dirigirán su propio corazón hacia el Dios de Israel. Usarán la autoridad que tienen sobre su corazón para orientarlo hacia Dios, no solo para amarlo, sino también para mantenerlo concentrado en él. Aceptan estas condiciones, y Josué expresa claramente el acuerdo: «Al SEÑOR nuestro Dios serviremos».

Como el servicio de Dios se había convertido en una decisión consciente, Josué los compromete mediante un pacto solemne, es decir, un acuerdo vinculante, en Josué 24:25. Moisés ya había ratificado públicamente este pacto dos veces: una en el monte Sinaí (Éxodo 24) y otra en las llanuras de Moab (Deuteronomio 29:1). Josué también lo había hecho una vez antes (Josué 8:31), y ahora lo hace por segunda vez. Se le llama estatuto y ordenanza porque tenía una vigencia permanente, y porque este pacto no les exigía nada más que lo que Dios ya les había ordenado. Para darle la forma solemne de un pacto, llama a testigos, y nadie era más apropiado que el propio pueblo (Josué 24:22): «Ustedes son testigos de que han elegido al SEÑOR».

Les dijo que nunca olvidarían la seriedad de aquel día. Pero si más adelante quebrantaban ese pacto, sus propias promesas se levantarían contra ellos y los condenarían. Ellos aceptaron esto y respondieron, en esencia: «Nosotros somos testigos. Si alguna vez somos infieles a nuestro Dios, que se nos juzgue por nuestras propias palabras».

Josué también puso este acuerdo por escrito y lo incluyó en las Escrituras. Lo escribió en el libro de la ley (Josué 24:26), en el ejemplar original que se guardaba junto al arca, y probablemente de allí se copió en los demás ejemplares que usaban los líderes de las tribus. De esta manera, tanto el mandato de Dios como la promesa del pueblo quedaron juntos en el registro.

También levantó una piedra memorial para quienes quizá no estaban acostumbrados a leer. Josué colocó una piedra grande debajo de una encina como señal de este pacto, y es posible que haya escrito una inscripción en ella, ya que se puede hacer que las piedras «hablen». Cuando dijo: «Ha oído todas las palabras», estaba reprendiendo discretamente la dureza de su corazón. Era como si la piedra hubiera escuchado mejor que algunos del pueblo; y si después olvidaban lo sucedido, la piedra permanecería como testigo contra su descuido.

Cuando todo quedó establecido, Josué despidió a los líderes de Israel (Josué 24:28). Luego se despidió de ellos por última vez, satisfecho de haber cumplido con su deber y con la responsabilidad que Dios le había confiado. Si ellos perecían, la culpa sería de ellos mismos.

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