Versículo destacado

Juan 4:27 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" En esto llegaron sus discípulos y se asombraron de que hablara con la mujer. Sin embargo, ninguno dijo: «¿Qué buscas?», ni: «¿Por qué hablas con ella?». "

Juan 4:27

¿Qué significa Juan 4:27?

Juan 4:27 muestra que los discípulos se sorprendieron al ver que Jesús hablaba con una mujer samaritana. El versículo revela que Jesús cruza barreras de género, origen y reputación para ofrecer verdad y vida. Su ejemplo anima a tratar con dignidad a personas marginadas en la familia, el trabajo o la comunidad.

bolt

¿Tienes alguna pregunta sobre este versículo?

Pregúntale a nuestra IA cristiana, que tiene en cuenta tu denominación, cómo esta Escritura puede aplicarse a lo que estás enfrentando.

forum Pregúntale a tu IA cristiana — Gratis

✓ Sin tarjeta de crédito • ✓ Privado por diseño • ✓ Gratis para comenzar

menu_book El versículo en contexto

25 La mujer le dijo: «Sé que viene el Mesías, llamado Cristo. Cuando él venga, nos anunciará todas las cosas».

26 Jesús le dijo: «Yo, el que habla contigo, soy él».

27 En esto llegaron sus discípulos y se asombraron de que hablara con la mujer. Sin embargo, ninguno dijo: «¿Qué buscas?», ni: «¿Por qué hablas con ella?».

28 Entonces la mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo a los hombres:

29 «Vengan a ver a un hombre que me dijo todo lo que he hecho. ¿No será este el Cristo?».

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí continúa la historia de lo que ocurrió cuando Cristo estaba en Samaria, después de su larga conversación con la mujer.

La llegada de los discípulos interrumpió la conversación. Es probable que Jesús y la mujer hablaran de mucho más de lo que Juan registra, pero ellos llegaron justo cuando la conversación alcanzaba su punto culminante: Cristo acababa de darse a conocer como el verdadero Mesías. Entonces llegaron los discípulos. «No despierten ni hagan velar el amor hasta que quiera» (Cantar de los Cantares 3:5).

A los discípulos les sorprendió ver a Cristo hablando con aquella mujer. Se asombraron de que conversara con tanta seriedad, quizá incluso a cierta distancia, con una mujer y estando ella sola. Por lo general, él actuaba con más reserva. Les llamó especialmente la atención que fuera samaritana y no una de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Pensaban que su Maestro debía mantenerse tan apartado de los samaritanos como los demás judíos y que, por lo menos, no debía anunciarles el evangelio. También les sorprendió que hablara con tanta bondad con una mujer tan pobre y despreciada, olvidando lo bajos e indignos que ellos mismos habían sido cuando Cristo los llamó por primera vez a tener comunión con él.

Sin embargo, lo aceptaron. Sabían que él debía tener una buena razón y un buen propósito, y que no les debía ninguna explicación. Por eso, ninguno le preguntó: «¿Qué buscas?» ni «¿Por qué hablas con ella?». Cuando nos encontramos con cosas difíciles en la Palabra de Dios o en su providencia, es sabio descansar en esta verdad general: todo lo que Jesucristo dice y hace está bien.

Tal vez había algo equivocado en su asombro de que Cristo hablara con la mujer. Se parecía un poco a la actitud de los fariseos, que se ofendían cuando él comía con cobradores de impuestos y pecadores. Pero, pensaran lo que pensaran, no dijeron nada. Si alguna vez has pensado mal, pon la mano sobre tu boca para que ese pensamiento malo no se convierta en una palabra mala (Proverbios 30:32; Salmo 39:1-3).

A continuación, la mujer les avisa a sus vecinos acerca de la extraordinaria persona que felizmente había conocido. Observa, en primer lugar, cómo se olvidó de su encargo de ir al pozo. Como los discípulos habían llegado e interrumpido la conversación, y quizá porque notó que no estaban complacidos, se fue. Se apartó por respeto a Cristo, para que él pudiera comer. Amaba conversar con él, pero no quería ser descortés. Todo es hermoso a su debido tiempo.

Ella supuso que, después de comer, Jesús continuaría su viaje, así que se apresuró a hablar con sus vecinos mientras todavía había tiempo. «Todavía tienen la luz entre ustedes por un poco de tiempo». Mira cómo aprovechó bien su tiempo. Cuando terminó una buena obra, pasó a otra. Cuando las oportunidades de recibir el bien se acaban o se interrumpen, debemos buscar oportunidades para hacer el bien. Cuando terminamos de escuchar la Palabra, ese es el momento de hablar de ella.

También se observa que dejó allí su cántaro. En primer lugar, lo dejó amablemente para Cristo, para que tuviera agua que beber. Él convirtió el agua en vino para otros, pero no para sí mismo. Esto puede compararse con la bondad de Rebeca hacia el siervo de Abraham (Génesis 24:18), y también con la promesa de Mateo 10:42. En segundo lugar, dejó el cántaro para poder apresurarse a entrar en la ciudad y llevar aquella buena noticia. Quienes son llamados a proclamar el nombre de Cristo no deben aferrarse a nada que los retrase o los detenga. Cuando los discípulos lleguen a ser pescadores de personas, tendrán que dejarlo todo.

En tercer lugar, dejó el cántaro como si ya no tuviera importancia para ella, porque estaba absorta en cosas mejores. Quienes llegan a conocer a Cristo lo demostrarán mediante un santo desapego de este mundo y de sus cosas. Y a quienes apenas comienzan a conocer la verdad de Dios se les debe tener paciencia si, al principio, están tan cautivados por el nuevo mundo al que han entrado que, por un tiempo, parecen olvidarse de las cosas de este mundo. El señor Hildersham, en un sermón sobre este versículo, usa este ejemplo para defender a quienes dejan su trabajo entre semana para escuchar sermones.

Observa, en segundo lugar, con cuánta fidelidad cumplió su encargo en la ciudad, porque su corazón estaba puesto en ello. Entró en la ciudad y les habló a los hombres, probablemente a los líderes del pueblo, que quizá estaban reunidos para algún asunto público. O tal vez habló con los hombres que encontró en las calles, dando a conocer su mensaje en los lugares más concurridos: «Vengan a ver a un hombre que me dijo todo lo que he hecho. ¿No será este el Cristo?».

Observa cuán deseosa estaba de que sus amigos y vecinos conocieran a Cristo. Cuando encontró este tesoro, reunió a sus amigos y vecinos, como la mujer de Lucas 15:9; no solo para alegrarse con ella, sino para que ellos también participaran de él, sabiendo que había suficiente para ella y para todos los que quisieran recibirlo. Quienes han estado con Jesús y han encontrado consuelo en él deben hacer todo lo posible por llevar a otros a él. ¿Nos ha honrado al darse a conocer a nosotros? Entonces honrémoslo dándolo a conocer a otros. No podemos recibir un honor mayor. Esta mujer se convierte, en efecto, en una apóstol. «La que salió como prostituta regresa como maestra de la verdad del evangelio», dice Aretius.

Cristo le había dicho que llamara a su esposo, y parece que ella tomó eso como una razón para llamar a todos. Entró en la ciudad donde vivía, entre sus parientes y conocidos. Toda persona es mi prójimo si tengo la oportunidad de hacerle el bien, pero tengo la mayor oportunidad —y, por lo tanto, el mayor deber— de hacer el bien a quienes viven cerca de mí. Donde cae el árbol, allí debe ser útil.

Observa también cuán abierta y honesta fue en el mensaje que dio acerca de aquel desconocido. Les dijo claramente qué la había llevado a admirarlo: «Me dijo todo lo que he hecho». Solo está registrado lo que él le dijo acerca de sus esposos, pero es muy posible que le haya hablado de otros pecados. O quizá, al decirle algo que no podía haber conocido por medios ordinarios, la convenció de que podía haberle contado todo lo que ella había hecho.

Si él tiene conocimiento divino, entonces debe saberlo todo. Le dijo lo que nadie conocía excepto Dios y su propia conciencia. Dos cosas la conmovieron. Primero, la amplitud de su conocimiento. Nosotros mismos no podemos contar todo lo que hemos hecho, porque muchas cosas pasan inadvertidas y muchas se olvidan. Pero Jesucristo conoce todos los pensamientos, las palabras y las acciones de cada ser humano (Hebreos 4:13). Él ha dicho: «Yo conozco tus obras». Segundo, el poder de su palabra. Le causó una profunda impresión que hablara con tanta fuerza y poder acerca de sus pecados secretos que, al oír que conocía un pecado, quedó convencida de todos ellos y se juzgó a sí misma por todos.

Ella no dice: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho cosas extrañas acerca de la adoración y sus leyes, y que resolvió la disputa entre este monte y Jerusalén; un hombre que afirma ser el Mesías». En cambio, dice: «Vengan a ver a un hombre que me ha hablado de mis pecados». Se concentra en la parte de la conversación de Cristo que quizá ella se sentiría más avergonzada de repetir. Sin embargo, las pruebas más contundentes de la palabra y del Espíritu de Cristo suelen ser las que sentimos en nuestro propio corazón, y el conocimiento de Cristo que llega por medio de la convicción de pecado y la humildad es el que con mayor probabilidad será verdadero y salvador.

También invita a sus vecinos a venir y ver a aquel a quien ahora estima tanto. No dice simplemente: «Vengan a mirarlo», como si él fuera una exhibición. Más bien, dice: «Vengan a hablar con él. Vengan a escuchar su sabiduría, como yo lo he hecho, y pensarán como yo». Ella no intenta discutir con ellos de la misma manera en que él discutió con ella, porque no todo el que ve claramente la verdad puede explicarla de tal modo que otros también la vean. Aun así, quienes no pueden hacer mucho más para llevar a otros a la fe sí pueden y deben conducirlos a los medios de gracia, es decir, a las maneras que Dios usa para brindar ayuda espiritual y que también les han ayudado a ellos.

Jesús estaba ahora en las afueras de la ciudad, así que ella les dice, en efecto: «Vengan a verlo ahora». Cuando las oportunidades de conocer a Dios llegan hasta nuestra puerta, no tenemos excusa si las ignoramos. ¿Acaso no deberíamos siquiera cruzar el umbral para ver a aquel que los profetas y los reyes anhelaron ver?

También apela al juicio de ellos: «¿No será este el Cristo?». No afirma audazmente: «Él es el Mesías», aunque ella misma estaba segura de ello. Con sabiduría, menciona al Mesías, a quien quizá ellos no esperaban, y luego deja el asunto en sus manos. No les impone su fe; simplemente la pone delante de ellos. Por medio de apelaciones justas, pero poderosas, a veces se llega al entendimiento y a la conciencia de las personas antes de que ellas mismas se den cuenta.

Esta invitación tuvo éxito: ellos salieron de la ciudad y fueron hacia él (Juan 4:30). Podría parecer muy improbable que una mujer de tan poca importancia y tan mala reputación recibiera el honor de anunciarles primero el Mesías a los samaritanos. Pero Dios quiso mover sus corazones para que prestaran atención a su informe y no lo descartaran como una historia absurda. Hubo un tiempo en que unos leprosos fueron los primeros en llevarle a Samaria la noticia de una gran liberación (2 Reyes 7:3 y ss.). Ellos fueron hacia él. No mandaron a buscarlo a la ciudad, sino que salieron a su encuentro como señal de respeto y porque estaban deseosos de verlo. Quienes quieren conocer a Cristo deben encontrarse con él allí donde él da a conocer su nombre.

Mientras la mujer estuvo ausente, Cristo habló con sus discípulos (Juan 4:31-38). Observemos con qué cuidado nuestro Señor Jesús aprovechaba el tiempo, haciendo uso de cada minuto y llenando de bien incluso los espacios vacíos. Cuando los discípulos estaban en la ciudad, su conversación con la mujer la ayudó y se ajustó a su necesidad. Cuando ella se fue, su conversación con ellos fue igualmente útil y apropiada para ellos. Sería bueno que pudiéramos aprovechar el tiempo de tal manera que no desperdiciáramos nada.

Hay dos cosas que se destacan en esta conversación. Primero, Cristo muestra el gozo que encontraba en su obra. Su obra consistía en buscar y salvar a los perdidos, en hacer el bien por todas partes. Aquí lo vemos completamente entregado a esa obra. Se olvidó de la comida y la bebida por la oportunidad de salvar almas. Cuando se sentó junto al pozo, estaba cansado y necesitaba descansar y alimentarse. Pero aquella oportunidad hizo que se olvidara tanto del cansancio como del hambre. Le importaba tan poco comer que sus discípulos tuvieron que insistirle: «Maestro, come». Su invitación mostraba amor, porque no querían que se debilitara o enfermara por falta de fuerzas. Pero su preocupación por las almas era aún mayor, pues tuvieron que animarlo incluso a comer.

Le importaba tan poco la comida que ellos se preguntaron si alguien le había llevado algo para comer mientras estaban fuera (Juan 4:33). Parecía tener tan poco apetito para la comida que pensaron que quizá ya había comido. Quienes hacen de la religión su principal preocupación muchas veces la ponen por encima de las comidas cuando es necesario realizar su obra. El siervo de Abraham no quiso comer hasta haber entregado su mensaje (Génesis 24:33), y Samuel no quiso sentarse hasta ungir a David (1 Samuel 16:11).

Al mismo tiempo, hizo de su obra su alimento y su bebida. La obra que tenía por delante entre los samaritanos y la oportunidad de hacerles bien a muchas personas eran su deleite y su satisfacción. Ningún hombre hambriento, ni siquiera alguien con un paladar refinado y abundantes recursos, ha esperado un banquete con más deseo ni lo ha disfrutado más que Jesús al recibir la oportunidad de hacerles bien a las almas. Sobre esto dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió» (Juan 4:34).

Esto significa, en primer lugar, que la salvación de los pecadores es la voluntad de Dios, y que enseñarles para que sean salvos es su obra. Véase (1 Timoteo 2:4). También existe un remanente escogido, un grupo que Dios se ha propuesto salvar de manera especial. En segundo lugar, Cristo fue enviado al mundo con este propósito: llevar a las personas a Dios, para que lo conozcan y encuentren su felicidad en él. En tercer lugar, hizo de esto su ocupación y su alegría. Cuando su cuerpo necesitaba alimento, su mente estaba tan concentrada en esta obra que se olvidó del hambre y la sed, de la comida y la bebida. Nada podía darle más gusto que hacer el bien. Cuando lo invitaron a comer, él había venido para hacer el bien, porque esa era siempre su comida.

En cuarto lugar, no solo estaba dispuesto a trabajar cada vez que se presentaba la oportunidad, sino que estaba decidido a llevar la obra a cabo y terminar cada una de sus partes. No iba a abandonarla ni a dejarla de lado hasta poder decir: «Todo está terminado». Muchas personas comienzan con gran entusiasmo, pero no conservan ese entusiasmo hasta el final. Nuestro Señor Jesús estaba decidido a terminar su obra.

Aquí nuestro Maestro nos dejó un ejemplo, para que aprendamos a hacer la voluntad de Dios como él la hizo. La cumplió con cuidado y atención constante, como quien la considera su verdadera obra. La cumplió con gozo y placer, como si estuviera en su propio ambiente. También la cumplió con perseverancia firme: no solo comenzó la obra, sino que se propuso terminarla.

Cristo había hablado del gozo que encontraba en su obra, y ahora anima a sus discípulos a ser diligentes en la de ellos. Eran colaboradores suyos, así que debían trabajar como él. Debían hacer de su obra su alimento, tal como él lo había hecho. La obra que tenían por delante era predicar el evangelio y establecer el reino del Mesías, es decir, del Rey prometido. Cristo compara esta obra con la cosecha, con la recolección de los cultivos de la tierra, y continúa usando esta imagen durante el resto de la conversación (Juan 4:35-38).

El tiempo del evangelio es tiempo de cosecha, y la obra del evangelio es obra de cosecha. La cosecha ocurre en una temporada determinada y esperada, y lo mismo sucedía con el evangelio. La época de la cosecha es un tiempo de mucha actividad, cuando todos deben trabajar. De la misma manera, cada persona debe trabajar por sí misma para recibir la gracia y el consuelo del evangelio, y los ministros deben trabajar para Dios a fin de reunir almas para él. La cosecha también es una temporada breve. No durará para siempre, y la obra debe hacerse entonces o no se hará. Por eso, el tiempo de disfrutar el evangelio es una temporada especial que debe aprovecharse para el propósito que Dios le dio, porque una vez que pasa, no puede recuperarse.

Los discípulos debían recoger para Cristo una cosecha de almas. Para motivarlos, él señala tres cosas. Primero, era una obra necesaria y la necesidad era urgente (Juan 4:35). Él dice: «Ustedes dicen: “Faltan cuatro meses para la cosecha”, pero yo les digo que los campos ya están blancos». Sus discípulos estaban hablando de la cosecha de los granos. Tal vez querían decir: «Todavía faltan cuatro meses para la cosecha», como se dice para animar a un agricultor en el tiempo de la siembra. O quizá querían decir que, en ese momento, todavía faltaban cuatro meses para la temporada acostumbrada de la siguiente cosecha. La cosecha judía comenzaba en la Pascua, cerca de la época de la Pascua de Resurrección, y era más temprana que la nuestra. Eso también sugiere que este viaje de Judea a Galilea ocurrió en invierno, cerca del final de noviembre, porque Cristo viajaba en todo tipo de clima para hacer el bien.

Dios no solo nos ha prometido una cosecha cada año, sino que también ha establecido las semanas en que se recogerá. Por eso sabemos cuándo esperarla y podemos prepararnos. Entonces Cristo dirige ese pensamiento hacia la cosecha del evangelio. Su corazón estaba tan entregado al fruto de su evangelio como el de otras personas al fruto de la tierra, y quería que sus discípulos pensaran de la misma manera. «Miren», les dice, «los campos ya están blancos para la cosecha».

En primer lugar, en el lugar donde se encontraban había una obra de cosecha que él debía realizar. Los discípulos querían que comiera (Juan 4:31). Pero él dijo, en efecto: «Tengo otra obra más urgente». Señaló a los samaritanos que salían de la ciudad y atravesaban los campos, listos para escuchar el evangelio. Probablemente había muchos de ellos a la vista. Cuando las personas están deseosas de escuchar la palabra, eso debe impulsar mucho a los ministros a trabajar con mayor cuidado y energía.

En segundo lugar, en todo el país había suficiente obra de cosecha para todos ellos. Si pensaban en la condición de la tierra, verían que muchas personas estaban tan preparadas para recibir el evangelio como un campo de grano maduro está listo para ser cosechado. Los campos estaban blancos para la cosecha, primero porque Dios ya la había anunciado en las profecías del Antiguo Testamento. Ahora había llegado el momento en que los pueblos se reunirían alrededor de Cristo (Génesis 49:10), muchos serían añadidos a la iglesia y sus límites se extenderían. Esa era razón suficiente para que los discípulos estuvieran ocupados. Para nosotros es un gran estímulo trabajar para Dios cuando las señales de los tiempos muestran que es la temporada adecuada para esa obra, porque entonces prosperará.

Los campos también estaban blancos porque las personas estaban preparadas de corazón. Juan el Bautista había preparado un pueblo dispuesto para el Señor (Lucas 1:17). Desde que comenzó a predicar el reino de Dios, la gente se esforzaba por entrar en él (Lucas 16:16). Por eso era el momento de que los predicadores del evangelio se dedicaran a su obra con todas sus fuerzas y metieran la hoz cuando el grano estuviera maduro (Apocalipsis 14:15). Era necesario trabajar entonces. Sería lamentable dejar pasar una temporada así. Si el grano maduro no se recoge, cae, se deshace y se pierde, y los pájaros se lo comen. De la misma manera, si las personas que están bajo convicción y tienen algunos buenos deseos no reciben ayuda de inmediato, sus comienzos esperanzadores pueden quedar en nada y pueden caer en manos de los engañadores. También era fácil trabajar entonces. Cuando el corazón de las personas está preparado, la obra se realiza rápidamente (2 Crónicas 29:36). Los ministros no pueden evitar sentirse impulsados a predicar con cuidado cuando ven que las personas se alegran de escuchar.

En segundo lugar, este era un trabajo provechoso y beneficioso, y ellos mismos recibirían beneficio de él (Juan 4:36). «El que cosecha recibe un salario, y ustedes también lo recibirán». Cristo ha prometido recompensar generosamente a quienes envía a trabajar en su obra. Nunca actuará como Joacim, rey de Judá, que se aprovechaba del trabajo ajeno sin pagar (Jeremías 22:13), ni como quienes engañaban a los trabajadores y les retenían el salario, especialmente a los que cosechaban sus campos de grano (Santiago 5:4). Aunque los que cosechan para Cristo clamen a él día y noche, nunca tendrán razón para clamar contra él ni decir que sirvieron a un amo cruel. El que cosecha no solo recibirá un salario; ya lo está recibiendo. En el servicio de Cristo hay una recompensa presente, y la obra misma es su propia recompensa.

Los que cosechan para Cristo tienen fruto. Reúnen fruto para vida eterna; es decir, se salvan a sí mismos y ayudan a quienes los escuchan (1 Timoteo 4:16). Si el trabajador fiel salva su propia alma, ese es un fruto que permanece para siempre. Si además ayuda a salvar a otros, entonces se recoge aún más fruto. Las almas reunidas para Cristo son fruto, buen fruto, el fruto que Cristo busca (Romanos 1:13). Se recoge para Cristo (Cantar de los Cantares 8:11-12) y para vida eterna. Esto es un consuelo para los ministros fieles, porque su trabajo conduce a la salvación eterna de almas preciosas.

También tienen gozo: «para que el que siembra y el que cosecha se alegren juntos». El ministro que comienza una buena obra es el sembrador, como Juan el Bautista. El que la continúa y la lleva a término es el que cosecha. Ambos se alegran juntos. Solo Dios recibe toda la gloria por el éxito del evangelio, pero los ministros fieles aún pueden hallar consuelo en ello. Los que cosechan participan del gozo de la cosecha, aunque la ganancia le pertenece al dueño (1 Tesalonicenses 2:19).

En segundo lugar, los ministros que tienen dones distintos y realizan diferentes clases de trabajo no deben envidiarse unos a otros. Más bien, deben alegrarse juntos cuando la obra de Cristo prospera por medio de cualquiera de ellos. Aunque no todos los ministros de Cristo sean igualmente útiles o igualmente exitosos, todos los que han recibido del Señor misericordia para ser fieles entrarán juntos, al final, en el gozo de su Señor.

Esto también enseña que algunos ministros realizan un trabajo que otros ya han preparado en parte. Uno siembra y otro cosecha (Juan 4:37-38). A veces, esto puede describir un juicio doloroso sobre el que siembra, como en (Miqueas 6:15; Deuteronomio 28:30), donde una persona trabaja y otra recibe el beneficio. Aquí, sin embargo, significa algo bueno. Moisés, los profetas y Juan el Bautista habían preparado el camino para el evangelio. Habían sembrado la buena semilla, y los ministros del Nuevo Testamento principalmente recogieron su fruto. «Los envié a cosechar lo que ustedes no trabajaron» (Isaías 40:3-5).

Esto dice dos cosas acerca del ministerio del Antiguo Testamento. Primero, quedó muy por debajo del ministerio del Nuevo Testamento. Moisés y los profetas sembraron, pero no vivieron para ver gran parte del fruto de su trabajo. Sus escritos han producido mucho más bien después de su muerte que su predicación mientras estaban vivos. Segundo, su ministerio fue de gran ayuda para el ministerio de los apóstoles y le abrió el camino. Los escritos de los profetas se leían en las sinagogas cada sábado, así que despertaban la esperanza del Mesías y preparaban a la gente para recibirlo. Sin la semilla plantada por los profetas, la mujer samaritana no habría podido decir: «Sabemos que viene el Mesías». En algunos sentidos, los escritos del Antiguo Testamento nos ayudan todavía más de lo que ayudaron a sus primeros lectores, porque ahora los entendemos mejor, ya que se han cumplido (1 Pedro 1:12; Hebreos 4:2; Romanos 16:25-26).

Esto también dice dos cosas acerca de los apóstoles de Cristo. Primero, su ministerio fue fructífero. Eran cosechadores que reunieron una gran cosecha de almas para Jesucristo. En poco tiempo hicieron más para establecer el reino de Dios entre la gente que los profetas del Antiguo Testamento durante muchos siglos. Segundo, su trabajo fue mucho más fácil, especialmente entre los judíos, gracias a los escritos de los profetas. Los profetas sembraron con lágrimas y con frecuencia parecía que trabajaban en vano. Los apóstoles cosecharon con alegría y pudieron decir: «Gracias a Dios, que siempre nos lleva en triunfo». Debemos recordar que los ministros que ya han muerto pueden producir mucho fruto mediante sus labores, tanto para las personas que viven después de ellos como para los ministros que vienen después. Juan el Bautista y quienes lo ayudaron habían trabajado, y los discípulos de Cristo entraron en el fruto de su trabajo. Tenemos buenas razones para agradecer a Dios por quienes nos precedieron, por su predicación y sus escritos, y por lo que hicieron y sufrieron en su tiempo. Nosotros hemos entrado en el fruto de su trabajo, y sus estudios y servicio han hecho más fácil nuestra labor.

Cuando los obreros antiguos y los nuevos se encuentren en el día del juicio, los que llegaron a la viña a la hora tercera y los que llegaron a la undécima no envidiarán el honor de los demás. Tanto los sembradores como los cosechadores se alegrarán juntos, y el gran Señor de la cosecha recibirá toda la gloria.

También vale la pena notar el buen efecto que tuvo la breve visita de Cristo entre los samaritanos, junto con el fruto que se recogió de inmediato entre ellos (Juan 4:39-42). Primero, consideremos el efecto del testimonio de la mujer acerca de Cristo. Era una sola testigo y no gozaba de gran estima. Su informe no fue más que esto: «Me dijo todo lo que he hecho». Sin embargo, tuvo una fuerte influencia sobre muchas personas. Alguien podría haber pensado que escuchar a Cristo exponer los pecados ocultos de la mujer los habría asustado y alejado. En cambio, estuvieron dispuestos a correr ese riesgo porque querían conocer a alguien a quien tenían razones para considerar un profeta.

Fueron movidos a hacer dos cosas. Primero, llegaron a confiar más plenamente en la palabra de Cristo (Juan 4:39). Muchos samaritanos de aquel pueblo creyeron en él por lo que la mujer dijo. Su fe llegó al punto de aceptarlo como profeta y querer escuchar de él la voluntad de Dios, y eso se describe como creer en él. Observemos quiénes creyeron: muchos samaritanos, personas que no formaban parte de la casa de Israel. Su fe dejó al descubierto la incredulidad de los judíos, de quienes se esperaba más, y también anticipó la fe de los gentiles, que recibirían lo que los judíos rechazaron. Observemos también qué los llevó a creer: la palabra de la mujer. A veces Dios se complace en usar medios muy débiles e inesperados para comenzar y llevar adelante una buena obra. Una joven sirvienta dirigió a un gran gobernante hacia Eliseo (2 Reyes 5:2). Un pequeño fuego puede iniciar algo mucho más grande. Al enseñar a una mujer pobre, nuestro Salvador extendió esa enseñanza a todo un pueblo.

Esto debe evitar que los ministros sean descuidados en su predicación y que se desanimen cuando sus oyentes sean pocos o parezcan poco importantes. Si hacen el bien a unos cuantos, ese bien puede llegar a muchos más, incluso a personas de mayor influencia. Cuando las personas enseñan a sus vecinos y hermanos, un gran número puede aprender de manera indirecta. Felipe predicó el evangelio a un funcionario que viajaba en su carro, y aquel hombre no solo creyó, sino que llevó el mensaje de regreso a su propio país y lo difundió allí. También es de gran ayuda que las personas hablen desde su propia experiencia acerca de Cristo y de las cosas de Dios. Esta mujer podía decir muy poco, pero lo que dijo fue sincero: «Me dijo todo lo que he hecho». Quienes pueden contar lo que Dios ha hecho por sus almas son los que tienen más probabilidades de hacer el bien (Salmo 66:16).

Segundo, fueron movidos a pedirle que se quedara con ellos (Juan 4:40). Cuando llegaron hasta él, le rogaron que permaneciera con ellos. Por el informe de la mujer, creyeron que era un profeta y acudieron a él. Cuando lo vieron, su apariencia sencilla y su pobreza exterior no disminuyeron el respeto que le tenían ni sus expectativas. Aun así, lo honraron como profeta. Hay esperanza para quienes logran superar el prejuicio común contra el verdadero valor cuando este se encuentra en una condición humilde. Bienaventurados los que no se escandalizan de Cristo a primera vista. Estaban tan lejos de sentirse ofendidos por él que le pidieron que se quedara con ellos, para mostrarle respeto y recibir sus enseñanzas. Los profetas y ministros de Dios son huéspedes bienvenidos para todos los que abrazan verdaderamente el evangelio, como Lidia recibió a Pablo (Hechos 16:15).

Quienes reciben enseñanza de Dios tienen un verdadero deseo de seguir aprendiendo y de conocer mejor a Cristo. Muchas personas se aglomerarían alrededor de alguien que afirmara poder predecirles el futuro, pero estos se reunieron alrededor de alguien que les señaló sus faltas, les mostró su pecado y les hizo ver cuál era su deber. El autor parece destacar que eran samaritanos, como también ocurre en (Lucas 10:33) y (Lucas 17:16). Los samaritanos no tenían la misma reputación religiosa que los judíos; sin embargo, los judíos, que habían visto los milagros de Cristo, lo rechazaron, mientras que los samaritanos, que no habían visto sus milagros ni habían recibido sus favores especiales, lo invitaron a quedarse con ellos.

El éxito del evangelio no siempre sigue las expectativas humanas. Lo que parece más probable no siempre es lo que sucede. Las costumbres locales les habían enseñado a los samaritanos a evitar conversaciones cercanas con los judíos. En cierta ocasión, algunos samaritanos se negaron a dejar que Cristo pasara por su pueblo (Lucas 9:53), pero estas personas le pidieron que se quedara con ellos. Esto hace aún más digno de alabanza nuestro amor por Cristo y por su palabra cuando vence los prejuicios de la crianza y las costumbres, sin preocuparse demasiado por las críticas de los demás.

Después se nos dice que Cristo aceptó su petición. En primer lugar, se quedó allí. Aunque era un pueblo samaritano cercano a su templo, permaneció allí cuando se lo pidieron. Estaba de viaje y todavía tenía que seguir adelante, pero cuando tuvo la oportunidad de hacer el bien, se quedó. Nada es un verdadero obstáculo cuando contribuye a nuestra labor para Dios. Sin embargo, solo se quedó dos días, porque aún tenía otros lugares que visitar y otras tareas que realizar. Esos dos días fueron todo lo que aquella ciudad recibió del breve tiempo de nuestro Salvador en la tierra.

En segundo lugar, se nos muestra el efecto que tuvieron en ellos las propias palabras de Cristo y su conversación personal con ellos, como se ve más adelante en (Juan 4:41) y (Juan 4:42). No se nos dice qué dijo ni qué hizo allí, ni si sanó a algún enfermo. Pero los resultados muestran que dijo e hizo lo suficiente para convencerlos de que él era el Cristo. La obra de un ministro se mide mejor por el buen fruto que produce.

Escucharlo ya les había ayudado, pero ahora lo vieron, y el resultado tuvo dos aspectos. Primero, aumentó su número: «Muchos más creyeron» (Juan 4:41). Muchos que no habrían salido del pueblo para encontrarse con él se convencieron cuando él fue a vivir entre ellos. Es alentador ver que aumenta el número de creyentes, y el entusiasmo de algunos puede despertar con frecuencia en muchos otros un deseo santo y un esfuerzo bueno, como en (Romanos 11:14).

Segundo, su fe se hizo más firme. Los que al principio habían sido influenciados por el testimonio de la mujer ahora decían: «Ya no creemos solo por lo que tú dijiste» (Juan 4:42). Su fe creció de tres maneras. Primero, creció en cuanto a lo que creían. Por el testimonio de la mujer, habían creído que él era un profeta o, al menos, un mensajero extraordinario enviado del cielo. Pero después de hablar con él, creyeron que era el Cristo, el Ungido prometido a sus antepasados y esperado por ellos, y que, como Cristo, es el Salvador del mundo. Él fue ungido para la obra de salvar a su pueblo de sus pecados. Ellos creyeron que era el Salvador no solo de los judíos, sino del mundo; y esperaban que ellos también estuvieran incluidos, aunque eran samaritanos, porque se había prometido que él sería «salvación hasta los confines de la tierra» (Isaías 49:6).

Segundo, su fe creció en certeza. Ahora había llegado a una plena convicción: «Sabemos que verdaderamente este es el Cristo». La palabra «verdaderamente» significa realmente, no solo en apariencia. Él no era un Cristo falso ni solamente una sombra o imagen de un Salvador, como lo fueron muchas figuras del Antiguo Testamento. Esta es la clase de seguridad que debemos buscar en la verdad divina. No debemos conformarnos con pensar: «Parece probable» o «Estamos dispuestos a creer que Jesús podría ser el Cristo», sino aspirar a decir: «Sabemos que él es verdaderamente el Cristo».

Tercero, su fe creció en cuanto a su fundamento. Ahora se apoyaba en una experiencia espiritual: «Creemos, no solo por lo que tú dijiste, porque nosotros mismos lo hemos oído». Antes habían creído el informe de ella, y eso era bueno. Había sido un primer paso verdadero. Pero ahora tenían un fundamento más firme para su fe. Lo habían escuchado personalmente y habían recibido una enseñanza tan excelente y divina, con un poder y una evidencia tan claros, que quedaron completamente convencidos de que él era el Cristo. Esto se parece a lo que la reina de Sabá dijo acerca de Salomón y muestra cómo el encuentro personal con la verdad de Cristo fortalece la fe.

diversity_3 Perspectivas de IA cristiana

Heart
Corazón Inteligencia emocional
Este versículo captura un momento de tensión silenciosa. Los discípulos regresan y se sorprenden al encontrar a Jesús hablando con una mujer, algo que rompía las expectativas sociales y religiosas de su tiempo. Su asombro … Leer la perspectiva completa Mostrar menos

Este versículo captura un momento de tensión silenciosa. Los discípulos regresan y se sorprenden al encontrar a Jesús hablando con una mujer, algo que rompía las expectativas sociales y religiosas de su tiempo. Su asombro revela cuánto pesan las costumbres cuando intentan decidir quién merece ser escuchado, respetado o recibido con dignidad. Sin embargo, también llama la atención lo que no dicen. No cuestionan a Jesús en voz alta, pero sus preguntas internas quedan expuestas: «¿Qué buscas?» y «¿Por qué hablas con ella?». A veces el prejuicio no aparece en una declaración abierta, sino en la incomodidad, el silencio o la sospecha frente a una relación que no encaja en lo esperado. Jesús no trata a la mujer como un problema ni como una interrupción. Se acerca a ella con una libertad que nace del amor y de la verdad. Su presencia muestra que Dios no teme cruzar las barreras que otros levantan. Este encuentro también confronta la mirada de quienes siguen a Jesús: el asombro puede ser el comienzo de una transformación, cuando deja de proteger las apariencias y empieza a reconocer la dignidad de la persona que está delante.

Mind
Mente Sabiduría teológica
Juan 4:27 presenta una escena cargada de tensión social y religiosa. Los discípulos regresan y se sorprenden al encontrar a Jesús hablando con una mujer, algo que probablemente rompía expectativas de género, reputación y convivencia … Leer la perspectiva completa Mostrar menos

Juan 4:27 presenta una escena cargada de tensión social y religiosa. Los discípulos regresan y se sorprenden al encontrar a Jesús hablando con una mujer, algo que probablemente rompía expectativas de género, reputación y convivencia entre judíos y samaritanos. El texto no afirma exactamente cuál de esas barreras les preocupaba más; solo deja claro que su asombro revela que la conducta de Jesús no correspondía a las normas sociales que ellos daban por sentadas. También es significativo lo que no dicen. Sus preguntas —«¿Qué buscas?» y «¿Por qué hablas con ella?»— permanecen sin pronunciarse. El silencio puede expresar desconcierto, respeto por Jesús o una reserva todavía no superada, pero el evangelista no obliga a escoger una sola explicación. La escena, por tanto, no convierte a los discípulos en villanos; muestra que incluso quienes siguen a Jesús necesitan aprender a mirar a las personas más allá de las categorías sociales heredadas. Dentro del relato, este versículo prepara la continuación: la mujer deja su cántaro, anuncia a su pueblo lo ocurrido y muchos samaritanos se acercan a Jesús. La misión de Jesús atraviesa fronteras que sus discípulos aún están aprendiendo a reconocer.

Life
Vida Vida práctica
Juan 4:27 muestra un momento breve, pero lleno de tensión social. Los discípulos regresan y se sorprenden de encontrar a Jesús hablando con una mujer. Además, ella era samaritana: pertenecía a un grupo con profundas … Leer la perspectiva completa Mostrar menos

Juan 4:27 muestra un momento breve, pero lleno de tensión social. Los discípulos regresan y se sorprenden de encontrar a Jesús hablando con una mujer. Además, ella era samaritana: pertenecía a un grupo con profundas divisiones históricas y religiosas respecto a los judíos. El asombro de ellos revela cuánto pesaban las expectativas culturales, de género y de pertenencia en sus relaciones. Sin embargo, el texto también señala que ninguno le preguntó qué buscaba ni por qué hablaba con ella. No se explica si guardaron silencio por respeto, confusión o incomodidad. Esa cautela importa: no toda reacción necesita convertirse en una confrontación inmediata, y no toda conversación que rompe una expectativa es sospechosa. A veces hace falta observar antes de juzgar. Jesús no organiza su trato alrededor de la apariencia pública ni permite que los prejuicios decidan quién merece atención. Su manera de relacionarse abre espacio para la verdad, la dignidad y la transformación. La parte práctica es seria: la madurez espiritual incluye reconocer los filtros que hacen parecer “extraño” un acto de misericordia. También incluye aprender cuándo preguntar, cuándo escuchar y cuándo dejar que una obra de Dios continúe sin imponer control humano.

Soul
Alma Perspectiva eterna
Juan 4:27 muestra el desconcierto de los discípulos ante una escena que rompía varias expectativas de su tiempo: Jesús conversaba públicamente con una mujer samaritana. El asombro de ellos revela cómo las costumbres, los prejuicios … Leer la perspectiva completa Mostrar menos

Juan 4:27 muestra el desconcierto de los discípulos ante una escena que rompía varias expectativas de su tiempo: Jesús conversaba públicamente con una mujer samaritana. El asombro de ellos revela cómo las costumbres, los prejuicios y las fronteras religiosas pueden limitar incluso a quienes caminan cerca de Jesús. No preguntan qué busca ella ni por qué él se acerca; su silencio parece contener más sorpresa que comprensión. El versículo no presenta a Jesús justificándose ante ellos. Su manera de relacionarse con la mujer manifiesta, con sencillez y firmeza, que la dignidad humana no queda anulada por el género, el origen, la historia personal ni las divisiones religiosas. Él no trata a la mujer como un problema que debe evitarse, sino como una persona capaz de recibir verdad, gracia y responsabilidad. También hay una invitación sobria para la comunidad de fe: observar dónde el asombro, la incomodidad o las normas heredadas dificultan reconocer la obra de Dios. Los discípulos todavía están aprendiendo a mirar. Y a veces el primer paso de ese aprendizaje consiste en guardar silencio, no para aprobar todo sin discernimiento, sino para permitir que Jesús revele qué prejuicios necesitan ser transformados.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Juan 4:27 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

healing Aplicación para la restauración de la salud

En Juan 4:27, los discípulos se sorprenden al ver a Jesús hablar con una mujer a quien probablemente habrían considerado fuera de los límites sociales y religiosos de su época. El pasaje muestra cómo el asombro, el prejuicio y las suposiciones pueden impedir una comprensión compasiva de la historia de otra persona. Para la salud emocional, esto invita a reemplazar el juicio automático por una escucha respetuosa y curiosa, sin exigir explicaciones ni reducir a nadie a su diagnóstico, trauma, depresión, ansiedad o pasado.

La psicología moderna reconoce que sentirse visto y tratado con dignidad puede fortalecer la seguridad emocional y disminuir el aislamiento. Al mismo tiempo, escuchar con empatía no significa ignorar límites, justificar el daño ni asumir el papel de un profesional de salud mental. Puede ser útil nombrar las emociones, observar los pensamientos que surgen al sentirse juzgado y buscar apoyo confiable, como un terapeuta licenciado, un pastor capacitado o una persona segura. Cuando existen síntomas persistentes, recuerdos traumáticos, desesperanza o pensamientos de hacerse daño, se necesita atención profesional y apoyo de emergencia según el nivel de riesgo. La actitud de Jesús anima a construir relaciones donde la verdad y la compasión puedan coexistir.

info Aplicaciones erróneas comunes que debes evitar expand_more

Juan 4:27 no debe usarse para justificar secretos, relaciones inapropiadas, desigualdades de poder o el rechazo de límites saludables. El asombro de los discípulos refleja normas sociales de su contexto; no es una orden de ignorar señales de peligro ni de callar ante el abuso. También es dañino interpretar el pasaje como una exigencia de “tener más fe” para superar trauma, ansiedad, depresión o duelo, porque eso puede convertirse en positividad tóxica o evasión espiritual. Son señales de alerta la coerción, el aislamiento, las amenazas, el control, la manipulación religiosa, la violencia o pensamientos de autolesión. Estas situaciones requieren apoyo de un profesional de salud mental con licencia y, si existe peligro inmediato, servicios de emergencia en Estados Unidos. La reflexión bíblica puede acompañar el proceso, pero no sustituye evaluación clínica, tratamiento ni protección de seguridad.

Preguntas frecuentes

¿Por qué es importante Juan 4:27?
Juan 4:27 es importante porque muestra la reacción de los discípulos al encontrar a Jesús hablando con una mujer samaritana. En aquella época, esa conversación podía considerarse sorprendente por las barreras sociales, religiosas y culturales entre judíos y samaritanos. El versículo destaca que los discípulos se asombraron, pero también que respetaron a Jesús y no lo interrogaron. La escena prepara al lector para reconocer que Jesús trata a las personas con dignidad y cumple su misión sin dejarse limitar por prejuicios.
¿Cuál es el contexto de Juan 4:27?
El contexto de Juan 4:27 es el encuentro de Jesús con una mujer samaritana junto al pozo de Jacob. Mientras los discípulos habían ido a comprar comida, Jesús habló con ella y le reveló verdades profundas sobre su vida y sobre la adoración. Cuando los discípulos regresaron, se sorprendieron al verlo conversando con una mujer. El versículo conecta esa reacción con la conversación anterior y prepara el relato sobre el testimonio de la mujer y la respuesta de muchos samaritanos.
¿Por qué se asombraron los discípulos en Juan 4:27?
Los discípulos se asombraron porque Jesús estaba hablando públicamente con una mujer samaritana. En el contexto de aquel tiempo, las diferencias entre judíos y samaritanos eran profundas, y también existían normas sociales que podían desalentar conversaciones entre hombres y mujeres que no eran familiares. El texto no dice que los discípulos comprendieran de inmediato todo lo que Jesús estaba haciendo. Solo muestra su sorpresa y que, aun así, no le exigieron una explicación ni cuestionaron abiertamente su conducta.
¿Cómo puedo aplicar Juan 4:27 a mi vida?
Puedes aplicar Juan 4:27 examinando los prejuicios o barreras que podrían impedirte tratar a alguien con respeto. El versículo te invita a observar cómo reaccionas cuando Jesús obra de una manera que desafía tus expectativas culturales, sociales o religiosas. En vez de juzgar rápidamente, busca escuchar, aprender y seguir el ejemplo de Jesús al reconocer la dignidad de cada persona. También puedes practicar una actitud humilde, dispuesta a confiar en la sabiduría de Cristo aunque no entiendas todo de inmediato.
¿Qué enseña Juan 4:27 sobre la manera en que Jesús trataba a las personas?
Juan 4:27 enseña que Jesús no permitía que las barreras sociales definieran a quién podía escuchar, hablarle o mostrarle compasión. Aunque los discípulos se sorprendieron, Jesús continuó tratando a la mujer samaritana con seriedad y respeto. El versículo no presenta una explicación completa de su conversación, pero, leído en su contexto, muestra que Jesús se acercaba a personas que otros podían pasar por alto. Su ejemplo anima a sus seguidores a rechazar el desprecio y a valorar a cada persona.

Cómo puede ayudarte tu IA cristiana

Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana

menu_book

Estudio bíblico

psychology

Orientación para la vida

favorite

Apoyo en la oración

lightbulb

Sabiduría diaria

forum Pregúntale a tu IA cristiana — Gratis

Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes

De este capítulo

auto_awesome

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.