Versículo destacado
Job 39:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" ¿Sabes cuándo dan a luz las cabras monteses de las peñas? ¿Puedes observar cuándo paren las ciervas? "
Job 39:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 ¿Sabes cuándo dan a luz las cabras monteses de las peñas? ¿Puedes observar cuándo paren las ciervas?
2 ¿Puedes contar los meses que cumplen? ¿O sabes cuándo dan a luz?
3 Se encorvan, dan a luz a sus crías y expulsan sus dolores.
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Dios ahora le muestra a Job lo poco que sabe acerca de las criaturas silvestres que recorren los desiertos y viven en libertad, pero que aun así reciben el cuidado de la providencia de Dios; es decir, de su gobierno sabio y amoroso sobre la creación.
I. Las cabras monteses y las ciervas. El punto central es la manera en que dan a luz y crían a sus pequeños. Así como Dios alimenta a cada animal, también preserva cada especie por medio de su cuidado; y, hasta donde sabemos, ninguna ha desaparecido hasta el día de hoy.
Observemos dos cosas acerca de sus crías. Primero, las personas no saben cuándo darán a luz (Job 39:1-2). Si ni siquiera conocemos el tiempo de gestación de una cierva o de una cabra montés, ¿cómo podríamos afirmar que conocemos lo que está oculto en el vientre de la providencia o lo que traerá un día? Segundo, aunque estos animales dan a luz con dolor y dificultad, y sin la ayuda del ser humano, el buen cuidado de Dios hace que sus crías lleguen sanas al mundo; luego su angustia pasa y queda en el olvido (Job 39:3). Algunos creen que Salmo 29:9 sugiere que Dios ayuda a las ciervas durante el parto por medio del trueno.
Esto debe ser un consuelo para las mujeres durante el parto. Si Dios ayuda incluso a las ciervas a dar a luz a sus crías, cuánto más ayudará a quienes son sus hijos por medio del pacto y las protegerá durante el parto. Además, sus crías crecen bien (Job 39:4). Después de mamar durante un tiempo, salen a los campos de cultivo y dejan de depender de sus madres. Esto sirve de ejemplo para los hijos. Cuando llegan a la edad adulta, no deben seguir apoyándose en sus padres ni pedirles todo, sino trabajar para mantenerse y corresponder al esfuerzo de sus padres.
II. El asno montés, una criatura mencionada con frecuencia en la Escritura y que, según algunos, es imposible de domesticar. Se dice que las personas nacen como el potro de un asno montés, tan difíciles de guiar. Dios le ha dado al asno montés dos cosas: una amplia libertad y un hogar abierto, sin cercas.
Dios es quien ha dejado libre al asno montés (Job 39:5). Él le dio su naturaleza y, por lo tanto, también le dio esa forma de vida. El asno domesticado tiene que trabajar, pero el asno montés no lleva cadenas. Sin embargo, esa clase de libertad es solamente la libertad de una bestia salvaje. Es lamentable que un ser humano desee esa clase de vida o se sienta orgulloso de ella. Es mejor trabajar y ser útil que andar de un lado a otro sin propósito ni provecho.
Si Dios permite que algunas personas vivan con más libertad mientras otras están sujetas a un trabajo duro, no debemos sorprendernos. Lo mismo sucede entre los animales. El hogar del asno montés es el desierto (Job 39:6). Allí tiene espacio para andar y olfatear el viento a su gusto, como dice Jeremías 2:24. Es como si viviera del aire, pues habita en una tierra estéril.
El asno domesticado, que sirve a las personas, tiene el comedero de su dueño como refugio y fuente de alimento, y vive en una tierra fértil. Pero el asno montés, que quiere su libertad, tiene que encontrarla en un lugar estéril. Quienes no quieren trabajar no deben esperar comer. En cambio, quien trabaja comerá del fruto de sus manos y hasta tendrá algo para dar a los demás. Jacob, el pastor, tiene un guiso abundante para compartir, mientras que Esaú, el cazador, está cerca de morir de hambre.
Job 39:7-8 ofrece una descripción más completa de la vida del asno montés. Primero, no tiene dueño y no acepta permanecer bajo control. Se ríe del ruido de la ciudad y desprecia a la multitud. Si las personas intentan capturarlo y lo rodean con un grupo numeroso, escapa rápidamente, y los gritos del conductor no significan nada para él. Como observa el obispo Patrick, se burla de la vida agitada de las ciudades y se considera más feliz en el desierto. Al final, lo que las personas valoran depende en gran medida de su propia opinión.
Segundo, como no tiene dueño, nadie le proporciona alimento. Debe arreglárselas por sí mismo. Las laderas de los montes son su pastizal, y aun allí la comida es escasa. Mira en todas direcciones para encontrar alguna planta verde, dondequiera que pueda hallarla, mientras que el asno que trabaja tiene alimento abundante sin necesidad de buscarlo. La naturaleza indómita de esta y de otras criaturas nos muestra cuán incapaces somos de intentar gobernar la providencia, pues ni siquiera podemos gobernar a un potro de asno montés.
III. El unicornio, o probablemente el toro salvaje, un animal fuerte (Números 23:22), orgulloso y noble (Salmo 112:10). Tiene la capacidad de servir, pero no está dispuesto a hacerlo, y Dios desafía a Job a obligarlo a trabajar. Job parecía esperar que todo sucediera como él quería. Así que Dios le dice, en efecto: ya que afirmas que puedes someter todo a tu control, comienza con el unicornio y prueba tu habilidad con él. Ahora que tus bueyes y tus asnos han desaparecido, intenta ver si él trabajará en su lugar (Job 39:9) y si se conformará con el mismo comedero que usabas para ellos. No permanecerá junto a tu pesebre.
No puedes domesticarlo, sujetarlo con un arnés ni hacerlo tirar del arado (Job 39:10). Algunas criaturas están dispuestas a servir a las personas y parecen hacerlo con gusto. Incluso parecen amar a sus dueños. Pero otras jamás se someterán al ser humano, y esto es uno de los resultados del pecado. Las personas se rebelaron contra su Creador, y por eso se les permite justamente a las criaturas inferiores rebelarse contra el ser humano. Aun así, como muestra de la bondad de Dios hacia nosotros, algunos animales todavía nos sirven. Aunque el toro salvaje, según creen algunos, no quiera servir en el arado, todavía hay bueyes domesticados que sí lo hacen, además de otros animales que no son salvajes por naturaleza y que el ser humano puede usar legítimamente y cuidar. Señor, ¡qué es el ser humano para que te preocupes tanto por él!
Tampoco puedes confiar en él (Job 39:11-12). Aunque su fuerza es grande, nunca dejarías tu trabajo a su cargo como podrías hacerlo con tu buey o tu asno, que hasta un niño puede guiar o arrear mientras cargan con el peso. Jamás dependerías del toro salvaje para que te ayudara con la cosecha, y mucho menos para que llevara el grano y lo reuniera en el granero. Y como no ayuda con el grano, tampoco recibe una alimentación tan buena como el buey domesticado, cuyo hocico no debía ser amarrado mientras trillaba el cereal.
El toro salvaje no tira del arado porque quien lo creó nunca lo diseñó para esa tarea. La disposición para trabajar es un regalo de Dios tanto como la fuerza necesaria para hacerlo. Es una gran misericordia cuando Dios concede ambas cosas: fuerza para servir y un corazón dispuesto a hacerlo. Debemos pedirle esas dos cosas y también razonar acerca de ellas para cultivar esa disposición, algo que los animales no pueden hacer. Tanto entre las bestias como entre las personas, pueden llamarse verdaderamente salvajes y abandonados al desierto quienes no desean esforzarse ni hacer el bien.
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De este capítulo
Job 39:2
"¿Puedes contar los meses que cumplen? ¿O sabes cuándo dan a luz?"
Job 39:3
"Se encorvan, dan a luz a sus crías y expulsan sus dolores."
Job 39:4
"Sus crías están saludables, crecen con el grano; salen y no vuelven a ellas."
Job 39:5
"¿Quién dejó libre al asno salvaje? ¿Quién soltó las ataduras del asno salvaje?"
Job 39:6
"Yo hice del desierto su casa, y de la tierra estéril, sus moradas."
Job 39:7
"Se burla de la multitud de la ciudad y no hace caso de los gritos del arriero."
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